Una historia de la Historia

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana… Más concretamente en la galaxia denominada Reino de España, en los tiempos en que el general Franco fue autorizado a morir por el marqués de Villaverde, se produjeron acontecimientos que hoy son declarados falsos o sobre los que se pretende manipular para presentarlos como tales. La llegada de la Democracia al Reino de las Sombras hizo que se promulgaran decretos y leyes tendentes a tratar de compensar aquello que, en algunos casos, ya no era posible: los sufrimientos y penalidades de quienes, en un bando o en otro, sufrieron la última e incívica guerra entre españoles a lo largo de tres interminables años.

Federico con sus sobrinos

Así, en el año 1976 se regulan pensiones a favor de los españoles que, habiendo sufrido mutilación a causa de la pasada contienda, no puedan integrarse en el cuerpo de caballeros mutilados de guerra por la patria. En 1977 se proclama la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía. Un par de años después, en 1979, se reconocen los derechos a reconocimiento de pensiones, asistencia médico-farmacéutica y asistencia social a favor de las viudas, hijos y demás familiares de los españoles fallecidos como consecuencia o con ocasión de la pasada guerra civil. Al año siguiente, 1980, se aprueba una Ley sobre pensiones a los mutilados excombatientes de la zona republicana. El año 1982 trajo una nueva Ley de pensiones a los mutilados civiles de guerra. En 1984 se reconocen los derechos y servicios prestados a quienes durante la Guerra Civil formaron parte de las fuerzas armadas, fuerzas de orden público y cuerpo de carabineros de la República. Ya en 1990 una disposición adicional de la Ley 4/1990 determina las indemnizaciones a favor de quienes sufrieron prisión como consecuencia de los supuestos contemplados en la ley 46/1977, de 15 de octubre, de amnistía. Las leyes y decretos que aquí se recogen, han sido en muchos casos, mejorados y ampliados por las Comunidades Autónomas en aplicación de sus competencias. Finalmente, el 28 de octubre de 2007, el Congreso de los Diputados aprobó la Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura, comúnmente conocida como “Ley para la Memoria Histórica“.
Esta Ley de Memoria Histórica no está incluida (ni se hace mención explícita o referencia a ella) en el programa electoral del Partido Socialista Obrero Español. Este documento tan solo habla de un Centro Estatal de Documentación sobre la Guerra Civil y dentro del área de “Cultura” (tócate las perindolas, María Bibiana) del programa electoral. Tampoco en su monólogo de investidura, el cómico que gobierna el país hace mención a una Ley de Memoria Histórica u otros proyectos relacionados con la guerra del 36-39. Esta es una Ley que José Luis Rodríguez Zapatero se saca de la manga sin que haya mediado la consulta a los ciudadanos españoles a través de una declaración de intenciones bien en su programa electoral o bien presentándola como una Ley que contara, como otras anteriores, con el consenso del resto de partidos.
Permítaseme aquí recordar a estos memorístas histéricos que lo que ellos denominan “guerra civil”, así en singular, como si no hubiera existido ninguna otra en Vandalia (que dice don Fernando) no es sino la última de ellas. Este país ha sufrido una guerra civil desde Indíbil y Mandonio. Concretamente  las tres guerras civiles denominadas “carlistas” de 33-40; 46-49 y 72-76, más la denominada sublevación carlista u ortegada de 1860. Por tanto, todas estas carlistadas también fueron guerras civiles y bien cruentas, por cierto. Siento profundamente que el mariscal Zapatero, su fiscal guantanamero y el juez planetario no sean tan generosos con quienes sufrieron persecución, muerte y enajenaciones en aquellos años y vean remuneradas sus justas peticiones con los intereses que se hayan producido a lo largo de estos años. Mi familia política -está datado documentalmente- sufrió el expolio -robo, en román paladino- de una lujosa vajilla por las tropas napoleónicas a su paso por Tolosa (Guipúzcoa) y Zapatero -que yo sepa- no ha reclamado a monsieur Sarkozy o a su bella esposa la devolución de la misma en su última visita. Sirva este escrito como demanda firme y decidida para que el juez sin fronteras exhorte a les gabachuás a la devolución de tazas, platillos, teteras y jarritas diversas y, de ser posible se me envíen, con la correspondiente petición de disculpas, a esta vuestra casa. Digo yo, que si algún desnortado como el que pedía en la pancarta de la quedada a favor de Garzón “carta blanca para Garzón”, solicita la dimisión del Papa por no pedir disculpas por todo aquello que se les ocurra, debería apoyarme a mí en mis justas reivindicaciones contra el imperio francés. ¡Digo yo!
Pues decía, que se me va el santo al cielo, que Zapatero y sus históricos edecanes, no descubrieron sus cartas hasta que a través de uno de los múltiples Reales Decretos, única fórmula de gobierno a lo largo de estas dos aberrantes legislaturas, creó la Comisión Interministerial para el Estudio de la Situación de las Victimas de la Guerra Civil presidida por la hija del Delegado Provincial de Trabajo de Zaragoza, nombrado y laureado por Herr Franco, naturalmente. Con su Comisión Interministerial recién estrenada, Zapatero, ofrece barra libre a la santa compaña que, con los efluvios del botafumeiro laico con el que se acompañan, va extendiendo el odio y la revancha entre los españoles. El PSOE, Izquierda Unida y el coro de los grillos nacionalistas que miran a la luna se frotan las manos ante un PP cercado desde el Tinell. Finalmente, y en julio de 2007, don Mariano Rajoy Brey, líder de la oposición, el mismo que prometió derogar esta propuesta de Ley que calificó como “asunto incomprensible” si conseguía ganar las elecciones de 2008, voto favorablemente varios de sus artículos. Cerrado el circulo, las tropas de objetores, insumisos y antisistema ganan la “guerra cívica”. Cautiva y desarmada la Historia, los reescribidores de la misma han alcanzado sus últimos objetivos cívicos. La guerra ha empezado. La que ellos han escrito, ¡claro!.
Quiero finalizar contando un hecho verídico acerca de una de estas payasadas jaleadas desde la ignorancia. Un hombre que vivía junto a mi casa se casó con una señora cuya familia provenía de Guadalajara. La boda se produjo con la presencia exclusivamente de la madre de la contrayente y no así, del padre. Preguntamos por ello a nuestras madres y nos hicieron callar pues “era cosa de mayores”. Con el paso del tiempo supimos de la muerte del suegro de mi vecino en la cárcel. No fue posible acudir al entierro por lo que, nos explicó su hija, era la última muestra de odio de Franco contra su padre que era un preso de conciencia que llevaba toda la vida prisionero por el hecho de ser republicano. Crecimos en la seguridad del heroico ejemplo del pobre anciano preso. Tras la muerte del dictador y las leyes que se aprobaron posteriores, su hija decidió pedir la restauración del buen nombre de su padre, la desaparición de los antecedentes penales y la petición de una indemnización, como no podía ser menos. Llevó a cabo una ingente búsqueda de documentación; la petición de la sentencia del proceso y un sinfín de papeleo que muchas veces tornaba el animo de mi vecina en desesperación. Animada por todos sus amigos y por la recuperación del buen nombre de su padre siguió adelante y, finalmente, recibió la transcripción del juicio sumarísimo que se le había aplicado en Madrid, nada más terminar la guerra. Tras leer el mismo un llanto de desesperación sacudió a la pobre mujer. Dejó caer el legajo donde se relataban los considerandos sin fuerza para terminar su lectura. Yo mismo leí, en voz alta, la sentencia. En ella se juzgaba y condenaba al padre de mi vecina por “haber sido sorprendido profanado tumbas en el cementerio de Madrid robando las joyas y dientes de oro a los muertos, así como otros objetos de valor”. No podíamos dar crédito a lo que leímos. Tras dos decenas de años de tener como un héroe a su padre, nuestra vecina -y todos nosotros- nos enteramos de aquello que, en buena hora, podríamos habernos ahorrado. Esta es tan solo una historia de la Historia. Sin manipulaciones; tal cual sucedió. Ahora, quien quiera, que desentierre la suya. Historias debe de haber para todos los gustos. Tan solo falta saber si, en buena ley de Dios, merecía la pena descubrirlo.

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5 Respuestas a “Una historia de la Historia

  1. Jose Maria

    De nuevo se supera Ud D. Angel y estupendamente documentada toda la argumentacion.
    Es buenisimo la anecdota final y sirve para ver que muchas veces es mejor no desenterrar los muertos.
    Y si no desenterremos los antecedentes con la dictadura tambien del Fiscal General, del Fiscal Villarejo etc tec y de sus servicios a la causa.
    ?porque no dejaremos que las cosas vayan como iban?

  2. Mikel Buesa

    Joder, lo de la profanación de tumbas sí que es fuerte. Toda la vida pensando que era un represaliado y resulta que lo que era es un ladrón. Y de tumbas, nada menos. Seguro que no creia que las ánimas acaban vengándose, pero ya se ve que estaba equivocado.

  3. Un relato excelentemente contado. Pero, ya ves, a mí me ha enternecido el final. Pobre hombre, en vez de robar gallinas o de irse al INEM, trataba de susbistir profanando tumbas. Quién sabe lo que había tras de ese hombre, qué penurias, qué desazón para llevar algo a su casa en tiempos de miseria…

  4. Juan Perán

    Brillantísimo artículo Ángel. Te felicito por lo magníficamente bien documentado que está con todo lujo de detalle. Los pijiprogres estos que están instalados en el poder y que sufrimos cada día más, están planteando de una manera la cuestión, que parece que aquí no se ha reconocido o reparado absolutamente a nadie. Están situados mentalmente en el minuto siguiente a la muerte del dictador y con una conexión mental directa con el Frente Popular. Actúan como si no si no hubiesen pasado los 70 años repletos de cosas desde 1936. Para ellos ahora no existe ni Transición, ni reforma legal, ni referendum para la reforma legal, ni Ley de Amnistía, ni Cortes constituyentes, ni Constitución ni nada. Están en el revanchismo y en el odio identificando al PP con Franco. Lamentable. Estamos en manos de unos necios.

  5. Carlos Novillo

    Muy clarificador, Ángel.

    Pero convendría separar las acciones de nuestro afamado juez de las historias particulares, algunas tremendas y por los dos bandos, del último siglo. La memoria histórica siempre está bien y permite aprender de los errores pasados. Pero nunca pretendiendo con ello cobrar cuentas a nadie a estas alturas.