LA RESIDENCIA

Don Genaro Albite Campillo sometía toda la información que le llegaba al cotejo de la decena de periódicos que guardaba en su habitación. Eran periódicos de cuando él era joven. Periódicos que sus hijos le hicieron llegar para que mantuviera la memoria en aquellos días y así se olvidase de ellos. Don Genaro Albite Campillo no escuchaba la radio ni miraba el televisor. Esas cosas son propias de masones y hasta de liberales, se decía. Don Genaro Albite Campillo, cuando alguno de los compañeros de la residencia le preguntaba su opinión sobre algún asunto lo consultaba con sus periódicos.
¡Que raro!, se decía. Ya me extrañaba a mi que hubiera dimitido Franco. Aquí lo dice: El Jefe del Estado inaugura un pantano en Guadalajara. Anda, que este ignorante del Miramón, ¡mira que llamar rey al príncipe Juan Carlos!. ¡Lo que hace no leer la prensa y no estar informado!.
Tenga usted un periódico de hoy, le decía Miramón, para que se ponga al día de las noticias.
Deme; deme. Vamos a ver que dice este periódicucho nuevo.
Al día siguiente devolvió el periódico a Miramón.
Muchas gracias, amigo. Pero estos periódicos mienten más que La Gaceta. No me extraña que duren tan poco. He consultado mis periódicos y en ninguno pone las cosas que dice en su periódico. ¡No sé cómo pueden ustedes pagar por semejante sarta de mentiras!.
Don Teófilo Miramón Sanz, sobre ser jubilado era, a su vez, espiritista y echador de cartas. Don Teófilo Miramón Sanz no atendía a cualquier persona pues era, o eso decía él, espiritista de próceres finados en otra época. En la residencia se rumoreaba que el Don Teófilo era un poco lila y que se inventaba las presencias y las apariciones. Había recibido la visita de Napoleón, de Lenin y hasta de Bellido Dolfos. Otra parte de los ingresados mantenía que don Teófilo convocaba a Isabel, la reina católica, sin el conocimiento de don Fernando, su esposo, y que mantenía un romance con ella a espaldas del rey aragonés.
Se lo digo yo, don Mamés, que el otro día escuché como le decía Colón que cualquier día se iba a enterar el rey católico y le iba a ensartar como un pincho moruno. Bueno…, el rey o el Cardenal Cisneros, ¡que no sé qué sería peor!.
Don Mamés Frutos del Campo era un insigne coleccionista de vitolas de cigarros puros. Un vitófilo, según sus palabras. Don Mamés Frutos del Campo denunció ante el Juzgado de Primera Instancia de Madrid al ministro del Interior por prevaricación. Don Mamés Frutos del Campo estaba convencido que la prohibición de fumar no era para prevenir enfermedades sino un contubernio entre el gobierno y la Baronesa Thyssen para ningunear su colección. Al paso denunció también al director de la residencia. Estos van a pachas con el gobierno, por eso no dejan fumar ahora en el salón.
¿Cómo va a ser cosa del gobierno, don Mamés, le decía Práxedes?
¡No ha de ser cosa del gobierno!. Mire usted don Práxedes todas las subvenciones de este país van al cine, al fútbol, a la viuda del ascensorista y a los toros.
¿A la viuda de quien?
Del Thyssen.
¡Ah!
Las exposiciones siempre son de pintores y de mamarrachadas de diseño; pero para el verdadero arte de la vitofilia ni un euro.
A don Práxedes Mateo de Minglanilla y Sisante, hombre ilustrado donde los haya, lo que le gustaba -de verdad de la buena- era el baile de salón. Don Práxedes Mateo, cuando tenía el día libre para salir a casa de sus hijos, hacía novillos y se marchaba al salón “El Arrimón Cubano” para danzar como una peonza. Don Práxedes Mateo de Minglanilla y Sisante bailaba, siempre que podía, con una alumna, María de la Cierva, quien tenía por apodo “La Lavadora” de puro rígida que era para esto del dancing.
¿Otra vez con “La Lavadora”, don Práxedes?
Ya ve usted, contestaba con cierto fastidio.
Pero si no tiene ningún tipo de flexibilidad.
No; si flexibilidad, lo que se dice flexibilidad tiene bien poca. Yo creo que no se apoya sobre los pies, sino que está anclada al suelo.
¿Y entonces?
Pues es que a mi me gusta como baila. Además, también es un ejercicio el que hago intentando conducir lo inconductible.
De resultas de un giro imposible, el don Práxedes fue a dar con la osamenta en el suelo y se fracturó una cadera como si fuera el rey de la selva.
¿El Tarzan?
El Tarzan, no; el otro rey. El que dispara a los elefantes.
Oiga don Práxedes ¿Y a pesar de la prótesis sigue usted interesado en bailar con “La Lavadora”?
¿Usted cree, don Florián que esto será vicio?
Yo creo que no, don Práxedes. Yo creo que lo suyo, más que vicio es afición.
Pues no sabe cómo se lo agradezco. Es que ya empezaba a preocuparme.
Pues nada, don Práxedes, que usted lo baile bien.
Muchas gracias, don Florián.
Don Florián Gallardo Pacheco también hacía novillos para ir al baile. Don Florián Gallardo Pacheco no era, sin embargo, un amante del baile agarrado ni al suelto. A don Florián Gallardo Pacheco lo que le gustaba del baile era ver a las mujeres arregladas y teñidas de colores rubio, rojo y morado como si fuera la bandera republicana, con sus cigarrillos echando humo por la nariz y por la boca.
¡Que tía!, decía mirando a una viuda garrida y algo suelta de género. ¡Como echa humo!, ¡si parece el Shangai!.
También le gustaba ver cómo los veteranos aspirantes pedían baile de mesa en mesa.
¡Otra calabaza!. Este hoy ni se estrena.
¡Vamos!. A despertar de la siesta. Todos para el comedor, que ya está la cena servida. ¡Vamos que el que se retrase se queda sin ver a la Belén Esteban!.
Oiga usted joven. ¿Tendremos hoy pescadillas de las que se muerden la cola?
Tortilla francesa y yogurt.
¿Y cuando nos van a dar pescadillas de las que se muerden la cola?
El jueves, don Remigio. El jueves.
Cae la tarde en la residencia. El toque de rancho da paso a una carrera de bastones y andadores en dirección al comedor. Algunos pedirán un vasito de vino, como hacen cada día. Como cada día le dirán que el vino se sirve el jueves.
Entonces, el jueves tendremos vino y pescadillas de las que se muerden la cola ¿verdad?
Eso es, don Remigio. El jueves.
En el jardín, y sobre la rama más alta del magnolio una lechuza le pone ojitos a la luna llena.

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4 Respuestas a “LA RESIDENCIA

  1. Venancio Buesa

    Muy bien don Dimas, en esta entrada ha tirado usted la casa por la ventana con los personajes…!qué aluvión de gente! O qué alubión, que tanto da que da lo mismo. Debe usted tener un baúl lleno de personajes. Cualquier día le sale a usted el decano de mi facultad por el hueco de la cerradura (es que es muy chiquitín…).

    un saludo

    Venancio

  2. Jose Maria

    Estoy con D. Venancio. Esta vez hay un monton de personajes muy interesantes.

  3. Tienen ustedes razón. En principio pensé llamar al post El güitoma de la edad, pero me pareció algo cursi.

  4. Venancio Buesa

    Oiga don Soria, que mi comentario no era de crítica negativa sino de admiración. Y eso de meter una diéresis en el título le daría un punto germanoide al post que no se yo si conviene en estos días. Por cierto, ¿quien inventó la diéresis?

    Un saludo, que me voy al post siguiente.

    Venancio