DON AVERTINO DE PAÚL COBRADOR, DE PROFESIÓN FUERZA VIVA

El don Avertino de Paúl Cobrador, cuando salió del Seminario tuvo que elegir profesión y, en lugar de postularse como vendedor de asperón, o lector de contadores de la Electra del Río Valdanzuelo, que era para lo que daba la talla, eligió la profesión de fuerza viva que es mucho más tentadora y vivificante. ¡No digamos ya descansada!.
No es cierto, como dicen algunos, que el don Avertino tuviera que salir del Seminario por haber terminado sus estudios, ¡qué va!. El don Avertino salió del Seminario cuando fue capaz de memorizar un único latinajo: Quod natura non dat, Salmantica non praestat
Para ser fuerza viva se precisa, -aunque no del todo ya que en este país uno puede ser alcalde hasta de un pueblo del que nunca ha oído hablar-, ser vecino o habitante de un villorrio que tenga fuerzas vivas. Si uno es vecino, o habitante de Villar del Río, el pueblo donde era alcalde Pepe Isbert, va de culo; porque ni existe el pueblo; ni existen las fuerzas vivas, como es bien fácil de imaginar.
Para ser fuerza viva, también se precisan unos estudios; un empleo y unas mañas muy particulares. También se puede ser fuerza viva si se es tonto útil. Se puede ser fuerza viva si se es boticario y se tiene una botica con su rebotica limpia y recoleta; su mesa camilla con faldas y su hule; con su mancebo recadero y sus agujas de poner inyecciones. También se puede ser fuerza viva si se ha estudiado en el Seminario y se ha cantado misa, esta es la sección negra de las fuerzas vivas. No todo el que ha pasado por el Seminario vale para fuerza viva. Naturalmente que no. No es lo mismo un cura misacantano que un cura rebotado que tenga que dejar el sagrado ministerio para ponerse a cuidar marranos, pongamos por caso. En el caso del cura rebotao, o peor aún en el caso del cura interruptus, hay que llegar a fuerza viva por la vía de la tontería útil.
También se puede ser fuerza viva si se ha llegado a comandante del puesto de la Guardia Civil o a médico o a veterinario. Lo malo es que, para lo uno se precisa afición y el paso por la academia y para lo otro es preciso tener aquello que se añadió anteriormente y que Salamanca no presta. También se puede ser fuerza viva por la vía de la herencia. Si se es marqués de algún marquesado o conde de algún condado o barón de alguna baronía; se llega a fuerza viva. Finalmente también se puede aspirar a fuerza viva si se es rico heredero de fincas y rebaños y otras bagatelas.
Pues bien, en el caso del don Avertino de Paúl Cobrador, de profesión fuerza viva, su ascenso a la categoría de fuerza viva le vino por su elección como alcalde presidente del excelentísimo ayuntamiento de su pueblo. Esto, dicho así, con todo su ringorrango, puede parecer tarea propia para un bachiller o un universitario o, si acaso, para un aspirante que tenga luces en el magín, como los faros de los rompientes. ¡Quía!. ¡Al contrario!. Para llegar a fuerza viva, sección munícipe, es preferible la ausencia de estudios y la nada más absoluta bajo la calva calavera. Don Avertino de Paúl Cobrador daba el perfil mejor que nadie en ambos dos aspectos. No en vano en el Seminario tenía el mote de “completamente nada”, pues tenía la cabeza huera; por dentro y por fuera.
La noble y destartalada provincia de Soria; la seca y áspera tierra de Alvargonzález y sus poetas es, además de un despoblado inmenso; coto y hasta reserva espiritual de carpetovetónicas y consuetudinarias costumbres como la cría y el engorde del cacique local. La pobre provincia de Soria, tan a trasmano de la civilización y de su pariente más próximo el civismo, cría y hace crecer especimenes que esa misma civilización ha ido depositando en los anaqueles de la memoria histórica junto al gorro del manco de Lepanto -que se llama Lepanto en honor de la batalla-; el gorrillo cuartelero de Millán Astray y el birrete del obispo Martín Pérez de Ayala, que asistió al Concilio de Trento.
Joder, don Dimas. ¡Cómo se ha soltado usted el pelo!.
Calle y no dé coba, don Matías.
El Don Avertino, como decía, llegó a la alcaldía tras un traspié con unos marranos y la manifiesta incapacidad demostrada para con los latines, a los pechos del Senén Martínez, un político capitalino que ya se había hecho un nombre en esto de la adulación, o la política que tanto monta…
Oye, Avertino, dicen que le dijo el Senén, ¿por qué no te haces fuerza viva ahora que se acercan las elecciones municipales?
¿Y eso que es?, preguntó el Avertino.
Pues es muy fácil. ¿Tu sabes decir a todo que sí?
¡Huy!. Yo sé decir sí, a lo que haga falta.
¿Y sabes hacer como que trabajas y no hacer nada?. Pero sin que se note, claro.
Pues me parece a mi que sí.
¿Y sabes decir a la gente una cosa y luego hacer otra?
Pues eso ya es más difícil, pero puedo intentarlo.
¿Y sabes cobrar dinero a la gente por lo que nunca se ha pagado?
¡Huy, eso ya no lo sé!. Pero no será por no probar…


A ver, Avertino. Engáñame a mi, como si yo fuera uno del pueblo y tu la fuerza viva.
Buenas tardes ¡hombre!
Muy buenas.
¡Ah!, ¿le parecen buenas con lo que está lloviendo?.
Pues no; pero como usted había dicho que eran buenas…
Pues entonces son cien euros de impuestos. Por disfrutar del paseo en día de lluvia y por querer engañar a una fuerza viva.
Muy bien, Avertino. ¡Vaya lo que sabes! Con esa habilidad tuya, igual llegas a vicealgo de la Diputación y todo.
Muchas gracias; Senén. Yo estoy para lo que tu mandes… Ya sabes…
Así, Avertino. ¡Esa es la actitud!. Tú sigue así que te veo en la Diputación y vete a saber hasta donde podrías llegar.
¿Tu crees que podría llegar a gobernador militar?
¡Hombre, Avertino!. Si ya no existen los gobernadores militares.
Pues por eso lo digo, Senén. Será mucho más fácil ahora que no los hay. ¿No te parece?
Bueno; bueno. Ya hablaremos de eso.
Oye, Senén. ¿Y por esto se paga?
Bueno. Pagar no se paga. Salvo que te pongas tu mismo el sueldo.
¡Ah!, entonces me quedo de fuerza viva.
¿Lo ves, subdelegado?. Esta es la actitud que necesita el partido en estas tierras. Gente así. Decidida. Con las aspiraciones justas. Que no nos planteen problemas a los líderes. Que si quieren coger su parte de la tarta la cojan de su pueblo sin cogerlo de lo nuestro. Esta es la gente que necesita el partido para Soria.
Mañana, Avertino, vas a venir con nosotros a la Procesión del Hirsuto Madero del Señor. A las cinco de la tarde ¿eh?
Pero verás, Senén. Es que yo acabé mal con esto de la Religión.
Pero si vamos solo un rato. El resto del tiempo lo dedicamos a inaugurar. Además, por ir a la procesión dan dietas. Y kilometraje. Con un par de procesiones te pones en un pico…
¡Ah!. Eso es otra cosa. ¡Si es cobrando!
Ves, subdelegado. Ves qué pronto lo ha cogido…
¿Y tu crees que yo sabré inaugurar?
¡Anda que sí!. Mira, aquí tienes diez metros de cinta con la bandera de España. Coge una tijera y vas cortando a poquitos y diciendo “queda inaugurada esta exposición”, “queda inaugurada esta alcantarilla”, “queda inaugurado este centro de día”…
¿Y ya está?
¡Claro!
¿Y por esto también hay dietas y kilometraje?
¡Pues claro!
Además, cuando lleguemos a los pueblos en fiestas nos darán de merendar y un vino español, y podremos bailar La Rueda con las señoritas misses y reinas.
Es que a mi, esto del baile no se me da bien…
No importa. Pones en tu pueblo unas clases de baile municipales y así aprendes sin gastar un duro. Pero recuerda sólo una cosa. Nunca debes bailar cuando esté bailando yo.
¿Y eso?
Pues porque yo tengo que salir en las fotos del periódico bailando. Cada día tiene que aparecer una foto mía y otra del señor subdelegado de la Junta y de nadie más.
¡Qué tío, el Senén!. ¡Mira que si yo algún día fuera como él!
Aquella tarde, en la Procesión del Hirsuto Madero del Señor, el don Avertino, que ya tenía pensados los concejales nativos y hasta de lejanas tierras rumanas, se empeñó en bailar y en salir en las fotos del periódico que el subdelegado y el Senén habían reservado para sí mismos. Al día siguiente, en la portada del Heraldo, junto con el titular que anunciaba un nuevo ERE en la última empresa soriana que quedaba en pie y la salida de otro tren de sorianos a la emigración, aparecía la fotografía del don Avertino bailando con la vicepresidenta de la Junta. La presidenta del partido en Soria permaneció, junto al Senén y al subdelegado en un segundo plano y sin una fotografía que llevarse a las portadas. En páginas interiores se veía al mismo don Avertino bebiendo de un porrón y en otras dos imágenes más, el don Avertino estaba retratado comiendo torrenillos y tirando de la soga contra un equipo de ancianos del centro de día. El Senén, pasó y repasó una a una las páginas del periódico para encontrar alguna foto suya o del señor subdelegado. Nada. El don Avertino había copado toda la información.
Póngame con el don Avertino inmediatamente, ordenó a la secretaria de la Diputación.
¿Dígame?
Lourdicas; maja. Dijo la secretaria. ¿Está tu jefe?
Pues no. Aún no ha llegado. ¡Como es lunes….!. Estará de vuelta tras depositar el tesoro en el cofre.
Pues dile que ha dicho el Senén que hay instrucciones del partido para rebajar los salarios de las fuerzas vivas. Adiós a la paga; un veinte por ciento menos de sueldo y desaparecen las dietas y los kilometrajes.
¡Pues se va a poner bueno!
De eso se trata. Me ha dicho el Senén, que si se queja… que se vaya a la Procesión y vuelva a bailar La Rueda con la vicepresidenta de la Junta. Que ya le mandará él a la prensa para que lo publiquen.
Pues no lo entiendo.
Da lo mismo. Dice el Senén que él sí que lo va a coger a la primera. No se te olvide.
Descuida, reina. Descuida.
Al don Advertino, que tiene las meninges blandas y espesas, como el puré de patata, le pudo la impaciencia, la avaricia y la mezquindad; las tres patas en que se apoya el banco de la deslealtad. El don Advertino no fue capaz de entender que, como todas las fortunas, la política se nutre de la leña que arrima cada uno. La llama cálida del triunfo en la política no se produce, como la del Ave Fénix de la propia sustancia, sino de las extrañas y eternas piras que cada cual enciende para pillar desprevenido y en cueros al compañero de medra y librarse de él con sus fuegos fatuos y su negro humo que ciega y atufa el entendimiento y la lealtad.
Jodér, don Dimas, esta me ha gustado incluso más que la otra.
Favor que usted me hace, don Matías. ¿Un  blanquito?
Sí; muchas gracias.
¿Quiere usted una tapa de anchoas con pepinillo?
¡Venga!

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4 Respuestas a “DON AVERTINO DE PAÚL COBRADOR, DE PROFESIÓN FUERZA VIVA

  1. Jose Maria

    Ay Angel, que en nuestra tierra (y no solo en nuestra tierra en España entera) hay muchos D. Advertinos.

  2. Venancio Buesa

    Una pequeña precisión,

    en baturroaragonés, el “hala, a casca-la” de la viñeta se escribe “alacascala” todo junto y acentuado en el mayor número posible de sílabas. Los baskolaris lo escriben con “k”.

    Saludos

    Benanzio, príncipe de la h-ortografía haragonesa

  3. Me alegra, Venancio, la puntualización de “horto” con h. Si no…. escribir con el orto debe resultar al menos doloroso.

  4. Venancio Buesa

    Mr Soria, heso mismo pienso yho.

    saludos ho!, que dicen los asturianos

    Venancioh