LA FLORIDA HISTORIA DE DIDIER Y ÉGLANTINE

Monsieur Didier de Montpeyroux galán perigordino, sentimental y cincuentón era un romántico devoto del lenguaje de las flores.
Con su novia, a la que amaba como sólo saben amar los franceses perigordinos, y,como corresponde a su floral carácter, no se entendía ni con los ojos, ni por señas, ni con el esperanto; se entendía por las flores, el mensaje -según el eslogan de las floristerías- que todo lo puede decir.
¿Que Didier quería decir a su novia, feliz día de tu santo, mon amour?. Pues Didier preparaba un pequeño ramo de gladiolos y se lo enviaba con el propio de la floristería. ¿Que Didier quería decirle hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana, como en las medallas del día de los enamorados?, pues le mandaba un ramo de rosas de color granate con el botones del hotel des Mounstiers. Que Didier tenía que decirle te espero a las 12,45 en el Bistro d’Huber para tomar un gin-fizz con una de gallinejas?, pues le mandaba un ramo de bellas margaritas de color amarillo y blanco con el servicio puerta a puerta de MRW que son gente limpia y perfectamente uniformada.
Los amores de Didier de Montpeyroux y su novia crecieron, como las ortigas y las avispas entre flores y causaban el pasmo y la envidia de todos los vecinos de Églantine, que así se llamaba su novia.
¡Oh, Didier y su novia!, decían las señoritas perigordinas cuando veían al propio de turno portando el ramo de flores.
Églantine, la novia de Didier, cuando sobrevino la tragedia llevaba quince días seguidos recibiendo cada mañana un ramo de blancos crisantemos, un ramo que quería decir, en el lenguaje de las flores: contigo hasta la muerte, ¡churri!.
¡Qué amor! Exclamaba al levantarse por la mañana Églantine. ¡Qué amor tan sublime, tan florido y hermoso!. ¡Yo no merezco tanta felicidad!.
Pero la tragedia sobrevino ¡ay!, cuando menos se lo podían esperar Didier y Églantine. La tragedia, vestida de negro, con su afilada guadaña se presentó de improvisto, sin avisar y de una forma absolutamente desconsiderada, cuando todo sonreía a Didier y Églantine. Carápe, con la parca, decían los vecinos. ¡Ya son ganas de joder la marrana!.
Aquel día Didier envió a su novia un manojo de pensamientos que en su lenguaje significa me acuerdo de ti mazo, junto con una varita de nardo que significa ¿te gustan los zarajos, vida?. Como Églantine sabía que zarajos como los de Chez Robustiana, de la lejana Cuenca, (Espagne) ninguno, acudió feliz y presta para sentarse frente al ventanal que daba al río Vezere. Allí dieron las cinco de la tarde, hora en que se encontraban habitualmente. En sus manos llevaba una ramita de hierbabuena, que en su lenguaje significaba, ¿te gustan los zapatos que me he puesto hoy? Me presionan el juanete.
El camarero, un conquense gordo y repeinado aprovechando la grasa de los zarajos, se acercó y la preguntó.
Bon Jour, mademoiselle ¿que va ser?
Nada; garçon. Prefiero esperar.
El camarero, ya metido en años, se sintió turbado cuando se descubrió garçon y obsequió a Églantine con una jarrita de Orangina reciclada llena de agua y una banderilla de molleja de pollo con salsa brava.
Églantine se tragó de un bocado la banderilla y, por efecto del picante, sintió como un arrobo súbito y rebelde subía hasta sus mejillas.
Églantine se puso a mirar el discurrir del Vezere que bajaba saltarín desde Longéroux en dirección a Limeuil.
En el reloj del bistro sonaron las seis campanas que anunciaban una hora de plantón, y el corazón de Églantine dio un salto sobre su breve y enamorado pecho. Didier ya no podía tardar. Didier era un verdadero prodigio de puntualidad. Didier… Didier.
¡Notre Dame de Rocamadour! ¿Qué le habrá pasado a Didier?. A las seis y cuarto de la tarde, y cuando ya Églantine se retorcía las manos de dolor y debilidad, entró en Chez Robustiana un niño pálido y enjuto, vestido de negro y con un pequeño babero orlado de ganchillo blanco, con una corona fúnebre.
Mademoiselle Églantine ¿si’l vous plaît?
Je suis. ¿Qué le ha pasado a Didier?
Le ha atropellado un tranvía en la rue des Parachutistes. Él nos había dejado encargado que, caso de morir de amor, o de cualquier otra circunstancia, antes que usted, que le trajésemos esta corona de flores con la leyenda que figura aquí, en las cintas.
Églantine, tiritando y a punto del patatús leyó la frase amorosa que decía “Agur, Ben-Hur”, en la de la izquierda y “Gero Arte, Bonaparte”, en la de la derecha.

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9 Respuestas a “LA FLORIDA HISTORIA DE DIDIER Y ÉGLANTINE

  1. La Aguela

    Ya era hora hora de leer algo tan “español” , tan literario y coño, que me gusta.

    YO SIEMPRE HE SIDO ANGEL SORIA

  2. Jose Maria

    !que nivel maribel!. Asi que ha vuelto La Aguela que hacia tiempo que no la veiamos por aqui.

    • La Aguela

      Saludos Jose Maria, yo siempre estoy por aquí, pero me pasa un poco como a Mikel Buesa, me gusta más la literatura que la política.
      Un saludo para TODOS los seguidores de este blog al que considero, al menos de forma espiritual, tambien mio.

  3. Es que algunos sólo aparecen cuando se hablan lenguas cultas. Y todo éste derroche de francés no merece tertulianos de menor nivel. Los habituales nos tendríamos que abstener de participar. Hasta el Buesa ese (mirá me ha salido la vena censora de Upyd).

  4. Mikel Buesa

    ¡Joder con Maleni! Ya me quiere impedir hablar de literatura. En realidad a mi lo que más me interesa es la literatura. La política es una carga aburrida, un coñazo que solo soporto por civismo. Espero que algún día todo se arregle, que Zapatero esté en el madero, que Popotito sólo luzca ya sus palillitos, que … etcétera. Y entonces sólo comentar los acontecimientos literarios, las nuevas ediciones de los maestros, las innovaciones en la traducción de los textos extranjeros, la vida privada de mis escritores favoritos.

    • Es que los de la galera, perdón los de la piragua magenta, el único mandato que recibi(a)mos es atacar al atacante. ¿No es usted atacante de la galera, digo de la piragua?.

  5. Jose Maria

    Mikel, pues no dejes de comentarnos en tu blog algo de literatura entre col y col , que si no luego vienen los palmeros y nos abroncan porque hablamos de la galera.

  6. Yo como dice maese Hommer the Springfield… nunca pense que saber leer y escribir me serviría para algo.
    Da gusto leerte Angel y aunque las referencias a los parachutistes deben tener algún tipo de reminiscencia oculta e irónica que no consigo entrever … no deja de ser un placer la lectura de la entrada por si sola.