LA CACAREADA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Decía don Miguel de Unamuno que la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo. ¿Pero qué lengua, don Miguel? ¿Y qué es lo que guarda -de tapadillo- ese envoltorio?. En España tenemos varias de ellas: el español, que es la lengua común y las cooficiales en sus territorios y, que gracias al panregionalismo nazionalista, va colonizando las comunidades autónomas limítrofes. No obstante se están abriendo paso otras lenguas de nuevo cuño que avanzan implacables pese a no estar reconocidas. Me refiero al politiqués, al parlamentariés y al periodistiqués. Son lenguajes que se meten en nuestras vidas no a través de la escuela, o de la literatura; tampoco como consecuencia del uso popular, como ocurre con ciertas jergas. No; estas nuevas lenguas nos invaden a través del televisor, la radio o cierta prensa. Voy a poner un par de ejemplos para, posteriormente, centrarme en el núcleo de este post.
La caída del muro de Berlín. Los tertulianos, los comentaristas políticos y ciertos periodistas pontifican día sí y día también, acerca de que el muro de Berlín cayó al suelo como si se tratase de una ristra de chorizo mal colgada. Sabemos por las imágenes de televisión y por las fotografías de la prensa, así como por el relato personal de nuestro buen amigo Mikel Buesa, que asistió -en vivo y en directo, dirían ciertos periodistas deportivos- al derribo del muro por parte de los berlines de uno y otro lado. Pero no; parece que exista una extraña conjura de necios que trata de ocultar que el muro, levantado por una dictadura comunista para aislar su paraiso del mundo occidental, fue derribado gracias al hartazgo de unos ciudadanos, de un movimiento cívico espontáneo. Cierto es que numerosos políticos contribuyeron a ello, pero las mazas; los picos; los martillos que golpearon el muro hasta hacerlo caer fueron empuñados por berlineses anónimos. Pues no señor; el muro de Berlín cayó de forma espontánea.
La guerra civil. Así, en singular. Nada de la última guerra civil española; no. La guerra civil señala el cuatrienio terrible entre los años 36 y 39 del pasado siglo. ¿Cuántas guerras civiles hemos sufrido los españoles a lo largo de estos dos milenios?. ¡Puf!. Por no echar la vista muy atrás y por proximidad las tres guerras carlistas, ¿o no fueron guerras civiles?… Las innumerables guerras entre reinos; las expulsiones de moriscos y judaizantes; la guerra civil catalana; la de los Comuneros; Enrique IV de Castilla… ¿Para qué seguir?.
De esta manera van conformando una Historia a la medida, con un cierto tufo a nihilismo que distorsiona la realidad, señalando un único culpable de los males de todo un proceso que, generalmente, va cocido en un caldo que hunde sus raíces en un tiempo lejano para todos nosotros afortunadamente superado. Un día en Motrico, por señalar una anécdota, escuché a un paisano señalar la estatua de don Cosme Damián de Churruca y Elorza, héroe de Trafalgar y extraordinario cartógrafo y mareante como “un zipayo de Franco”. ¡Vete tú a explicarle al nota, la gesta de Trafalgar!.
Pues bien, ahora el politiqués ha descubierto un nuevo término que está causando furor en lo que queda de España: la regeneración democrática. Escuchamos cada día a los loritos reales en el Parlamento repetir la cantinela de que “hay que regenerar la democracia”. Vale para todos; desde la añeja cotorra magenta al huidizao urogallo galaico; desde el faisán veraz hasta ese pajaro de mal agüero que se permite, desde la tribuna parlamentaria, solicitar la libertad de un terrorista y pedir la “fraternidad de los pueblos de la Iberia” -tontuna vacua para evitar el término España-. Todo ello, naturalmente, sin que esa urraca calva y avara que esconde sus tesoros tras el trono parlamentario, le llame al orden.
Ahora bien; ¿es que está la democracia española degenerada para que haya que regenerarla? ¿Ya no radica en el pueblo español el poder? ¿Ya no se celebran elecciones cada cuatro años? ¿Siguen habiendo tres poderes: judicial, legislativo y ejecutivo o han enterrado a Montesquieu? ¿El Parlamento y el Senado han sido disueltos?. Pues no; dirán ustedes. Entonces ¿qué degeneración se ha producido para tener que regenerar nuestra democracia?. ¿No querrán decir que hay que regenerar la vida pública; la política; los partidos; el uso y el abuso que éstos -sus cuadros dirigentes- hacen de sus liberados y afiliados copando las sociedades y organismos públicos para provocar un asentimiento borreguil dentro del partido?.
Unos cuadros dirigentes que se pasan por el forro de sus caprichos la Ley de Partidos; un Parlamento donde los diputados se deben a la disciplina de voto y, así, votan lo que les señala el portavoz con los dedos como en una guardería. Salvo, claro, que le pidan que entregue el acta, entonces dicen que el acta es suya y no del partido. Unos políticos que incumplen, sistemáticamente, los programas electorales sin comprender que éstos han de tener carácter vinculante, exactamente igual que si fuera un contrato con los electores; unos diputados que no entienden el bien general más que para votar, por unanimidad, la subida de sus salarios y sus blindadas prebendas.
Unos partidos que nombran jueces; que chalanean las instituciones; que alquilan o venden las transferencias autonómicas a cambio de apoyos parlamentarios; unos partidos que ponen en almoneda las sociedades públicas o venden hospitales -el ejemplo de Cataluña es palmario- para seguir engordando las arcas de donde pagar cargos de confianza, liberados, cómplices mamandurrianos del partido. Una mafia parlamentaria que bloquea la participación ciudadana en la política, que impiden la designación directa de alcaldes, que ignoran las elecciones primarias o, cuando las promueven, resultan ser un paripé vergonzoso y vergonzante.
Mientras tanto, se preguntarán ustedes, ¿qué hacen los padres de la Patria?. Pues bien poco, la verdad; o no, según se mire. Desde que amarraron al Bribón del Rey -me refiero, naturalmente, al barco- éste permanece en La Zarzuela sosteniendo su regia humanidad sobre unas muletas que, ¡mira por donde!, tienen hasta claxon. ¡Aquí, Señor!. ¡Vuelva a sonar el claxon, Majestad!. Piiiii. ¡Jó, que risa!. Los príncipes continúan con su principesca vida y las infantas permanecen junto a sus infantes -la que lo tiene- y la totalidad de infantes velando por su infantil infantería. El señor de las “equis” pasa sus días luciendo sus lorzas morenas entre el moro y el paraíso del gorila rojo. El del bigote sigue puliendo sus abdominales para asistir a múltiples consejos de administración por el mundo mundial y dar charlas en inglés-tejano. Ahora, al parecer, se va a unir a ellos el hombre del tiempo que dice va a dedicar su reciente jubilación a la observación de cirros, cúmulos y estratos mientras balancea su desgarbada humanidad en una mecedora sientiendo en la oquedad de su cabeza el viento. Ese viento que es, como ustedes saben según el leal saber y entender del ilustre perito en nubes, el propietario de la Tierra.
Estos y no otros, son los mimbres sobre los que se está desarrollando esta democracia que -dicen- hay que regenerar y si, como dijo Unamuno, la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo ya pueden ustedes imaginar qué pensamiento alumbran nuestros bien recebados prebostes.

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Una respuesta a “LA CACAREADA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

  1. Jose Maria

    Angel muy bueno el nota de Mutriko.
    ?que diran los de Pasajes de Bals de Lezo? o los de Zumaya de Elcano. Tambien zipayos de Franco?. En fin el problema principal es al ingnorancia.
    Por otra parte esto se resume en: “politicos en el peor sentido de la palabra” y tercer problema en España.