LOS SINDICATOS EMPRESARIALES

Nuestro buen amigo, el profesor Buesa, ha escrito un interesantísimo artículo acerca de las cuentas de los sindicatos de trabajadores  http://www.libremercado.com/2012-11-02/mikel-buesa-las-cuentas-de-los-sindicatos-66217/

Las cuentas de los sindicatos son, en realidad, los cuentos de los sindicatos. Mikel se refiere, en este artículo, a los sindicatos de trabajadores, no a los sindicatos empresariales que también tienen sus cuentas y que se trata, en realidad, como en el caso de los sindicatos de trabajadores, de los cuentos de los empresarios.
Los sindicatos, como muy bien dice al final de su artículo el profesor, tienen su papel reconocido en la Constitución por lo que, no es baladí, exigir una mayor claridad en lo que atañe a las cuentas de los sindicatos. Su estructura y sus actividades que están financiadas en buena parte con fondos públicos y desempeñan un papel institucional público reconocido por la Constitución. Ello -prosigue Buesa- debiera ser motivo suficiente para que, tal y como ocurre con los partidos políticos, una ley regulara las formas y los límites de su financiación, sometiendo ésta al escrutinio periódico del Tribunal de Cuentas”. Efectivamente, el artículo 7 de la Constitución trata de: a) La pretensión de precisar la función de los sindicatos y de las asociaciones de empresarios. b) La consagración de la libertad sindical y de la libertad de las asociaciones de empresarios o libertad patronal. c) La exigencia de una articulación democrática de los sindicatos y de las patronales, así como de un funcionamiento democrático de los mismos. Como se puede observar la Constitución aúna y no hace ningún tipo de separación entre los sindicatos de trabajadores y los sindicatos de empresarios.
Mucho se ha escrito de la financiación de los sindicatos de trabajadores, de los recursos que perciben y de cómo lo utilizan. Efectivamente, como dice el profesor Buesa, esto es un enigma, un secreto celosamente guardo. ¿Y el de los sindicatos de empresarios, profesor? ¿Son las cuentas de los sindicatos empresariales diáfanas y claras como las aguas de un manantial?. Pues no; naturalmente. Pero de las cuentas de estos sindicatos empresariales nunca se reclaman en artículos ni se piden, para ellas, leyes reguladoras escrutadas por el Tribunal de Cuentas.
Liberados siempre han existido, tanto en los sindicatos empresariales como en los de trabajadores. Aún recuerdo la figura de quien llamaban mister Euro, un delegado empresarial que tenía su puesto de trabajo en Bruselas –y en Madrid-. Este mister Euro era, y sigue siendo, empleado de la CEOE, el principal sindicato empresarial. Mister Euro era, pues, un liberado sindical empresarial. ¿Quién ha escrito algún artículo preguntándose cuándo y cómo cobraba sus salarios Mister Euro?. Sin embargo hay cienes y cienes de ellos sobre los liberados sindicales de trabajadores.
Dice el profesor Buesa que las subvenciones otorgadas directamente a los sindicatos responden a conceptos muy diversos, entre otros, la representatividad, es decir, el dinero que se les concede por los resultados obtenidos en las elecciones sindicales. Yo conozco, de primera mano, cómo se llevan a cabo las elecciones sindicales laborales, en las que he participado y las elecciones sindicales empresariales, por vía familiar. Nuevamente, de Juan a Pedro, no va un dedo, pero también de esto se ha escrito mucho criticando las elecciones y la representatividad de los sindicatos de trabajadores y muy poco, casi nada, de las elecciones y la escasísima representatividad de los sindicatos de empresarios.
También están, dice el profesor Buesa, las subvenciones destinadas al sostenimiento de actividades de atención a los trabajadores en los ámbitos de la prevención de riesgos laborales, la mediación y el arbitraje. Aquí es donde está la madre del cordero en lo que a pasta se refiere. Pues bien, tanto los sindicatos de trabajadores, como los sindicatos empresariales tienen sus empresas de diseño –empresas o fundaciones- creadas “ad-hoc” para dar estos cursos a sus afiliados. En ambos casos las empresas “ad-hoc” están presididas o son, directamente, propiedad, de hijos, yernos, hermanos, etc. de los dirigentes sindicales –tanto de los sindicatos laborales como de los empresariales-. Son empresas que se crean por el tiempo imprescindible de duración de las subvenciones. Esto es tan fácil de comprobar como mirar la junta directiva de las empresas y comparar apellidos.

Las empresas públicas creadas por las administraciones están, no ya trufadas, sino plagadas de ese tifus del enchufe.

http://www.elconfidencial.com/espana/2012/03/18/hijos-hermanos-cunados-el-gobierno-tira-de-la-familia-para-los-altos-cargos-94506/

La simonía, como bien saben los estudiosos de la Iglesia, trata de la compra o venta deliberada de cosas espirituales, como los sacramentos y sacramentales, o temporales inseparablemente anejas a las espirituales, como las prebendas y beneficios eclesiásticos. Para extirpar esta simonía la Iglesia contaba con personas como el beato Berardo de los marsos, en el Abruzo italiano, cuya festividad se celebra hoy mismo, día 3 de noviembre, y que dedicó su vida a la restauración de la disciplina clerical. ¿Para cuando un Berardo de los marsos en la prensa que, a la vez que denuncie el mangoneo de los sindicatos de trabajadores, lo haga también con el sindicato de empresarios?. Porque de lo que se trata es de eso, de ser justos y necesarios, como dijo Dios Nuestro Señor. ¿Verdad que sí?

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