CAMBIOS EN EL MINISTERIO DE HACIENDA

Pues qué quieren ustedes que yo les diga. Si hay algo que me enfada realmente es que vengan unos guapos y, sin comerlo ni beberlo se encuentren con un sainete encima de la mesa sin tenerse que estrujar el cerebro.
Para escribir los más de cuatrocientas crónicas de este blog he tenido que idear las historias una a una; crear los personajes; las situaciones y, hacerlas creíble; buscarle el chascarrillo… Puede parecer fácil, pero les aseguro que no lo es. Pues bien, ahora llegan los profesionales del periodismo y ¡zas!, no ya un sainete, sino un auténtico monumento al esperpento que no se lo saltaría ni el frustrado marqués de Bradomin.
Les estoy hablando, naturalmente, del suceso acaecido en torno al robo y posterior rescate del Calixtinus. Resulta que el arzobispo de Santiago, que debe de ser –creo yo- el baranda de la catedral, amasa la pasta como quien amasa empanadas de berberechos.
A ver, hermano portero, ¿cuánto ha entrado hoy en los cepillos?.
¿Antes, o después de Manolo O Chispa?.
Manolo O Chispa, o Manolo el electricista, es un empleado de la catedral que, además de entretenerse en cambiar bombillas, sustituir llaves eléctricas y preparar la iluminación del belén se dedicaba a la sisa. Sí; a la sisa, como hacían en la posguerra las chachas cuando salían a comprar la pescadilla de enroscar y pagarle así al novio, que estaba en quintas, el baile en la verbena de Las Vistillas.
Toma charrán. Para que me convides al güitoma.
De güitoma nada, monada. Esto es para tomarme un tinto con sardinas arenques al lao del cuartel. Y ándate con cuidao no te vaya a pillar la patrona.
Digo sisa y no robo porque lo dice el diccionario; no yo. Sisa es la cantidad “pequeña” de dinero que una persona se queda para sí de otra persona sin que esta se dé cuenta. Ha sido sisa y no robo puesto que, de haber habido un robo esto es, la sustracción de una pastón de ese calibre, los curas habrían puesto la correspondiente denuncia por el robo nada más producirse. ¿Por qué no lo hicieron?. Seguramente debido a que no se trató de un robo sino de una sisa. Entonces ¿cuánto gana la Iglesia compostelana con los cepillos de la catedral para que no se hayan enterado de la desaparición de 1,2 millones de euros y otros 300.000 dólares, además de 600.000 más que había en una maletita?.
Es posible -esto de la presunción de inocencia es un incordio- que Manolo El Chispa se haya levantado una pasta. Como decía aquel anuncio del café soluble: tacita a tacita; pero también es posible que lo haya hecho de una sola vez y, a posteriori lo haya ido invirtiendo en la Bolsa, o comprando deuda española para que no subiera en exceso la prima de riesgo. Los electricistas ladrones serán unos chorizos, oiga, pero a patriotas no hay quien les gane.
Entonces, ¿para qué tenía 600.000 euros en una maleta?
¡Ya sabe usted cómo son estos periodistas!, seguro que no era una maleta. Seguro que se trataba del cabás de quinqui de la señorita Pepis y que se lo querría regalar a su churri. Para el niño tendría una mochila llena de pasta. ¡Ya se sabe cómo son los jóvenes!, estos no gastan maletas, ni bolsas de viaje; no. Mochilas, mariconeras y riñoneras de la casa Adidas compradas en el tenderete de los gitanos y de los moros.
De ser tal y no como lo han contado los periodistas habría que solicitar la cartera –no la de los 600.000, sino la de ministro- para Manolo El Chispa. ¡Vaya ministro que nos estamos perdiendo!. Fíjense; si reúne todos los requisitos para ser ministro: no tiene estudios, no tiene pudor a la hora de llevárselo crudo, ha metido en la banda a su familia y, además, ahorra. ¿Qué mayores méritos podemos pedir para hacerle ministro?
Pero oiga usted, que España ya cuenta con un ministro como Dios manda. Un ministro que sabe de dónde hay que sacar la pasta, de cómo vamos a pagar todo lo que su partido –y los otros- han guindado -de De Guindos- de la cartera de los ciudadanos. El señor Montoro, quien ya fue ministro anteriormente. Un hombre muy capacitado. Lo que habría que hacer es un homenaje al señor ministro de Hacienda e investirlo, como a los antiguos prohombres de la Grecia clásica de una capa que se compraría por suscripción popular.
Pues me parece bien; pero si de lo que se trata es de que pagar por la capa…, lo capo yo.
No, hombre. ¡Que no me ha entendido usted!. Lo que decía era una capa para cubrirse los hombros.
¿Para qué?. Si este ya tiene cubierto el lomo él y toda su descendencia.
¡Ay!, es que no me entiende usted.
Pues va a ser eso.
Fíjese, fíjese en lo que ha dicho el ministro y lo bien que lo ha dicho: “Si el IVA se pagara más por quien lo tiene que pagar, no habría que subirlo tanto. Este debate sobre la subida del IVA no existiría tanto si realmente no existiera esa economía sumergida. Si no existiera esa pregunta “con IVA o sin IVA” no existiría ese contrabando, esa economía sumergida que se ve con tanta naturalidad…”
Pues yo estoy de acuerdo. Pero sólo le hago a usted una pregunta. ¿De quien es la responsabilidad de perseguir la economía sumergida, el contrabando y el impago de los impuestos?
Pues de Hacienda; naturalmente.
Entonces ¿quiere usted decir que si el ministro es un incapaz y no sabe cumplir con su obligación de perseguir y capturar a los defraudadores, a las mafias blanqueadoras de dinero, a los bancos suizos y aún de otros paraísos fiscales, a los empresarios sin escrúpulos que explotan a trabajadores sin cualificar con sueldos de mierda y sin pagar los impuestos ¿la culpa la tenemos nosotros y por ello nos suben el IVA?
Pues sobre poco más o menos; sí. La verdad.
¡Ah!. Pues ahora me reafirmo más en mi petición. ¡Que echen al ministro Montoro y pongan en su lugar a Manolo El Chispa!. Se lo va a llevar igual, pero al menos me cae más simpático.
Pues tiene usted razón. Ahora, que caparlo…. ¡lo capo yo!

Anuncios

Los comentarios están cerrados.