LA SIMPÁTICA HISTORIA DE BECKETT STOZFUSS. SUICIDA FULASTRE Y COMPOSITOR DE ÉXITO

Beckett Stolzfuss, joven amish de dieciséis años, vive en su granja del condado de Lancaster, Pensilvania. Beckett Stolzfuss, a pesar de su juventud es el encargado de atender a las 35 vacas lecheras de raza Hereford que pastan en la pradera de su pequeño rancho. El joven Beckett Stolzfuss, que era un poco lila, todo hay que decirlo, daba gracias a su Dios cada mañana por la dicha de ver crecer el maíz y el tabaco en sus campos y por el zumo de las ubres de las vacas. También daba gracias a su Dios por permitir que pudiera haber conocido a la joven Rachel Ash de quien estaba perdidamente y tiernamente enamorado.
Los amish, como todo el mundo sabe, toman el fresco en la barandilla del porche mientras se entretienen leyendo el Botschaft, periódico menonita editado en alemán. También, cuando han terminado el periódico, leen su breviario. Los amish, como ustedes pueden imaginar, huelen a aburrido que espanta. Pero si están a gusto con su vida ¡allá ellos! ¿verdad que sí?
A la joven Rachel Ash, a pesar de pasarse el día tomando el fresco en las barandillas del porche y planchar y almidonar las cofias y cantar himnos religiosos, también le gusta el rijo. ¡Vaya, por Dios!. Esto no se lo ha dicho a nadie, naturalmente, y mucho menos al reverendo King, quien con su barba de collar y su negro hábito la habría echado de la comunidad. Ella lo lleva en silencio, como si en lugar de furor interino tuviera almorranas.
Una tarde, a mediados de noviembre y después de haber recolectado el maíz y haber secado el tabaco y vendidos los manojos de hojas secas a la Philip Morris para hacer Chesterfieles, el joven Beckett Stolzfuss se calzó el pantalón de cutí negro, se aseguró que el dobladillo permitiera ver el tobillo; se cruzó los tirantes sobre la camisa blanca de algodón y se caló el sombrero canotier. El joven Beckett Stolzfuss se marchó a los oficios del domingo más contento que unas pascuas. El joven Beckett Stolzfuss quiere hablar con el señor Ash para ver si le permite cortejar a la joven Rachel. El sabe que el señor Ash es un amish bueno y temeroso de Dios y él es un joven a tener en cuenta. Le acompañará Herman, su padre quien le ha prometido una buena renta para aportar al matrimonio. Ahora solo falta el sí de los Ash y conocer el ajuar de la novia.
Pero la pérfida Rachel dijo que nones. Que ella era mucha mujer para un piernas como el Beckett y que se podía meter las vacas; el tabaco y el maíz por donde le daban a las vacas Hereford. El señor Ash no sabía dónde meterse y Herman, el padre del joven Beckett, seguía lívido y sin reaccionar. Tranquilamente, agachando la cabeza en señal de respeto, el frustrado suegro Stozfuss se despidió del señor Ash y, montándose en el austero buggy negro -una estrecha carreta cerrada y tirada por un sólo caballo- salió a escape y no paró hasta llegar al rancho.
El señor Stolzfuss se encerró a cal y canto en su casa y, como no tenía ni televisor ni radio, se tuvo que conformar con volver a leer el Botschaft de la semana anterior mientras una se le iba y otra se le venía de montarle el pollo al señor Ash por la educación que había dado a su hija. El joven Beckett, por su parte, salió en dirección al granero para suicidarse. Sin encomendarse ni a su Dios ni al reverendo King, se subió al segundo piso desde donde se arrojó al suelo de forma inmisericorde y desabrida. Ya advertimos, anteriormente, que el joven Becktt era un poco lila y no tuvo en cuenta que, al haber alpacas de paja en el suelo del granero, no pudo estrellarse contra él, con lo que no se hizo ningún daño.
Frustrado con su suicidio interruptus lo intentó arrojándose al paso del semental Hereford, como si fuera El Platanito. El toro, que se llamaba Brad -como el Brad Pitt, pues era rubio-, al conocerlo, lo único que hizo fue lamerle la cara hasta dejarlo como el ecce-homo de Borja después de la restauración de la señá Cecilia. Eso, y que, de no haber salido de naja, le habría dejado el bullarengue como la bandera del Japón.
Preso de la rabia cogió su banjo y, al punteo, escribió una canción que se hizo muy famosa y que llegó al número 483 de la lista Billbaoard. La canción se titulaba “Te odio, amor” y estaba dedicada, ¡cómo no!, a la joven Rachel Ash. Era una canción descarnada que denunciaba la veleidad y el vicio de las jóvenes amish.
Abandonado por su único amor y sin posibilidad de suicidarse, el joven Beckett Stozfuss se dirigió a la cocina de la granja. El suicidio le había abierto el apetito y se dispuso a abrir una lata de sopa Campbell’s. Una cream of mushroom que, bien calentita, se dijo, le calmaría los nervios que se le habían cogido al estómago.
Estaba abriendo el bote con un abrelatas de El Explorador Español, hecho en la fábrica de la calle de Calvo Sotelo, en Gijón, por don José Valle Armesto y que en los Estados Unidos tiene mucho éxito pues, no en balde, presta cuatro servicios en uno y se convierte en fundamental para el excursionista por su bajo precio y lo poco que ocupa, ya que permite guardarlo en el chaleco o el pantalón del menonita. Pues bien, como decía, estaba abriendo la lata de sopa cuando ¡zas!, un golpazo con la puerta del armario de la cocina le derribó, cayendo -¡ya es mala suerte!- sobre el abrelatas y clavándose el pico afilado en la nuca. ¡Pobre Beckett Stozfuss!, el joven y lila granjero amish quien, tras intentar suicidarse, murió de accidente casero. Junto a su cuerpo quedó el caldo de la lata, de un color rojizo cereza y una caja que se desparramó de Kellogg’s Muslix, que los amish comen para aliviar bien el vientre.

EPÍLOGO

En el limbo de los amish, a la derecha de Ulrico Zwinglio, el joven Beckett Stozfuss fue recibido con todos los honores del héroe que, antes de perder el amor de su vida prefirió perder la suya, aunque lo hiciera de forma accidental y tras fallar en dos intentos.
En el limbo de los amish los hombres y las mujeres no tienen cuerpo para evitar las tentaciones. Los habitantes del limbo de los amish sólo tienen barbas –si han muerto una vez casados- y sombrero canotier, como si fueran Maurice Chevalier. En el limbo de los hombres amish, que está situado en la esquina de enfrente que el limbo de las mujeres amish, una vaga figurita mortal se pasea por el purgatorio de forma leve e inodora, como las nubes. Se trata del joven Beckett Stozfuss suicida fulastre y compositor de éxito.
La joven Rachel Ash, por su parte, fue rechazada por la comunidad y se marchó a vivir a una comunidad mormona en Bloomfield Hills (Míchigan) donde conoció al reverendo Mitt Romney con quien tuvo un tórrido romance hasta que el reverendo se marchó a Francia. Una vez que volvió a los Estados Unidos la perversa Rachel Ash intentó reamoldarse, pero el reverendo había sido proclamado gobernador por el estado de Massachussets y, posteriormente, le nombraron candidato a presidente por los republicanos. La joven Rachel Ash intenta, desde entonces, encontrar una ferretería donde vendan abrelatas de El Explorador Español sin ningún éxito. Los mítines electorales del candidato Romney, para mayor INRI, se abren con una canción melódica que nos habla de un amor rechazado. La canción se titula “Te odio, amor”, éxito sonado del cantautor Beckett Stozfuss suicida fulastre y compositor de éxito.

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3 Respuestas a “LA SIMPÁTICA HISTORIA DE BECKETT STOZFUSS. SUICIDA FULASTRE Y COMPOSITOR DE ÉXITO

  1. Venancio Buesa

    Don Dimas,

    las Hereford son una raza de vacuno de carne. Hombre, algo de leche también dan, pero como negocio lácteo no las veo yo muy adecuadas.

    saludos

    Venancio (tocando las bowlings-o las ubres-)

  2. ¿Y por qué cree usted, don Venancio, que daba gracias a su Dios el joven menonita sino por recibir leche de vacas de carne?. ¡Hombre don Venancio… que hay que esta más al tanto del texto…

  3. Venancio Buesa

    Mi querido Mr Soria,

    gracias por la aclaración. Yo mañana voy a poner una explotación de leche de gallinas, que seguro que si las exprimimos bien, algo de leche sacamos.

    Un abrazo veterinario

    Venancio