DON TRIFÓN TRUJILLO TRIJUEQUE, CHULAPO Y ESPIRITISTA

Don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, es perito en güijas. El Don Trifón, como quien no quiere la cosa, se sienta en la barbacana de la Cuesta de la Vega, junto a la catedral de La Almuneda, de Madrid y desde allí convoca a tirios y troyanos.
¿También puede convocar al Daoiz y al Velarde?
Pues sí; pero tardan algo más en aparecer.
¿Y eso?
Pues parece ser que tienen algo con la Manuela Malasaña y la Agustina de Aragón y no les permiten andar en convocatorias un día sí y el otro también.
¡Ah!, claro. Se entiende. Si tienen obligaciones familiares…
Claro, claro.
¿Y al teniente Ruiz?
A ese, de corrido. Como sigue soltero…
El don Trifón Trujillo Trijueque, además de peritar en güijas y otras suertes del espiritismo mata las mañanas limpiando chimeneas. En realidad el oficio del don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, es el de fumista.
¿Es burlón y bromista?
No. Esa es la segunda acepción del Diccionario. El oficio del don Trifón se corresponde con la primera acepción; reparador de chimeneas, cocinas y estufas. El don Trifón Trujillo Trijueque se acompaña en el trabajo de unos ingenios que ha fabricado él mismo. Una caña telescópica, como las de pescar y un disco rígido al que llama el rascón.
Al don Trifón da gusto de verlo cuando va a trabajar. Viste, mismamente, como un pichi de la Verbena del Santo. Los alares, la parpusa, los calcos, el terno, el chopín y el safo.
¿Cualo?
Quería decir -y usté perdone por señalar- el pantalón, la gorrilla de cuadros, los zapatos, el traje, el chaleco y el pañuelo blanco pa’l cuello y va más chulo andando que el Neptuno meando ¿vale?
Vale; claro que vale. Faltaría más.
Pues eso.
El don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, es viudo por parte de esposa y padre por parte de hijo. Más o menos como el resto.
¡Anda!.
El don Trifón Trujillo Trijueque, ahora sin alias, gasta tacón cubano en los botines de ir a las verbenas. A la hora de escalar por las chimeneas y de subirse a la chapa de las cocinas bilbaínas gasta alpargatas esparteñas con suela de goma y loneta de color negro.
¿Por darle un toque más serio?
No; por disimular el hollín y el humo
¡Anda!.
Al don Trifón Trujillo Trijueque la gente, cuando va a las verbenas, le requiebra por la calle y le lanza piropos.
¡Qué terne se le ve a usted, don Trifón!
¡Anda!
Oiga ¿está usted agilipollao o qué? ¿es que no sabe decir más que anda?
Usted perdone. Siga, siga.
El don Trifón Trujillo Trijueque antes de ir de verbenas saca la mesa y el tablero de la güija y convoca al Mariano Medina para ver el tiempo que va a hacer.
¡Anda!. Digo… ¡vamos!
Pues naturaca de la vaca, dice el don Trifón. No vaya a ser, por un casual, que servidor se dé un voltio por la Pradera y desencadene el cielo la mundial y me pille sin defensiva; useasé en gayumbos y sin palio.
¡Digo!
El es así. Son sus cosas por autonomasia.
¿Pero no es antonomasia?
Igual sí; pero desde que en el foro tenemos autonomía y a la señá Esperanza…, las cosas van a otro ritmo. ¿Me se entiende?
¡Niquelao y alicatao!
¡Ah!, bueno.
El don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, va a convocar esta tarde a los espíritus sentado sobre el voladizo de la barbacana. Alrededor de él los vecinos de la corrala y algún que otro mirón que se apalanca tras los partícipes.
¡Chitón! ¿eh?. Que los mirones son de piedra y dan tabaco ¿vale?
Siga, siga.
Todos apoyan su dedo índice sobre el vaso. El vaso es un grueso vaso de chiquito que se trajo de Bilbao. El vaso va recorriendo las distintas letras del abecedario. Algunas veces intenta parar en una de las letras. El don Trifón, en un momento dado, dice: la A. El espíritu nos avisa de una desgracia con la letra A.
Algún ascensor, dice la señá Tomasa, la del interior izquierda.
No. No ve usté que no tenemos ascensor, señá Tomasa. Estése usté a lo que estamos y no me se entretenga.
Perdone usté, don Trifón.
Sigue el vaso tomando vida propia y paseando por entre las demás letras. El don Trifón vuelve a parar. La M. Las letras A y M.
¡Mi amoto!, dice el Caireles, un vecino de los que están de mirandas.
¡No seas bruto!, Caireles. Si fuera con la R sí que sería el arradio; pero amoto se escribe sin A.
¡Anda!
El don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, levanta el chiringuito y manda a los vecinos a tomar el fresco sin ningún tipo de miramiento.
Censos; que sois unos censos.
El don Trifón Trujillo Trijueque cuando llama a alguien censo hay que echarse a temblar. Para el don Trifón un censo es alguien que existe en el mundo porque tiene que haber de todo. Los hay malos y los hay peores, dice. Pero un censo…, un censo es lo peor de lo peor.
Oiga, don Trifón, le pregunta el don Rigoberto Galterio de Lucas, comerciante en artículos coloniales y ultramarinos, ¿podría usted convocar al insigne escritor don Victor Hugo, el escritor francés natural de Besançon, en el departamento de Doubs, en la región del Franco Condado?
Pues sí que podría, pero las convocatorias por petición del oyente se hacen a razón de cien duros el personaje.
Por eso no habrá problemas. Aquí los tiene.
Pues siéntese usted. Así da gusto practicar el espiritismo y hasta la cartomancia ¿no le parece?
Ya le digo.
¿Y qué es lo que quisiera usted preguntarle?
Pues me gustaría saber qué le ha parecido la interpretación que, de Los Miserables, hizo Gerard Depardieu.
¿Y usted cree que no se molestará si le convocamos para esa chorrada?
¡Ah!, yo no lo sé. Eso lo sabrá usted que es el perito en espiritismo.
Pues también es verdad.
El don Trifón, viendo que al don Rigoberto es corto de alcances, disimula y hace teatro. Convoca a Victor Hugo y este le contesta que está muy, pero que muy, a favor de la interpretación de Depardieu y más aún de la de John Malkowich como el inspector Javert.
El don Rigoberto al oír lo que le decía el don Trifón montó un pollo de tres pares de narices.
¿Me va a decir usted, falsario de mierda, que el insigne escritor, don Victor Hugo, natural de Besançon, en el departamento de Doubs y en la región del Franco Condado está conforme con el papel de Malkowich como el inspector Javert?. ¿Usted se va a chotear de su padre?. ¡Retrasado!.
El don Rigoberto le arreó tal garrotazo en el colodrillo que al pobre don Trifón Trujillo Trijueque, alias tres tristes tigres, tuvieron que colocarle la parpusa con una cinta de velcro que le cosieron a los puntos de la nuca.
En lo que me queda de vida vuelvo yo a convocar a un francés, decía el don Rigoberto. ¡Esto va a ser una mala influencia del José María Aldea, que los odia a muerte como el Viriato a los romanos!. A partir de mañana vendo la güija y con lo que me den me compro una ruleta de barquillero. ¡Vamos que si lo hago!. ¡Por estas, que son cruces!

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Una respuesta a “DON TRIFÓN TRUJILLO TRIJUEQUE, CHULAPO Y ESPIRITISTA

  1. Jose Maria

    Joe D. Angel y ahora en “castizo” madrileño.