DON PELAYO JOVENCITO BERMÚDEZ DE JOVELLANOS. EL PRIMER ERASMUS NACIONAL

Don Pelayo Jovencito Bermúdez de Jovellanos fue un gran científico español que, debido a las envidias seculares, no fue auspiciado a Caballero de la Legión Francesa, o al Sirato inglés. Ni tan siquiera le auparon hasta la nominación de miembro de la Dacha soviética.
Para eso en este país nos pintamos solos. Aquí destaca uno en la materia que sea y nos falta tiempo para despellejarlo.
Diga usted que sí, don Dimas.
Pelayo Jovencito es nombre doble que el propietario siempre escribió en dos tramos; por un lado el Pelayo y por otro el Jovencito. Esto de Pelayo Jovencito le venía del día de su nacimiento, veintiséis de junio. Al parecer el santo Pelayo Jovencito quedó en prenda de su tío Hermigio, obispo de Tuy, en la raya con Portugal. El moro Abderramán hizo prisionero a ambos y los confinó en una fría mazmorra -¿por qué los moros tendrán esa fijación, solía preguntarse Cervantes?- cuando el pobre Pelayo sólo tenía 9 años.
De ahí le vendrá lo de jovencito ¿verdad don Dimas?
Pues igual sí. ¡Vaya usted a saber!
El caso es que el tío, ¡menudo cobarde para ser obispo!, salió de naja y se olvido del Pelayo que, con el tiempo y una caña, se fue haciendo un hombrecito. El moro tuvo la idea de hacerlo renegar del cristianismo.
Reniega, Pelayo Jovencito.
No me sale de los cojones, contestaba el muchacho, consciente de la importancia de esta negativa para su ascenso al santoral.
Se dice que Abderramán le solicitó favores sexuales, a lo cual el muchacho también se negó.
¡Qué cabrón!, el moro ¿eh?
¡Ya le digo!. Al parecer era más jinete de potro, que de yegua.
El Pelayo Jovencito, pese a ser olvidado por el obispo cobarde –¡vaya título para una telenovela!- y no tragar con el Mojamé, nunca fue miembro del Opus Dei. Se conoce que por entonces no estaba de moda, ni habían formado gobierno los tecnócratas. De haberlo hecho otro gallo hubiera cantado al jovencito Pelayo. De haber existido el Opus por aquellas calendas, Pelayo Jovencito se hubiera llamado pelayojovencito, como el santo de las gafas. Es curioso, pero parece ser que para la Curia actual, ya no es necesario llamarse como uno de los padres de la Iglesia, José por el padre de Jesús o María, por la madre de Cristo, sino que se prima el que el futuro santo se llame como un pablorromero, pongamos por caso y si ánimo de señalar. Así, el reciente beato Wojtyla, se llamaría al llegar al santoral juanpablosegundo. Igual no; su sucesor, el Papa Benedicto XVI, le ha llamado juanpablomagno, como si fuera un coñac jerezano.
¡Vaya usted a saber, don Matías!
Don Pablo Jovencito Bermúdez de Jovellanos, filólogo austral y economista autodidacto, no vio nunca reconocidos ni el empeño ni su ímproba dedicación en el desarrollo y acrecentamiento de tales artes y oficios.
¡Pues vaya!
Don Pablo Jovencito Bermúdez de Jovellanos, cuando fue llamado a consultas por su padre, el prócer ovetense don Pablo Bermúdez Monge, se puso muy nervioso. No en vano no había visto a su padre desde el día de bautizo.
¿Y eso…?
Pues porque el prócer Bermúdez se pasaba el día meditando y los niños le distraían en los negocios de su magín.
¡Claro!.
¿Qué piensas hacer para ganarte la vida?, le dijo el prócer a su vástago.
Quiero demostrar la maldad intrínseca del proceso exógeno de acumulación de materiales a través de un caso empírico: el ratoncito Pérez.
El prócer Bermúdez cerró los ojos y no los abrió nunca más. Se diría que el prócer Bermúdez, que siempre fue muy parco en diatribas y consejos, prefirió morirse en aquel instante que tener que aclarar al Pelayo Jovencito lo inútil de su esfuerzo.
¡Qué tío, el prócer Bermúdez!.
Y tanto…
¡Esos eran hombres y no los Procuradores a Cortes por el Tercio de Familia!.
¡Muy bien dicho, don Dimas!
Gracias, don Matías.
Después de darle tierra a don Pelayo Bermúdez Monge, prócer asturiano, el don Pelayo Jovencito Bermúdez, como su padre, pero Jovellanos por parte de madre, recogió sus bártulos y tomó un paquebote en Avilés donde, tras una escala en La Coruña, marchó a la Argentina para tomar clases del idioma que llaman lunfardo.
¡Toma ya!. Como un Erasmus.
Mismamente.
El don Pelayo Jovencito mantenía que el idioma lunfardo era consustancial al arte de enamorar a las jóvenes a través del tango porteño.
¿El de raíz urbana o el arrabalero?
No se me adelante, don Dimas.
Usted dispense.
Dispensado está.
Siga, siga.
El caso es que el don Pelayo Jovencito dedicó todo su capital al estudio del idioma lunfardo y, para entrenarse, escribió un diccionario llamado “Epístolas lunfardas” y cuyo subtítulo era “Changa metejón”, que significaba “Trabajo con cariño”.
¡Qué bárbaro!.
Cuando ya llevaba más de cien mil páginas dejó la pluma y se dio cuenta que no tenía tinta desde la sexta página. Es cómo si hubiera hecho toda mi obra sobre las aguas frías y grises del río Paraná.
O del río de la Plata, le dijo la mucama, que se llamaba doña María del Coromoto.
Era venezolana entonces ¿no?
Efectivamente, de la mismísima ciudad de Guanare.
Por seguir con la costumbre familiar de no rasgarse las vestiduras ni organizar pifostio alguno, el don Pelayo Jovencito decidió morirse, como su señor padre, sin procurar cargo alguno a nadie.
¿Y se murió así?… Sin decir ni esta boca es mía.
No; claro. Se murió tras despedirse de doña María del Coromoto y solicitar de su bondad, que escribiera una carta de despedida para sus compañeros del Casino Carbayón, en la calle Uría de Oviedo en la que descubría el acervo secular del tango.
En la calle Corrientes suena un bandoneón. Una pebeta apoya el zapato derecho sobre una valla. El tacón, fino e infinito, deja a las claras la profesión de la muchacha: bailarina tanguera.
El arrabal es el lugar de pertenencia. Expresa lo verdadero y lo auténtico, fuera del arrabal todo es encandilamiento y fracaso. Buenos Aires, Montevideo… El tango es una ciudad; el barrio vivido desde el arrabal.
¿Y que decía la carta?
Lo primero, decía, no fue el verbo. Lo primero es meter la pierna entre las de ella.

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6 Respuestas a “DON PELAYO JOVENCITO BERMÚDEZ DE JOVELLANOS. EL PRIMER ERASMUS NACIONAL

  1. Venancio Buesa

    Muy bien don Dimas, pero en su llegada a Tuy creo que hay un lapsus, o dos. Pero antes le mando una felicitación por escribir Tuy con “Y griega” en vez de con “i latina”. !Hay que resistir a la furia de los normalizadores gallegos! ¡Qué se normalicen ellos, que nosotros no lo necesitamos!

    Pues bien, el lapsus está en situar a Tuy en la raya con Portugal. A Tuy la separa de Portugal el incomparable río Miño. Yo no sé si ha probado usted a hacer una raya en el agua, pero o no sale, o desaparece al poco. La raya empieza por encima del pantano de Frieira, aguas arriba del cual se puede poner un pie en España y el otro en Portugal. Hacer eso en Tuy sólo es posible si te amputan una pierna y tienen a bien exportarla a Valença do Minho.

    En fín, que si va usted por Tuy este agosto, queda usted invitado a un paseo por el Miño. Desde el río le podemos hacer una cuchufleta al obispo (para que se la transmita a su cobarde antecesor), si es que está en su palacio, que no suele, porque desde que el obispado es Tuy-Vigo, ya ni cuchufletas se pueden hacer.

    Un saludo

    Venancio (navegante de las dulces aguas del Miño)

  2. Jose Maria

    Leches Angel al ver la foto he pensado el el Rafa Brancas jjjj

  3. Don Venancio hacer rayas en el agua no es, como usted presume, cosa imposible, ni aún difícil. Pregunte usted a Maradona. Por otra parte desde el castro celta que existe en el monte San Tecla he visto la imagen que usted me relata. Siento no poder aceptar su invitación pero la cornisa galaica la tengo completa con la visita al molino de los Belloti-Outeiriño. De cualquier forma muchas gracias y cómase usted unas sobas de mi parte.

  4. Venancio Buesa

    Pues tiene usted razón en lo de las rayas en el agua. Lo difícil no es hacerlas, sino que aguanten. Quizá las de Maradona.

    Respecto a las sobas, si usted me las recomienda me comeré un par de kilos, o mas. Pero antes necesito que me explique qué es lo que son.

    otro saludo

    Venancio

  5. ¡Hombre, don Venancio!. No me diga que voy a tener que indicarle el término galego xoubiña para que inentifique la parrocha o sardina…

  6. Venancio Buesa

    Pues gracias por la aclaración, entre otras cosas porque la necesitaba. Lo de xoubas lo entiendo, porque mi familia paterna se hinchaba de comerlas. Lo de las parrochas también lo entiendo, porque mis amigos galegos de la infancia, que eran, y son, unos guarretes (como yo), llamaban así la zona genital femenina (¡qué fino me ha quedado!). Los asturianos sí que sabía que usaban eso de parrochas en sentido piscícola; es que me lo contó mi mujer, que es de la muy elegante Oviedo (no entiendo que se casara conmigo siendo yo un ejemplar típico de la capital del reino de Aragón, pero eso es otra historia).

    Bueno, lo dicho, me comeré unos cuantos kilos este verano.

    Siga usted al teclado con sus historias y, cuando las publique, no se olvide de su fiel clá.

    saludos

    Venancio