UN ESTUDIO DE COJONES

Nos da cuenta la prensa y la televisión del último descubrimiento de un grupo de investigadores de la Universidad de Derby, en colaboración con sus colegas de la Universidad de Cambridge, ambas en el Reino Unido.
Se trata de un descubrimiento de cojones, que diría el castizo. Un descubrimiento que tiene nombre propio: el saltamontes costero, llamado también Platycleis affinis en el lenguaje de los investigadores. Esto de poner dos nombres es también común en el lenguaje rustico y montaraz de la áspera Castilla. Estanislao y Estanislado; Usebio y Eusebio, etc. Pues bien, resulta que el saltamontes costero tiene los testículos más grandes en relación a su masa corporal de todo el reino animal. El que el saltamontes costero tenga el 14% de su peso corporal distribuido entre sus criadillas no debería resultar ninguna noticia a resaltar, salvo claro, por las risitas nerviosas que echamos los varones para disimular nuestra ridícula insignificancia o de las risitas féminas tratando de evaluar, de memoria, la masa corporal de las gónadas de su pretérito imperfecto. Tampoco debería ser noticia el hecho de que el descubrimiento se haya publicado en la revista Biology Letters -que para eso están este tipo de revistas y publicaciones técnicas- ni que la función de los grandes testículos del bicho sea para aparearse con muchas hembras sin producir volúmenes competitivos de esperma por cada montura o brinco.
Lo que llama la atención y debería ser noticiable es el motivo por el cual al científico don Karim Vahed y su equipo les dio por reflexionar sobre la relación entre la dotación, la promiscuidad y la reproducción de estos insectos. Porque ya me dirán ustedes qué carajo le importa al científico don Karim Vahed y a su equipo la promiscuidad del saltamontes costero y su dotación testicular. Ya me dirán ustedes qué poca conversación y qué pocas ganas de tertulia tiene que tener el equipo para estar tomando una menta-poleo en la camilla de los laboratorios Cavendish hasta que al científico don Karim Vahed le dio por decir ¡eureka! -cuando se produce un descubrimiento que revoluciona la especie humana siempre es conveniente decir eureka- ya sé lo que vamos a investigar.
Usted dirá don Karim. Dirá el profesor adjunto, don Tarsicio Expósito Smith, que es un tanto pelota y algo amanerado, mientras mete los dos dedos gordos en los pequeños bolsillos de su chaleco de tweed.
Pues vamos a investigar cual es el insecto que tiene las criadillas más gordas en relación con su masa corporal. Vamos, una cosa como la que hacen en la Madrid Fashion Week, pero en el orden de los caelíferos. ¡Cómo se puede llegar a encargar un estudio de medición del tamaño de los testículos de 21 especies de saltamontes con dinero del contribuyente!
¡Martínez! -los encargados de tocar los cojones, suelen llamarse siempre Martínez- baje usted al parque y trinque dos mil saltamontes costeros que vamos a pesarles los güevos para ver si baten el record de la Drosophila bifurca, que presenta un 10,6% de su masa total.
Y Martínez, que está de becario de segundo año, se coge su cazamariposas y se tira dos jornadas completas cazando gamusinos por un bancal junto al río Cam, que es el río que circunda la capilla y el patio del King’s College de Cambridge.
¿Cuántos lleva, Martinez?
Setecientos, don Karim
Pues aligere, que parece usted un liberado sindical del área de educación.
Lo que usted mande, don Karim. Contesta afligido Martínez con sus saltamontes en el pequeño saco de café Marcilla que le habían prestado los de la cantina del College.
Una vez recolectada la muestra de dos mil saltamontes costeros, Martínez acude presto al laboratorio y allí, rodeado de estudiantes y bedeles voluntarios procede a pesar los testículos de cada uno de los bichos.
Resuma usted, Sweter.
Un nuevo éxito, don Karim. Exactamente el 14% de la masa muscular, como usted predijo.
Martinez, sirva usted un refrigerio a sus colegas.
Y Martínez sale refunfuñando para servir media docena de birras Guinness entre los doce profesores cambridgianos.
¿Saco también unos torraos y unos panchitos, don Karim?
No, Martínez. Que no nos ha llegado la beca.
Lo que usted guste mandar, don Karim.

CODA: Desconocemos a quien se debe la idea de poner una libélula -también pudiera tratarse de un caballito del diablo o señorita, que aquí vale todo- como bicho representativo del fangal magenta. Desde luego, sea quien sea el autor, lo ha bordado. La libélula es un insecto que viven en charcas y cuyas larvas son depredadores feroces, los cuales, mediante la mascara que tienen bajo la boca, cazan otros animales mediante engaños. Son capaces de comer larvas de la misma especie. Se ha descubierto recientemente que las libélulas emplean la ilusión óptica para acechar a otros insectos que invaden su territorio. Toda una premonición de algo que ya barruntábamos. Felicidades al autor.

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5 Respuestas a “UN ESTUDIO DE COJONES

  1. Jose Maria

    Una pregunta D. Angel que Ud es muy ilustrado ?es cierto que lo que nos comemos y por lo tanto la mayor masa corporal del percebe es el pene? porque desde que lo escuche o lo lei no recuerdo estoy en un sin vivir al saber que uno es un come ….. Y que ademas me gusta.
    Por otra parte muy bueno lo de la libelula magenta.

    • Ángel Soria Rodríguez

      Efectivamente, José María. Esa es la parte que se chupa y se come. ¡Que aproveche!

      • Jose Maria

        O sea que confirmado somos unos “chupa ….” y ademas nos gusta.
        “vaya vicio por belcebu” Que Maria Ou. que es de pueblo percebeiro nos lleve unos kilitos para el cocido y asi chupamos todos.

  2. Venancio Buesa

    Una vez leí en el interviú que el percebe era el bicho con el pito mas grande en relación a su tamaño. La razón de tal desproporción es obvia: el percebe no puede moverse para fecundar a la perceba porque los dos estan pegados a la roca. La evolución ha dotado al percebe de un artilugio para inseminar a percebas distantes (en la distancia, no que no le hagan caso). Trasladado a nuestra especie es como si los oficinistos, que se mueven poco en su mesa, tuvieran una manguera de uno ocho metros para inseminar a las oficinistas. Claro es que si la oficinista se mueve en su silla con ruedas, igual le pisa la manguera al oficinisto. ¿Veis que espabilada es la evolución, que nos ha puesto un pito, digamos que de bolsillo?

    Saludos

    Venancio

  3. Ángel Soria Rodríguez

    Pues eso no es nada, Venancio. Imagínate la manguera que ha debido de dotar la evolución a las y los telefonistas.