UNA HISTORIA DE FRAGANCIAS

¿Qué le ocurre, don Paremio, que está triste y ojeroso?
Pues que todo anda manga por hombro, don Dimas. En estos tiempos tan revueltos y críticos ya nada es lo que parece. Todo anda manga por hombro, ya le digo…
¡Vamos, hombre!. Arriba ese animo. Mire, ahí llega don Matías, verá como él sabe animarle.
No creo, don Dimas. Yo creo que está todo perdido y manga por hombro
¿Qué tal están ustedes?. ¡Anda!, me ha quedado el saludo como el de los payasos.
Pues ya ve, don Matías. Aquí don Paremio, que todo lo ve como boca de túnel.
¿Y eso?
Ustedes saben -por algo yo les tengo en estima como buenos amigos que son- que mi esposa, doña Carlota, era una enamorada del jabón Heno de Pravia y yo, por mi parte, lo era del jabón Magno de La Toja. Cada vez que lo recuerdo…, con su aroma salino, esa espuma que brotaba de la negritud de la pastilla y la suavidad y tersura que dejaba en la piel…
Coño don Paremio que parece usted un anuncio de los setenta…
Perdonen ustedes, pero es que solo de pensarlo. ¡En fin!, que resulta que la Petrita y el Paremillo me han salido de la cáscara amarga.
¡Arrea!. ¿Pero los dos?
Ambos; si señor.
Bueno, don Paremio, mírelo usted por el lado bueno. Así no tiene que cambiar el ropero. Las faldas de la Petrita para el Paremillo y los pantalones de este, para aquella.
No sea usted zumbón, don Matías. Le ruego que no se burle y menos aún que sea tan hiriente. No creo que mi dolor sea motivo de burla.
¡Pero si no es hiriente, don Paremio!. Se lo digo de verdad. Ahora los chicos se operan y se ponen las pechugas como las vedettes y las chicas se dejan bigotes como el Iñigo ese de la tele…
¡Calle ya!; majadero.
Oiga, oiga, sin faltar…
Pero si es que usted no ha entendido nada. Lo que ha pasado es que el Paremillo se ha pasado al Heno de Pravia y la Petrita al Magno de la Toja. ¡Ya ven ustedes!, como dos travestis.
Pero bueno, don Paremio, usted está como una chota ¿no?
Ya no se puede ni confiar en los amigos. Vean. Igual que me dicen mi mujer y los hijos. Que estoy como una chota. Pues no es así. El jabón La Toja, el negro jabón de sales de la isla de la Toja, es un jabón varonil. Un jabón que podía usarse tanto en el vestuario del Athletic Club de Bilbao como en la penitenciaría de El Dueso. ¿Se imaginan ustedes al sargento mayor del Tercio Duque de Ahumada, de la legión, oliendo a Heno de Pravia?
Pues no; ahora que lo dice no hay quien se lo imagine.
Lo ven ustedes.
¿Se imaginan a la dulce y virginal mocita en el día de su primera comunión oliendo al Magno de La Toja?
Pues ahora que lo dice, tiene usted razón, don Paremio. No me puedo imaginar a una niña comulgando y con un pestazo a Magno de La Toja.
Como ustedes bien saben, yo siempre he sido un hombre de orden. Un hombre que ha tratado de inculcar a sus hijos las virtudes intelectuales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Pues miren por donde hemos salido…
¿Usted cree que el Paremillo es menos prudente, menos justo, menos fuerte y menos templado desde que usa el jabón Heno de Pravia?
¡No lo ha de ser!. Un hombre oliendo a Heno de Pravia ni es capaz de practicar las virtudes intelectuales ni es capaz de recordar las tres potencias del alma.
¿Qué son…?
Memoria, entendimiento y voluntad
¿Y usted cree que la Petrita no tiene memoria, ni entendimiento, ni voluntad?
Pues claro que no. No les digo que han cambiado al jabón del sexo contrario.
Yo creo, don Paremio, que usted como poco. Eso de comer poco no está bien. Según dicen quienes comen poco se saltan los límites de la razón y se vuelven un poco espantables.
¿Me está llamado loco? ¿Qué jabón gasta usted?
Pues uno que se llama Sanex.
¡Lo ve!. El jabón de los anarquistas. Ni tiene aroma, ni sales, ni aceites; solo glicerina…
Oiga, don Paramio; que aquí don Dimas y yo vamos hasta aquella esquina a tomar un blanco y unas anchoas en salazón y no podemos atenderle más.
¡Eso, eso!. Huyan ustedes. Son ustedes una porquería de tíos, de tan huidizos y cobardes como son. Así va todo como va; manga por hombro.
Vamos don Dimas. Vamos a salir a escape que me mete usted en cada berenjenal…
Ahí van los del Sanex. Anarquistas…, perdidos…, landrús…

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Una respuesta a “UNA HISTORIA DE FRAGANCIAS

  1. Jojojo. Eso da para un estudio de esos que salen de las cátedras de igualdá subvencionadas en nuestro país. A mí el Heno de Pravia me huele a senectud y es porque a veces lo usaba mi abuela. La Toja es un jabón que me gusta mucho, será por la espuma y porque da olor a limpio. En casa lo tenemos en pastilla y en gel. Respecto al Sanex yo lo identifico con gimnasio.
    Por cierto, yo pensé que ser de la cáscara amarga era tener un pedaso de genio… no con la acera.