MONTORO EL JUSTICIERO

El señor Montoro, ministro de la cosa económica del PP exitoso -ese PP que gana elecciones generales por goleada-, se ha puesto farruco y se nos ha venido arriba con esto de la ventolera islandesa y ha propuesto que se castigue por la vía penal (que no significa cortarle el pene ¿eh?) a los gestores públicos que superen los límites de gasto incumpliendo presupuestos. O lo que es lo mismo, que el PP exitoso ha pedido que se meta en el trullo al PP fulastre. Ese otro PP que gasta más de lo que ingresa; ese PP que no afloja la mosca en los ayuntamientos porque lo ha invertido en puentes de Calatrava o en premios de fórmula uno y en peceras de lujo para meter a Flipper; el PP que construye aeropuertos y erige estatuas que hubieran avergonzado a mismísimo Lenin; ese PP, en suma, que se viste de Milano por la jeró y que quiere un “güevo” al tío de los bigotes.
¿Está capacitado el ministro Montoro para recetar talego al manirroto? Si no recuerdo mal –que todo es posible- este señor Montoro pertenece a un gobierno que, con tan solo una jornada de reflexión de por medio, pasó de decir que subir impuestos era castigar el empleo a subir los impuestos para conseguir aumentar el empleo. ¿Significa que el señor Montoro, al hacer lo contrario de lo que prometió, debería ir al penal del Dueso y tirar la llave matarile-rile-ron-chimpón, al fondo del mar?. ¿Merece el señor Montoro pasar las de Caín en el trullo por engañar a los electores como han hecho nada más llegar al gobierno?. Pues según él sí; y según yo no. Me explico.
Lo que el señor Montoro debe proponer no es ni más ni menos que hacer cumplir la ley a quienes tienen la obligación de hacer que se cumpla. Esto es, a la Justicia. Ocurre, que el señor Montoro –el señor Montoro de Justicia, que al parecer es el señor Ruiz Gallardón- debería permitir a los jueces que administren la Justicia sin manipularlos y sin colocar magistrados y fiscales como si fueran asistentas a su costa –lo de costa sea dicho sin animo de señalar-.
En un país donde impera la Justicia existen los mecanismos legales suficientes para meter entre rejas al choro y su intermediario; al corruto (que diría el campeón) y al testaferro; al yerno de su suegro, al primo del gasolinero y al sastrecillo valiente del curilla levantisco sin tener que inventar leyes contra malos administradores que, a lo peor, no es que sean golfos –como lo son ahora- sino que son más inútiles que la mampara del viaducto pero sin ningún animo de forrarse con la pasta ajena.
Porque ¿se imaginan ustedes al señor Ruiz Gallardón recetando trena a nadie por haber gastado más de lo que le estaba permitido por los presupuestos?. No se me descojone, por favor, que no está el patio para más coñas.
Es verdad de la verdadera, que diría Redundancias, que se ha llegado a un punto de no retorno en esto de la mangucia. Pero si hay que meter el bisturí empecemos por lo que tenemos sobre la mesa de operaciones. No esperemos a amputar miembros –y miembras- futuros. ¿O es que estamos dando una amnistía a quienes se lo han llevado hasta ahora?. Hagamos una ley específica si es preciso, una ley que incluya el mecenazgo, que aclare el funcionamiento de las opacas fundaciones políticas y, si es preciso, que determine las penas por delitos demostrados ante la Justicia y no ante el ministro de Economía y Hacienda.
Hagamos una ley que impida que cada cual pueda hacer lo que le de la gana con los cuadacuales de los demás, pero puestos a pedir explicaciones y responsabilidades hagámoslo con nosotros mismos; con quienes los elegimos. ¿Es que acaso permitiría usted administrar su menguado salario a una telefonista sin ningún tipo de experiencia laboral o gestora. ¿A que no?. Bueno. Pues eso. Que es que, al final, parece que la culpa de lo que pasa es siempre de los demás, pero nunca nuestra.
Al zorro de los ERES fraudulentos lo hemos puesto nosotros para que vigile nuestras gallinas porque somos así de gilipollas. Al raposo alicantino lo hemos votado nosotros para que vele por nuestros pollos porque somos una banda de gilorios. No nos quejemos ahora si les vemos con sangre en las fauces y en las garras y puestos a pedir explicaciones, empecemos por preguntarnos: ¿y quien nos mandó a nosotros votar a semejantes hijos de puta?.

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Una respuesta a “MONTORO EL JUSTICIERO

  1. Jose maria

    No se lo creen ni ellos
    ?y mira que si nos equivocamos y esta vez va en serio?
    (y la risa se oyo hasta en la China).