MODOS Y MODAS

Ayer estuve casi una hora esperando a que Mutriku saliera de la peluquería sentado en un velador, que ahora llaman terraza. Confieso que salgo poco a la calle y que, cuando lo hago, son horas en las que aún no han puesto el sol ni las aceras. Confieso también que, como dice Becerrix con mucho acierto, no soy esclavo de mi imagen. Eso me permite no sufrir del mal de la imaginería y, por tanto, no tengo que adorar a la Bicha de Balazote; cosa que a la esbirra le priva. Hace bien. Si así disuelve los gases de su estómago y evita el prurito de ano y traspira menos, pues que con su pan se lo coma.
Durante mi espera, digo, me llamó la atención lo que creí uno de los logros de la política de Zapatero y su hereu Rubalcaba: que el español medio haya crecido entre diez y treinta centímetros en una sola generación. ¡Eso es alimentación!, me dije y no lo que tienen los suecos. ¡Vaya estirón que ha dado el españolito medio!. Pues no. Resulta que Mutriku me saca de mi error y dice que, lo que yo llamó estirón, es moda y que se llaman shorts y pantalón pirata. ¡Anda! -me digo-, y yo sin enterarme.
Confieso que llevo trabajando en la misma empresa siete años. Desconozco el segundo apellido del presidente de la misma; tampoco sé si -como cantaban las niñas mientras saltaban a la comba- es soltero, casado, viudo o monja. Del mismo modo desconozco el nombre de muchos de mis quinientos compañeros… Pero, por contra, sé todos y cada uno de los detalles de sus piernas. Algunos peinan coletas en los jarretes; otros, por contra, están depilados como las vestales de la antigua Roma. Los hay que llevan un delfín tatuado junto al tobillo o cualquier otra mamarrachada difícil de intepretar. Los hay con varices; con manchas o erupciones, con piel de naranja, de pomelo y hasta con piel de melocotón… Piernas largas, cortas, embutidas o enjutas. Piernas; piernas.
Lo mismo ocurre con las uñas de sus pies. Ya sé que este comentario no es agradable, pero los hay con uñas en forma de media luna, otros que parecen haberse hecho la manicura con Eduardo Manostijeras; otros llevan alivio de luto entre los dedos, algunos -incluso- tirabuzones en el dedo gordo… y hasta uno que las lleva pintadas de color negro. Uñas como colmillos de jabalí. Uñas como púas de guitarra eléctrica. Un espectáculo. Y es que, entre las sandalias de cartujo y las zapatillas sujetadas en el dedo gordo, ya no hay uñas que se escondan.
Esta mañana nos ha visitado un recién jubilado que aún no da crédito a su felicidad y que, por mor de Estocolmo, sigue apareciendo día sí y día también para comprobar que es cierto que ya no trabaja allí. Tras cuarenta y cinco años presentándose a trabajar con su anodino traje azul marino y su corbata del mismo tono, esta mañana se nos ha aparecido como Casillas en la pisicina de su pueblo abulense. Pantalón pirata de camuflaje; camiseta de tirantes con una marca deportiva multinacional y unas zapatillas que llaman hawaianas con el escudo de Brasil en una de las tiras.
¡Que moderno!, Manolo. Le gritaban algunas de las compañeras haciéndole sonreir de felicidad.
Y Manolo más tieso que un junco con su bolsita de cartero en excedencia cruzada en bandolera. ¡Que esa es otra!. Ahora el que lleva el teléfono móvil en el bolsillo, como toda la vida, parece un paria. ¿Qué coño llevará todo el mundo guardado en esas bolsas?. En fin… al menos han desaparecido las mariconeras. ¡Que ya es algo!.
Lo triste es que me he debido quedar trincado en el pasao, como Michael J. Fox en Regreso al Futuro. ¡Menos mal que aún quedamos Pepe Bono y yo vestidos con pantalón largo!. Don Pepe ha puesto de patitas en la calle a los periodistas por presentarse con andrajos en el Parlamento y ha hecho muy bien. ¡Qué coño!. ¡Hala!, ya me podéis criticar por carca y por meapilas. Pero lo que ha hecho Bono debía de haberlo hecho también Platini, el capo de la UEFA, cuando Carles Puyol se presentó el otro día a entregar la copa que ganó su club vestido con el traje de entrenar. Porque miren ustedes; una cosa es que el ciudadano Carles Puyol se presente en enagüas, si le peta, en aquel festejo y otra es que lo haga el capitán del Fútbol Club Barcelona. El capitán de Barça estaba representando a su club; a sus socios; a la ciudad y -esto ya es mucho presumir- hasta al resto de la afición española y no es admisible que se presente ante sus propios compañeros, incluso, que iban perfectamente trajeados como si volviera de entrenarse sin pasar por la ducha.
Es que a Puyol igual le disgustan los trajes, dirán ustedes.
Eso será si no le pagan, respondo yo. Porque cuando la selección española de fútbol le selecciona para jugar bien que se calza el traje. Y si no, contrátenle ustedes para un anuncio de Massimo Dutti, que ya verán como remata en plongeon incluso sin que le apriete el nudo de la corbata.
Mientras estoy haciendo un boceto de este post en la mesita del velador observo que mi vecino de terraza me está mirando con la ceja levantada y haciendo muecas acerca del humo que suelta mi cigarrillo. Perdone usted, le digo. ¿Le molesta el humo?. Pues sí, me dice el prenda, perdonándome la vida. Pues métase usted dentro, que la terraza es para fumadores, le digo con esa seguridad que da el hecho de vivir continuamente en un gueto tabaquero. Mientras me desprecia, observo su impecable uniforme de funcionario veraniego jugando al golf: un polo de Lacoste sobre una camisa de cuadros, un bañador -o pantalón short de cuadros azul y blanco y unas sandalias por las que asoma un dedo gordo como un gusano en una manzana.
El Corte Inglés, mientras tanto, ha presentado el resultado de su ejercicio en el que, destacan, ha obtenido un beneficio de 369 millones de euros. No me extraña; con la cantidad de tela que han ahorrado con estos pantaloncicos, ¡ya se puede!. En fin, que no hay día en que no se aprenda algo nuevo.

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2 Respuestas a “MODOS Y MODAS

  1. Jose Maria

    Con permiso me lo llevo para mi muro de facebook.

  2. Mikel Buesa

    Excelentes tus observaciones acerca de estos tintes de la vida social. Pero no puedo estar de acuerdo en que los dineros que gana El Corte Inglés vengan del ahorro de tela porque yan han pasado los tiempos en los que el género constituía el principal elemento del coste, mientras que la mano de obra no valía nada. Ahora también es verdad que esta última, en el sitio donde se confecciona, vale más bien poco; y el género, otro tanto, porque para eso están las tecnologías que han automatizado su fabricación. Pero la mano de obra empleada en la distribución, … eso es otra cosa. Claro que, en El Corte Inglés todavía le atienden a uno los empleados y, por lo general, son amables y solícitos para buscar lo que a uno le hace falta.