A SALTO DE MATA (VI)

EL BIERZO. La eterna quinta provincia gallega.

El viejo paseante sube –mejor sería decir baja, por aquello de la altitud- de Madrid a Galicia y se encuentra desorientado y algo cansado con las indicaciones del camino. No las del ministerio de turno; no. Con las indicaciones de los ayatolás del lugar. Madrid es Castilla, dice un cartel pintado a brocha gorda bajo las bardas de una vieja casamata. Castilla y León, dice un cartel de la carretera. En el cartel una mano anónima ha tachado León separándolo así de Castilla. Castilla no es León, dice una pintada cuando llegamos a la muga leonesa. Entrando en El Bierzo otra pintada dice: O Bierzo e galego. Uno no sabe ya si lo mejor sería anexionar toda esta tierra a Portugal o bajarse del automóvil y, brocha en mano, plantar un hermoso cartel donde diga: Entonces, recapitulemos. ¿Dónde coño estamos?. El viajero, que ya está algo puesto en estas gimnasias, sabe que estas soplapolleces están financiadas –si no la pintura, sí la gasolina, para llegar hasta el cartel- por el politiquín de turno para mantener entretenido al personal y presentarse, justo antes de las elecciones, como el salvador de la Patria.
El Bierzo fue, efectivamente, la quinta provincia gallega y su capital fue Villafranca del Bierzo. Estos eran otros tiempos, tanto para El Bierzo como para la propia Villafranca. A la antigua capital la llaman, en los pueblos cercanos, la capital de YouTube. Sus hidalgas casas blasonadas; sus bien trazadas calles, y sus ricos habitantes fueron, en su momento, punteros en la provincia. Ahora otras localidades, como Cacabelos, han desplazado a la antigua capital en su lugar de preponderancia. Los villafranquinos, dicen sus vecinos, se pasan el día diciendo: yo tuve tantas casas; yo tuve tantos negocios y tierras… Algo de mala leche me pareció descubrir en aquello del YouTube; pero en fin, son cosas en las que el viajero no debe entrometerse, sino contentarse con contarlas de forma suave y sin atropello.
Sobre una loma eternamente soleada se presenta el vetusto caserío de Villadecanes. Este es un pueblo en el que, de ser sus habitantes tan fantasmas como algunos navarros, podría manar vino de sus fuentes de tanta uva como se elabora. Villadecanes, ya se dijo, es un pueblo situado sobre un otero que permanece todo el día expuesto a los rayos del sol. Esta exposición y la humedad que continuamente se mantiene en esta hoya natural que es El Bierzo, permite que prenda todo aquello que se plante. Es tal la facilidad con que todo agarra en estas tierras bercianas, que el viejo paseante teme que, de quedarse mucho tiempo mirando la grandiosidad de estos paisajes, enraíce para siempre, convirtiéndose en una cepa más. Desde bien entrada la primavera hasta la vendimia, en el mes de septiembre, las laderas de Villadecanes tienen una tonalidad verde. Durante el otoño no. En el otoño el verde se convierte en una preciosa tonalidad ocre y rojo, que gusta mucho a los viajeros enfermos del mal de morriña que se dirigen hacia Santiago un pie tras otro.
El pueblo de Villadecanes cosecha uva desde siempre. La morada uva Mencía y la blanca Godello. El viajero casi se atrevería a decir que el vino -la cosecha y trasformación del zumo de la uva en vino- se inventó en Villadecanes, y de entre los viticultores mi amigo Juanín Martínez Yebra; ¡en er mundo!.

Juanín Martínez Yebra

El viajero, con su amigo Juanín y sus esposas (quiero decir las de ambos, claro; no que Juanín tenga varias, que con la que le correspondió en suerte, va bien servido) visitan el casco histórico de Ponferrada, la añosa ciudad que se llamó La Puebla de San Pedro, en la confluencia de los ríos Sil y Boeza. Es día festivo y el viajero se asombra de lo bien arreglada que aún salen las gentes de esta ciudad a pasear la tarde cuando cae el sol. El viajero está mas acostumbrado a ver el pantalón corto y no el plisado de las faldas; está más acostumbrado a ver la camiseta de tirillas tipo boxeador que las americanas Teba y disfruta una barbaridad viendo a esos niños y niñas en sus cochecitos Silver Cross azul marino, con sus grandes ruedas y su generosa capota perfectamente vestidos y conjuntados. El viajero, que aún guarda memoria de su hijo en otro coche de esta marca, siente como la corneja del tiempo pasado, roe en las entrañas del viejo paseante. Que Dios Nuestro Señor nos dé paciencia para barajar y repartir con tiento las cartas de la senectud. Amén.
El viejo castillo templario ha sufrido un sinsentido de reformas y ampliaciones sin ningún tipo de fundamento dentro de sus murallas. Me cuentan los naturales de esta ciudad que el castillo libró de buena no hace tanto. Al parecer, a los políticos de turno, se les ocurrió la brillante idea de derribar parte del castillo para hacer, en su patio de armas, un campo de fútbol. Se pusieron manos a la obra y, cuando ya llevaban la mitad de castillo derribado, se dieron cuenta que el balón se les podría caer el río. Seguramente, para ahorrar en balones, decidieron cesar en su insensatez y volvieron grupas –la Virgen de la Encina, santa patrona del lugar debió alumbrarles- para rehacer el castillo y construir su campo en otro lugar.
La comida típica de El Bierzo es el botillo. El botillo es un fiambre seco hecho con los trozos menos nobles del cerdo: en especial la cabeza del animal y sus carnes. La receta es la siguiente para cuatro comensales: 1 botillo de un kilo; cuatro patatas medianas; 500 gramos de beza o repollo, cuatro chorizos y agua.
Se pone a cocer el botillo dos horas vigilando que siempre tenga agua suficiente, cuando quede aproximadamente media hora para su cocción se añaden las patatas peladas y enteras, los chorizos y la verdura. Se desgrasa el caldo y… manos a la obra. Se aconseja, para evitar apoplejías y otros dengues que la ingesta se haga en invierno.

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2 Respuestas a “A SALTO DE MATA (VI)

  1. Jose Maria

    Angel, por fa por que no nos pones la marca del buen vino que hace el amigo Juanin que ahora no recuerdo.

  2. Alegría

    No he tenido el placer de conocer a Juanín y esposa pero sí conozco su vino. El tinto es un muy buen vino pero para mí el blanco es excelente, y si se puede saborear con una grata compañía entra con una facilidad algo peligrosa…….Gracias Don Angel por sus crónicas de este verano andariego.