EUSKARAZ ETA ERDERAZ

En su delicioso libro “Alborada”, Iñaki Linazasoro nos explica cómo el vasco –al que él cita como un literato oral- piensa en euskera y habla en castellano, lo que da lugar, dice, a una “pleamar de situaciones cómicas”. En Alborada, editado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián, 1976 (algo cojea en el euskera cuando una entidad con un nombre tan hermoso pasa a denominarse simplemente Kutxa), el autor presenta una serie de personajes que son victimas de trabucaciones verbales, solecismos y otros atentados contra la sintaxis y la prosodia. No hay que tomar el rábano por las hojas y pensar que quienes han sufrido estos solecismos son una suerte de analfabetos –nada más alejado de la realidad- sino que, al practicar el bilingüismo, digamos… a pelo, es fácil caer en situaciones similares.
Comparto con todos ustedes algunas de estas situaciones en la seguridad de que, al menos, arrancarán una sonrisa que, en estos días de calor y con la que está cayendo desde la estratosfera económica, falta nos va a hacer. Espero que lo disfruten.

En el Ayuntamiento de Pasajes -no se dice si es el Antxo, el de San Juan o el de San Pedro-, se celebraba sesión plenaria. Uno de los concejales toma la palabra.
El alcantarilla de Torre-Atze, ole (por huele).
El teniente de alcalde, seguramente picado en su orgullo, contesta inmediatamente:
¡Pues si ole, que ola!
El público, que no era precisamente el de un tablado, se arrancó por tarantas:
Plas-plasplas-plas. Tacatacatacatá. Tiritititi-trantran-tran.
En otra sesión plenaria, de un municipio distinto, un vecino conocido como Shanti la buso –el buzo- porque tal era su profesión se quejaba:
La calle mía han galipoteau y en todavía no han terminau.
Otro concejal (esto de corregir al que no sabe no es acción propia de católicos, contra lo que pudiera parecer) apunta:
¡As-fal-tau!
¿Qué yo he faltau?, dice la buso, ¡Que diga el señor alcalde si yo he faltau a alguien!
El propio burukide Maneiro se habría sonreído al comprobar que no es el inventor de la terminación “au”. ¿Tendrá algo que ver con la terminación francesa, Isabel?
Como quiera que no está bien hablar de los vecinos ajenos y callarse los del pueblo propio –propio en sentido “político”, claro-, vamos con Atxili, mutrikuarra de pro.
Invitado por el coronel Ortega a comer, Atxili pidió “cordero de atrás”, ya que deseaba hincarle el diente a una pata de buen cordero lechal. Se jactaba de comerse una puerta (Atia es, en euskera, pato y puerta) y presumía de haber participado en un banquete en el que se comió a cabesa por pollo después de haber templado el estómago con entreplatos y consomé de sopa.
Atxili era carpintero y, como buen artesano, hacía los muebles que le encargaban en su propio domicilio. Una vez le encargaron un armario que tuvo que quedarse para su casa, ya que no había manera de sacarlo de la misma.
Atxili era algo filósofo, decía la gente. En realidad ya hubieran querido Kierkegaard y Heidegger, por hablar de los existencialistas, haber acuñado frases como las que Atxili regaló a la Humanidad. ¡Quien no es ladrón, no tiene conducta!; ¡Si hay hay y si no hay, no hay!. Cuando se marchaba el coronel Ortega, quien tanto habría de disfrutar del simpatiquísimo Atxili, nuestro filósofo le preguntaba:
¿Ya venirás?
Y el comandante le contestaba:
¡Ya vendriré!
Mira a ver, Atxili, si viene el autobús de San Sebastián muy lleno; le dijo en una ocasión.
¡Completamente nadie!, coronel.
Con ocasión de una de las festividades las autoridades mutrikuarras se engalanaron y salieron a la calle. Modesto, un vecino que trabajaba en una empresa local de fabricación de insignias y medallas, llevaba la pechera con prácticamente todo el muestrario de la fábrica. Se diría que, tratando de imitar a los comunistas rusos, se alicató el pecho.
El coronel Ortega salió a la calle con un par de medallas. Seguramente la Laureada y la de San Fernando, por poner algunas de las más importantes. Atxili que le vio le dijo:
Coronel, te falta una para ser Ambrosio.
En Mutriku, en la casa donde vivía Atxili, se instaló una hornacina donde se depositó una imagen de un Cristo crucificado que apareció en la mar. Cuando alguien le preguntaba a Atxili dónde vivía, el contestaba:
¡Arriba Cristo!.
En plena fiebre formulista de los tecnócratas de los cojones –o como se diga eso- a los pobres arrantzales les obligaron a examinarse para sacar su título de patrón o de maquinista. ¡Habráse visto!, gentes con más años de mar que el mascarón de la Bounty, pasando por las aulas a sus cincuenta años.
Los pobres mariñelas nunca se habían visto en un trance tan embarazoso, temblando se enfrentan al examen oral para determinar si están preparados o no, para trabajar a bordo.
El ayudante de Marina de Lekeitio pide a Patxi, patrón del Goizeko Izarra, que le explique el cigüeñal.
El sigüeñal es un hierro más torsido que Dios y que da más vueltas que María Santísima…
¡Ahora vas y lo cascas!, tendría que haber rematado la faena.

La reina María Cristina, que resultó más famosa como hotel que como reina, solía hacer escapadas de incógnito –ya se sabe, el Borbón… borbonea-. En una de esas salidas de incógnito doña María Cristina se dirigió a Urnieta, cuyo alcalde era republicano a machamartillo. Sabedora la reina del credo político del señor alcalde, quiso bromear sobre este particular.
Dígame, señor alcalde, ¿usted a qué partido pertenece?
El alcalde, que de tonto tenía lo justo, respondió
¿Yo?. Al partido judisial de San Sebastián.

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2 Respuestas a “EUSKARAZ ETA ERDERAZ

  1. Bua, ¡se escucha cada cosa!. Y lo más sangrante para los euskaldunes de toda la vida es escuchar a los arribistas de la neolengua. Imagínate que te las tienes que ver con la moda de que los alemanes quieran aprender español para hacerse más españoles que tú mismo. Todo el día haciéndote la pelota para ver si parlas con ellos, te cargas de paciencia les sigues la hebra para que vayan dándoselas por ahí de que lo hablan. Cuando, en realidad, es un chapurreo tonto.

  2. Jose Maria

    Leches D. Angel, este post demuestra que Ud es de Mutriku de toda la vida. y que conoce mejor el vasco que muchos nacionalistas de pacotilla.