DON ANTIPAS SALGUERO BARRAGÁN. PROFESOR ASOCIADO DE HISTORIA

Don Antipas Salguero Barragán, doctor en Historia, soñaba cada noche con la cátedra de Historia de la Universidad de Soria. Don Antipas Salguero Barragán, cuando no soñaba con la cátedra recibía una bronca de agárrate y no te menees de la Pilarín Suellacabras de Salguero, de soltera señorita Pilarín Suellacabras y Expósito.
¿Qué has soñado hoy, Antipas?
Con María Antonieta, pimpopene.
La Pilarín Suellacabras de Salguero llamaba a don Antipas pimpollo y, en justa correspondencia, don Antipas llamaba a la Pilarín pimpopene puesto que le parecía que pimpolla sonaba ordinario.
¿Con María Antonieta dices?, le gritaba la Pilarín mientras se tiraba como una loba a por la plancha de hierro.
Con la plancha no; Pilarín. Que está caliente y quema.
Charrán, putero, librepensador, landrú… A la Pilarín, al llegar a Landrú, se le acababan los epítetos.
Pero pimpollita –el diminutivo sí que lo empleaba sin pudor-, si María Antonieta era una reina francesa. Precisamente mañana tengo una conferencia sobre María Antonieta y por eso he soñado con ella.
Pues aquí en mi casa –los gananciales en las broncas se tornaban privativos- ni María Antonieta ni Carmen Polo. No quiero un nombre de mujer que no sea el mío.
Pero Pilarín, no seas inculta. Que Carmen Polo mandaba mucho, pero no reinó.
¡No!, decía la Pilarín. Reina no sería…, pero en El Pardo a ver quien se atrevía a toserla…
Eso sí que es cierto, admitía don Antipas, quien llegando a este punto recogía velas y daba gracias a Dios por haberse librado del planchazo.
¡Vaya pronto que tienes, hija!, decía don Antipas mientras sorbía el tazón de leche con malta.
Perdóname, Anti –se puso hasta melosa la Pilarín-, pero es que es nombrarme otra mujer y me enciendo.
Pero Pilarín, ¡dónde voy yo a mi edad y con mis menguadas carnes!.
Cada uno tiene su público; Robert Taylor. La Pilarín llamaba Robert Taylor a don Antipas de novios y después de las broncas. Además, tu eres una mosquita muerta que las matas a la chita callando. ¿Tu crees que yo me chupo el dedo?
Claro, claro…
Vamos que mañana te vas de viaje a disfrutar de la vida y con alguna tísica de esas que tienes como alumna. Charrán, putero, librepensador, landrú…
Que solo voy a Pamplona, amor. Que tengo una conferencia en la Universidad de Navarra. ¡Fíjate!, como para llevar querida al Opus. Remachó don Antipas, sabedor que esa era tierra de nadie.
La Pilarín, mucho más tranquila, pudo desayunarse la hogaza que, como cada mañana, se comía en sopas dentro de un cazo hermoso de leche con cacao.
¡El día en que yo me entere que te lías con una de esas frescas que van a tu clase, ¿te enteras?. Ese día te hago la vasectomía con un cristal de botella de sidra!. ¿Te enteras?
¡Ay, Pilarín!. Qué dentera, por Dios…
¡Y a pelo!. ¿Te enteras?
La Pilarín Suellacabras de Salguero, de soltera señorita Pilarín Suellacabras y Expósito, se conoce que para acogotar más a don Antipas, terminaba sus soliloquios con un ¿te enteras?
El caso, dijo don Antipas, es que ya me habías liado con la reina María Antonieta.
Es que yo soy muy burra, pichoncito.
Y muy modesta, apostilló don Antipas que, inmediatamente, se encogió de hombros por si la Pilarín había pillado el sarcasmo.
Don Antipas besó tiernamente a la Pilarín en la mejilla. Junto al lunar del moflete que, en esta ocasión, tenía tres pelos de más.
Adiós, amor. Te llamaré desde Pamplona cuando llegue.
Y tráeme algún recuerdo; como cuando éramos recién casados.
¿Y que voy a traerte de Pamplona?, mujer.
Aunque sea un chorizo.
Si; mujer. ¿Y unas magras con tomate no te parecerían mejor?
¿Es chufla?, preguntó la Pilarín mirando de reojo la plancha.
No; mujer. En un tupper.
Don Antipas cerró la puerta rápidamente, casi con violencia. Don Antipas cuando llegaba al primer tramo de escalera respiraba aliviado. Algunas mañanas, cuando la Pilarín le despedía, mosca por los celos, salía a la puerta dando gritos e insultándole. Al llegar al rellano de abajo, la Mónica, una vecina abulense, aprovechaba para darle un pescozón.
¡Oiga, señora!, decía don Antipas. Que a mi solo me pega mi esposa. ¡Métase usted en sus cosas!.
¡Golfo!, que es usted un bandolero.
¡Diga usted que sí, vecina!, decía la Pilarín. Dele otra de mi parte.
Esta vez no. Esta vez don Antipas se libró pues la Mónica estaba de veraneo en Las Navas del Marqués, provincia de Ávila. Las Navas del Marqués es un territorio poblado de pinos y donde hace un fresquito muy agradable en verano.
Y con muchos níscalos y migueles. Decía don José María, un paisano de la Pilarín que vivía en el entresuelo y era natural de El Burgo de Osma.
Don Antipas, al llegar el tren a Torrejón de Ardoz, se sintió a salvo de la Pilarín. Don Antipas abrió su cartera para repasar la conferencia que había escrito en su tiempo libre, entre clase y clase. Horrorizado comprobó que la había olvidado en el aula. ¡Tanto tiempo entregado a afinar la conferencia para nada!.
Oiga. Oiga, revisor. ¿Podría parar el tren?. Es un asunto de vida o muerte.
Lo siento, dijo el ferroviario. El reglamento…
Tenga usted; para el reglamento, dijo don Antipas poniendo un billete de quinientas pesetas en la mano extendida.
¡Chas!, el sonido seco del freno de mano resonó en el pasillo del vagón como un tiro. Don Antipas saltó con la agilidad de un quinto echando a correr vías abajo.
Toc-toc. Sonaron unos ligeros golpes de nudillo sobre la puerta del domicilio de don Antipas.
Buenos días. Saludó la Pilarín a un bedel con gorra de plato y la insignia de la Universidad Complutense.
¿Es este el domicilio de don Antipas Salguero?, preguntó el bedel.
Este es. Pero él no está. Ha ido a Pamplona a dar una conferencia, explicó la Pilarín. ¿Qué es lo que deseaba?
Verá usted. Es que ayer estaba escribiendo estos folios y se los olvidó sobre la mesa. Me ha parecido que era la conferencia que tenía que impartir y me he dicho, digo… ¡voy a acercárselos a su casa por si lo necesita!.
Pues ya se fue. Pero muchas gracias por su celo. Si quiere usted me la quedo yo y se la entrego mañana; cuando vuelva.
Pues aquí la tiene, señora. A su pies, se despidió el bedel.
¡Huy, que fino!, pensó la Pilarín.
No; no. A los suyos, caballero.
El bedel se quedó como lelo con la contestación de la Pilarín.
¡Qué tíos estos finolis!, da gusto saludar a una señora tan educada.
La Pilarín se sentó en la mesa camilla y se comió un cuarto de queso manchego y un palmo de carne de membrillo hecho con manzanas reineta.
¡Ay!. Este Antipas. ¡Qué cabeza!, protestó mientras leía el título de la conferencia.
María Antonieta de Habsburgo Lorena.
¡Ay, charrán, putero, librepensador, landrú!. Así que a Pamplona. ¡Hasta aquí hemos llegado!.
Sin pensarlo dos veces abrió la ventana y lanzó todas las pertenencias del profesor asociado a la calle. La orla, el trofeo de campeón de damas del instituto, dos pares de tirantes y media docena de calzoncillos.
La gente se arremolinó bajo los enseres del educando.
¡Que se tire!, que se tire!. Coreaba la multitud que –ya se sabe- en estos casos quiere sangre.
¿Qué ocurre aquí?. Preguntó don Antipas que venía echando los bofes por la carrera.
Una loca -dijo uno de los mirones-. Que está echando todas la pertenencias del marido. Se conoce que le ha pillado con la querida dentro del ropero. Espere, hombre. Espere. Que ahora tirará al marido…
Pilarín, Pilarín, subió las escaleras de dos en dos, temiendo una enajenación de su esposa.
Al llegar al quicio de la puerta una plancha de hierro. Una plancha al rojo vivo, se estrelló contra la sien izquierda de don Antipas. El profesor cayó al suelo fulminado, mientras un túnel negro se abría y, al final del mismo, se encendía una luz de plácida tranquilidad.
Don Antipas Salguero Barragán… catedrático emérito de Historia por la Universidad Complutense de Madrid, declamaba el Rector Magnífico en sueños. Hoy nos versará sobre María Antonieta de Habsburgo Lorena, reina de Francia.
María Antonieta, repetía don Antipas, mientras volvía en sí…
Charrán, putero, librepensador, landrú… le gritaba la Pilarín. Todavía te atreves, con el susto que me has dado, a llamar a tu querida.
¿Pero qué querida pimpopene?
¿Cómo que qué querida?. ¿Vas a negar ahora que, en lugar de a Pamplona te ibas con la golfas esas de la Lorena y la María Antonieta a Hamburgo?
¿Qué dices, Pilarín?
Aquí lo dice. Mira. María Antonieta de Hamburgo-Lorena.
Pero Pilarín, dijo don Antipas mientras se cubría la sien al ver que la Pilarín mantenía asida la plancha. Habsburgo Lorena. Habsburgo Lorena es una casa real de centroeuropea. La casa que reinaba en Austria…
Si; si. En Austria… Te aprovechas de mi porque soy una ignorante. Y muy buena y algo burra, es verdad…
Y modesta, Pilarín. Muy modesta…

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