¿Miedo?

 

El bestiario de Mordor

He leído en Plaza Moyúa los comentarios de numerosos compañeros en el desencanto analizando la declaración de un bípedo sospechoso en El País acerca de quienes hemos abandonado la infecta cloaca magenta. Bueno, que diría don Dimas, nada nuevo bajo el sol. Es el estribillo de una canción escrita por quienes mueven sus hilos de las marionetas fucsias. Es el resultado del miedo. Sí, el miedo. ¿Miedo a qué?, preguntáis. ¿Habéis visto la cara de los palmeros que acompañan al Google King en el video conferencia: “UPyD, tu modelo de partido” colgado de la tapia del solar magenta?. Vedlo y analizad el rostro de los lolailos; vedlo y comprobad cómo se han marchitado las flores que reciben el aliento del oráculo. A mí, que soy de natural intrépido, me rilaban las canillas al oírlo. No digo más.

El caso es que, pensaba mientras leía los post de Plaza, aún les produce pavor quienes apoquinaban una pasta; curraban de balde; les sacaban las castañas del fuego y les prestaban el apoyo preciso a su inanidad intelectual. Si no tuvieran miedo ¿por qué no dar puente de plata a quienes se marchan? ¿Por qué tienen que pasarse media vida justificando la marcha de los herejes? ¿Por qué deben mantener la insostenible coartada de la búsqueda de unos cargos que, finalmente, sólo ellos poseen?.

Os presento un texto. Es una adaptación libre a un pequeño cuento de Lord Dunsany, dramaturgo y novelista anglo-irlandés que analiza la profunda decepción de un mundo atroz surgido tras el engaño. Espero que lo disfrutéis.

Escuché decir que, muy lejos de aquí, en un despreciable lugar del desierto de la Regeneración, y en un país dedicado a invernar, están todos los herejes que han muerto. Y hay cierto valle que los encierra y los oculta, según el rumor, del nuevo orden surgido de la Nada, pero no de la vista de la luna ni de aquellos que los sueñan.
Entonces dije: iré desde aquí por los senderos del sueño y llegaré a ese valle y entraré con luto por los buenos compañeros que han muerto. Tomaré una corona, una corona funeraria, y la pondré a sus pies como signo de mi pena por sus destinos.
Y cuando busqué entre las flores, entre las flores para mi corona funeraria, el lirio me pareció demasiado grande y el laurel me pareció muy solemne, y no encontré nada lo bastante delicado ni valioso como para entregar como ofrenda a los herejes que habían muerto Pensé en la rosa pero se revolvieron los augures del valle. Y al final hice una delgada corona de margaritas, de la forma que ya había visto hacer, para uno de aquellos afiliados que había sido defenestrado.
Esto, -dije-, es menos sutil o valioso que cualquiera de aquellos olvidados críticos. Entonces tomé con mi mano la corona y fui hacia allí. Y cuando llegué por las rutas del misterio a esa pútrida
 tierra, donde estaba el valle nombrado en el rumor, busqué entre la hierba agostada aquellos pobres heréticos para los que yo había traído mi dolor y mi corona. Y cuando vi que no había nada en la hierba, dije: el Tiempo los ha quebrado y barrido y no ha dejado ningún resto perceptible.
Pero mirando hacia arriba, al resplandor de la luna, repentinamente vi al Coloso sentado, elevándose y borrando las estrellas y cubriendo la noche con negrura; y a los pies de ese ídolo vi supuestos reyes que rezaban y hacían reverencias y los comités políticos y de dirección y todos los CEL y todos los CEP y todos sus dioses territoriales hacían reverencias al ídolo. Ni el humo del incienso ni la combustión de sacrificios de sus críticos alcanzaban sus colosales cabezas, estaban ahí para no ser alcanzados, para no ser derribados, para no ser despojados.
-¿Quienes son?- interrogué
Alguien respondió: “solo los inmortales del ídolo.”
Y yo dije con tristeza: no vine a ver dioses pavorosos, sino que vine a verter mis lágrimas a los pies de ciertos pequeños disidentes que están muertos y que jamás volverán.
Y Él me respondió: Aquí ya no hay disidentes; estos son los inmortales; quienes no hacen crítica, quienes no cuestionan, quienes obedecen, estos son los elegidos. Ellos modelaron sus comités y sus territoriales; todos son dioses fieles de la tierra coronados por Ellos, todos fueron creados por Ellos; todos los hechos y eventos fluyen desde sus pies como un río, los mundos son piedras que Ellos han arrojado al aire, y el Tiempo y todas sus centurias postradas detrás con crestas doblegadas en símbolo de vasallaje a Sus potentes pies.
Cuando escuché esto, dí media vuelta con mi corona, y volví a mi propio y confortable hogar en el Valle de Babia.

Anuncios

6 Respuestas a “¿Miedo?

  1. Mikel Buesa

    Magnífico relato. En el Valle de Babia hay libertad para opinar lo que a uno le venga en gana sin necesidad de estar adulando a nadie, sin el temor a que los espías de Allo te monten un auto sacramental oficiado por el Adonis ideológico y la sacerdotisa magenta. No me extraña, por ello que vuelvas después de ese periplo tan desagradable por las tinieblas rosiles.

  2. Alex Fuentetaja

    Oiga don Ángel, el de la foto me recuerda a alguien que conocí en ese partido con nombre de diputada.

    • Mikel Buesa

      ¿Era un catalán afincado en Madrid con empleo en Guadalajara?

  3. Jose Maria

    Gracis Angel, por este relato y tambien por tu descripcion de porque en la galera no dejan ya de meterse con los herejes y tu contestacion de que es por que tienen miedo.
    Pues efectivamente tienen que tenerlo porque estan faltando a la verdad, montondo un tixiringuito infecto y encima se permiten insultar y meterse con tantos y tantos que ayudamos lo que pudimos.
    Por cierto ?cuantas horas echastes tu y tuconsorte boicoteadora rellenando sobres para mejor gloria del Sr Diputado? ?recuerdas las fotos de los ultimos sobres? ?y las felicitaciones por sms de los jefes de la galera? Entonces no ereamos boicoteadores.
    Tiene bemoles el asunto
    Un abrazo fuerte y gracis por tus escritos.
    Jose Maria

  4. Pato Carlo

    Hoy el diputadito no anda por este blog, ¿ande andará? El otro día me contaba un familiar que al niño, que tiene año y medio, cuando hace algo mal en la guardería la profesora le manda al rincón “a pensar” y que el otro día se puso a romper cosas en casa y él solo cogió y se fue a un esquina. Silencioso y quieto. Su padre le preguntó qué hacía y respondió que estaba pensando. El diputado quizá esté reflexionando, si es que tiene capacidad para ello que lo dudo.

  5. Diputadito

    Tiene uno unas pequeñas vacaciones parlamentarias y le estáis agobiando. Aquí estoy de toda estancia, chincha. Y me parece que no he quedado nada mal en la foto.