VAYA POR DELANTE…

 

Vaya por delante que la última película que vi en un cine coincidió con mis últimos días de soltería. No intenten recordar; el cine ya era en color y había dejado de ser mudo hacía un tiempo. Fue un arrebato contra la imposición de una subida del 50% en las entradas -cuando se eliminó la sesión doble-. Ello no me ha impedido ver casi todo el cine que se ha rodado a través del televisor. Reconozco que, para mi, el cine es una actividad lúdica. Cuando decido dedicar una parte de mi tiempo a ver una película trato de entretenerme. Lo siento pero soy así de simple.
Vaya por delante, también, que me cuesta mucho permanecer un par de horas con las cejas enarcadas, como si me hubieran hecho una blefaroplastia, y que, por tanto, prefiero no perder mi tiempo viendo una peli en la que tengo que estar pendiente de si el director está tratando de explicarme cómo el campo electromagnético que produce el frotamiento de la grúa contra los raíles donde va montada la cámara altera la forma de interpretar del prota o si el plano sostenido mientras una paloma aterroriza al vigilante jurado del banco es un canto a la homofobia del director sibilinamente disimulada bajo un guiño de avifobia, o por el contrario es que soy tan ignorante que no consigo entender qué coño significaba el chisme que encontraron los monos en la película de Kubrick.
Vaya por delante que, pese a que le hayan dado un saco de oscares a la película francesa The Artist; los premios de Cannes, de Toronto, de San Sebastián y los globos de silicona -¿o eran de oro?- y hasta un premio Goya, a mi me gusta que las películas sean sonoras y en colores; a ser posible en todos y cada uno de los que forman el arco iris. Me gustan también que antes y después de la película pongan los créditos, para no quedarme con las ganas de saber en qué localidad se han rodado ciertos planos y quien ha participado como figurante o secundario.
Vaya por delante que no suelo leer crónicas de enteraos y otros técnicos de la crítica que desarrollan tesis doctorales tratando de explicar un plano donde un filipino se masturba bajo un tamarindo mientras el cebú y su arado naufragan en el arrozal a la vez que suena un kagul y una voz de seda en off declama versos en tagalo.
Vaya por delante que soy partidario de películas tan simples como alguna de vaqueros de Ford, de Hawks; de cualquier comedia de Capra, de Wilder; de los Padrinos de Coppola –los tres-… en fin, cine de bolsa de pipas y sesión doble donde la fórmula chico quiere a chica; malo jode a bueno; bueno mata a malo ha permanecido inalterada a lo largo de los años sin que la industria sufriera la menor merma posible pese a los Teddys Bautismales.
Ayer no tuve más remedio –no se cogía otra emisora- que tenerme que tragar la entrevista que el hereu de Herrero Tejedor le hacía a un tal Rodrigo Cortés, director de cine de mucho fuste que va a estrenar una peli donde ha conseguido que la protagonicen Robert de Niro y Sigourney Weaver. El director Cortés explicaba con gran emoción y bastante modestia cómo consiguió tan lucido reparto y, en un momento de la entrevista, Herrero le pide que cuente de qué va la peli. Para quienes no conozcan al director Cortés, les digo que fue el autor de esa otra película donde metió en un féretro a un actor y le tuvo toda la película rascando el ataud para ver si salía del trance. Eso era todo. Hombre -decían algunos- era un si es que no es claustrofóbica… Pues bien, les dejo un pequeño apunte de la conversación que he extraído de Internet de lo que va a ser esta nueva película.
Es un trhiller que explora los mecanismos del cerebro humano; mostrando que el cerebro no es un instrumento fiable para percibir la realidad; no es un instrumento perfectamente calibrado, ya que fundamentalmente nos miente. Es una película que no da respuestas.
Si se habla de lo espiritual, en la película lo que se plantea no es una lucha entre creencia, o fe y razón. De hecho lo que tenemos es un bando escéptico en sentido literal, no del que habitualmente se autodefinen los escépticos que es en realidad negacionistas o negativistas, sino como gente que duda. A esta entrevista hay que añadirle nada más y nada menos que otros veintiocho minutos entre este teórico del cerebro descalibrado y un César Vidal epatante y pedante hasta límites insospechados dando juego a otros dos psicoparapléjicos que les flanqueaban.
Vaya por delante, ya para finalizar, que la única duda que me he permitido, a lo largo de mis muchas tarde de cine de sesión continua –ya fuera en las salas infantiles o en el televisor adulto- es saber si a Liberty Balance lo mató el congresista Ransom Stoddard o su viejo amigo, Tom Doniphon. El resto de dudas existenciales se me pasaron al ver cómo Tarzán baja de una liana frente al jefe de una tribu Mobutu y, con la palma de la mano en alto, saluda: Ongi etorri, jauna. Esto, que parece cachondeo, lo vi yo en Euskal Telebista con estos ojitos que se han de comer los gusanos. Desde entonces, ya me importa una higa si el tío del féretro se pasa la película silbando Luna de Miel, de la bella cancionista Gloria Lasso o el gorila King Kong le saca del hoyo y se lo pasa por la piedra.
Para mi es mucho más importante que la gente pague la entrada que el que alguien vea mi película, concluye el director Cortés. ¡Hombre!, al menos el chico es sincero. ¡Qué coño!, hace bien; para eso están las subvenciones. Ahora…, que si lo que pretende o espera es que yo pague la entrada, ya puede decirle al de féretro que le haga un sitio, que va para largo.

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4 Respuestas a “VAYA POR DELANTE…

  1. Mikel Buesa

    Yo tampoco pagaré la entrada para eso. Pero tengo que decir que la he pagado muy a gusto para ver J. Edgar o War Horse. Porque, querido Ángel, el cine en la sala oscura, con su gran pantalla, es mejor que en la tele. Claro que, si no queda otro remedio y encima te sale gratis, la tele también está muy bien.

  2. Venancio Buesa

    Mr Dimas, vaya tocho nos ha endilgado, y todo para decirnos que no va al cine. Yo tampoco, aunque me gusta. Me consuelo con el porno gratis de internet.

    Cosas de la vejez de un viejo (prematuro) y verde

    saludos

    Venancio

  3. Jose Maria

    Yo a veces todavia voy al cine grande, pero de una forma muy selectiva y para ver peliculas que me entetengan. en eso estoy con Ud D. Angel para nada voy al cine a estudiar filosofia o psicoanalisis y menos a que me expliquen sesudamente lo del filipino y el cebu.

  4. Pues no quiero ni pensar qué crónica habrías hecho de la última peli a la que acudí. Un tío a todo roncar y otra en pleno llanto. Yo creo que cuando no había tele estas cosas no pasarían porque la gente no creería que estaba en el salón de su casa.