EL EQUIPO ZEJA. MISIÓN: REIVINDICAR GIBRALTAR

En 2010 cuatro de los mejores hombres de la política española que formaban un comando progre fueron perseguidos por criticar al Ansar iraquí. No tardaron en liarse la manta a la cabeza y buscar nuevos enredos en flotillas reivindicativas por Oriente Próximo. Hoy, criticados todavía por el facherío patrio sobreviven como políticos de fortuna. Si tiene usted un problema, y los encuentran, quizás pueda contratarlos. Chan-chan-chan-chan….. El Equipo Zeja.
Cuatro son sus integrantes. El líder Baltasar Gastón, con contactos internacionales y financieros; William Tolentino, el alocado aviador; Juan Diego Bottox, el guaperas argentino y Sánchez Morcillo, el musculoso avituallador del grupo. Comienza el capítulo.
Hemos recibido un encargo de un mandatario catalán que pretende que entremos en Gibraltar para pedir, bajo el peñón, la devolución a España de la roca.
Pero Balta ¿cómo va a pedir un catalán que Gibraltar vuelva a España si ellos se quieren ir de España?, pregunta Juan Diego, que es el que más espabilado anda en esto de la política exterior de Catalunya.
Esas son cuestiones que a nosotros ni nos van ni nos vienen. Lo nuestro es la pasta, no la política.
Mu bien, dice Morcillo. Yo si queréis asalto un Mercadona y os traigo un carro lleno de macarrones…
Calla; Morcillo, le corta Baltasar. Me refiero al dinero.
El dinero es un delito contra los trabajadores. Dice Morcillo. Lo mejor es asaltar la casa de un marqués y bañarnos en la piscina.
¡Joder, con el Morcillo!, se queja Bottox.
Yo voy en el barco ¿eh?, dice Tolentino. Yo a esto de los cruceros le he cogido el puntito.
Vale ya. No quiero oír ni una palabra que voy a explicaros la acción. Se trata de denunciar el colonialismo de los ingleses con Gibraltar y que así el líder catalán pueda pedir, en justa correspondencia, la independencia de Catalunya.
¡Qué listos son los catalanes!, dice Morcillo. Si tuviéramos diez como ese o como Montilla en Andalucía…
Pues se trata de alquilar un barco y, sin montar mucho lío, presentarnos en el Campo de Gribraltar el domingo antes de las elecciones de Catalunya. Bajamos del barco, ponemos la bandera española en lo alto de la roca y nos volvemos. ¿Entendido?
Vale; contestan los tres.
Tu, Tolentino, agénciate el barco. Tiene que ser aparente para que no nos echen para atrás en la aduana.
Eso está hecho. Voy a llamar a Toxo que tiene un contacto en Costa Cruceros.
Tu, Bottox tienes que trabajarte a Fabián Picardo, el ministro principal. Aquí, en este sobre tienes los datos. Está casado y es nieto de una española republicana.
Tu, Morcillo, como siempre. Avituallas el barco y preparas la huída.
Conforme.
Chan-ta-ta-chan…. chan-tan-chan. El Equipo Zeja. Publicidad. Visite nuestro bar.
Chan-ta-ta-chan…. chan-tan-chan. El Equipo Zeja. Un barco grande, blanco y hermoso surca el mar. La música que suena, no sabemos por qué motivo, es la de Vacaciones en el Mar. Debe de tratarse de un error. ¡Que le vamos a hacer!.
En cubierta, el marinero Morcillo unta de Nivea a Juan Diego Bottox, que presenta una color sonrosada como la de los gorrinillos transversales. El capitán, uniforme níveo y la gorra de plato algo ladeada, charla con Baltasar Gastón. Tolentino se pasea arriba y abajo por la cubierta ensayando. “Ingleses; la colonia en el sobaco” se puede leer en una pancarta.
Oye, Juan Diego. Tu que estás en todo ¿A ti no te suena la cara del capitán?.
Claro, era el único que teníamos a mano. Se llama Francesco Schettino y estaba en paro con no sé que rollo por Italia. Teníamos otro, que se llamaba Apostolus Mangouras, pero al parecer está ocupado en La Coruña con alguna cosa de prestigio, según me pareció entender.
¿Y a esta flotilla, pregunta Morcillo, cómo la llamamos?
Con el nombre del barco. La flotilla Concordia.
¡Anda que original!
Ya ves. Se le ha ocurrido al capitán y a una búlgara que me encontré ayer por el pasillo.
¿Y qué hacía una búlgara por el pasillo?
¡Y yo qué sé!.
El capitán, se escucha por el altavoz junto a la piscina de burbujas, les informa que llegaremos a La Línea de la Concepción en breves minutos. Les ruega que cada uno cumpla con su papel.
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Chan-ta-ta-chan…. chan-tan-chan. El Equipo Zeja.
Aparece el Peñón de Gibraltar al fondo y un ejército de bobbies y beefeaters rodeando a los cuatro miembros del equipo Zeja. ¿Qué ha ocurrido?, pregunta el corresponsal de Televisión Española al líder del comando.
Un desastre. Responde Baltasar Gastón. ¿Cómo puedo seguir trabajando con esta gente?. Una panda de retrasados, oiga usted. ¡Lo que yo le diga!.
¿Pero qué es lo que ha pasado?
Pues resulta que el Bottox se ha tenido que liar con la mujer del primer ministro; el Tolentino que se ha puesto a gritar a voz en cuello “Gibraltar catalán” y a pedir la anexión del peñón al Rosellón y a Cerdeña. Los catalanes que se han cabreado y no nos pagan y, para colmo, el capitán que se ha liado con una búlgara y ha embarrancado el barco junto a la pista de aterrizaje…
Lo que yo les diga. Unos retrasados de tomo y lomo.
¿Y el otro marinero?
¿El Morcillo, dice usted?. Ese como siempre. Se ha metido en el Harrods y lo ha vaciado. Luego se ha liado a meter en el carrito tabacos y colonias para vender en Marinaleda y ha acabado por liar un pollo con los monos de aquí te espero.
Total; que les han detenido a todos.
Aquí nos tienen. Y encima el Ministerio de Asuntos Exteriores que no nos reclama para volver a España. Les digo yo que con estos del PP no vamos a ningún sitio.
¿Alguna cosa más, don Baltasar?
¡Querido Emilio!, sácanos de aquí….

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