UNA BOA EN SANLUCAR

El pasado sábado andaba yo por Sanlucar de Barrameda buscando una bodeguita muy particular. Estaba junto a la iglesia de Santo Domingo pero, desgraciadamente, ha muerto el propietario y se encuentra cerrada. Al parecer los herederos no se avienen a repartir y la bodega y el piso superior están el almoneda. ¡Mala suerte!.
Pero no iba por ahí mi relato. Al llegar a la altura de la iglesia una suerte de mirones ocupaban toda la calle junto a un par de carruajes, como dicen las crónicas, bellamente engalanados. Cada uno de esos coches tirados por un par de caballos negros y hermosos. Caballos que estaban, seguramente, mejor alimentados que sus cuidadores. Los atalajes bien lustrados y acharolados y sus dorados, bruñidos y brillantes como si fueran de oro. Igual hasta lo eran. Esta boda, me dije, no es de esas de entremeses fríos y calientes y pollo en pepitoria de segundo. Ese pálpito que nos hace distinguir el aroma del Chanel del olor a la Myrurgia; la tela bien cortada de un chaqué de un traje de boda de la boutique de Almacenes Sardina y el zapato lustroso de Blahnik del zapatón de Segarra lo hacía patente. Un grupo de invitados se me quedó en la retina. Elegantes, educados, bien vestidos… “sevillanos”, pensé.
Como no soy voyeur de este tipo de eventos me retiré con bastante cuidado para no pisar los recuerdos que los caballos dejaron sobre el elegante suelo sanluqueño.
Leo en la prensa el accidente de una avioneta en Toledo en la que viajaban tres personas desde Cádiz. Esto de la aviación no es lo mío. No puedo entender cómo la gente sube en estos aparatos. Pero, ¡en fin!, cada uno es cada cual, que decía la canción.
Una semana después, ayer mismo, me encontraba en Cádiz despidiendo mis cortas vacaciones con un homenaje gastronómico y un paseo que me reconfortó de la tristeza de la vuelta. Tenía el coche aparcado en el parking del puerto y esperaba para salir a que saliera, previamente, un coche que me precedía. Cuando inicia la maniobra no mira hacia la izquierda y se lleva por delante a un motorista que bajaba con el semáforo abierto. El golpazo de la moto sobre el coche aún lo tengo en la memoria. Como tengo en la retina el vuelo del motorista sobre el coche y el posterior impacto en el asfalto. El pobre hombre quedó inerte sobre el suelo.
Llegó a casa y cojo la prensa del buzón. No entiendo cómo un periódico puede regalar, cada fin de semana, tanta revista. Debe ser cosa de la crisis. En fin…
Abro una pequeña revista de esas rosas y allí me lo encuentro. Patricia Olmedilla –no sé quien es, ustedes disculpen- en la boda de su cuñada. Leo la noticia y, al parecer, se ha casado Rocío de la Cierva con Carlos García de Cassasola. Me imagino que el novio cambiará ahora el segundo apellido por Casallena. Pues bien; esta era la boda que estuve cotilleando en Sanlucar. En unos colorines muy lucidos aparecen los carruajes con los caballos y las jóvenes acompañantes que lucían como cabareteras del charleston, con su cintita de seda en la cabeza y sus modelos años 20. Me inquieta un titular de la noticia: “los festejos acabaron en tragedia”. Coño –me digo- ¿habrán acabado como en Puerto Urraco por un quítame allá esa churri?. No. Los tres amigos elegantes que estuve observando en la tarde sanluqueña eran los difuntos del accidente aéreo. Al parecer, uno de ellos era Iñigo de Arteaga, hijo del Duque del Infantado, y otro de ellos, primo de Cari Lapique –que tampoco sé quien es-.
Sigo con la lectura del periódico por ver si me informa de quien era el pobre motorista, pero nada. Al parecer hasta para morirse se necesita una línea hereditaria de Grande de España. Así es la vida. ¡Qué le vamos a hacer!.

Anuncios

5 Respuestas a “UNA BOA EN SANLUCAR

  1. Venancio Buesa

    A tal señor, tal entierro. Así ha sido toda la vida. ¿Pero don Dimas, de qué se sorprende usted?

  2. De nada, Venancia. Tristemente, de nada

  3. Ay don Angel!, ¿no le contaron a usted aquella noticia en la prensa de nuestros años infantes del accidente de tren?, Había habido 23 muertos pero “afortunadamente” ninguno de primera clase……..pues eso.

  4. Venancio Buesa

    Mr Soria,

    me ha cambiado usted el género. Afortunadamente mi sexo sigue intacto. Bueno, intacto del todo tampoco, que ya son muchos años….

    saludos

    Venancioooooo

  5. Don Venancio, este teclado mío (quizá sea el sistema) no admite Venancio y lo convierte en Venancia. No lo he corregido y ese ha sido el error. ¡Qué importa el género si el amor es puro!