LIBROS Y MISTERIO

Desconozco qué me impulsó a comprar, aquella mañana fría de noviembre, un paquete de libros en el mercadillo anual de la parroquia de mi barrio. ¿Más libros?, fue el escueto saludo de Elena cuando abrió la puerta. Es cierto, los libros tienen más espacio ocupado en mi casa que cuanto pueda ocupar yo en varias vidas. Tengo, además, otros dos por leer regalo uno de Mikel Buesa y el otro de Aurora García pero, ya digo, no sé que me impulsó a comprar aquellos otros. Los coloco con cuidado debajo de los que tengo pendientes en la mesilla de noche. Repaso con cuidado todos y cada uno de ellos. Primero Castellio contra Calvino, un memorándum sobre la maldad intrínseca de un iluminado contra la razón. Veo remalazos de soberbia que me son muy próximos ¿Gorriarán contra Buesa?. El siguiente Riña de gatos, de Eduardo Mendoza. Lo he terminado ya y me ha trasladado al Madrid prebélico tan narrado por mi padre en las tertulias de la niñez. Paulo Coelho. El vencedor está solo. Menos místico que otros del brasileño pero bien trabajado; Garito de hospicianos o guirigay de imposturas y bambollas y El asesinato del perdedor, ambos de Cela. Desconozco el por qué de este orden aleatorio pero, “celíaco” como soy -¿estará bien empleado el término?- dejo para el final la lectura del genio de Iría. Debería de tener lectura suficiente hasta final de año pero ¡ay!, Dios propone y el lumbago dispone. Una lumbalgia me retiene en casa tres semanas.
Anoche he terminado todo lo pendiente de leer y acometo el último libro con la sensación avara de quien ve perdido todo su caudal. Cojo el último libro y me dispongo a abrirlo. Antes de ello, como hago siempre, acaricio el rectángulo mientras aspiro el aroma de viejo. Los libros de lance, los adquiridos en ferias o mercadillos de libros viejos y de ocasión tienen su propio tacto y su propio aroma. Llevan impresos, además del texto, la personalidad de sus otros propietarios. Por fin abro el libro y encuentro, en la primera página, una letra vacilante. Una letra anciana y de trazo cuidado que dice: “regalo de Inés. 22.5.94. Dios proveerá”. De un golpe cierro el libro y lo pongo sobre mi regazo. Asustado más que sorprendido. ¿Quien sería la persona objeto del regalo? ¿Quién es Inés?. ¿Cómo fue a parar el libro al mercadillo parroquial?. ¿Murió el benefactor de la desprendida Inés?. ¿Lo vendería o donaría algún deudo del propietario?. ¿Era Inés, como dice en su forma latina, aquella que es casta y pura, o que se mantiene pura?, o por el contrario fue la maléfica asesina que dio matarile al pobre lector para escapar tras su lujuria.
Despacio, casi con temor a invadir los últimos minutos del anterior poseedor, voy leyendo el libro. Paso las hojas poco a poco. Mientras leo el texto soy preso de una angustia que me va poseyendo. ¿Tendrá que ver el título -El asesinato del perdedor- con la más que posible muerte del mismo? ¿Habría sido Inés, finalmente, la asesina del perdedor?. ¿Cuán fría y cruel puede ser una persona para regalar un título así?
Continúo con la lectura aunque, reconozco, no haberme enterado de nada del texto. Busco página tras página alguna pista que el difunto poseedor del libro -a partir de aquí ya estoy seguro de que el propietario es el perdedor asesinado- me ofrezca sobre su angustiosa muerte adelantada en el título. El texto va pasando ante mí con el traqueteo medido y genial de Cela. Su prosa es continua y constante, como el sonido de un tren. De ese tren que en su niñez administraba su padre allá en Iría Flavia. ¡Que curioso!, me digo, también Buesa es hijo de ferroviario, y también, como Cela, disfrutaba en casa de un tren propio para divertirse.
Llegan, por fin, las últimas páginas sin que consiga ninguna pista que me aclare el misterio del asesinato del perdedor. Faltan tan solo tres páginas. Estoy preso de la aceleración propia de quien comprende que, en tan solo tres páginas, va a aclarar el misterio de un ignominioso asesinato. ¡Una ya!. Sólo falta una. Llego al final del texto y nada me aclara el crimen. ¡Qué decepción!.
Aún con el libro entre las manos miro al techo de la habitación. Son casi las seis de la mañana y me he pasado la noche en blanco para nada. ¡Esta mente calenturienta!.
Giro la última página y allí está, de nuevo, la letra vacilante. La letra anciana y de trazo cuidado que dice: terminado de leer el día 13.12.2010 en pleno ataque de lumbago. ¡Dios proveerá!.

CODA: Dedico este post a una gallega de pro, María Outeriño, que hoy cumple años. ¡Gracias, María, por tu amistad!

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10 Respuestas a “LIBROS Y MISTERIO

  1. Jose Maria

    Angel joer que miedo.
    Eso felicidades Marusiña.

  2. alegría

    Don Angel: me ha hecho usted emocionar…….¡muchas gracias!. Curiosamente yo también tengo la costumbre de escribir en la primera página de mis libros su procedencia y el lugar donde me han sido regalados, y cuando termino su lectura (igual que has hecho tú esta vez) vuelvo a escribir la fecha, el lugar y según me da, algún comentario.
    Hasta ahora no creo que ningúno de mis libros haya ido a parar a ningún mercadillo (a no ser alguno que anda desaparecido, de esos que prestas alegremente y que no te devuelven jamás tristemente), pero sí los han ido leyendo mis hijas ó mis yernos, y a veces me han comentado alarmados los comentarios encontrados……., por ejemplo, mi hija Pía me recriminó hace`poco que en la página final de “Sobre héroes y tumbas”” de Sábato yo había escrito: “en Lima, agosto de 1978, como encuentre al autor firmando libros, juro que lo abofeteo por lo mal que me lo ha hecho pasar. Por su culpa han empezado a darme miedo los ciegos….” .
    Gracias Angel por considerarme amiga.

  3. Mikel Buesa

    Tengo en mi despacho una placa de cerámica, adquirida en El Burgo de Osma (gracias José María por aquel día inolvidable en tu admirable pueblo) en la que se lee que “cada libro de esta bibliotheca es parte de la vida de sus dueños”. Gran verdad esta que ahora, con el libro de Cela que has adquirido en un saldo parroquial, has podido comprobar. No es otra la causa de la enigmática fecha que se ha hecho constar en su última página, pues es en la que tú has terminado de leer el libro pero que su anterior dueño atisbó el lejano día ded 1994 en el que Inés se lo regaló. Parecería como si, al comprar el libro, haya sido tu vida la que prolonga la de su primer propietario. Misterios de este fascinante mundo de la lectura que nos ha deparado tantas sorpresas y que nos ha hecho vivir tantas vidas.

    • Jose Maria

      Mikel tenemoss que repetir esta primavera y mas despacio, recuerda que tenemos que ir con Carmen a ver San Baudelio y el Cañon. Ademas de San Miguel y el Rivero en San Esteban.
      Estad atentos a un post que pondra mañana Plazaeme en Plazamoyua sobre nuestra tierra (del Ferroviario, tuya y mia) seguro que os gustara.

    • alegría

      ¡Que gran verdad la de la frase de esa placa!. Para mí cada uno de los libros leidos es una parte de mi vida , pero además parte de mi vida física pues siento la necesidad de tenerlos cerca materialmente……; si alguna vez he prestado alguno que nunca me fué devuelto me duele su recuerdo muchísimo. Una tiene sus manías y puede deshacerse alegremente de cualquier objeto que llame la atención de alguien querido, pero mis libros son sagrados y con los años se han ido convirtiendo en invasores de espacios de nuestra casa ocupando más y más. Alguno de los más veteranos viajaron conmigo de España a Guatemala, de Guatemala a Perú y de Perú nuevamente a España, y ahí siguen formando parte de mi vida.

  4. viejecita

    Preciosa historia, Don Ángel.
    Yo nunca escribo nada en mis libros. Ni en los que regalo, que regalo bastantes. (Todos los que ya no van cabiendo en mis estantes). Tengo algunos dedicados por amigos, pero esos nunca salen de casa.
    En parte, lo hago porque no quiero dejar rastros míos, más que en la memoria de los que me quisieron. Y porque los libros, si tienen anotaciones, se convierten en parte de quien escribió esas anotaciones, y ya con las historias que tienen dentro, y con parte del alma de sus autores, los pobres libros tienen suficiente carga…
    En cambio mi hija, todos los compra en librerías de viejo, y le encanta encontrar libros con el ex-libris de un mismo dueño, con viejas fotos de desconocidos, y esas cosas.

  5. Felicidades Maru, gran post Angel, y que edificantes los comentarios.

    En el Centro de Cultura Tradicional- Museo Escolar de Pusol han ido dejando los ilicitanos las vidas de sus padres, madres y abuelos. En la actualidad estamos formando a 15 adolescentes sin graduado en ESO para contratarlos y que nos ayuden a contar e inventariar la cantidad de libros, documentos y revistas testimonio de miles de vidas. Tratamos de enseñarlos a retomar la lectura, el placer del estudio y la investigación, el hacerse preguntas como hoy mismo nos hacemos sobre Ines.

    De repente alguno levanta la cabeza de entre sus fichas: ¡He encontrado una trufa!. Y sale del libro una quiniela, un entrada de futbol de 1940, o una carta de amor.
    Y ese es uno de los momentos en los que sonríen tanto, que hasta parece que sean felices estudiando.

    Les gustará tu texto.

    • Jose Maria

      Barbarita, seguro que les gustara.
      Gran trabajo el que haces amiga.

  6. Gran relato, bravo, bravo. Estas que te sales Ángel. Un abrazo

  7. La Aguela

    Tenías razón,,,,,,,,,,,,,, ¡ admirable ¡
    A mi, nunca me defraudas querido “ele”, no obstante que no se te suba el EGO que seguro que lo sabes hacer mejor, así que…..ya sabes.

    YO SIEMPRE HE SIDO ANGEL SORIA