EL OBISPO TRIGALES Y EL CONDADO DE AMPURIAS

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El obispo Trigales quiere prohibir el Camino de Santiago. El Obispo Trigales piensa, y quizás en esto tenga razón, que el hombre, en su deambular entre Roncesvalles y el Monte del Gozo, conoce y acaba cayendo en todos y cada uno de los siete pecados capitales. A saber: la lujuria, la pereza, la gula, la ira, la envidia, la avaricia y la soberbia. El Obispo Trigales sintió la llamada de la Fe de forma tardía. Cuando colgó la puya y las riendas mudó el castoreño por el bonete. El Obispo Trigales fue, antes de tonsurar su pía cabeza, picador de la cuadrilla de Chato de la Algaba, matador de reses bravas pero no figura en el Cossio porque este compendio no admite toreros dimisionarios. El Obispo Trigales era pelirrojo lo que, bien mirado, no es corriente y común; como tampoco lo es un cura, o un torero, con bigote.
El obispo Trigales cree, como la Biblia, que los ángeles son seres sin sexo. Pero a veces duda cuando piensa que Satanás, que también era un ángel, aunque zascandil y marchoso, resultó tener un sexo negro y generoso, como el de un mandinga. Un sexo del que abusar, de forma excesiva, incluso para un demonio. Al obispo Trigales, cuando le asaltan estas dudas quisiera caparse, pero no en una clínica de esas que te cambian el sexo, no; que eso es pecado. El obispo Trigales, el día que tenga desconfianzas o vacilaciones, se capará a pelo, sin más anestesia que un buen trago de anís de Machaquito y con un casco de sidra El Gaitero, que son las mejores del mundo entero, según reza en su publicidad.
¿Será pecado –se pregunta- decir reza cuando se habla de sidra?
El obispo Trigales leía todas las tardes, después de una siesta reconfortante, el Discours de la servitude volontaire ou le Contr’un del bordolés Étienne de la Boétie.
¡Qué cabrones estos franceses!, decía, como afinan. Qué forma de plantear, en una requisitoria tan corta como directa, su rechazo al absolutismo.
¿Usted cree, señor obispo, que los franceses son más católicos que los portugueses?
Pues yo creo que sí, dijo el obispo Trigales. Tenga usted en cuenta que fue un francés, el fraile Odilón, cuarto abad de Cluny, quien instituye el día 2 de noviembre como el Día de los Difuntos.
¡No me diga!
Pues sí le digo. Este Odilón fue el segundo conde de Gerona…
¿Incluyendo los pagus de Besalú y Ampurias?
Pues sí señor, pero no los de Rosas ni los de La Escala, que se dedicaron al turismo y la anchoa en salmuera, respectivamente.
Siga, siga…
Pues a lo que iba, que el Odilón fue elegido conde de Gerona, en nombre del emperador Carlomagno, por Luis el Piadoso, que era rey de Aquitania tras heredarla del conde Rostan, y una vez mangada a los carolingios. El Odilón, aunque esto no está claro, debía ser godo y no catalán, pues gastaba pasta a manos llenas en voyages y turismo. En 812 fueron, diversos condes de Septimania y Gothia, hasta Aquisgrán en un viaje organizado por Le Coupe Anglais, solo para singles…
¿Pero eran tralarás el Odilón y sus cuates…?
No, hombre. Tralará no, es que eran solteros y medio curas. Y no es costumbre, entre gentes de negro, ir acompañados más que de sobrinas y aún de asistentas viejas y contrahechas.
¡Ah, claro! Siga, siga…
Pues, le decía, fueron como oyentes a un juicio interpuesto por unos terratenientes hispanos: el Marius Condalis, la duquesa de Albacete, Samy Flowers y otros que se quejaban de no tener suficientes ayudas de Europa y de pagar tributos excesivos.
El Carlomagno les emplazó a unos años después, les dijo, que se iba a llevar a cabo una Política Agraria Común, a la que llamaría la PAC, y que más pronto que tarde, arreglaría lo de las ayudas. El Carlomagno era un hacha prometiendo. La pena es que con las fechas era un desastre.
El pagus de Ampurias se separó, un 9 de noviembre, del condado de Gerona, después de hacer un simulacro de referéndum donde, los gobiernos de las aldeas, sacaron talegos a la calle y los aldeanos introducían en el dicho talego la papeleta aprobando, o no, la independencia del pagus. El resultado es que la monja que el rey de Hispania puso al frente de la consulta Sor Aya Sáenz de Santa María, madre de Dios, nombró un conde privado llamado Arturet Mas Caró.
¿Como el del brandy?
El mismo
¿Y qué pasó con los seguidores de Carlomagno?
Pues se marcharon a Andorra y Suiza, según las conveniencias de cada cual.
Oiga, don Dimas… ¿Esto se lo está usted inventando, verdad?
Pues no. Ponga usted en el buscador el nombre de Odilón y lo verá… El resto, como no le interesa a la sociedad civil saber la verdad, pues ya sabe…

LA VERDADERA HISTORIA DE ERASMO DE ROTTERDAM. REFORMAS A DOMICILIO

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Al amanecer del día 28 de octubre de 1467, mientras en Galicia se montaba el pollo de la Gran Guerra Irmandiña, en la triste y fría Rotterdam, al abrigo del río Mosa y muy cerca de la ciudad de La Haiga…
Será La Haya, ¿no le parece?
Pues igual sí, ya sabe usted que entonces el castellano no era como el de ahora. El caso es que, como le decía, al abrigo de las frías aguas del Mosa nació, berreando como un choto, el Erasmo, que en la parla del lugar se llamó Geert Geertsen
Oiga, pues a mí me gustaba más Erasmo
¡Toma, y a él! Lo malo es que, como no se ponían de acuerdo le llamaron, en latín, Desiderius Erasmus Rotterodamus, que eso sí que es una putada.
Ya lo creo. Pero siga, siga…
El caso es que el Erasmo, o sea, el Desiderius, como le iba lo de Flandes va y le dio por el flamenco.
Pero… ¿el cante y eso?
¡Anda y yo que sé! Yo le digo lo que pone la Wikipedia.
Bueno, pues siga usted
Pues le dio por el flamenco pero, claro, en toda Rotterdam y en los alrededores no había mucha gente que supiera lo que era una siguiriya, una soleá o una farruca y el pobre, pues se tuvo que poner a estudiar. Le dio por la filosofía y la teología, que es como la filosofía pero en plan cura y todo eso. El caso es que Gerrit Gerritszoon, o sea, Gerardo hijo de Gerardo…
Pero este Gerardo ¿quién es?. Me está usted haciendo un lío…
Pues el Erasmo, o sea el Desiderius, al que también llamaban Gerardo. El Erasmo, decía, se lió a escribir Adagios. O sea, refranes y moralejas…
¡Anda…! Pues va a ser este el sabio que era amigo de mi padre.
¿Pero qué dice usted, don Dimas? ¿Qué sabio ni qué niño muerto?
Pues yo siempre pensé que mi padre tenía un amigo, que se llamaba Refrán, porque mi padre siempre decía: ¡Como dice el refrán…! Y yo pensaba que el tal refrán era un amigo sabio que siempre tenía una sentencia que poner.
Joe, menos mal que luego soy yo el que chochea…
Los adagios y las moralejas eran, en definitiva, letras que luego los flamencos y los autores, ya sabe: León, Quiroga y Quintero ponían a las coplas.
¡Anda…!
Si, si… Verá usted:

Yo tiré un limón por alto
y en tu puerta se paró.
Hasta los limones saben
que nos queremos los dos

¿Y?
Pues nada, que luego, la churri del adagio iba y le cantaba al menda:

Yo tiré un limón por alto
por ver si coloreaba
subió verde y bajo verde
nuestro querer no se acaba.

Entonces casi como Valderrama y Dolores Abril ¿no?
Pues sí, pero en holandés de Venecia.
El caso es que, desde allí, se marchó a Italia y luego a Suiza
A llevar dinero, claro
No que este no era político, ni concejal, ni empresario, ni tan siquiera sindicalista. Fue a Suiza a escribir unas tarantas de Berna que es un palo muy difícil del flamenco.
¿Y en Italia?
Pues en Italia, vamos, en Venecia, conoció a Giovanni Antonio Canal, al que llamaban Canaleto, que era un pintor de góndolas. El tal Canaleto tuvo suerte de no llamarse Tinto, pues le hubieran llamado Tintoretto, que también fue pintor y veneciano pero al que llamaban Il Furioso. Este Canal, que tenía mejor carácter, también mudó el nombre (se conoce que era moda en aquellas épocas) y se llamó Antonio Canales, quien tuvo un hijo con la hija de Erasmo de Rotterdam, la Radegundis, que acabó en el cuadro de bailaoras del Café de Chinitas. Pues bien, la Rotterdam y el Canaletto tuvieron luego un nieto, también llamado Antonio Canales, que en realidad se llamó Antonio Gómez de los Reyes, que fue primer bailaor y que sucedió a Antonio el bailarín y a Antonio Gades…
Oiga, ¿es que para bailar flamenco hay que llamarse Antonio?
Pues no; realmente no. Pero siempre ayuda.
El caso es que el nieto del Canaletto y la Rotterdam montó un espectáculo que tuvo mucho éxito, llamado Gitano.
¿Y los gitanos cree usted que vienen de Egipto, como dicen ellos?
Pues claro. ¿Ha visto usted faraón más faraón que el Antonio Gades, de perfil, y bailando la farruca en Los Tarantos?
Pues no, la verdad. Mismamente como la Nefertiti
Pues ahí lo tiene…
Bueno y ¿qué fue de don Erasmo, el de Rotterdam?
Ahora sale usted con esas… Pues ocurrió lo que tenía que ocurrir, que se lió con lo de la reforma pacífica y gradual de la sociedad y la Iglesia y, cuando quiso echar el freno se pasó de frenada, liando lo que hoy se conoce como La Reforma. Así, en mayúsculas, que impone más.
Pues se cogerían un cabrero por El Vaticano, ¿verdad?
Bueno, bueno… Con decirle que prohibieron sus obras en el Concilio de Trento.
¿El qué…?
No me diga que no sabe lo que fue el Concilio de Trento.
Pues no; pero llamándose el Concilio sería algo de conciliar o poner de acuerdo a unos con otros ¿no?
Ja… Con la Iglesia hemos topado. No, hombre; no. El Concilio de Trento tuvo una importancia fundamental en el paso del Medievo a la Edad Moderna. Fue una reunión de los principales cargos de la Iglesia que repercutirían, después, en toda la cristiandad.
Vamos, como una convención…
Dicho así, en plan vendedores de bidets y orinales, pues no lo parece, pero más o menos. Verá usted, lo convocó el papa Paulo III para responder a la Reforma protestante y para fijar el dogma católico tras la degradación y la crisis a la que había llegado la Iglesia católica en el siglo XVI.
¿Y quién ganó…?
Pues el de siempre…. El de blanco.
O sea, el Papa.
No hombre, no. El de blanco es el Real Madrid. El Madrid fichó a un italiano, llamado Carleto, que era de Milán, y ganó la décima al Aleti pasada la hora
¡Qué cabrones…! Lo que disfrutarían ustedes, ¿verdad?
¡Ya le digo! Pues tras eso, van y le meten tres al Barça…
Oiga, don Matías… A usted no se le estará yendo la cabeza ¿verdad?
Sí que se me está yendo, si; pero es por La Pechotes… ¡no te digo!

LA POMPADOUR Y OTRAS ALEGRES CHICAS

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Guillermo Clito, el hijo de Roberto II, se pasó la vida reclamando Normandía e Inglaterra. Se conoce que ni los normandos ni los ingleses sabían hablar francés. El apellido siempre le dio algo de vergüenza. Es que, ¿sabe usted? –solía aclarar- Clito es el equivalente al anglosajón Aetheling y al germánico Adelinus, que significa sangre real.
¡Ah!, claro, decía Isabel de Farnesio, ahora que usted lo dice. Pues fíjese que una, como es algo burra y poco dada a la heráldica, creía que Clito precedía a rex y pensé que usted se llamaba clitorex.
El Guillermo Clito se ponía como un tomate y como no sabía cómo disimular, de buenas a primeras gritaba:
Pi-pi-pi-pi… Gol en Las Gaunas. Informa boquillas Targa. Otras veces no, claro. Otras veces decía gol en Altabix informa Camisetas La Camerana.
Pues no crea, doña Isabel, que ese sucedido es, en realidad un chiste. A usted también le han puesto mote. Es que los iberos son muy motejadores y se pasan el día ideando chistes y otras puyas.
¿Ha dicho usted poyas?
No, no… -se turbaba nuevamente el pipiolo- He dicho puyas. Que son unas lanzas que se te clavan y te dejan el lomo como un acerico.
¿Y cómo me han puesto a mí?, si puede saberse, claro.
Pues la dicen doña Isabel, La Parmesana, como si fuera usted una pizza.
¡Ay que gracia! Estos españoles son unos cachondos.
¡Ya le digo, majestad! El Julio Alberoni, el cardenal, que era de todo menos pío la describió, a usted antes de llegar a Madrid como una buena muchacha, de veintidós años, feucha, insignificante y que se atiborraba de mantequilla y queso.
¡Será hijo de puta el cura!
Repórtese, majestad. Que usted es una real hembra. Perdón, quise decir una hembra real… Pi-pi-pi-pi… gol en la Creu Alta. Informa Camisas Ike.
Cállese ya, joven. O de lo contario tendré que llamar al Barón de Rais para que le siente a usted las costuras.
No, majestad. Con Montmorency no juegue usted que acojona lo suyo. Por cierto, ¿conoció usted a Gilles de Montmorency-Laval, el noble asesino en serie?
No habría de conocerle… Me lo presentó Juana de Arco en el castillo de Champtocé. Fue una tarde en que Barba Azul, que así le llamaba en toda la corte, se presentó ante los grandes linajes de la nación vestido como Tino Casal cantando Eloise. Aquello sí que fue un escándalo. La pobre Juana que era tan beata y tan meapilas no daba crédito. La Pompadour, a la que estaba retratando François Boucher, tumbada en un canapé y con el libro desmayado –se cuenta que era analfabeta y el libro estaba al revés en el cuadro- en el regazo. Pues La Pompadour, le decía, se echó para atrás y cayó de nalgas sobre un orinal que se vertió enterito sobre su vestido de color azul papagayo. ¡Mon Dieu!, la que se armó… Luis XV, que estaba coladito por ella y le había dado el marquesado de Pompadour y el de Ménars…
Anda que no sabía nada el rey ¿eh?
Y tanto
Y cómo es que le dio esos títulos.
Pues verá usted, don Guillermo. Al parecer la nueva marquesa tenía el culo prieto y duro y el rey, por hacer una gracieta, le concedió el título de Pompi Duro que, con el tiempo y el respeto preciso quedó en Pompadour y el de Ménars se lo dio cuando se montó un menaje con ella y con María Leszczynska, la hija del Ladislao de Polonia. De Ménage a trois se quedó en Ménars.

Es su alteza como el Larousse.
Muchas gracias, Guillermo
Las que usted tiene… pi-pi-pi-pi. Gol en el Carlos Tartiere. Informa Camisetas de manga Oceán.
Vamos, vamos… no se ponga usted así.
Pues a lo que íbamos. Resulta que al Gilles de Rais le nombraron mariscal y toda la pesca y como era el baranda de la Guerra de los 100 Años se fue quedando con los dientes de oro de los ingleses como justo botín.
¿Ha dicho usted Botín?
Sí, pero ha sido sin querer.
Está usted perdonada. Vaya acabando.
Al acabar la guerra los empeñó en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, donde había ido a rescatar al rey Francisco I que le habían calentado la oreja en la Batalla de Pavía. El Carlos V, al que gustaba el coñac y el pollo trufado, lo metió en la Torre de los Lujanes donde, encima, le obligaban a ver pasear a Álvarez del Manzano y al concejal Ángel Matanzo, con quienes jugaba al veo-veo.
Al pobre Francisco I le ponían todos los días los dientes largos los guisos que hacían en Casa Ciriaco. Que si gallina en pepitoria, que si cocido completo, que si los callos, que sin los calamares.
¡Esos calamares, cabrones…!, gritaba el rey preso (y nunca mejor dicho) de ira.
Siga, siga, majestad
Oiga, marrano, no se estará usted sobando ¿no?
Yo, señora… yo… pi-pi-pi-pi. Gol en La Condomina. Informa Reloj Potens.

ARQUÍMEDES, ALEJANDRO Y OTRAS BAJAS PASIONES

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Y Alejandro Magno se cabreó como una mona. Pegó un portazo que hizo temblar el faro de Alejandría. Yo hubiera jurado que hasta fundió la bombilla. Su esposa, Roxana de Bactriana, también conocida como La Sapa, me lo confirmó. El portazo provocó que el haz de luz se corrigiera y, en lugar de alumbrar al Puerto del Buen Regreso lo hiciera al lago Mareotis, donde la gente no daba abasto a tomar Biodraminas. Dinócrates de Rodas, el arquitecto, al ver que los barcos comenzaban a navegar a la liguí puso su cabeza a funcionar.
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!, dijo Arquímedes, que era un auténtico coñazo.
A ver, Arquímedes, dijo el arquitecto. Deja en paz la puñetera palanca que vas a acabar tirando el friso y luego se me mosquea el jefe.
Plutarco, que llevaba años tomando notas para hacer una biografía de Alejandro, perdió los apuntes. Según se decía en Alejandría la reina Nefertiti, que era una titi con un cólico en el riñón de estribor de tres pares, se tomó una Efedrina porque tenía hecho mierda el sistema nervioso simpático. La Nefertiti, que era hija de un egipcio llamado Ay, y que tenía un divieso en la ingle que, al roce con la túnica, le daba unos pellizcos que para qué, llegó a faraón. Un faraón, como todo el mundo sabe, es un torero nacido en Camas, en la Hispalense Betis. Pues bien, el faraón se cambió el nombre para que sus seguidores no parecieran flamencos cuando le vitoreaban.
Ay, Ay, Ay… gritaba el pueblo. Y, claro, así no había quien los tomara en serio.
Pues bien el faraón, decía, se cambió el nombre por el de Tutankamon y se casó con una mujer llamada Tey quien no era, en realidad, la mamá de Nefertiti, sino una churri algo top model que tenía un tipazo, eso sí, pero echaba un tufo…
Lo del tufo debía ser cosa de la alimentación. La Nefertiti comía cocodrilos a la plancha. El cocodrilo, cuando se guisa en vino blanco, pierde toda la fuerza y el intenso olor de su carne, pero si se come a la plancha se endurece, como los cefalópodos que no han sido, previamente, congelados. De siempre, decía Mutnedymet, la hermana pequeña de Nefertiti, se ha sabido que la ingesta de cocodrilo crea mal olor a los labios superiores; también llamados belfos.
Jesús, decía Marco Antonio, ¡vaya cante que echa la Cleo por la atarjea!
Esto, traducido al romano actual quería decir que tenía alitosis.
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!, volvió a gritar Arquímedes.
Arquímedesssss, gritó el arquitecto, como andes tocando los cojones con la palanca te meto un meneo que se te van a quitar las ganas de andar apalancando las basas, los plintos y las escocías de los filetes y astrágalos. ¡Coño ya con la puñetera palanca…!
¡Pues hijo!, decía el Arquímedes. No te digo aquí el escaparatista, cómo se ha puesto. Pues ni que no hubiera en toda Alejandría más albañil que él.
El Dinócrates de Rodas no era griego, como muchos pensaban sino de La Roda, en La Mancha española, pasó a la Historia de la Humanidad como el creador de los Miguelitos, un dulce hecho de hojaldre y rellenos de crema pastelera. El Dinócrates, decía, le tenía algo de gato al pobre Arquímedes porque tenía el favor de Alejandro ya que este fue contratado por el padre de Alejandro, Filipo de Macedonia.
¿El de la fruta?
El mismo
¿Y usted sabe si Aristóteles y Filipo hacían migas?
¿Migas pastoriles, dice usted?
No, hombre. Que si eran amigos
¡Ah!, es que como ha dicho que era de La Mancha…
¡Huy, una barbaridad de amistad! Tenga usted en cuenta que el Aristóteles, antes de que le diera por lo de la vara y el punto de apoyo, cuando estaba en Estagira, su pueblo, hacía mucho turismo. Llego hasta la península de Calcídica, donde cogía cal para hacer pastillas que vendía, luego, a los dentistas de Macedonia. Se conoce que le echaban mucho azúcar a la fruta y las caries, ¡ya sabe usted…!
¡Qué me va usted a decir a mí!. Mire, mire… estas dos muelas se me cayeron un día que estaba cascando nueces en El Bierzo.
Pues a lo que iba. Resulta que, desde Macedonia, el Aristóteles se fue a Lesbos, donde conoció a los lesbianos y a sus mujeres las libanesas.
¿Pero las mujeres de Lesbos no eran lesbianas?
Claro, pero tampoco hay por qué señalar. ¿No le parece? El caso es que se marchó de Lesbos y recaló, en Bilbao. Allí dio nombre a un barrio, La Palanca, porque al parecer, quería mover el puente colgante apoyando un palo en la torre norte para llevarlo de Getxo a Santurtzi. Al no poder conseguirlo llenó el barrio de suripantas que le acompañaban desde Lesbos y aún de otros sitios menos sonoros pero sí tan conspicuos y alegres como Lesbos.
Al no poder mover el mundo, por no encontrar el apoyo preciso, se casó con Pythias, la sobrina de Hermias, con la que tuvo una hija a la que llamó Hermesetas…
¿Como las sacarinas?
Pues claro. ¿O quién cree usted que inventó la sacarina sino Aristóteles?
Anda, pues yo siempre creí que fue Natreen, un nubio negro que luego luchó, junto a Espartaco, en el circo Máximo.
¿De Máximo…. Qué Máximo?
Pues Dutti, el sastre. ¿Qué Máximo va a ser si no…?
Hombre, usted perdone. Es que uno se pierde con tanta fecha y tanto personaje.
Es que se me dispersa usted.
Siga, siga…
Pues eso, que una vez que Aristóteles se dio cuenta de que ya iba a ser imposible mover el mundo buscó un apoyo donde clavar su palanca.
¿Y lo encontró?
Naturalmente. Lo encontró una vez que le presentaron al pequeño Nicolás.
¿El pequeño Nicolás? ¿Pero ese no es del…?
No lo diga, no lo diga. Todo lo que rodea la pequeño Nicolás es secreto.
¿Y usted cree que conseguirá mover el mundo finalmente?
Yo creo que sí. Eso, claro, si es que no se entera Alejando Magno y tira por la calle de en medio. Este Alejandro tiene buen carácter, ahora que… como se mosquee la lía bien liada.
Pues vaya carácter ¿no?
Ya lo creo. Pero es que tenía fotofobia
¿Fotofobia?
Sí señor. Como lo oye. Se cabreaba con la luz y se cargó a todas las persianas.
¿Y a los persas?
También; el no hacía distingos.
Ahora que lo que le perdió fue su afán por dárselas de okupa. Una tarde, se metió de rondón en el palacio de Nabucodonosor II, de Babilonia y allí le dio un aire. Aire al que algunos quisieron ver como si fuera malaria; pero no. Fue una corriente traidora. Estaba tumbado en una chaise longe con la túnica a medio cerrar, enseñando cacha, mientras una babilonia le cantaba:
Ahí va, ahí va… Ay Babilionio que mareas… Y, ¡zas!, un viento traidor; una ráfaga de una puerta que permanecía abierta le cogió en el trapecio que le dejó la nuca como una tabla de lavar.
Rígido; muero rígido, dicen que dijo.
Alejandro, que ya prácticamente muerto, sólo atinó a decir: “Preveo un gran funeral en mi honor”. Y respondió la última pregunta unos minutos antes de morir:
¿Cuál es tu testamento? ¿A quién se lo dejas?
Al más digno.
En aquel momento una voz se oyó al final del pasillo…
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo…!
Arquímedes, coño, ¿quieres cerrar la puerta?, no ves que te has cargado al Magno
¿Al de La Toja?
Pero qué toja, ni que tojo… Al jefe, hombre. Al jefe.

NOVIEMBRE MES DE TEATRO

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Estamos llegando, como quien no quiere la cosa, al mágico y fúnebre mes de noviembre. Noviembre es un mes donde los escorpiones se ponen farrucos y envían ramitos de violetas a aquellas señoras que no tienen quien les escriba, como aquel coronel pelmazo del liquiliqui. Es mes de castañas y de mandarinas ácidas y aún algo verdes; mes de huesos de santo y de rosquillas borbonas -tontas y listas-. Noviembre es mes de difuntos; de tenorios y santas patronas madrileñas. Es mes de castas monjas que desconocían si el himeneo no sería darle un meneo al himen. Noviembre es un mes frío pero seco, un mes nebuloso que al mediodía solea las calles con un calor maternal, como el abrazo de una madre de gemelos o mellizos asturianos. Un mes que desnuda árboles y torna el verde festón de montes y jardines en rojos, cárdenos y dorados colores prenavideños. Noviembre es… noviembre, ¡qué coño….!
Pero este año, don Dimas, tampoco nos pondrán en el televisor el Tenorio, ¿verdad usted?
Puede usted darlo por seguro, don Matías. Don Juan es un personaje que está superado históricamente. Superado y eliminado, por esa nueva religión del feminismo, el armarismo y el buenismo. ¡Dónde va usted, con la que está cayendo!, a decirle a una tía, por muy monja y recatada que sea aquello de, ¿no es verdad, paloma mía, que estoy respirando amor?
Sí; la verdad es que suena un poco vintage.
Hoy, don Dimas, doña Inés de Ulloa sería una real señora. Una ex monja liberada, reivindicativa, independiente y sexualmente imaginativa que no conoce más misionero que el padre Usera y que, entre el 30 de octubre y la noche de difuntos se entretendría en poner cachondo a don Juan y a media guardia suiza mostrándose en posición de decúbito prono, la retambufa al aire sin importarle mucho que los muertos del cementerio, esos muertos tendidos boca arriba, como las mujeres decentes, se mofen hasta el escarnio del pobre Tenorio. Don Juan -¡el muy lila!- que pretendía burlarle a ella, doña Inés de Ulloa, haciendo uso de una rimas añejas, sexistas y discriminatorias para la nueva mujer española. Una rimas que, parece mentira, que fueran escritas por un autor que se llamaba Zorilla.
Don Juan, por estas calendas, tendría que actualizar sus versos y dejarse de este aura que vaga, llena, de los sencillos olores de las campesinas flores y rimar rapero como El Langui del Pan Bendito aunque, eso sí, con mejor dicción.
Las nalgas, Inés de Ulloa, los nacarados cancos de vuestro bullarengue, las tersas y aterciopeladas cachas del rulé, con que os obsequió Natura, los de vos paloma mía, son rebles, amor, rebles (aquí, seguramente, el actor se trabucará y dirá febles, en lugar de rebles, que es antónimo, y no sinónimo) que os hacen justa memoria y yo, pobre y necio pillo, me como un torrenillo en esta fría noria, en el Duero por Soria…
Sí; Inés de Ulloa tiene mucho que celebrar con la liberación de la mujer y, al paso, la condena al ostracismo helénico del matasiete zorrillesco. Inés de Ulloa tiene un himno de liberación; un himno que le cantó el gran bardo de las causas perdidas: el filipino don Luis Eduardo. La letra decía así:

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

T’as pasao, t’as pasao,
qué mosquito t’a picao.

Cómo quieres que me quede
con el lío que hay montao,
si me busca todo el mundo
por inverso y por drogao.
Si me quieres, vida mía,
piensa que me voy chalao
por tus huesos, por tus besos,
por tu acento de Bilbao.

T’as hartao, t’as cansao
no te gusta mi peinao.

Tus ricitos me fascinan,
nena, no te has enterao
de que el Lute es a mi lado
como un santo embalsamao.
Media CIA me persigue
desde Lourdes al Macao,
todo por tu lindo cuerpo
y por tu mágico cruzao.

Ven, amao, a mi lao,
te daré otro Cola-Cao.

No me digas esas cosas
que me pones encelao.
Ay, Inés, tú no me quieres,
que me quieres enterrao.
El amor es otra cosa,
esto tuyo es un pecao,
pero así es como me gustan
las cosas del bacalao.

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

Ten cuidao, Coraçao
que Lisboa es un cacao.
Coraçao, ten cuidado
no te corten el riau-riau.

Y es que, don Dimas, ese es el peligro para los Tenorios de hoy en día: que le corten a uno el riau-riau en pequeñas rodajas, como lonchas de mini babibel. Lo mejor, don Dimas, es volver a poner Verano Azul. Quién sabe, si en esta nueva reposición Chanquete ha crecido y ha llegado, por fin, a Boquerón.

Para ver el video, pulsar: https://www.youtube.com/watch?v=j9iB4nNgA84

LA MÚSICA, ESA COSA DIABÓLICA

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Yo no creo que la música sea una de las bellas artes. Es más, yo creo que la música,   en   su   origen,   fue   un  arte,  si  y  lo  sigue  siendo  en  su  raíz  popular -verbigratia- el pastor que, mientras vigila la rumia de sus ovejas toca, al vagaroso y etéreo aleteo de múltiples y coloristas mariposas, con deleite la ocarina, o la flauta de pan. Eso era música y no lo que se está haciendo desde que existen las radios, los tocadiscos, las SGAES. Eso no es más que un instrumento de tortura en manos de los gobiernos y de sus agentes diabólicos; los rusos y aún los norteamericanos.
La música se ha utilizado, desde siempre, para anular la psique del ignorante, del desocupado, del menos instruido. Los gobiernos utilizan agentes secretos que usted y que yo somos incapaces de descubrir. Por eso son secretos, claro… ¿De qué si no se han hecho millonarios José María Íñigo, o Joaquín Luqui, o Fernandisco o el propio Abellán?
Camareros, taxistas, locutores… menuda banda de hijos de puta. Uno entra a un bar. Se amorra en la barra y, como quien no quiere la cosa, grita hasta dejarse las anginas que quiere tomarse una caña y una tapa de chicharrones fritos. Cuando el camarero sordo –o con tapones en las orejas, ¡vaya usted a saber!-, le pone la caña, el cliente le dice: ¿podría usted bajar la música, por favor? El camarero, un argentino de Buenos Aires con pinta de psicólogo de perros a sabiendas que tiene detrás al FBI, a la CIA y al Francisco Paesa se pone chulo y contesta, cargando la suerte: está reservado el derecho de admisión, esteee cabashero si no le interesa, ¡largáte…! Oiga usted, contesta el cliente, que no hay ninguna otra persona en el bar y la música está altísima. Pero la estoy oshendo sho ¿sabés? Entonces el cliente, se la envaina, paga su caña sin haberla bebido y se marcha a respirar el aire contaminado y ruidoso de la Gran Vía.
¿Y los ecuatorianos? Tan pequeñitos, tan calladitos, tan uniformaditos. ¿Han visto ustedes alguna vez un ecuatoriano sin gorra de baseball. Yo creo que, con la alzada que tienen y esa uniformidad son, en realidad, cliks de famóbil. Le quitas la gorra al ecuatoriano y resulta que no tiene cabeza. Por eso no les hace daño el volumen de sus cascos. Porque esa es otra… ¿conocen ustedes a algún ecuatoriano que no lleve cascos? Para mí que, en una de estas, le quitas el tapón de la oreja y se desinflan. ¡Qué tíos!
Pues van todos en el metro con sus cascos, mirando como zombis al más allá y, del minúsculo espacio de entre sus orejas y los tapones o las cazoletas del casco llegan los alegres y bulliciosos sones de un ballenato, de un merengón, de una cumbia salsera ¿Qué le pasa al pequeño que no está moviendo la pelvis mientras escucha la música? Muy sencillo, está lobotomizado. Le han sustituido el oído medio (el martillo, el yunque, el estribo) por un hueso plástico de la casa Apple. Una  especie  de  iPAD  con  la  música  melosa, que no melódica de Gabi Espino –perdón, Juan, pero se llama así- y el top latino más sandunguero de Potosí. En lugar de membrana timpánica tiene el pellejo de un tambor de Calanda, y en lugar del estrato córneo una corteza de torrenillo. Sí, sí, señora mía… se dice torrenillo, aunque pierda usted todas las apuestas del mundo.
La música, ya lo dejé dicho al principio se hace para evitar que el hombre piense, para que no pueda concentrarse. Pongo otro ejemplo; un viaje en taxi por Madrid. El taxista, hombre reflexivo, demócrata-de-toda-la-vida, acostumbrado a complacer a sus clientes, lleva Radiolé a todo volumen.

Noches de bohemia y de ilusión
yo no me doy a la razón
tú como te olvidaste de eso.
Busco y no encuentro una explicación
solo la desilusión
de que falso fueron tus besos.

¿Usted sería capaz de ir memorizando, mientras los Navajitas Plateás van desgranando lo falso que fueron los besos de sus churris el desarrollo legislativo de la Seguridad Social? No, claro… Para eso se necesita tranquilidad, y no tener la radio puesta en un receptáculo como un taxi. Obsérvese que no se ha utilizado el ejemplo del taxi y Jiménez Losantos. No pretendía ser ventajista. Cuando uno escucha música está incapacitado para pensar a la vez. Esa es una verdad empírica. ¿Se imaginan ustedes a una persona leyendo a Immanuel Kant, no sé… la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, o cualquier otra cosa ligera y escuchar a la vez a Obús, o a Leño? Es que es de cajón, ¡vamos!
Ahora, que si lo que pretende Mariano…. -por cierto ¿dónde está Mariano?- decía que si lo que pretende Mariano es hacer un ejército de clones de Arias Cañete debe prohibir la música. Yo creo que Miguel Arias Cañete sacó adelante la carrera de Derecho, desde los Jesuitas de Chamartín, donde se comió, en tres años, más de quince mil bollycaos y dos arrobas de Panteras Rosas y no escuchó, jamás, la radio. Es la ventaja de masticar continuamente, que si lo haces no puedes llevas cascos en las orejas, porque te bailan y se te caen. Cañete, por ello, pudo llegar a Comisario de la cosa energética en Bruselas. A ver si vamos tomando ejemplo. Si tiene usted un hijo puede elegir: o que sea Arias Cañete, comisario europeo y cliente del año de Panrico o Frank Gonsales, rapero algo sordo y parado que se pasa el día con el chándal y la visera de lado en el banco del parque del barrio del Pan Bendito. Usted mismo. Pero luego no diga que no se le avisó…

HACER DEPORTE

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Oigan, qué manía tiene la gente con que uno haga deporte. No sé… A mí me recuerdan a los divorciados en su afán por dárselas de macho alfa. No sé como sigues casado, tío. Y con la misma, encima. No sé cómo no te aburres. Con lo que se liga de divorciado. Ayer, por ejemplo, estaba yo sacando un café de la máquina y va y me dice “Su café, gracias…” Oye, con un tono de calentorra y con una temperatura que para qué…
No sé si se han dado cuenta; no hay un divorciado que no ligue. No sé por qué hay tanta empresa de contactos anunciándose en la tele y tanto viaje para singles si se liga tanto. Debe de ser que les gusta pagar por pegar la hebra con otra u otro ligón.
¿Que haga deporte, decía usted? ¿Para qué…? ¿Para qué voy a hacer deporte yo, para quedarme como Maradona? ¡Ah, no…! Yo prefiero seguir con esta línea. Línea curva, sí señor, pero línea que no raya. Quite, quite… Además, el deporte no quema las calorías, no señor; a usted le han engañado. El deporte solo quema a quien lo practica. Y más pronto que tarde.
El deporte es lo que deberían hacer los divorciados en lugar de tanto ligar ya que, al estar solos, saben dónde está la ropa de hacer deporte. Yo dejo en mi casa la cinta de la cabeza. Ya saben, esa que es de tela de toalla, elástica y con dos listas, una roja y la otra azul. Pues la dejo en casa, digo y, cuando vuelvo a buscarla mi mujer la ha metido al cubo de la ropa sucia. Entre los calzoncillos, los calcetines usados y las toallas del bidet. ¿Cómo me voy a poner la cinta entonces? Porque yo como debe de ser, si no tengo cinta, no hago deporte. Así de claro. No voy yo a salir a correr sin el uniforme completo y en perfecto estado de revista. ¡Imagínese que me encuentro a una divorciada que quiere ligar…! El deporte, ya digo, no es para casados. Un soltero deja, después de correr, la camisa de tirillas, las mallas y los calcetines en el suelo y, a la tarde siguiente, ahí siguen; sin moverse ni un milímetro. Domadas. Tu ropa de correr, en cambio, no. Tu ropa de correr, según tu mujer, si la dejas en el suelo anda sola. Va a ser que solo huelen los casados. Pues la ropa, como decía, en la casa de los solteros está ahí, esperándole a uno. ¡Ya podrán los solteros…! Intente dejarla en el suelo siendo casado y verá si corre usted…
El deporte es para maniáticos ¿Ustedes saben por qué ponen los maratonianos el reloj en marcha cuando empieza la carrera. ¡Pero hombre!, si vas a pasar por cinco mil paradas de autobús durante los cuarenta y tantos kilómetros y todas tienen reloj y te dan la temperatura y todo. ¿Para qué coño quieren saber qué hora es? No será porque la mujer va a echar el arroz a la paella a una hora determinada; no, claro. No ven que son solteros. Si fueran casados no harían deporte. ¡Qué más da, hombre, la hora que sea!
Gimnasia de mantenimiento… ¿Pero qué coño es eso de la gimnasia de mantenimiento? Si yo me mantengo perfectamente, sin necesidad de gimnasia, con mi régimen de 15.000 calorías… ¿Y las zapatillas? Ahora vas, y te compras unas zapatillas en el Decathlon, te las calzas y ¡hala! a correr. Yo creo que te pones las zapatillas y te poseen. Te pones la primera zapatilla y parece que te ha dado el Parkinson. Taca-taca-taca, te temblequea el pie. Te calzas la segunda y te sigue medio Decathlón pensando que, en lugar de runing vas a hacer un simpa como si fuera una gasolinera…
¿Dónde tiene el freno?, preguntas a gritos mientras trotas como un percherón por pasillos y calles llenas de raquetas, balones y falditas de tenista.
Luego está lo del gimnasio. Antes los gimnasios anunciaban sus especialidades. Antes ibas al gimnasio Bruce, por ejemplo, que tenía un puño dibujado en señal de ataque y ya sabías que allí había taekwondo. Ahora no; ahora vas con tu chándal de rapero, con tu camiseta de Amanece que no es poco, que te ha vendido Gerardo, tus bambas y resulta que el taekwondo es taekjondo y que lo que se hace en él es bailar sevillanas. Y salsa y merengue. Vamos, que en vez de una tabla de gimnasia parece el menú del día… Ahora vas al gimnasio; el Hollygay, por ejemplo, y ya puedes tener cuidado con lo que anda pululando entre las mancuernas, que por cierto…. ¡mire que están frías las puñeteras! y las anillas. Que vas tú y te encuentras a un tío haciendo flexiones y le dices, oiga jefe, que la tía se marchó ayer. A ver si prestamos atención.
Luego pasas a la sauna. ¿Han visto ustedes cómo son las saunas? Parecen gallineros de ecologistas de esos que hace el rubio del programa de bricolaje del Argiñano. Y menudo calor que hace. Yo no sé como con la de inventores y científicos de I+D que hay en Suecia y en Finlandia y en Noruega no hayan inventado, todavía, las gafas con luneta térmica, como en los Seat Fura. Te metes y lo primero que dices es: Santa Lucía, devuélveme la vista y no vuelvo a comer fabada… Luego, claro, te das cuenta de que era el vaho y se te olvidan las promesas y te pones como un choto con el compango. La sauna es un coñazo todavía peor. Estás en canicas, cubierto con una toalla y, como te has recetado unas papas con bacalao, te ataca una sed que crees que se te va a dar la vuelta el cuerpo como si fueras un calcetín. No hay agua, ni una copa, ni un mal botellín; nada… Con el calor que hace podrían poner un rebujito, un tinto de verano, no sé… un porrón con cerveza y gaseosa. Algo que quite la sed y con su aperitivo. Pues nada; un cubo con agua con una zarza o un manojo de laurel, vaya usted a saber y, si se le ocurre a usted echar un trago, sabe a caldo gallego que tira de espaldas. Yo creo que hasta le ponen unto…
Yo, por mucho que me digan y por mucho que me insistan, prefiero el sofá. Cuando me tiro en el sofá me siento relajado. Me sube la autoestima y me siento como un consejero de Bankia con tarjeta negra VIP.
¿Y el deporte de riesgo? Que si el puenting, que si el nordic walking, que si el airsoft, que si el treeking… Lo primero que hay que hacer, para estar en forma, es aprender inglés. ¿Deporte de riesgo dice? Vaya usted una mañana a darse una vuelta por El Gallinero, en la Cañada Real de Madrid. Eso sí que es un deporte de riesgo. ¿Hacer deporte? ¿Para qué…? Para bajar de peso, para tener un perfil óptimo. El perfil, el perfi… Perfil el del facebook, que se puede falsear con la foto de otro. ¡No te digo…! Que yo soy un hombre y los hombres, aunque estemos en el paro estamos cansados, no estamos para gimnasias. Eso las señoras, que ahora tienen gimnasios solo para ellas. Es que, dicen, si son mixtos los tíos nos miran cuando ponemos posturitas… Estas no han escuchado a Gabriela Sabatini, que decía que se sentía menos observada cambiándose en el vestuario de los chicos que en el de las chicas.
Nosotros, los sorianos, tenemos el mayor número de personas centenarias de España y, posiblemente, de Europa. En mi pueblo, por ejemplo, hay varias personas cercanas a la centena de años. Siempre les pregunto cuántos kilómetros corrían cada día.
Ni uno, oiga, que yo siempre he sido muy normal.
¿Y qué régimen alimenticio llevaba usted?
Tocino. Mucho tocino, panceta, y vino. Varios litros al día.
¡Ah!, claro…. Todo muy sano.
Vamos, sanísimo. El marrano era de casa y el vino lo hacíamos nosotros en la bodega.
¿Y nunca se pusieron silicona, le pregunto a las centenarias, o botox?
Pues sí señor. A mí mi Restituto me la puso en el grifo del pilón del patio. Es que se salía ¿sabe usted? Y de botos nada, joven. Nosotros albarcas.
Nada, nada… Que no voy a hacer gimnasia. Que, como dice Mutriku, hay que estar bien para hacer gimnasia y no hacer gimnasia para estar bien.