PEPIÑO TARACIDO SEIXIDO, TORERO DE CARIÑO (LA CORUÑA)

El vetusto automóvil Citröen once ligero -el que llamaban Pato- avanzaba traqueteando siguiendo la dirección de los líneos de maíz. De vez en cuando la carretera se elevaba por encima del maizal y se podía apreciar el horizonte verde azulado de las lejanas montañas. De la proa del automóvil comenzó a salir un chorro de vapor que semejaba una goleta de vapor de las que entraban y salían cargadas de sardinas en el puerto de Cariño. Pepiño Taracido Seixido, matador de toros en activo y próxima figura del toreo, no recordaba ningún otro matador gallego que aquel Alfonso Cela Vieito “Celita” que nació en Carracedo, concello de Láncara, en la provincia de Lugo y a Celita II, sobrino del primer “Celita”, pero que no llegó a tomar la alternativa.
Vamos a bajar un momento, maestro. Hay que refrescar los pulmones al transporte.
Martiño Souto, el oficial de tasas de Cariño, que hacía las veces de apoderado de Pepiño, llamaba transporte al coche y residencia a la fonda donde dormían, cuando había suerte. También llamaba colación al tomate con sal y el cacho de queso que comían sentados en cualquier barbecho y maestro a su pupilo.
Mientras se recupera, dijo Pepiño, voy a tirar los pantalones tras aquel majuelo. Para los distintos escalafones de la Fiesta Nacional el verbo cagar da mala suerte; de ahí que se empleen bonitos eufemismos para evitar el término.
Pepiño rememoró aquellas tardes frías y lluviosas en que, mientras el resto de críos cogían bígaros y lapas en las peñas, él trabajaba de redero antes de emplearse por las tardes en las distintas fábricas de conservas del pueblo. Al morir su padre la familia emigró a Villafranca de los Barros, en la provincia de Badajoz donde Pepiño quedó fascinado con las reses bravas y con el mundo del toreo.
Entra a trabajar en el matadero municipal donde va cogiendo soltura con la espada de matar y con el verduguillo. Caso de no poder triunfar vestido de oro, se decía, bien podría formar parte de una buena cuadrilla como cachetero. Antes de cumplir los quince años su madre se casó con el hermano del difunto padre y la familia volvió a Cariño nuevamente. Pepiño sintió que la Tauromaquia se escapaba de sus manos. Intentó quedarse en la villa pacense pero su madre no podía renunciar a un sueldo con lo que, contra su voluntad, tuvo que reemigrar nuevamente.
Como es bien cierto y notorio que Dios Nuestro Señor aprieta pero no ahoga, Pepiño conoció a Souto que era el único aficionado taurino de toda la ría de Ortigueira y, probablemente, de la provincia entera de La Coruña.
Tu tranquilo, rapaz –le dijo Souto- que yo te arreglo a ti varias corridas y si das la talla en un par de meses conquistamos Salamanca y llegamos hasta Vista Alegre si hace falta. Souto adelantó unas pesetas y arregló unas charlotadas en Feás, A Pedra y hasta en Sismundi. Desgraciadamente fueron pocas las personas que acudieron al espectáculo. No es Galicia tierra donde la cantera tauromáquica engorde el escalafón.
Hemos de viajar hasta Castilla, Pepiño. Aquí de toros sólo saben las vacas, decía con amargura.
Souto pidió prestado el coche a la viuda de su hermano y con doscientas pesetas en calderilla salieron a la carretera. Una muleta remendada, una especie de capote que tanto servía para torear como para cubrirse del frío y una muda era todo el equipaje. Les acompañaban Doroteo Fonfría Grilo, alias O Polbo, primer banderillero que debía su apodo de Pulpo a que siempre aparecía una mano que clavaba el rahilete y Benicio Carballada, segundo banderillero y picador, ya que estaba bastante más grueso que O Polbo.
Llegaron al caer la tarde a la villa de Majugues en el término de Vitigudino. Mañana es 5 de agosto, maestro, le dijo Souto a Pepiño, festividad de Nuestra Señora de las Nieves. ¿Sabes qué ocurre en estos pueblos cuando se celebran las fiestas patronales?.
Corrida de toros ¿no?
Efectivamente. Ayer mandé un recado a un torero de Vitigudino, José Alcázar, para que te tenga en cuenta. Me ha prometido que ya que la corrida no tiene ningún otro torero, nos contratará (Souto siempre hablaba en plural aunque él viera los toros desde la barrera) para sobresaliente de espada. ¿Qué te parece?
Bueno. Me gustaría más torear, pero si no hay otra cosa…, se conformó enseguida Pepiño.
Esto es el comienzo. Lo importante es el valor y estar ahí en el momento justo. No echar la pata atrás ni para coger impulso. Estoy pensando en ponerte de apodo “El Cangrejo”. Retroceder sí; pero sin perder la cara ¿qué te parece?
Muchas gracias, Sr. Souto. ¡No sé que haría sin su apoyo!.
Nada; nada. Tu a torear y cargar la suerte, que es lo tuyo. El resto déjamelo a mi.
A las cuatro de la tarde del día siguiente, y sobre la arena seca y pedregosa de la Plaza Mayor, y en lo alto de un palet, un féretro negro con un enorme crucifijo y cuatro candeleros en cada uno de los puntos cardinales paralizó la comitiva taurina que encabezaba el oficial de tasas Souto.
¿Qué es eso?, pregunto Souto a unos paisanos, mientras los banderilleros notaban cómo se les aflojaba el ombligo y hasta las tripas.
El torero, que al parecer ha tenido una aparición en la era mientras fumaba un cigarro y dice que el torero va a morir hoy en el primer toro.
¿Qué se le ha aparecido la Virgen?
¡Quía, hombre!, qué Virgen ni qué niño muerto. Que dice que estaba echando un pito cuando se le ha aparecido un platillo volante y que ha bajado un marciano y le ha dicho que hoy moría el torero al final de la corrida. ¡Ya ve usted!.
¿Y no va a torear?
¡Pues claro que sí!. Si no lo hace le medimos el espinazo con este centímetro, dijo uno de los mozos enseñando un cayado de roble nudoso.
Prepárate Pepiño, dijo Souto que si este palma te toca a ti finiquitar la tarde.
Claro que sí, señor Souto. Y si hay que morir…, pues se muere uno y ¡ya está!
Por eso no te preocupes, que ha dicho el marciano que el que muere es el otro y no tu.
La gente; esas gentes que pueblan los tendidos aquí y en cualquier otro lugar del orbe. Esas gentes ávidas de sangre; gentes que echan de menos los autos de fe y el garrote vil, llenaron hasta la bandera los carros y las talanqueras. No quedaba un solo centímetro libre para ver cómo y cuando palmaba el torero.
Sonó el clarín y se abrió la puerta del chiquero. Desde que apareció el pitón del toro hasta ver la penca del rabo pasaron más de diez minutos. ¡Vaya tío de toro!, pensó el José Alcázar mientras salía de naja por los bardales del arroyo.
¡Vuelve, cagón!, le gritaban los mozos entre carcajadas.
¡Vamonos, Pepiño!, gritó Souto. Corre por aquella calleja.
Ni pensar, dijo el torero. Ese féretro está pagado y habrá que aprovecharlo. ¡Al toro, que es una mona!. Salió al centro del ruedo y el toro se vino hacia él. Antes de llegar a su encuentro Pepiño Taracido Seixido, matador de toros en activo y próxima figura del toreo murió de un infarto de miocardio sin haber podido ni levantar el capote para recibir a la fiera.
Pepiño Taracido Seixido no figura en el rol de los matadores de toros pues, en buena ley, no llegó a matar a ninguno, aunque sí figure como el único torero gallego muerto durante la lidia de un toro. Pepiño Taracido Seixido, que quiso ser matador de toros y figura del toreo salió a hombros en su única corrida pero no fue llevado por los aficionados, como es preceptivo, sino por miembros del Instituto Anatómico y Forense de Salamanca. Tampoco fue llevado, como también es preceptivo, al hotel en loor de multitudes, sino hasta una sencilla tumba provisional en el cementerio municipal de Vitigudino. La fiesta de los toros no siempre es colorista y bullanguera. Algunas veces es una amarga y triste anécdota que saca lo peor de cada uno de nosotros. La vida, como canta Sabina, es esa puta que va, vestida de verde…

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4 Respuestas a “PEPIÑO TARACIDO SEIXIDO, TORERO DE CARIÑO (LA CORUÑA)

  1. Alegría

    Me ha dejado usted boquiabierta………vamos como el Grito de Munch pero sin pánico. Veo que conoce muy bien la geografía de la ría de Ortigueira y hasta los apellidos del BNG de la zona, pues la actual alcaldesa de Cariño se apellida Seixido, y Taracido es más común que López en la comarca del Ortegal..
    Me ha hecho reir con sus ocurrencias aunque, la verdad, no me imagino a ningún Pepiño con locuras toreras, por lo menos a los Pepiños de esas tierras que usted ya sabe: “limitan al Norte con Inglaterra, mar por medio”.

  2. Pepiños han tenido ustedes no ha mucho que han fecho fablar as pedras.

  3. Jose Maria

    Angel, muchas veces con tus escritos me queda la duda si tendran algo de cierto o no como este y ahi continuo con la duda.
    Decir de paso que Cariño (pueblo de nuestra Alegria) es uno de los nombres mas bonitos de pueblos que conoczco y tambien que en mi pueblo se decia antes (cuando no habia baños en las casas) eso de: “voy a tirar el pantalon”.

  4. Venancio Buesa

    Pues a mí el nombre “Cariño” para un pueblo me parece un poco cursi. Y decírselo a la propia pues aún mas.

    Le voy a pasar el texto a un colega de laboratorio que es de ese pueblo, a ver si reconoce a alguien. !Igual era su abuelo el tal Pepiño!

    saludos

    Venancio (medio gallego en el exilio)