EL DON PATRICIO TRINCADO DE PABLOS CAMBIA DE RACHA

El Felisín Postigo Patiño tiene un puesto en el rastro de Tetuán de las Victorias de Madrid. El puesto del Felisín Postigo Patiño no es, en realidad, un puesto al uso sino más bien se trata de una manta palentina que le distrae a la doña Salvadora Petón, viuda de Palacín, su patrona.
El Felisín Postigo Patiño vende al menudeo. Lo mismo vende llaves huecas de armario antiguo –que son mano de santo para los orzuelos- que una lavativa de diversos usos. El Felisín Postigo Patiño no le hace ascos a ningún tipo de mercadería.
Oiga, Felisín, ¿usted me compraría esta dentadura, que no puedo atender desde que me quedé cesante?
Naturalmente, don Patricio, para eso estamos.
¿Es nueva o de segunda mano?
Bueno, en realidad es de segunda boca. O al menos yo no le conocí más de otro dueño antes que yo. De todas formas, Felisín, está como nueva. La he dado poco uso. Como no tengo qué comer…
Pues aquí tiene usted un duro y medio, don Patricio. ¿Le hace?
¡De mil amores, Felisín!. Si en el Monte de Piedad fueran tan comprensivos como usted…
Es que ya no es lo mismo, ¿verdad?. Ahora, desde que lo llaman Bankia, cualquiera se acerca a la ventanilla. Bueno…, si uno es consejero sí. Si uno es consejero le dan los créditos al cero por ciento…
Eso si que es enchufe ¿eh?
Bueno, pues ya sabe que, si dentro del mismo año tiene posibles y quiere, puede recuperar la dentadura sin ningún interés. Esto solo lo hago con los amigos, claro.
¡Muchas gracias, Felisín!. Nunca olvidaré tu ayuda. Queda con Dios.
Muchas gracias, don Patricio. Y que Él le acompañe.
El don Patricio Trincado de Pablos es, posiblemente, el hombre con peor suerte de la Unión Europea. El don Patricio puso un bingo y, por ignorancia, el bingo se cantaba a los seis aciertos, como la Primitiva. La línea era a los dos aciertos y, además, puso también número complementario. Esto hacía que la partida no durase un minuto y que se le fueran las ganancias en repartos. La Comisión del Juego le cerró el local y lo dejó en la calle y con un motocarro lleno de deudas. El don Patricio intentó quemarse a lo bonzo frente a la ONLAE pero, como no tenía dinero para gasolina, intentó quemarse rociándose con cerveza. El mechero no tenía piedra y le tuvo que prender fuego un notario que bajaba de certificar el Gordo de la ONCE. Como es gafe, la cerveza se la dieron sin alcohol. Así… cómo iba a prender, ¿no le parece, don Dimas?.
Efectivamente. Pero siga; siga.
Cuando se marchó el don Patricio, el Felisín Postigo Patiño se probó la dentadura y comprobó con agrado que le encajaba bastante bien. ¡Vamos!, que apenas se le movía. ¡Mira, pensó!, ésto que me ahorro.
Con el tararí de las tripas llamándole a paella y la dentadura a punto de estrenar, el Felisín recogió la manta. Antes de que la Salvadora se diera cuenta el Felisín devolvió la manta al armario de la ropa y se sentó a la mesa. La paella olía divinamente y no era cuestión de hacerla esperar.
¿Qué?, Felisín, ¿cómo ha ido la mañana?
Pues estupendamente, doña Salvadora. Mire usted que dentadura tan buena me he comprado. Me cae como un guante.
Ya veo; ya. Dijo la Salvadora. Pero ¿la ha desinfectado usted?. Igual es de algún muerto…
No, mujer. Es del don Patricio Trincado de Pablos, el gafe. La compró de segunda mano…
¿Y si el que se la vendió se la bailó a un difunto?
¡Quite, quite!, no sea usted aprensiva. Ande; si va a quedarse más tranquila desinféctela usted con una copia de anís de El Clavel. Estos anises de Cazalla de la Sierra lo dejan todo niquelao. Además, quitan el sabor a barro de los botijos y sirve como colutorio.
¿También sirve para las almorranas?
No, mujer. Colutorio es otra cosa. No es nada del culo.
¡Ah!, usted perdone. ¡Es que una es tan ignorante!.
La Salvadora vació el azúcar del azucarero y lo vertió en una taza. El Felisín echó el anís dentro del azucarero y allí depositó la dentadura.
Qué bien alineados están todos los dientes, ¿verdad, doña Salvadora?
Ya lo creo, contestó la Salvadora.
La semana que viene, se atrevió a decir, me busca usted una gafas para vista cansada que estén en buen uso.
No se preocupe, que de eso me encargo yo. Tengo unas con el ojo derecho ahumado que le quedarían que ni pintada.
Muchas gracias, Felisín. ¡Es usted de bueno…!
No las merece. Por cierto, hoy no me ha servido usted la copita de ojén.
Pues aguarde un rato y se bebe la cazalla cuando se limpien los piños.
Pasados dos meses el don Patricio Trincado de Pablos se acercó hasta el rastro de Tetuán de las Victorias. El Felisín, en cuanto le vio venir se lamió la dentadura de arriba. ¡Vaya!, pensó. Con lo bien que me había encajado.
Buenos días, Felisín
Muy buenos, don Patricio. ¿Cómo por aquí?
Pues ya ves, hijo. Un golpe de suerte.
El Felisín palideció…
Resulta que ha muerto un tío segundo que vivía en Tánger. Me llamó el notario y resulta que me ha dejado un dinerito. Nada del otro jueves, pero para quien nada tiene, ya me dirás…
Pues cuanto me alegro, dijo el Felisín chupándose ahora la dentadura de abajo.
Y a qué ha venido, ¿a recuperar la dentadura?
Pues no, mira. Me he hecho otra a la medida. ¡Y a estrenar!.
¡Que tío!, pensó el Felisín. ¡Vaya potra!.
Tu has sido la única persona que me ayudó cuando peor estaba. He venido a devolverte el duro y medio; a regalarte la dentadura y a convidarte a comer. ¡Como ahora tenemos dientes ambos…!
Pues muy agradecido, don Patricio. ¡Viva los tipos rumbosos!
¡Y viva mi tío segundo…!
Bueno, don Patricio. Ese mejor que no viva, no vaya a ser que nos reclame la herencia.

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