PAPÁ NOEL LA LÍA PARDA

Dicen las noticias de este día siguiente a la Natividad que en los Estado Unidos se ha producido una nueva matanza, esta vez de un Papa Noel que ha acabado con seis de sus parientes por la vía de lo criminal y, posteriormente, se ha suicidado. Seguramente, pensarán muchos, es lo que tienen las cenas navideñas con parientes poco deseados. No sé, ese cuñado coñazo, la suegra metete o el suegro que, entre plato y plato, se hurga la dentadura postiza con el palillo. Es lo que tienen las cenas familiares.
Lo extraño es que ocurra en Navidad y no en el Día de Acción de Gracias. A mi, desde luego, no me resultaría raro que se produjera ese día. Imaginad por un momento que te llegas hasta el Sunset Boulevard de Wyoming, en el condado de Laramie, semi esquina a Dakota Street y, tras esquivar a una cuadrilla de wyonminguitas (os lo juro que es ese su gentilicio) que están retirando la nieve a paletadas te presentas en la casa donde te han invitado a cenar. Vas pensando en un platito de pulpo a feira, unos percebitos y ese cordero asado con sus patatitas panadera y su tinto Tres Racimos, variedad Mencía de la bodega Viñadecanes. Te sientas a la mesa que, junto a la chimenea llena de calcetines, te espera impaciente –toda ella adornada en rojo, blanco y verde- y te sirven un peazo pavo que parece el cadáver de Robin Food con salsa de arándanos, mantequilla de cacahuete, media libra de guisantes al vapor y un puré de zanahoria. Para empujar el comistrajo un vaso de leche. La que lías deja al Papá Noel del suceso a la altura del betún. Son cosas de los norteamericanos, dicen algunos de nuestros paisanos. Aquí no ocurre lo mismo.
Pues se equivocan. ¡Vaya que si se equivocan!. Aquí, en lo que queda de España, se te ocurre regar un secarral antes de lo que te corresponde y el paisano se cala la boina; saca el trabuco y te monta un Puerto Urraco en menos que se presigna un cura loco.
Trasanteayer, por no ir más lejos. Un bombero, de esos que se retrata medio en canicas para sacar pasta para la asociación de huérfanos de la manguera, se le cruzaron los cables y, vestido de lagarterana travela, cogió un hacha y le hizo la raya en medio a su marido, o su novio, o como se llame a la legítima en esos ambientes. Posteriormente se levantó la faltriquera y se lanzó a lo bomba desde el viaducto, que es la forma más tradicional y cañí de suicidarse por estos andurriales.
En los Estados Unidos hay la misma cantidad de cafres que en España, ¡faltaría más!, lo que ocurre es que nos parece que ellos, como tienen acceso a la armería lo tienen más fácil. ¡Quiá!. Aquí no nos hacen falta whinchesteres, ni Coltes, ni tan siquiera un lanzallamas. Aquí como somos más católicos levantamos la tapa de la cabeza al prójimo con la quijada de un burro; o con una azadilla de la marca “Bellota”. Aquí no nos andamos con tiros; sacamos la faca del refajo y loncheas al vecino mientras, con el rabillo del ojo, vemos si algún otro tiene cojones a regar antes que tu. ¡Que para eso está la comunidad de regantes!.

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