ALGUNAS DE MIS COLABORADORAS SON MUJERES

A estas alturas de la película ya sé que traer a este blog mi opinión sobre el cacareado debate entre la gaviota azul y el rojo faisán puede resultar aburrido hasta para mis más conspicuos seguidores. No se preocupen ustedes, no voy a realizar ninguna valoración del mismo. Solo pretendo hacerme eco de un detalle que me llamó la atención y es que, en el único momento en que conseguí zafarme de los ojos de Marty Feldman Rajoy, pude escuchar atentamente cómo compartía con Fredo su opinión de lo mucho que la mujer había conseguido con las políticas sociales del PSOE; la consecución de la igualdad femenina con respecto al varón y la posibilidad de que, ahora, puede conciliar su vida laboral con la familiar.
Por un segundo los ojos de Mariano parecieron quedarse quietos en su amplia orbita. En su media lengua bisbiseante acertó a decir que sí; que compartía con Fredo su entusiasmo con esta pretendida igualdad. Es más, acertó a apostillar “algunas de mis colaboradoras son mujeres”. ¡Con dos cojones!. ¿Y las otras, Mariano, qué son?. En toda mi vida de lector y corrector de Redundancias había escuchado una frase similar; “algunas de mis colaboradoras son mujeres”.
Claro que era más fácil haberle respondido a Fredo que el éxito de su gestión en cuanto a igualdad se limita al haber conseguido que las mujeres se igualen al varón en cuanto a estar inscritas en el paro. Algunas de las paradas del INEM, diría Mariano, son mujeres. No puede asegurarlo, pero creo que hasta Maneiro se hubiera dado cuenta del error.
Con lo fácil que lo tuvo Mariano para recordarle que, consumida ya una década del siglo XXI, es un anacronismo presumir de que ahora las mujeres y los hombres son iguales en derechos y obligaciones. Es usted más antiguo que la camisa azul de Pilar Primo de Rivera, le hubiera dicho yo al faisán. Pero no; Mariano no está para eso. No les extrañe que Fredo y Mariano aparezcan en algún otro debate asegurando que “algunos de sus afiliados son negros” y que, para ellos, tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones que los blancos. Incluso pueden afirmar que, cuando acaban sus faenas en la casa del Tío Tom, les permiten ir a cortar leña para que la Mamie de turno pueda calentar el baño de la señorita Escarlata. Con estos dos tipejos todo es posible.
Y es que, una vez apalabrada la ausencia de menciones al Pepiño gasofas, al Faisán, al Milano real de Valencia y otras lindezas ¿qué es lo que queda?. Pues anécdotas que harían que hasta el burukide se avergonzara de su ignorancia. Que un aspirante a presidente diga que Constantina y Cazalla son poblaciones gaditanas puede entenderse si se comprende que Mariano igual se ha equivocado al citar una etapa contra el reloj de la vuelta ciclista a España; pero que no le corrija todo un diputado por Cádiz es de traca. Oiga, dice Fredo, ¡a mi me lo va usted a decir que he sido diputado por Cádiz!, dice el muy pollino mientras enseña esa dentadura copiada del burro de Shrek.
Lo dicho, no voy a cansarles a ustedes con mi opinión respecto del alucinante debate. Ni tan siquiera voy a opinar del moderador –quizás era modulador- del mismo. ¡Para qué!, si ya lo hemos pagado con creces de los menguados fondos del cajón del Estado. ¿Y si no votamos a estos, a quién vamos a hacerlo?, se preguntarán ustedes.
A mi… A mi.
Hala y vete, Gorrinete.

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Una respuesta a “ALGUNAS DE MIS COLABORADORAS SON MUJERES

  1. Cuando oí la frase, me sonó que algo no cuadraba , pero no me dí cuenta hasta que punto era absurda y tonta. ( No creo que pudiera decir que algunas e sus colaboradoras eran hombres).
    Efectivamente podía haber dicho “pues en el PP no hemos necesitado tener una cuota para tener mujeres ministras con mucha más formación y categoría que las de su gobierno zapateril” .
    Pero tenemos lo que tenemos y tendremos que votar a lo menos malo para que no nos caiga encima lo pésimo.