El schotis de Doña Municipalidad y El Caballero de Gracia

 

Así nos hemos de ver

(Con todo cariño para Aurora Ferrer y Pablo. Ánimo, campeón)

Que doña Esperanza Fuencisla, también conocida como doña Esperanza Aguirre, y don Alberto Ruiz, también conocido como Gallardón, son gallos de distinta raza en un mismo corral no llama la atención a nadie a estas alturas. Que don Mariano Rajoy, máximo responsable -o no- de su partido pretenda llevar el timón de España cuando no es capaz de poner orden en el gallinero madrileño sí que llama la atención, eso es verdad.

En Madrid -de viejo- las disputas entre políticos han servido para alimentar las más variadas polémicas y animar todo tipo de tertulias. Este guirigay político alimentó sectores tan alejados como la música y el teatro. De este run-run político se alimentaron publicaciones inteligentemente audaces, y de humor gráfico. Como anécdota aquel político que afeaba a otro su comportamiento y que le espetó en las Cortes: “Qué se puede esperar de un señor que usa calzoncillos morados” y el aludido le respondió: “Dígale a su señora que no sea tan indiscreta”.

Efectivamente, quienes sean aficionados a la zarzuela recordarán la Revista madrileña cómico-lírica titulada “La Gran Vía” en un acto y cinco cuadros. Texto de Felipe Pérez González. Música de Federico Chueca y Joaquín Valverde Durán, que se estrenó el 2 de julio de 1886, en el Teatro Felipe, de Madrid con un más que considerable éxito.

En el texto, las calles y plazas de Madrid se dan cita en los salones de Doña Municipalidad para asistir al nacimiento de la Gran Vía, de cuyo nacimiento ahora se cumple el primer siglo. Por este sainete municipal pasan El Caballero de Gracia, las calles y barrios de Madrid y hasta un coro de rateros que entran y salen de la cárcel cuando les viene en gana. Vamos, un retrato perfecto de nuestra ciudad en la actualidad.

El caso es que para celebrar el centenario de la Gran Vía, a doña Esperanza Fuencisla, (doña Municipalidad), se le ha puesto farruco el Caballero de Gracia (don Gallardón) por un quítame allá esas casetas en la Puerta del Sol. Dos pequeños cubículos donde se vende tabaco y lotería. El caso es que doña Municipalidad pretende quitarlos de su ubicación frente a la Real Casa de Correos al grito de “correos de mi real casa”. El caso es que doña Esperanza Fuencisla no los considera estéticamente convenientes para tan singular espacio. Pero El Caballero de Gracia -que maldita sea la que tiene, claro-, don Gallardón dice que doña Municipalidad no tiene competencias para decidir sobre cuestiones de estética y de mobiliario urbano.

Esta discusión no es sino una mareada de perdiz sobre el verdadero quid de la cuestión, que no es otro que la lucha por el poder en el teatrillo madrileño. No seré yo quien me meta en luchas intestinas y más o menos familiares pero sí quiero desde aquí preguntar ¿quién coño es el responsable, finalmente, de estética y de mobiliario urbano?. Y quiero saberlo para acordarme de sus muertos, en el mejor sentido de la palabra, claro.

Porque me gustaría saber qué competencia tenía el listo al que se le ocurrió llenar Madrid de carromatos cutrelux de churrerías apestosas, aceitosas y contaminantes con su olor a freiduría de final de la guerra civil. Apestosas caravanas móviles con carteles de neón que dice en varios colorines “Churrería Yoli”. Una mierda de badulaque que no serían capaz de retratar ni el propio Almodovar o el mismísimo Torrente. Un apestoso chiringuito que nos retrotrae, sin remedio, a aquellos aguaduchos de los cincuenta del pasado siglo, donde las gallinejas, los entresijos y los zarajos aceitosos se mezclaban con los porrones de vino o de cerveza con limón.

El más significativo de estos casposos tenderetes lo podéis disfrutar frente a los juzgados, en la Plaza de Castilla. A la sombra del pene erecto de Caja Madrid que algún preclaro guerniqués bautizó acertadamente como “El cipote de Gallardón”. Junto a este obelisco de Calatrava; las torres inclinadas de Kio, también llamadas Puerta Europa y el ski line (aquí hay cursilería para dar y tomar) o conjunto de rascacielos de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.

Ej que Madriz y yo semos así, señá Espe.

¡Naturaca, Gallardín!

¡Chulo!

¡Guapa!

Dale al manubrio, organillero.

Anda vas, con mantón de Maniiiiiiiiila. Ande vas, con vestido chineeeeeeeé. A lucirme y a ver la verbenaaaaaaaaaaa y los toros de Carabanchel.

La madre que los parió… a ellos y a los churreros.

Anuncios

5 Respuestas a “El schotis de Doña Municipalidad y El Caballero de Gracia

  1. Pues sí, en efecto, la churrería de marras la veo cada dos por tres al pasar por el lateral de la castellana. Claro que, ahora, distrae más el cipote de Gallardón, bautizado así por un guerniqués que tú y yo conocemos (yo antes que tú). Y la cosa es que ya no se sabe qué queda por meter en la plaza de Castilla, porque entre el cipote, el intercambiador, el túnel, la churrería y el marginado monumento a Calvo Sotelo ya no cabe casi nada. Un huequito queda y, por eso, en navidades y casi hasta febrero metieron un pseudo-árbol-de-navidad con lucecitas y demás. Estuvo delante del monumento a Calvo Sotelo, por el que sospecho no tiene ningún aprecio don Gallardón. Pero recuérdense sus servicios al Estado: el Estauto Municipal, su paso por el Ministerio de Hacienda y la imposición diercta, la creación del monopolio de petróleos y la Campsa, la banca pública (antecedente del ICO).
    Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Calvo_Sotelo

  2. Muchas gracias Ángelote…. te queremos un montón.

    🙂 un beso fuerte y otro de parte de nuestro campeón 😉

  3. Jose Maria

    En primer lugar yo me sumo tambien al animo a Aurora y al campeon.
    Yo tambien conozco al guerniques del cipote de Gallardon jajajaja.
    Lo de Doña Espe y D. Gallardo seria gracioso si no fuese triste, menos mal que hasta ahora la sangre no ha llegado al rio y como dice una periodico que ha colgado nuestro amigo plazamoyua en su blog Madrid ya adelanta a Cataluña en su PIB. Y es que en esta ciudad (quitando las peleas de Esperanza y Gallardon la gente normalmente se deja de tonterias y va al grano.

  4. Es que el horror vacui se apoderó de todos los alcaldes sin distinción de ideología durante la época de la fiebre del ladrillo y así en mi pueblo se construyó al ritmo de los años del desarrollismo de finales de los cincuenta y la década de los sesenta del pasado siglo, cosa que durante el período democrático precedente no estaba permitido por consideraciones mediambientales y de patrimonio histórico-artístico. Se han saltado por el arco de triunfo el hecho de que es la villa más antigua de la actual Vizcaya y que el interés paisajístico y urbanístico desaconsejaba semejante jauría de ladrillo y hormigón. Pero no conforme con ello al alcalde le parecía muy de última Hi Tec lo de peatonalizar las calles así al estilo de Gasteiz, ya ven casi casi con el mismo espacio tratándose de una pequeña villa medieval en medio de un valle, pues había que peatonalizar las calles. Pero es que al tener el señor edad de procrear y hacerlo el escaso espacio restante lo ha llenado de parquecitos o columpios destroza piernas de niños en cada esquina. Lo último ha sido una especie de castillo de blancanieves enorme que ofende el buen gusto. ¿Sólo los madrileños tienen motivos para quejarse?. Pues yo siento claustrofobia sólo de pensar que tengo que salir a la calle. Eso por no aludir a que estos días pasados hemos tenido las calles llenas de periodistas porque se ha hecho noticia dado que en uno de esos pisos robados a los espacios verdes se ha empadronado el hacker más buscado de los últimos tiempos. Pero ¿tengo que envidiarles yo algo a los madrileños en eso del “horror vacui” con escaso gusto del regidor madrileño?. Pues va a ser que no. Además no dejen de reconocer que Ruiz Gallardón tiene un toque más urbano y cosmopolita que Alvarez del Manzano. Aunque sólo sea por esa renovación tampoco están ustedes tan mal.

  5. Pues no creas, Maleni. Tampoco existe tanta diferencia entre Gallardón y Álvarez del Manzano. Ambos eran el exponente de la gente de su especie: el uno el-trepa-que-va-de-moderno-pijo-sin-ofender y el otro de retrechero-chulapo-cutrelux. Tanto uno como el otro tenían una red clientelar dentro del Ayuntamiento.