CAMINO SORIA

El periodista había recorrido más de medio mundo cargado con su mochila, su cuaderno de viajes, su inquietud y un espíritu abierto. Ser reportero en una revista de viajes obliga a tener una mente inquieta; abierta. La revista para la que trabaja lo había enviado a todos y cada uno de los continentes para escribir sobre sus gentes, sus paisajes… En la redacción le consideraban un nómada del siglo XXI. Iba a acompañarle, una vez más Patxi, su fiel fotógrafo; aquel que era capaz de suplir con una sola instantánea la palabra justa que definiera un lugar, la inocente mirada de un niño o ese atardecer bucólico tras la montaña lejana y brumosa.

¿Soria?, preguntó al editor. ¿Y dónde está Soria?.

Muy cerca; en Castilla La Mancha – creo-. Junto a Guadalajara.

¿Y hay algún tren que nos traslade hasta allí?

Si; contestó el editor. Pero sólo pasa uno y no siempre. Mejor es que vayáis en el coche. Creo que se va por la carretera de Barcelona.

Temprano, aún de madrugada, pusieron rumbo a Soria. Pasado Alcolea del Pinar no pudieron reprimir una sonrisa al comprobar que el cartel que les saludaba decía “Castilla y León”. El amanecer los sorprendió tras coronar la cuesta de Medinaceli. El paisaje traía recuerdos de las rojizas llanadas australianas. El amanecer anunciaba un cielo inmaculado; puro. El sol comenzó a salir y observaron, a lo lejos, la nevada cumbre del Moncayo. En los márgenes de la carretera se veían, ocasionalmente, corzos, liebres, perdices y algún que otro jabalí. Hicieron comentarios sobre el abundante sabinar en los pequeños oteros.

¡Esto es un paraíso!, dijo Patxi. ¡Y a escasas dos horas de Madrid!.

Entraron en la capital y aparcaron el coche junto a la plaza de toros. Era jueves   -día de mercado- y el centro histórico estaba más animado que de costumbre. Pasearon por El Collado y fueron descubriendo viejos palacios y las angostas calles de El Tubo; el Palacio de los Condes de Gómara, hoy Palacio de Justicia; las iglesias de Santo Domingo; San Juan de Rabaneda; la Concatedral. Se acercaron hasta El Mirón y desde allí descendieron a San Juan de Duero para admirar su claustro; San Saturio; San Polo. Pasearon el Duero arriba y abajo. Para entonces, el joven fotógrafo tenía repleta la memoria de su cámara digital. Unas extraordinarias fotografías que completaban y retenían típicos rincones, iglesias, conventos, edificios civiles e instantáneas del mercadillo y sus gentes.

De vuelta al casco histórico retomaron el camino de El Collado con dirección al ayuntamiento. Entraron en el vetusto “casino provinciano” machadiano. Una vez en la Plaza Mayor y de espaldas a la Casa del Común, observaron la porticada Casa de los Doce Linajes, que hoy acoge al Ayuntamiento; el Palacio de la Audiencia y la Iglesia de Santa María la Mayor.

Tomaron fotos de todo ello y volvieron sus pasos hasta la plaza de Herradores donde se unieron a la tradición de tomar unos vinos y unas tapas en los bares que, para aprovechar el sol de final marzo, sacan sus terrazas a la plaza. Descubrieron el vino de la Ribera del Duero y comieron unos deliciosos torreznos que allí llaman torrenillos. Finalmente se decidieron a comer en El Figón del Salvador, muy próximo a la plaza. Quedaron muy satisfechos con el inigualable lechazo asado y la costrada soriana que mezcla, de forma magistral, la mantequilla del lugar, nata y un exquisito y sublime hojaldre.

Volvieron a Madrid por otra dirección. Querían conocer algunos pueblos de la provincia. El Burgo de Osma; su catedral; su plaza mayor… San Esteban de Gormaz; Langa de Duero…

De vuelta a la redacción, y aún sobrecogidos por su experiencia soriana, van descargando sus escasos bártulos.

¿Dónde habéis estado?, pregunta un redactor que pasaba por allí.

¡En la Gloria !

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6 Respuestas a “CAMINO SORIA

  1. Jose Maria

    Hombre paisano, hoy te me has puesto melancolico.
    Tienes razon, la gloria.
    Y para acompañar esta corta y estupenda cronica este par de videos:


  2. Jose Maria

    Me faltaba uno:

  3. Mikel Buesa

    Efectivamente, Ángel, en la gloria de Soria.

  4. Si no fuera porque a mí no hay nacionalista ni nazionalista que me mueva de mi tierra, me iba a ese exilio.

  5. Jose Maria

    Maleni y Mikel. Ya sabeis que vosotros teneis “tarjeta de residentes”.

  6. Alegría

    ¡Cuantos años han pasado desde que estuve en Soria!……..pero juro que este año regreso y con más alegría despues de tener “peasos” de amigos sorianos. Preciosa tierra.