RENATO PÉRGOLA VAQUERIZO. IMPORTACIÓN Y EXPORTACIÓN

Doña Sonsoles Tomé de la Orjiva es una señora muy fina y delicada que vive de la pensión de su padre, secretario de ayuntamiento en la localidad de Priego en Córdoba. Doña Sonsoles, a quien las amigas llama la Sonso -en la ignorancia del significado del término- de haber sido algo ilustrada hubiera sido interprete de arpa o una virtuosa de la castañuela, como Lucero Tena. Como Dios Nuestro Señor no la llamó por la senda del lápiz se dedicó, al cumplir los cincuenta, a tomar clases a distancia de jefa de estación del ferrocarril.
¿Y esto, Sonso, tiene porvenir?
¡Huy!, la mar de ello. Imagínate ahora con lo del AVE. ¡Pues no van a hacer falta ni nada jefaturas de estación!.
La Sonso, cuando se van las visitas, ensaya con el material que la academia CCC le ha enviado por correo. Un silbato; dos banderines; uno rojo y el otro verde; un candil y una gorra con la visera azul y el casco rojo. En la faja, también azul, de la gorra, lleva grabadas dos espigas de trigo con una lazada en medio. También le han enviado una campana con su soporte que la Sonso ha clavado en el quicio de la puerta del salón. Una vez pertrechada con el material escolar, la Sonso pone un disco que también le envió, contra reembolso, la academia y en el que se oye el paso del tren y su traqueteo así como los distintos silbidos, que el profesor llama señales acústicas.
Tran-tran-tran-tran. Pifffff. Piffff. ¡Señores viajeros… al tren!. El expreso de Coruña va a realizar su entrada por la vía 1.
Tilín-tilín-tilín, hace sonar la campanilla.
Y el tren de vinilo se aleja, como una centella, a través de las hondas hertzianas.
Doña Sonsoles tenía dos gatos, el uno se llamaba Honorato, en honor a Balzac y el otro Chato, diminutivo de Chateubriand.
¿Y a este no le ha puesto usted el nombre del escritor?
Pues no. Es que el escritor se llamaba François-René, y como usted comprenderá no es un nombre útil para gato.
Claro; claro…
Encima de la doña Sonsoles –queremos decir en el piso de arriba, ¡claro!- vivía el Renato Pérgola Vaquerizo, empresario de distintos ramos. El Renato estaba enamorado de la Sonsoles pero en secreto, naturalmente.
Es que estas cosas, o se hacen de una forma seria y consuetudianaria o, de lo contrario, hay que hacerlo en secreto y guardando las formas ¿no le parece, don Dimas?
Me parece muy natural y de una formalidad que hasta da envidia, don Renato.
Muchas gracias, don Dimas.
No las merece.
Al Renato, cuando se cruzaba en la escalera con la Sonsoles le hacían chiribitas los ojos como si fueran un caleidoscopio.
Buenos días, Sonsolitas (sólo utilizaba el diminutivo si no había nadie presente). ¿Está usted bien de salud?
Divinamente, Nato (la Sonsolitas llamaba Nato al Renato como si fuera la OTAN en inglés). Ya voy mucho mejor del vientre ¿Y usted?
Pues mejor también, Sonsolitas. La próstata empieza a funcionar mejor y el chorro ya es mucho más abundante.
Me alegro mucho, Nato.
Que pase usted un buen día, Sonsolitas.
Igualmente, Nato.
El Renato Pérgola Vaquerizo, como ya se apuntó más arriba era empresario en distintos ramos, o lo que es lo mismo, en diversas suertes. Esto, que puede parecer muy de alabar, por lo que tiene de emprendedor, no hacía más de darle disgustos. Que si unas veces los ayuntamientos no le pagaban, que si otras veces las mercancías se retrasaban, que si los tomates se pudrían antes de llegar a destino… Por ello decidió cambiar de suerte y probar fortuna en un negocio nuevo del cual le habían hablado: una agencia de au pair. El Renato, que para todos estos negocios era un lince, empezó a amasar una fortunita.
¡Quien sabe!, se decía para sí mismo, si ahora que las cosas empiezan a ir bien, la Sonsolitas me da el sí quiero podría formar un hogar estable y cristiano. Claro, que para ello tendría que decidirme a declararle mi amor. Llegado a este punto al Renato le entraba la tembladera de piernas y se le aflojaba el vientre.
La Sonsoles, por su parte, esperaba todos y cada uno de los días la declaración de amor del Renato. ¿Por qué serán tan tímidos los hombres?, preguntaba.
Pues chica, lánzate tú, le decía la Hortensia.
¡Sí, hombre!, con lo serio que es el Renato ¿Qué pensaría de mí?
Pues yo no lo veo claro, Sonso, le espetó la Amelia con un brillo especial en los ojos y enseñando el colmillo de forma sibilina. Se dice en el barrio que el Renato ha puesto un nuevo negocio y al parecer lo está buscando la policía. Parece que se trata de algo muy sucio y que tiene que ver con la mafia italiana.
¡Ay, qué desgracia!, gritó la Sonso antes de desmayarse.
Mientras estaban dándole a oler del bote del amoniaco, pues la Sonsoles no tenía sales ni rapé, sonó el timbre de forma insistente.
Abro yo, se presentó voluntaria la Hortensia que para eso era la más fuerte y decidida.
Pase…, pase, señor comisario.
A la Sonsoles le dio otro vahído y la Amelia volvió a enchufarle el botellón de amoniaco.
¡Ay!, Amelia, que me vas a asfixiar, protestó la Sonsoles.
Perdón, ¡hija!, si una solo lo hacía por ayudar. ¡Pues sí que somos finas!…
Buenas tardes, saludó el comisario. Tengo entendido que son ustedes vecinas y amigas de don Renato Pérgola Vaquerizo ¿es así?
Nosotras no; dijo la Amelia señalando a la Hortensia. Eso es aquí, la Sonso.
Pues bien; díganme. ¿Han notado ustedes un enriquecimiento en el Renato o un cambio en su forma de vida?
Pues si, contestó la Sonso. La verdad es que me dijo que había comenzado un negocio de au pair y que le iba muy bien. Yo no sé de qué se trata, pero debe de ser algo de exportación e importación de chachas. Como lo de las sandías y los melones, pero con criadas.
Si, si… dijo el comisario. ¡Menudo tráfico!. Trata de blancas es lo que está haciendo el muy Landrú.
¡Ay, calavera!, ¡golfo!, le insultó la Sonsoles. Y decía que era para atender a los niños.
Sí, si…, dijo la Amelia, para atender niños…. Y resulta que es de au pair. O sea de parir y hacer abortos.
¡Eso!, dijo la Hortensia. O de tenerlas al pairo, que también suena a eso. A tenerlas al punto, como las camionetas de los portes. ¡Vaya un Casanova!.
Bueno, señoras. Les agradezco su información.
¿Van a detenerlo?, preguntó la Sonso.
¡Naturaca!, doña Sonsoles. Estos pájaros están mejor en la jaula que sueltos.
Al día siguiente la Sonsoles se fue hasta la comisaría con su brioche de pasas y nueces; sus dos cajetillas de Celtas cortos y una pastilla de jabón con una cadenita para colgar al cuello.
¿Y esto, Sonso?, le preguntó el Renato.
Es que me han dicho que nunca se debe uno agachar a coger el jabón en la cárcel, Nato. Por eso te lo traje. ¿Te ha molestado?
De ti no me molestó nunca nada, Sonso. Ni cuando chiflabas porque llegaba el tren, ni aquellos campanazos que me hacían saltar del sofá, ni el chucuchú del tren, como decía la canción.
Qué felices hubiéramos sido, Nato, de no haberte dado por la trata de blancas y esas golferías.
Pues qué le vamos a hacer, Sonso. A mi, cuando me lo explicaron, me pareció un negocio de lo más decente y lucrativo. Yo creo que, a pesar del Mercado Común, aún nos falta para parecernos a Francia ¿no crees?
¡Y tanto, Nato. Y tanto!
Veinte años después, se revisó la sentencia y el Renato salió a la calle con una indemnización de cien millones de pesetas. La Sonso, ya octogenaria, se casó con el Renato sólo por la Iglesia.
¿Y eso por qué lo harán, Hortensia?
Pues según me han dicho es que el Renato ya no se cree nada lo de la Justicia. No sé porqué les ha tomado esa manía. ¡Con el dineral que le han dado!.
Pues para mi, dijo la Hortensia, que lo hacen para que la Sonso no pierda la pensión del padre.
¡Anda!, pues va a ser por eso. No… si mucho dinerito y luego, ¡unos ratas, Hortensia!. Lo que yo te diga… unos ratas y unos tacaños.

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3 Respuestas a “RENATO PÉRGOLA VAQUERIZO. IMPORTACIÓN Y EXPORTACIÓN

  1. Hola Angel. no sé si has elegido el pueblo al azar o con conocimiento de cusa, pero lo has clavado.

    Conozco Priego, y unos pocos de sus habitantes. Son tal y como les describes. Emprendedores y buscavidas natos, aunque eso de la legalidad no tienen muy claro si sirve para algo. Listos como el hambre, y más de uno va de negocio en negocio.
    Saludos

  2. Jose Maria

    Ahora D. Angel se pasa Ud a la cronica local.

  3. De algo hay que vivir, Navegante. Algunos conocemos, don Sefuela. Aunque, como en botica, hay que todo…