EL FEO

Siento, mis queridos lectores, defraudarles en esta ocasión, pero no; no voy a hablar hoy de don Alfredo Pérez Rubal-calva, el modelo de la etiqueta de Anís del Mono. Hoy voy a hablarles a ustedes de un feo con marchamo, como el jamón de pata negra. Un feo con pedigrí que, además, se va a llevar un pasta por feo. Con un par. Me estoy refiriendo naturalmente, a un caballero llamado Jordan Bratman que vive en la ciudad de El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula y a la que actualmente se conoce como Los Ángeles simplemente, en la California de USA. Pues bien al feo Bratman le ha puesto su legítima las maletas en la puta calle… por feo. Claro está que su legítima es cantante pop y actriz de cine y, a lo que dice, el motivo de la separación es debido al “desnivel de belleza entre él y yo”. ¡Toma Bibiana!, tela para ir cortando.
La actriz y cantante pop, berrenda en jamona y orgullosa de su palmito se llama Christina Aguilera y llevaba con el Quasimodo de Los Ángeles desde hace 12 años. Muchos años son para darse cuenta ahora, creo yo. A ver si lo que resulta es que doña Christina iba ciega el día de autos y no ha despertado hasta ayer mismo.
Qué feo eres, Jordan, le habrá dicho al volver en sí. ¿Tú te has dado cuenta del desnivel de belleza existente entre tú y yo
Oye, churri, que Jordan soy yo. Que con quien estás hablado es con el perro.
Huy, pues tú me parece aún más feo. ¡Fuera!, coge un par de gayumbos y el ipod y sal de mi vida, le habrá dicho la cantante, en inglés, eso sí.
Y el Jordan, que tiene nombre de río judío y bautizador ha vertido sus meandros en un mar de whisky en la barra de “El escote de Dolly”, pub dedicado a la Parton de ambiente gay y travelo.
¿Qué le pasa a usted?, joven. Le pregunta un pastor presbiteriano que actúa en el local parodiando a Liza Minnelli, en Cabaret, con ligueros y bombín.
Pues que mi Christina me ha echado de casa por feo.
¡Pobre!, dirá el pastor, mientras permite que Jordan apoye su mejilla derecha sobre un pecho de silicona a medio asomar por el body. Tampoco es para tanto, Jordan. En peores garitas hemos hecho guardia.
Al escuchar el relato se acerca a ambos un abogado en silla de ruedas que extiende una tarjeta de visita hacia Jordan.
Robert Ironside, se presenta el abogado. Experto en divorcios chungos.
¡Anda!, dice Jordan. Pero si yo a usted siempre le he visto más pálido por el televisor.
Por que era en blanco y negro, contesta el abogado. El caso es que yo veo que le podemos sacar una pasta a su mujer. Verá. Si lo enfocamos como un caso de maltrato y lo denunciamos como discriminación por razón de religión, porque usted con ese careto será mormón ¿no?
No, yo soy transversal
Toma y este, dice dirigiéndose al pastor presbiteriano.
No, este es transexual
¿Y no es lo mismo?, pregunta el abogado
Pues no.
Bueno, el caso es que decimos que usted es mormón y llevamos el juicio a Utah. Allí lo tenemos ganado.
¿Es usted su representante, además?
No; pero la acompañaba a todos los conciertos
Entonces como si lo fuera. Veamos; 100 millones de dólares por lucro cesante; 50 por daños irreparables a su libido, por que usted va a perder el interés por el sexo ¿claro?
Bueno… yo. Lo que usted me mande, añade el Jordan.
Eso se lo arreglo yo en un plis, dice el pastor presbiteriano.
Usted se calla, tío guarro; dice el abogado.
Ya van 150 kilos, mas daños irreparables por imagen… podríamos pedir 300 millones de dólares más la casa y el Cadillac.
Oiga, ¿y el perro?
¿Qué perro?. El perro no. Algo tenemos que dejar para ella. ¿Usted que prefiere el perro o los 300 millones?
Bueno yo…, casi el perro.
Usted, además de feo es gilipollas. Traiga para acá la tarjeta. Que le represente aquí la madre Peyton, dice dirigiéndose al presbiteriano.
Oiga, pero yo…
Nada, nada. Que le vayan dando, dice el abogado mientras se aleja haciendo rodar las ruedas de la silla. En el tocadiscos suena una melodía añeja del Broadway de Manhatan, esquina a Times Square.

DEDICATORIA. Dedicado a Becerrix Dominatrix, que se atrevió a escribir “unos señores ya maduros, desconocidos hasta ahora, y en absoluto esclavos de su imagen… otro señor también maduro e igualmente libre de cualquier servidumbre similar, el catedrático Mikel Buesa”; al alcalde de Valladolid por sus insinuaciones contra Pajín y a tanto y tanto tonto del culo que se masturba frente al espejo. Lo cruel, para estos imbéciles, es que desconocen que el narciso también se consume y muere mustio y ajado… como el cutis de la Becerrix.

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6 Respuestas a “EL FEO

  1. Jose Maria

    Chapeau D. Angel.
    Ademas todos estos “guapos y guapas” tienen que saber que esa enfermedad se cura con la edad y que al final todos calvos y arrugaos.
    Buen finde.

  2. Mikel Buesa

    Me gusta esta historia y su dedicatoria. Especialmente lograda es la participación de Ironside y la evocación a la madre Peyton. Sólo me ha quedado una duda: ¿será el cutis de la Becerrix tan ajado como el de su admirada Popotito que va camino de emular al de María Teresa Fernández de la Vega? Permítaseme citar una vez más a este respecto a mi admirado José luís Alvite: “María Teresa Fernández de la Vega tiene una vacilante feminidad de mujer en cuya deshidratación van apareciendo, como marroqinería, los rasgos de Clint Eastwood”.

  3. alegría

    ¡Que bueno, don Angel!. Gracias por las risas que proporciona con sus escritos acertadísimos y llenos de esa elegante ironía que le caracteriza.

  4. Venancio Buesa

    Please, traducción,

    ¿quien es la tal becerrix, que tanto se nombra por aquí? Por el nombre, quizá necesite un veterinario. Me presento voluntario para lo que haga falta.

    saludos

    Venancio

  5. No creo, Venancio, que una vez conocida a la Becerrix siguieras presentándote de veterinario voluntario. Hay vacas multitoreadas que quitándose años presumen de erales o becerras. Que no te engañen.

  6. Pato Carlo

    En realidad, según lo que yo había leído, la ruptura se ha debido fundamentalmente a que el fulano debía ser aficionado a usar a su mujer como sparring. El labio inferior de Doña Cristina lo atestigua. Pero en fin, las noticias sobre pedorros y pedorras suelen ser difundidas por periodistas y periodistas pedorros y pedorras, pleonasmo, así que será difícil contrastar la información salvo que llamemos al Secretario de la Verdad del Partido.