LA EJEMPLARIZANTE HISTORIA DE LA VALENTINA TRIJUEQUE CULEBRAS, PRE-VIUDA

La Valentina Trijueque Culebras, de profesión viuda en sazón, había puesto todas sus expectativas en el Genaro Frutos del Nogal, de profesión verdugo reconvertido. El Genaro –sin título de don, pese a ser funcionario-, desde la llegada de la democracia y la posterior abolición de la pena de muerte, pasó a la reserva y fue reconvertido como Técnico de Ignición de grado medio en el crematorio del cementerio de La Almudena de Madrid. El Genaro Frutos del Nogal, a quien algunos llaman “Nueces” y otros “Mechero” -se conoce que por aquello del encendido del crematorio- está algo difuso y despistado en el cumplimiento del sexto mandamiento con la Valentina Trijueque Culebras.
Es que tiene muchas obligaciones y preocupaciones, se disculpa la Valentina ante las vecinas cuando hablan de sexo. Pero lo importante no es el sexo, añade la Valentina, sino la pensión para cuando doble la servilleta.
La Valentina Trijueque Culebras –aquí no se había dicho pero esto se remedia ahora- era algo interesada y tenía como único objetivo en la vida casarse, enviudar y cobrar la pensión del finado. Por este orden, naturalmente. A la Valentina Trijueque Culebras no le valía cualquier pensión, claro, sino la de un funcionario.
Es por asegurarme el pago, se disculpaba. Donde esté la seriedad de lo público que se quite el sector privado.
El futuro, añadía la Valentina a las amigas, tras la explicación del sexo, o mejor aún de la ausencia del mismo, es la cuantía de la pensión y la seguridad en el cobro; lo demás son pamplinas.
¿Oiga, don Dimas, y el Genaro Frutos del Nogal, alias Nueces y Mechero qué dice de esto?
Pues no dice nada. El Genaro es prudente y algo supersticioso. Se conoce que se le pegó del trabajo en el cementerio. El caso es que, cuando le mientan su óbito hace cuernos con los dedos y le da por tocar con ellos algo de madera.
El Genaro Frutos del Nogal es un hombre de palabra. Un hombre como aquellos que entregaron la cuchara en Filipinas y en Cuba.
¿Aquellos que sumieron en la tristeza a la Generación del 98?
Exactamente.
Es que un hombre ha de vestirse por los pies, ¿verdad que sí, don Dimas?
Naturalmente. Salvo que sea cura. Si se es cura se puede uno vestir por la cabeza y aún como si de un abrigo se tratara. Para esto no hay manual de instrucciones.
Claro; claro.
¡A ver cuándo tienes una erección!, le gritó la Valentina al Genaro un día en medio de la siesta.
El Genaro lo entendió como crítica y se puso a ello en cuerpo y alma. Tanto apretó que la erección la tuvo de cuerpo entero y quedó en rigor mortis, como quien no quiere la cosa.
¿No querías una erección?. A ver quien mejora esta, se dijo el Genaro para sí mismo mientras se acercaba al túnel negro de la muerte.
¡Qué tío el Genaro!, eso es un hombre y no los gladiadores esos de las películas con su minifalda.
La Valentina Trijueque Culebras, se conoce que de la impresión al ver al Genaro enhiesto y tieso como la mojama y con el disgusto de ver cómo volaba su herencia, cogió una ictericia y en menos de tres horas se volvió amarilla, del color del azafrán de la paella.
¿Mira que si se queda como la viuda de Mao-Tse-Tung?, dijo la Remedios, la vaquera de la esquina.
Pues tampoco la vendría mal, dijo la Sixta Regato, portera del número cinco, y a la que llaman Pérez Galdós porque se sabe los episodios nacionales de todo el barrio. Así la darían una pasta los del Domund y recuperaba el poder adquisitivo perdido con la pensión.
La Valentina Trijueque Culebras no se dio por vencida y puso el caso en manos de una abogada feminista, laboralista y liberada sindical.
¡Coño!, todo el pack
¡Sin faltar uno, oiga!
La abogada hizo hincapié en la mala vida que la daba el Genaro, adujo que vivía de ella y que se gastó los cuatro cuartos que tenía en mantenerlo. El juez, que era jueza, falló a su favor y obligó a la Seguridad Social a indemnizar a la Valentina; correr con todos los gastos y costas del juicio y, además, dotarla de una pensión mientras permaneciera viuda.
Con el dinero recibido por la indemnización se llegó a una agencia de viajes donde trabajaba el Raulito, un hijo de la Sixta, y sacó un billete de avión y una reserva hotelera para quince días en Palma de Mallorca.
Ya que no pude ir en vida del Genaro, iré a costa suya; se dijo.
Me voy quince días a Palma, les dijo a las vecinas. Voy a un risort.
¿Tanto le gusta a usted el arroz, Valentina?
A un resort, no a un risoto. Mire que es usted burra…
¿Y eso qué es?, preguntó la Blasa.
Pues un hotel con gilipolleces.
¡Ah!, quedó más convencida la audiencia.
Es que voy a ver si ligo con algún alemán. Me han dicho que ahora, con esto de la crisis, son los que tienen más poder adquisitivo. Además, la pensión de la Unión Europea es compatible con la española…
¡Cuánto sabe usted, Valentina!, contestaron a coro las vecinas con algo de envidia. Alguna, dentro de su escaso magín, se imaginó al marido en la fría sala del tanatorio y a ella misma tomando mojitos con un par de teutones a cada lado ofreciéndoles parte de su abundante pensión.
Al día siguiente la Valentina Trijueque Culebras se bajó del avión contoneándose como un pavo real. En un taxi se dirigió al resort y, una vez alojada y guardados los jaboncillos y el albornoz en la maleta, bajó a la piscina a extender sus redes. No era cuestión de perder el tiempo.
No pasó ni media hora y ya tenía a sus pies, a un germano algo achaparrado y bastante moreno que no parecía, esa es la verdad, el prototipo del renano o del sajón. En realidad, aunque eso nunca llegó a saberlo, la Valentina Trijueque Culebras ligó con un gachó de Antequera que, para tirarse el rollo y ligar con una viuda reciente, se hizo pasar por el tío segundo de la presidenta alemana.
Mai neim is Merkel. Herman Merkel.
¿Cómo tu te llamas?, impostó el acento alemán.
Tina, se redujo el nombre la Valentina que le pareció más fino y moderno.
Tu, Tina estar dabunten, le dijo el teutón.
¡Ay!, qué cosas tan tiernas dices en alemán, Germán.
Germán, nein, Tina. Herman.
¡Qué más da un acento aquí o allá, Germán!, lo importante es el flechazo.
El presunto alemán, después del baño, invitó a la Valentina a una paella con sangría en su habitación. Paella y sangría que cargó contra la habitación de la Valentina, por supuesto. Pero esto, ella, tampoco llegó a saberlo.
Voy a mirar por la terraza, Germán, mientras nos traen la paella. Nunca he vivido en un piso quince.
El Herman descorchó el cava que había robado en el buffet y le ofreció una copa a la Valentina.
Fraulein, una grossen copen de champán…, se acercó a la terraza.
En el exterior de la misma se le apareció el Genaro a la viuda vestido con el uniforme de verdugo con el que había sido amortajado. En una mano llevaba un mechero y en la otra una nuez.
Valentinaaaaaa, ¡golfa!, ¡cacho pendón!
La Valentina dio un respingo y se echó para atrás. Al no encontrar asidero cayó desde el piso quince yendo a estrellarse contra la pileta de la piscina. ¡Qué bárbaro!. De haber caído dos centímetros más allá, se habría puesto el traje como una sopa. De esta forma, lo único que perdió fue la vida.
Al día siguiente la noticia abrió todos los telediarios y todos los noticieros de la radio y la prensa en general. Una anciana cae de un piso quince mientras era perseguida por su amante alemán con una copa de champagne. La policía cree que la anciana estaba haciendo balconing.
¡Esta Valentina!, se decían las vecinas. Siempre fue una moderna y un intrépida ¿verdad que sí?
¡Menudo guayabo se había agenciado la Valentína!, dijo la Blasa.
Pues sí, dijo la portera. Pero también era algo golfa, ¿no les parece?.
Envidia es lo que tiene usted, tía Pérez Galdós.
¿Envidia yo?. ¡Pues anda!, ni que me gustasen a mi los alemanes o los belgas, ¡con lo que eructan con tanta cerveza y tanto chucrut!

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6 Respuestas a “LA EJEMPLARIZANTE HISTORIA DE LA VALENTINA TRIJUEQUE CULEBRAS, PRE-VIUDA

  1. Jose Maria

    Oiga D. Angel y el titulo ese de Tecnico en Igniciion de grado medio. Ahora con los recortes cree Ud que lo quitaran de las Universidades?

  2. Ni pensar. ¡Pues no hay mierda que incinerar ni nada!…

  3. que bueno.Moraleja ni las pensiones ni los alemanes nos arreglan la vida, mas bien nos la joden jjajajaja

  4. Venancio Buesa

    Estoy con D. Ángel, !que incineren el 70% de las universidades, al 80% de los vicerrectores, al 90% de los rectores y al 95% de los vagos y maleantes del PAS!

    saludos

    Venancio (pirómano)

    • Jose Maria

      Oiga D. Venancio ?y a los profesores no?. Que se le ve a Ud el plumero profesoril jajajja

  5. Venancio Buesa

    Los profesores son la esencia de la universidad. El resto es casi prescindible. Sólo necesitamos buenos alumnos. En algunos sitios habría que quemar (metafóricamente, claro) a unos cuantos. En otros sitios a algunos menos. Creo que a mi se me podría dejar en paz.

    saludos

    Venancio (incombustible)