A SALTO DE MATA (IX)

SAN XIAO DO TREVO. Un santo trabucaire

Cuenta la leyenda que Xiao, un cariñés humilde y recién casado salió una tarde, como otras tantas, a cazar por los alrededores de la casa. La caza le era esquiva y subió hasta el mirador del cabo Ortegal en busca del jabalí que le permitiera embutir las chacinas necesarias para pasar el crudo invierno. Cuando llegaba al cabo, una tormenta se formó tras la Estaca de Bares. El viento comenzó a ulular y los tojos y los carballos se doblaban con la fuerza del viento. Una fuerte lluvia comenzó a caer de forma inmisericorde. Xiao consiguió llegar hasta la cueva donde tenían su guarida una familia de salvajes cochinos. Los esperó calmadamente; sin prisas.
En el pueblo, la esposa de Xiao, una hermosa joven que respondía al nombre de Carmiña esperaba en la lareira la llegada de Xiao con cierto temor por la tormenta. Estos son tiempos malos y la Santa Compaña deambula por los montes a la caza de perdidos peregrinos. Él era aguerrido y experto en el terrero, pero con esta tormenta podría encontrarse en un apuro. Carmiña esperaba a Xiao sentada en el escaño de madera de castaño. De vez en cuando atizaba el fuego para calentarse. El hollín del fuego caía sobre la olla que permanecía tapada con su caldo en ebullición. Cuando llegue Xiao le daré una taza grande de caldo. Esto le hará entrar en calor, se decía para sí misma. En la gran chimenea los chorizos de corzo y de jabalí se ahumaban convenientemente. Las traveiras y el conqueiro guardaban el escaso ajuar. Las garmilleiras sujetan el pote fuertemente; con avaricia. En las trébedes la tixela descansa hasta entrar en juego. El escabel de Xiao está vacío y a Carmiña le duele la ausencia del joven esposo.
Carmiña afina el oído y creer escuchar el paso de Xiao. Es raro, piensa, parece el caminar de dos personas. Se acerca a la puerta y abre la mitad superior mientras alumbra con un candil de aceite. No es Xiao; son sus suegros que han subido a visitarlos desde otro concello y han sido sorprendidos por la tormenta.
Carmiña los da a beber el reconfortante caldo junto al fuego de la lareira convenientemente atizado. Les pide por favor que ocupen la habitación del matrimonio mientras seca sus ropa. La cama es la única que hay en la pequeña vivienda. Los suegros se desnudan y entregan las ropas a Carmiña que las pone a secar junto al fuego. Los ancianos, cansados y empapados, se duermen rápidamente. Carmiña, envuelta en una gorda rebeca de lana de oveja y con una toquilla sobre la cabeza, sale en busca del esposo.
Xiao, por su parte, harto de la espera y empapado como una sopa decide bajar al pueblo. Lo hace por un atajo que solo él conoce. Por aquí llego más rápido, se dice. Va pensando en el generoso tazón de caldo con la nabiza y la patata buceando en él. Piensa también en un buen tazón de vino tinto caliente. Esto resucita a un muerto, se dice para sí. Ya llega a la casa y empuja la puerta desde la mitad de abajo. Se abren ambas a la vez. Carmiña, grita. ¿Dónde te metiste?, pregunta mientras abre la puerta de su cuarto. Alumbra con el candil de aceite y ve dos cuerpos durmiendo en su propia cama.
¡Pécora del demonio!. ¡Te pillé junto a tu amante!; grita desconsolado. Sin pensarlo dos veces, se echa el trabuco al hombro y descerraja un par de tiros que acaba con la vida de sus propios padres. Arrima el candil a los rostros de los muertos para ver quienes eran sus victimas y comprueba horrorizado el parricidio que ha llevado a cabo victima de sus celos. Grita desconsolado y sale hacia la calle. En ese momento llega Carmiña que ve con horror cómo Xiao sale corriendo. Ella teme que ha pasado lo que, en realidad pasó.
Dice la leyenda que tal fueron la pena y el arrepentimiento de Xiao que acabó haciéndose santo. ¡Como si fuera tan fácil!. Voy a hacerme santo, pensaría Xiao, como quien piensa en hacerse socio de la Sociedad Deportiva Ponferradina Club de Fútbol.
Pues no; Xiao. Para ser santo no vale solo el arrepentimiento. Se necesita de otra obras, como por ejemplo un milagro. ¿Qué milagro realizó Xiao para ser santo?. Realmente lo desconocemos, pero una leyenda alternativa dice que, en realidad, la figura del santo fue tirada al mar por un pirata bajo el acantilado que ocupa ahora la ermita donde se le venera. Al parecer, al acercarse a Cariño el pirata no conseguía que los cariñenses pagaran por la liberación de la figura de su santo. Harto el pirata de no sacar fruto de su rapto, optó por echar a Xiao con una piedra al cuello y hacer un ERE a la tripulación. El santo obró el milagro de flotar llegando a la costa, justo donde ahora se le venera.
El viajante es muy comprensivo con las leyendas populares y no duda que ambas son ciertas. Al viajante lo que le da un poquito de risa es la imagen curiosa de un santo con trabuco en una mano y un pajarito en la otra; los bigotes retorcidos con las guías para arriba; una saya roja y un sombrero hongo. Pues no; miren ustedes. Servidor cree en todo lo que le quieran ir echando, pero esto ya no le parece de recibo. Un santo, para ser santo, necesita de su leyenda, de su milagro, de su cohorte celestial y un poco de serenidad y fundamento en su representación oficial. Un santo con trabuco es, sobre poco más o menos, como otro que tuviera anteojos. ¡Ah!, vaya. Que ya existe un santo con anteojos y al que llaman San Josémaría de Dios rogando y con el Opus dando. ¡Pues qué bien!
Para hacer un caldo gallego se precisan los siguientes ingredientes para cuatro personas: 150 gramos de alubia blanca; 500 gramos de patata; 1 manojo de grelos o medio kilo de berza o repollo; 1 hueso grande de espinazo de cerdo salado; 1 trozo de lacón; 2 chorizos tiernos; 50 gramos de unto o tocino de cerdo; 2 cucharadas soperas de aceite de oliva y media cucharadita de pimentón dulce.
Se pone la alubia y el lacón en remojo de víspera. En una olla echar dos litros de agua; con un poco de sal y poner a hervir la alubia con la carne hasta que esté blanda. Trocear las patatas y echar en el caldo junto con el chorizo y continuar haciéndolo hervir. Aparte se pone una sartén con el unto a calentar, junto con las dos cucharadas de aceite de oliva. Cuando el unto haya ocultado al aceite apartar la sartén del fuego y echar en ella el pimentón dulce dar unas vueltas a todo y echarlo al puchero del caldo. Lavar la verdura y partirla de forma menuda y echarla al guiso. Cuando ya esté cocida se aparta del fuego y se deja reposar, al menos, media hora. Espero que este caldo sea tan reparador como resultó para los padres de san Xiao, aunque finalmente menos pesado y definitivo que para ambos. ¡Salud, suerte y… mala leche!.

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2 Respuestas a “A SALTO DE MATA (IX)

  1. Alegría

    Bravo Angel!, la verdad es que la historia de San Xiao deja a todos (incluso a los nativos) un tanto confundidos. Como estuvisteies poco tiempo en Cariño no tuvisteis la oportunidad de que os presentara al otro Santo venerado´: San Bartolomé. El 24 de Agosto lo sacan en procesión cuchillo en mano, y más parece un asaltante que un desollado como cuentan que murió……….Mi padre, que era de Orense siempre hacía de Cariño varios comentarios que a mi madre, allí nacida, la sacaban de quicio:
    “Este pueblo solo tiene Santos matones: El Bartolo con un cuchillo y el Xiao con una escopeta”………..”En este pueblo hay muchos locos porque es la puerta donde tremendas corrientes de aire hacen entrar a España las tormentas”……………y sinceramente pienso que estaba acertadísimo en sus comentarios por más que a mi 50% de adn catalino aclimatado en Galicia le duela.

  2. Fresita Magenta

    Me haré ese caldo a no tardar, ¡Vive Dios!