BODA A GOLPES EN DONOSTIA

En el mismo centro de la constelación Vupecula, que en España se llama zorra o raposilla viven, para toda la eternidad, dos de los más grandes genios del cine español: Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Allí, frente al triángulo de verano, casi esquina a Sagitta y Delphinus, ambos se entretienen en hacer guiones cinematográficos que, a través de Internet, cuelan a la prensa como si fueran los de El Mundo Today.
El último guión, del que se ha hecho eco El Mundo como si se tratara de una noticia cierta, está localizado en la ciudad de San Sebastián; más concretamente en el exclusivo Hotel de Londres, junto a la playa de La Concha. ¿Cómo es posible que un diario tan serio y conspicuo como El Mundo de Pedrojota Calvorota haya picado?. Pues muy sencillo: la realidad, casi siempre, supera la ficción.
Dice la noticia que, un banquete de boda acaba con la intervención de la Ertzaintza después de que invitados pucelanos y euskaldunes se enzarzasen a golpes al grito de ¡Viva España! versus ¡Gora ETA!.
¿Se imaginan ustedes en aquel salón Britania, tan galanioso y chic los gintonics volando contra los vallisoletanos y los cubalibres contra los vascuences?. Los camareros, como gallina sin pescuezo, de un lado para otro,
¿Le pongo otro, señor?.
Muchas gracias. Esta vez con más hielo, que es para saltar un ojo a esos cabrones.
En seguida, caballero.
Es posible –esto no lo cuenta El Mundo- que la cena no fuera como para tirar cohetes. No lo creo dada la seriedad de la casa y su buena cocina pero ¡en fin!, hay momentos en que todo te coge a trasmano y a lo peor, no tuvieron su noche. También, es posible, que la canción de Benito Lertxundi no fuera lo suficientemente buena y desafinara. No creo que el de Orio haya puesto una tienda de gallos. El caso es que, el novio, -si pasas la primera, la cagaste Burt Lancaster, debió pensar- y ordenó que quitasen el disco del bardo y pusieran Paquito el chocolatero, o ¡Que viva España!; vaya usted a saber…
Los guiputxis, mosqueados con los fachadolicentes, dejan la piedra de levantar, amarran a los bueyes y, en remangándose, se escupen las manos antes de frotárselas y allí se lía la de San Quintín.
Había que ver, cuenta El Mundo, a aquella recién desposada dando voces a través del altavoz, micrófono en mano. ¡Si me queréis pararse!, como Lola Flores en la boda de su Lolita. Y los invitados, como en aquel cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”, palo va y palo viene. ¡Viva España!, gritaba una facción de convidados. ¡Gora ETA!, gritaba la otra. En medio, como esa España incomprendida y doliente, la pobre novia que, llorando a moco tendido, pedía a ambos bandos un alto al fuego.
¿Cómo terminó la boda?, se preguntarán ustedes. Pues aquí han debido sufrir, los guionistas, la censura de san Pedro, puesto que no nos ha llegado. Pero, conociendo el paño no sería muy distinta de la siguiente:
Los novios y el resto de invitados en la comisaría de la Ertzaintza, el comisario mandando callar a quienes gritan. El madero -¿se podrá llamar madero a un ertzantza?- que llama a Riscal para que les traigan una paella…
Oiga, don Dimas ¿pero esa imagen no es de La Corte del Faraón, de José Luis García Sánchez?
¡Ya salió el listo! ¿Y qué quiere usted que cuente? ¿Quiere usted que diga que cuando llegaron al hotel la novia le mandó a dormir con su madre y con sus amigotes vallisoletanos? ¿Quiere usted que cuente que el Patxi se fue a cantar aquella canción de Tasio con la cuadrilla?
¿Cuál canción de Tasio?
¿No se acuerda usted? Aquella de la habanera Gatzaundi que con la letra en castellano decía:

No creas lo que han dicho, las murmuradoras
Que con la hija del Patxi, te han visto pasear…
Solo quiero casarme con su cuerpo gentil
Si no tuviera madre… ¡que bien iba a vivir!

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