LOS ESPÍAS DE OBAMA

OBAMALos políticos, los periodistas, los tertulianos de las radios y las televisiones, en fin, la gente que vive de darle al pico, entienda o no de lo que habla, debería tener mucho más cuidado con lo que dice y, sobre todo, con cómo lo dice. Los ciudadanos, la gente que no tiene una preparación adecuada como para entender lo que están diciendo los loritos reales a los medios, pueden tergiversar sus palabras y llegar a conclusiones que no son, de una forma literal y exacta, lo que ellos quieren, en realidad, decir.
Coño, don Dimas. Le ha quedado a usted muy bien este razonamiento. Casi hasta me ha convencido. Pero… ¿Qué carajo es lo que ha querido usted decir?
Pues he querido decir, exactamente, lo que he dicho.
Si; si ya le he oído. Lo que ocurre es que no sé muy bien, a qué se está usted refiriendo.
Pues me refiero a las noticias que, por una mala interpretación tienen encabronada a la gente. Por ejemplo; lo del documento de identidad de la infanta. ¿Usted cree que con las explicaciones tan rimbombantes de los notarios, los funcionarios de Hacienda y la prensa se ha enterado alguien de lo que ha pasado realmente?
Pues no; yo la verdad es que no me enteré bien. Sé, eso sí, que alguien ha metido la pata y le ha adjudicado a la señora de Urgamandil unas propiedades que, al parecer, no son suyas.

Manipuladas, ¡hombre de Dios; manipuladas! Resulta que la infanta, ante la proximidad de la onomástica de don Iñaki, quería regalarle la colección completa de Los Soprano y ¡zas!, no se le ocurre otra que meter la tarjeta y el deneí en Internet. No hizo más que hacerlo y enseguida los espías de Obama, que están por todas partes y que los llaman troyanos, se apoderan de él y se lían a comprar casas bajas por esos pueblos perdidos de Ciudad Real. A continuación llaman a Pedrojota y le largan el cuento y, al día siguiente, ahí tiene todo el mundo carnaza para criticar.

¡Joder! Vaya movida ¿no?
¡Ya le digo!
Entonces ¿usted cree que lo de los sobresuelos de los sindicatos…?
También. Todo arreglado por ellos. Mire, lo sé de muy buena tinta. Lo escuché esta mañana en la radio. Resulta que hubo una reunión entre los sindicatos empresariales, ya sabe usted, eso del Rosell y del camarero ese de los caterines, con un representante de Hacienda. Pues bien resulta que el de Hacienda les preguntó a los sindicatos que qué era eso de los sobresueldos y el sindicalista ese de la barba, el turista no; el otro, va y dice que no son sobresueldos que son indemnizaciones y van, los muy cabrones, y amañan la grabación y cambian lo dicho de que del asunto de los sobres en sueldos van a salir indemnes. Pues bien, van ellos y graban lo que ha salido en prensa; que no son sobresueldos sino indemnizaciones.
¡Fíjese!
Y tanto. Y al de la patronal le ha pasado lo mismo. El hombre fue y dijo que las funerarias tenían que ser más diligentes a la hora de enterrar a los familiares de los trabajadores. Pues bien, van los hombres de negro y ponen en su boca que a los entierros no se puede ir en diligencia, sino en los aviones de Díaz Ferrán.
¡Hay que tener mala leche?
¡Y tanto, don Dimas. Y tanto!
El caso es que, al terminar la reunión va y dicen los sindicalistas y los patronos que a alguien tendrían que hacerle responsable de aquellas manipulaciones. Los sindicalistas querían culpar a Mariano; pero el delegado de Hacienda, que ¡fíjese qué casualidad!, era del PP dice que no. Que Mariano lo está haciendo todo muy bien y pone como ejemplo la Eurocopa de Sub-21 que ha ganado España; y el partidazo de La Roja contra el Uruguay y lo de Nadal y lo de las amotos y todo eso y que, por tanto, a Mariano, en lo suyo, le va bien. Entonces se le ocurre culpar a Aznar, que dicen que está cabreado y quieren colarle lo de la Guerra de Irak y las armas de destrucción masiva.
No; no… dice el de Hacienda, el IVA dejarlo como está.
Entonces, en esas estamos. Que no sabemos por donde van a salir ahora. No me extrañaría nada que echaran las culpas de todo a Josemari
¿Y esto dice usted que lo escucha en una emisora de radio?
Pues sí señor. Es una emisora de un tal Marhuenda, que dice que siempre tiene la razón.
Entonces lo que hay que hacer es educar a los españoles. No le parece. Hacerles oír las cosas tal y como son, y no como las hacen aparecer los espías de Obama.
Claro. Eso es lo que dijo el de la CEOE. Que había que hacer cursos de cuching. Que se repartirían las subvenciones entre la patronal y los sindicatos y que la gente vaya aprendiendo para no tragarse todas estas manipulaciones.
Oiga, Don Dimas ¿y no es coaching, en lugar de cuching?
No; don Matías. Coaching es entrenar a alguien a desarrollar sus habilidades y el cuching, que viene de la voz, “cucha”, abreviatura de escucha y que es enseñar a escuchar, que es lo que les hace falta a los españoles.
¿Y usted cree que los del FBI tienen tanto poder?
¡Cómo que si tienen poder! ¿Ya no se acuerda usted de lo de la puerta del wáter?
¿El cualo?
¡Ah, claro! Que usted no sabe inglés. Watergate, que en español es la puerta del wáter. Lo que le hicieron a Anthony Hopkins
¿Pero eso no fue a Nixon?
¡Anda! ¿Y quién cree usted que era Nixon? Pues Anthnoy Hopkins. Así se puso el hombre; que les cogió tal manía que luego se quería comer a la agente Clarice, que era, si usted lo recuerda, Jodie Foster.
Es que, dirá usted lo que quiera, pero la Foster está para cenársela, como dice el Soria.
Y tanto, don Matías. Y tanto…

EL NUEVO CERCO A NUMANCIA

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Me insta el amigo José María Aldea, capitán de la tropa numantina, a relatar cómo y de qué manera, un grupo de personas comenzamos una lucha contra los intereses espurios (Del lat. spurĭus. 1. adj. Bastardo. Falso. Engañoso. Que degenera de su origen o naturaleza) que las administraciones –Junta de Castilla y León; ayuntamientos de Garray y Soria, diputación provincial, etc.- acometieron, de común acuerdo para intentar expoliar (Del lat. exspoliāre). 1. tr. Despojar con violencia o con iniquidad) los terrenos de una familia soriana, los Marichalar, y apropiarse de una zona común, el Soto de Garray, a decretazo limpio. Difícil reto, el que me plantea el capitán dado que, tras el gorriaranazo anterior al 20-N, los pocos afiliados de Soria salimos de aquel infecto lodazal haciendo fú, como el gato, y los recortes de prensa, que aún mantenía en mi propio domicilio, fueron, directamente, al contenedor de papel para reciclar. Fío, pues, a mi memoria, los datos y aconteceres de aquellos días.
La historia, más o menos, la conocen todos. Los ayuntamientos de Soria y Garray, con el apoyo decidido de la Junta de Castilla y León dieron en alimentar la idea de crear una Ciudad del Medio Ambiente, allí donde ni hay ciudad, ni hay gentes que la habiten (porque todo el mundo huye del abandono institucional de esta plaga de mamandurrios) construyendo, sobre las ruinas de Numancia, la ciudad mártir de Numancia, un polígono industrial para una industria que tampoco existe. Un polígono que se mostraba inútil puesto que, justo enfrente, se encuentra el polígono de Valcorba, vacío y sin construir, por aquellas calendas, dado que no existen industrias que quiera radicarse en una zona sin ningún tipo de servicios. El polígono se construiría frente a un vertedero al aire libre –Vellosillo- y en una zona protegida (Lugar de Interés Comunitario “Riberas del Duero y Afluentes) Comisión Europea. Decisión de 19 de julio de 2001. De conformidad con la Directiva 92/43/CEE y cuyas normas subsidiarias calificaba de suelo rústico “especialmente protegido”. Fue inútil nuestra explicación que, de hacerlo en Vellosillo, se regeneraría, además, una zona perdida por la incuria, el abandono y la permisividad de quienes dirigían el cotarro soriano.
A pesar de ello, y conociendo la imposibilidad de llevar a cabo tamaño desafuero, las administraciones, en una toma de decisión “mafiosa” (3. F. Grupo organizado para tratar de defender sus intereses) deciden modificar las normas y calificar el suelo como “urbanizable”. Las principales organizaciones conservacionistas (Greenpeace, Ecologistas en Acción, Seo/Birdlife, Adena y ASDEN) se manifiestan contra el proyecto. La empresa Arquetipo, señala que el proyecto afectaría gravemente a siete Bienes de Interés Cultural: Numancia y el cerco romano de Garray, el casco histórico de Soria, la margen izquierda del Duero (la ballesta del Duero, que cantó Machado), el claustro de la iglesia de san Pedro, la iglesia y el claustro de San Juan de Duero (el Monte de las Ánimas de Gustavo Adolfo), y la muralla medieval. ¡Casi nada para la feria! Por si era poco el cachondeo, la promotora Montes de Torozo anuncia la construcción de 200 chalets sobre el campamento romano de Alto Real con la siguiente leyenda “con vistas a Numancia”. ¡Tócame la minga, Dominga! Estos chalets, más los de la mal llamada Ciudad del Medio Ambiente suman un total de ¡mil viviendas! configurando lo que dimos en llamar “El nuevo cerco a Numancia”.
La desigual pelea, como suele pasar siempre, tuvo sus héroes y sus villanos. Doña María Jesús Perex Agorreta, directora del Departamento de Historia Antigua de la UNED, llevó las riendas de la batalla desde Garray hasta la mismísima sede de la mamandurria europea: Bruselas. La familia Marichalar recuperó sus terrenos tras gastar una ingente cantidad de dinero en pleitos que ahora, harían muy bien (y nos volverían a tener a su lado), si reclamasen la indemnización preceptiva. Organizaciones como la Real Academia de la Historia, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Hispania Nostra, universidades de todo el mundo y miles y miles de firmas procedentes de ámbitos culturales de todo el mundo consiguieron parar la barbarie sobre Numancia. La crisis, esa bicha de siete cabezas, ha hecho lo mismo con la Ciudad del Medio Ambiente. Pero no así ocurrió con el Soto de Garray, definitivamente destrozado por una obra, ahora abandonada, que la Justicia, esa lenta maquinaria de funcionarios de lo políticamente correcto, no consiguió parar.
Los partidos políticos, los que firmaron aquel mafioso acuerdo y los que no lo firmaron, también entraron en batalla con todos sus medios y nuestros impuestos. Los periódicos sorianos firmaban, día sí y día también, columnas –quintas columnas- contra los “señoritos” de UPyD que estaban en contra del desarrollo de Soria. Sin preguntarse, siquiera, si habían puesto ese mismo altavoz para denunciar quién o quiénes eran los responsables de ese abandono secular. La señora vicepresidenta de la Junta no se cortó un pelo a la hora de declarar, en primera página del Heraldo de Soria, que iba a proponer meter en la cárcel a los firmantes de la petición al Defensor del Común castellano-leonés de la paralización de las obras. ¿El motivo?, tan ridículo como su autora: el interés por frenar el desarrollo de Soria. Curiosa figura jurídica para una cabeza como la de la diputada.
Los sorianos nunca se arredran. Menos aún si el enemigo es fuerte. Solicitamos a la UNESCO la declaración de Patrimonio de la Humanidad para Numancia y sus alrededores. Curiosamente, el encargado de hacer esta petición –contestó la UNESCO- es el poder político autonómico. Lo que da una idea clara de que ésta no se va a producir nunca.
La batalla no ha terminado. Para evitar que los ecologistas, las autoridades académicas y algunos particulares recurriéramos a la justicia, el PP aprobó una ley ad-hoc en las Cortes regionales que amparaba la construcción de la Ciudad del Medio Ambiente. Así, la Junta se aseguraba que la Justicia no tumbaría su plan como había hecho antes en Las Navas del Marqués (Ávila). El PSOE soriano –siempre en la oposición; la interna y la externa- recurrió la ley al Tribunal Constitucional —la única instancia que puede actuar sobre una ley— en 2007, pero el fallo no ha llegado. Por ahí es por donde continúa la batalla.
UPyD, el partido en el que militábamos quienes formábamos parte de la avanzadilla arévaca, nunca asistió a sus militantes. Sus dirigentes –excepción honrosa hecha de don Mikel Buesa y algún otro miembro del comité de dirección como don Juan Espino- se escurrieron sin dar la cara en un solo momento. Siempre, eso sí, tuvimos el apoyo de militantes de base de nuestro partido. Aquellas Viejecitas, aquellas Isabeles, aquellas Outeiriños, aquellas Malenis y tantos y tantas más… ¿Los dirigentes?, ni una palabra, ni un gesto, ni un apoyo. En la comida celebrada para denunciar este Nuevo cerco a Numancia se apuntaron algunos de sus dirigentes pero, por causas injustificadas, no aparecieron por allí. Sí que nos enviaron, sin embargo, a su fotógrafo de cámara y a alguno de sus “comisarios” con la clara intención de hacer un padrón de quienes por allí aparecieran. Hoy, afortunadamente, es solo un mal recuerdo en nuestras vidas.
Los periodistas y columnistas de ambos periódicos siguen impartiendo su magisterio sin realizar la más mínima autocrítica al espaldarazo diario a esta locura que, felizmente, desmontó la Justicia. La señora vicepresidenta de la Junta, a lo mejor como un premio, fue amablemente trasladada al Senado desde el gobierno autonómico por la vía digital; vulgo dedazo, que es costumbre Popular. Allí sigue dando lustre a sus cumplidas lorzas. ¡Que nuestro dinero te alimente, María Jesús, y que Él, que siempre es justo y necesario te deje allí, aunque tengamos que pedir perdón a los madrileños, hasta el día del Juicio! El Tribunal Superior de Justicia de Soria ha anulado la licencia de obras al edificio de la Cúpula de la Energía tras sentencia en firme y contra la que no cabe recurso por contravenir las normativas urbanísticas en vigor. La Junta de Castilla y León ha contravenido, incluso, su propia Ley específica con la que pretendía blindar el proyecto. El consejero de Fomento de la Junta ha anunciado que renunciaban, de momento, a seguir construyendo la faraónica mamarrachada de la vicepresidenta. El diputado sustituto de la pollina soriana en las Cortes Castellano-Leonesas dice que “las respuestas a las supuestas (sic) irregularidades de la CMA sólo las tiene María Jesús Ruiz, y tendrá que dar explicaciones, como única responsable de las decisiones que tomó en su momento” en un claro ejemplo de división en el Partido. La Junta, según estudios de ASDEN, ha dilapidado, hasta el momento 92,3 millones de euros en actuaciones de promoción, redacción de proyectos, obras de urbanización y grandiosos edificios a medio construir y sin la oportuna licencia. Los terrenos, como se ha podido comprobar tras las cuantiosas lluvias, se han inundado, como ya denunciamos tanto ASDEN como nosotros mismos con las oportunas fotografías realizadas ante notario.
Todo lo antedicho nos lleva a pensar que, si esto no es una maquinación perfectamente organizada para dar un pelotazo urbanístico, en el que ha sido indispensable la participación de ayuntamientos, Junta de Castilla y León y personas de las más altas responsabilidades del Partido Popular en Soria, que venga Dios y lo vea.
ASDEN continúa con su lucha; el Partido Socialista de Soria mantiene su denuncia ante el Constitucional y las tropas del capitán Aldea siguen en su puesto; la faca afilada y el oído presto al toque de llamada. El cerro de La Muela, donde radica la noble ciudad de Numancia, está libre de esta agresión. El Soto de Garray, los ciudadanos sorianos, los españoles y los europeos desgraciadamente, perdimos la batalla de El Soto; pero, como bien escribió don Benito en sus Episodios Nacionales, entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde. En esas continuamos…

LAS POLILLAS GAMMA

POLILLA

Andan, como Pedro por su casa, en estos días primaverales las polillas, que ahora llaman los entomólogos y las locutoras del telediario “mariposas gamma”. Hay que tener cuidado con las definiciones porque de mariposas gamma, a gambas a la gabardina hay poca diferencia y, te pilla un camarero algo sorderas, e igual te pone una de polillas, que es menú de mucho fundamento para la FAO pero que, para el aperitivismo patrio queda como una cochinada.
Ocurre, según dicen los expertos tertulianos expertos en polillas, fútbol, economía, política europea y astrología, que las polillas están en tránsito hacia Dinamarca, que debe ser donde estas mariposas pasan el veraneo, como si fueran aquellas familias ricas que tomaban los baños en Badem-Badem. Bueno… las familias ricas, los contables del Partido Popular, y los futbolistas argentinos entreverados de chorizo criollo y fuet catalán.
¡Qué lejos quedan aquellos tiempos donde eran las dinamarquesas las que venían en busca de los Manolos marbellíes o benidormenses con sus guitarras, sus peludos pechos y su pañuelo de cuatro nudos en la cabeza! Es lo que tiene la crisis, que ahora las dinamarquesas se quedan en casa a esperar a las polillas, mientras a los españoles, que tenemos apolillados los bolsillos de rascárnoslos para pagar a Hacienda, no nos queda otra que volver al pueblo a pasar las vacaciones. Es el milagro de la crisis; los pueblos llenos de gentes, otra vez.
¡Anda!, que no tenía ganas ni nada yo de volver al pueblo de vacaciones. Veinte años hacía que no podía volver. Ya sabéis… que si los niños querían ir a la playa, que si la Paqui tenía antojo de ver Singapoore; que por cierto… es como un restaurante chino pero a lo bestia. Nada, nada. Como el pueblo no hay nada. Esas tardes que vamos en excursión a coger agua del manadero; esos paseos hasta la ermita; esa misa de tarde con don Pascual; esas meriendas en el río, con sus mosquitos, sus avispas y sus tábanos. Donde esté el pueblo que se quiten todas esas mierdas de París, de Roma, de Nueva York…
Las polillas son bichos suicidas, más que apolillados agilipollados que se estrellan contra los tubos fluorescentes, que se meten en la pantalla de la lámpara y acaban fritas como un churro. Ayer, por no ir más lejos, una polilla kamikaze se estrelló contra mi nuca mientras preparaba el zumo matinal para mis futuros deudos. Yo, que fui agraciado en la Primitiva donde rifan las cabezas con una más que generosa, que me ha dejado un cierto complejo… Pues a lo que iba, va la puta polilla y ¡zas!, no tiene otra idea que estrellarse contra mi cabeza. ¡Menudo susto me dio la puñetera polilla!
¿Te pasa algo?, me pregunta Mutriku
Nada. Que se me ha resbalado el vaso… Cualquiera le dice la verdad… Menudo cachondeo para todo el finde.
Claro, habrá pensado la pobre polilla, ahí está la pista de aterrizaje del portaviones Nimitz y habrá dicho ¡a por ellos, oe!.
Quita, quita… mejor le digo lo del vaso
Las polillas africanas, los contables, los futbolistas pamperos, la familia de Ana Mato y poco más son quienes veranean en este país como lo hacíamos antes la totalidad de españoles. Algunas veraneantas, hasta lo hacen sin saber quiénes les pagan las vacaciones. Esas cosas las llevaba mi gordi, que está en todo. Yo, ya sabe usted… como soy mujer, no me meto en esas cosas. Yo no sé administrar una casa, ni llevar una cuenta corriente, ni entiendo de coches. Yo sólo administro un ministerio.
Por cierto y ya para acabar. Dice doña Ana Mato, esa que no sabe distinguir un Jaguar de un R-5, que los españoles “comen mucho” y se mueven poco. Y eso, debería de haber continuado, que Rajoy está haciendo lo posible para que no tengan qué comer, y que les está facilitando el tiempo libre suficiente como para que no lo pierdan en trabajar, sino en hacer ejercicio.
Miren ustedes, a mí… ¿qué quieren que les diga? Me importa poco si vienen o van las polillas del Ifni a Conpenhage o de Madeira a Estambul… A mí, lo que realmente me gustaría, es que estas polillas se convirtieran en vampiros draculianos y se acercaran hasta el cuello evanescente y aromático de la señora ministra y no le mordiera; no. Sino que se la trincase de la yugular y se la llevase a Transilvania y la dejara allí, al menos hasta que escampe…

HOY NO ESCRIBO MI POST

CALOR

Hoy no tengo ganas de escribir mi post diario. Hace mucha caló. Estamos, lo menos, a tintantos grados y no hay quien escriba. Si yo tuviera que escribir ahora un post (que no me da la gana de hacerlo) escribiría una de mis historias de la Historia. No sé; a lo mejor la de la verdadera historia de los famosos trescientos espartanos. Os contaría cómo, cuando el general arenga a los trescientos pringaos que se van a llevar la del pulpo contra el Jerjes, que tenía nombre de carcajada pero era un hioputa como la copa de un pino, dice aquello de: ¡Espartanos! ¿Cuál es vuestro oficio?. Os contaría cómo, al gritar ¡Espartanos!, salió una voz de la masa que dijo: eso lo será tu padre… ¿Quién ha sido?, preguntó el general con cierto mosqueo. Ha sido el arévaco, dijo el chivato de turno –que siempre los hay-. Sí ¿qué pasa?, dijo el arévaco. He sido yo. ¿Pasa algo? Espartano lo será tu padre, general. Yo soy numantino. Arévaco de pura cepa; de los que lucharon con el capitán Aldea en el Nuevo Cerco a Numancia, contra la pollina de la vicepresidenta. ¿Qué? ¿Queréis algo? Venga… de uno en uno, si hay cohone.
Pero no; hoy no tengo ganas de escribir el post. Si, al menos, corriera una ligera brisa. No sé, algún ligero viento, aunque fuera caluroso, os podría contar lo acontecido en Mutriku, con el general que se presentó a las fiestas con la pechera alicatada de medallas de la última guerra civil. Os contaría cómo, Atxili, un borrachín simpático y deslenguado le dijo: General, te falta una medalla para llegar a Ambrosio. Y es que, Ambrosio era el barrendero del pueblo y, como en Mutriku había una fábrica de insignias y medallas, todas las que salían mal del troquel se las daban a Ambrosio que las lucía en el uniforme.
Pero es que no puedo… Tengo una galbana que no sé si es de las anchoas fritas, del gazpacho o de la caló…
Ahora va y me dice Mutriku que hay que salir a cenar. No es que no me apetezca. Es que hace mucha caló. ¡Ojú!. ¿Quién es el guapo que sale ahora, niquelao el traje, relucientes los zapatos y prieta la camisa con la corbatita al cuello, a cenar por esos mundos de Dios. ¡Quita, quita!. Solo de pensarlo se me cae el mundo a los pies.
Si hiciera bueno; aunque solo fuera un ligero refrescor podría contarles a ustedes lo acontecido en cierto cuarto de baño del Círculo de Bellas Artes con cierta lideresa con nombre de HorroRosa memoria y la pelea entre un pequeño costalero y una becerrita, algo entrada en años, eso también es cierto, para sostener el bolso de la Cosa Rosa. Pero no. Es que, por más que lo intento no me sale. Mira que lo he intentado con otros temas, no sé… La poesía de Friedrich Hölderlin y el resto de poetas líricos alemanes, acogidos a la tradición clásica y fundida con el nuevo romanticismo. Les podría haber cantado una de sus odas a las parcas griegas. Esta que dice:

Dadme un estío más, oh poderosas,
y un otoño, que avive mis canciones,
y así, mi corazón, del dulce juego
saciado, morirá gustosamente.
El alma, que en el mundo vuestra ley
divina no gozó, pene en el Orco;
mas si la gracia que ambiciono logra
mi corazón, si vives, poesía,
¡sé bien venido, mundo de las sombras!
Feliz estoy, así no me acompañen
los sones de mi lira, pues por fin
como los dioses vivo, y más no anhelo.

Pero ¿Quién se pone ahora a declamar, y menos en alemán, con esta caló?. Yo creo que hoy no voy a escribir ningún post. Si tuviera ganas, en fin, podría contar cómo los niños de la escuela salían, banderitas españolas en mano, a jalear al señor gobernador civil que pasaba en coche por la calle mayor de Langa de Duero. Os contaría cómo, el secretario del señor gobernador civil abría levemente una ventanilla y dejaba caer unos caramelos. Unos lacios y caducos caramelos que habrían sobrado, seguramente, de la visita al hospicio o al lazareto o, por qué no, a una visita a los pobres de solemnidad de algún hospital de la Obra Social Francisco Franco.
¿Quién, con este calor africano, tiene ganas de escribir un post? Desde luego yo no. ¡Vamos!, ni pensarlo. Yo, lo más que puede hacer es desearles a ustedes un fin de semana muy feliz y que disfruten, bajo el aire acondicionado que ayer, a última hora, compraron en la Semana Fantástica del supermercado ese que dice que ellos no están locos.
Perdonen mi desidia y mi flojera pero, es que con esta caló yo, desde luego, hoy no escribo mi post.

RAMALES, 14. QUINTO PISO; SIN ASCENSOR

 

incendio4La calle de Ramales, es una calle como todas las de esta vieja ciudad. El número catorce de la calle de Ramales es, también, una casa como el resto de las de esta calle. Quizás, por distinguirla de otras, se podrían destacar dos pequeños baldosines, sobre la fachada, que dicen: Gas en cada piso y Asegurada de incendios, respectivamente.
El número catorce de la calle de Ramales es una casa de cinco alturas. Desgraciadamente no tiene ascensor y los vecinos del quinto bien que lo sienten. También los del cuarto y algo menos los del tercero, como es natural. El portal es amplio y bien ventilado. Del centro mismo del alto techo cae, colgada de un cable trenzado, una vieja lámpara que asemeja un farol fernandino. La escalera, de pinos escalones de gastado mármol tiene, en la mano de las riendas, una barandilla de barrotes de hiero con una flor de forja en su mitad y, en su parte superior, un pasamanos de bronce ajado y con algo de cardenillo. La portera está, en estos momentos, sacándole brillo con un trapo que, alguna vez, debió ser blanco.
Del tercero derecha salió un agudo lamento. No fue un grito; no. Fue un lastimero quejido y, a continuación una respiración jadeante. En el tercero derecha vivía doña Remedios Hinojosa, viuda de Cascajal. Doña Remedios siempre estaba sola. Nunca dio que hablar y su vida se circunscribía en girar pequeñas visitas a la tienda de ultramarinos, la panadería y, los domingos por la mañana, la misa en los Salesianos. Doña Remedios nunca había estado enferma.
Don Melquíades Toral, vecino de la puerta izquierda, le dijo a doña Úrsula, su esposa:
Creo que doña Remedios está enferma. La he oído gritar y gemir.
¿Estás seguro?
Y tanto. Deberías tocar la puerta y preguntar. Ya sabes que soy el presidente de la comunidad y, por tanto, responsable de todo lo que en ella pasa.
Doña Úrsula salió de mala gana y regresó de forma atropellada.
Melquíades, rápido; que sigue gimiendo. Deberíamos mandar a la portera hasta la Casa de Socorro.
¡Petra!, gritó don Melquíades, haciendo altavoz con ambas manos.
Diga, don Melquíades. Respondió la Petra desde el descansillo del cuarto, donde seguía sacando brillo a los dorados.
Vaya usted hasta la Casa de Socorro y que manden una ambulancia. Doña Remedios está en las últimas.
A los gritos del presidente fueron saliendo, uno a uno, el resto de vecinos quienes, haciendo piña, se agruparon frente a la puerta de doña Remedios.
Doña Remedios, llamaron
Diga, contestó en un quejido doña Remedios.
¿Qué tiene? ¿Se encuentra mal?
Sí; don Melquíades, ahora les abro. No me encuentro bien. No sé qué me pasa. A través de la puerta se oían unos pies cansinos que arrastraban unas chinelas.
¿Qué tiene?, preguntó doña Úrsula. Don Melquíades me ha dicho que escuchó un gemido y algún lamento.
Lo desconozco, mi querida vecina. Es algo que nunca me había pasado. Pero no es doloroso, sino como una bendición del señor. Es una sensación de placer tras un momento de tensión. Luego un temblor y como un sudor…
Eso va a ser del gas. Dijo don Tereso, el vecino del primero derecha. Igual se ha atufado. La muerte dulce, dicen que la llaman. Es la misma sensación que doña Remedios relata.
Pero si yo no tengo gas. No ve usted que mi Damián trabajaba en la UNESA y no pagábamos la luz. Yo creo que es otra cosa.
Sí, si… su Damián, dice. Relataba por lo bajinis doña Segunda, la del bajo; que era la cotilla y maledicente oficial de la comunidad. Su Damián… Que se tiró por el balcón para evitar el tedio. Sí, sí… su Damián…
Vamos a ver, dijo asumiendo el mando, como un patricio, don Melquíades, quien en cuanto mandó a la Petra hasta la Casa de Socorros, entró en su casa para ponerse la levita sobre el chaleco. Del bolsillo del chaleco, una leontina de oro y, dentro del minúsculo bolsillo, un Rosco Patek Philippe, regalo de la aseguradora donde trabajaba, cuando se jubiló. Don Tereso, usted va a bajar hasta el rellano, por si viene la mula de varas de la Petra. Usted, doña Remedios, se me va a echar en el diván no vaya a ser que se maree. Usted, doña Resti, póngale unos fomentos de agua fría y vigile si tiene algún vahído. Usted, doña Segunda, baje al portal y disponga lo necesario por si tienen que bajarla por la escalera. Tenemos que crear un gabinete de crisis, tal como les apunté en el manual que les pasé cuando me hice cargo de la presidencia.
Ya vienen… Ya vienen, dijo doña Segunda.
Efectivamente, del recodo de la calleja posterior se escuchaba el ulular de la sirena de la ambulancia. Frenó con gran violencia frente al portal y, de su interior, saltaron tres sanitarios con una camilla que entraron en el portal.
Es en el tercero derecha, dijo la Petra, quien corría como una garduña tras los sanitarios.
A ver, espacio para estos señores. Organizó don Melquíades. Dejen pasar y no se agolpen en las zonas comunes. Den ustedes dada la luz del portal y deje usted entreabierto, doña Segunda. No permita que entre nadie ajeno a la comunidad. No se nos vaya a llenar nuestra comunidad de cotillas. Que con usted vamos bien servidos.
¿Eh? Protestó doña Segunda.
Échese a un lado, le dijo un sanitario ignorando el rango comunitario de don Melquíades, quien se apartó de mala gana.
¿Qué tiene usted, señora? ¿Qué síntomas presenta?
Ya se lo dije a estos señores. Mis queridos vecinos. Es una sensación de placer, continuada de un temblor y como un sudor. Nunca me había pasado esto. Me he asustado, pero ahora ya estoy algo mejor.
Doña Remedios, se conoce que, por los nervios, tuvo una nueva crisis que desconcertó al sanitario.
Ay, ahora. Ve usted. Me deja sin fuerzas. Como un desmadejamiento… y luego humedad. Mucha humedad.
A ver, dijo el sanitario. Salgan ustedes y cierren esa puerta. Vamos a auscultarla. Desnúdese, señora.
¿Quién? ¿Yo?. ¡Huy! Ni pensar… Vamos, que va usted a mirarme a mí la raya de tiza blanca.
¿Pero qué dice esta mujer? .
Yo creo que tiene algo de demencia, doctor, dijo uno de los camilleros.
Calle, zopenco. Y vaya montando la camilla, por si acaso.
Gómez; le dijo al otro camillero. Baje usted hasta la ambulancia y mire a ver si la señorita Estrella ha terminado ya de dar de mamar al niño. Es la enfermera, que está en su hora de lactancia, ¿saben ustedes? Dijo dirigiéndose hacia el grupo de vecinos. Tiene cuarenta minutos libres cada turno.
Claro; se comprende. Dijo don Melquíades. Con esto de que ahora las señoras trabajan… No sé dónde vamos a parar.
Vamos a ver, doña Remedios, dijo con gran dulzura la señorita Estrella, la enfermera. Cuénteme usted qué es eso de la raya de tiza blanca. Dijo, mientras cerraba la puerta.
Mire usted, señorita, dijo mientras se quitaba la falda y la combinación. Mi Damián era un hombre muy intrépido y algo sobón y siempre quería tocarme donde no debía. ¿Ve usted? Dijo señalándose una raya pintada con tiza blanca que separaba el vello púbico del ombligo.
Yo le dijo a mi Damián. Toca cuanto quieras, pero si cruzas la raya blanca de tiza no respondo de mí y me tiro por el balcón.
¿Y nunca le tocó?
Nunca. Mi Damián era muy sobón, todo hay que decirlo, pero también era todo un caballero. Para evitar que me tirara por el balcón lo hizo él. Dejó escrita una nota (aquí puede usted leerla) en la que decía: Señor Juez: No se culpe de mi muerte a nadie. Salto por el balcón por no saltarme la raya de tiza blanca. El señor Juez pensó que mi Damián se había demenciado.
¿Y usted no le explicó lo de la línea blanca?
¡Ni pensar! Esas son cosas muy íntimas.
¡Ay!, ya viene otra vez. ¡Ay, Dios mío! Uff. Uff… Ya pasó.
Déjeme que mire su pulso. Lo que temía. Aumento del pulso, tensión muscular y una descarga pélvica…
¿Puedo hacerle una pregunta muy personal, doña Remedios?
Naturalmente, señorita.
¿Qué edad tiene usted?. Cincuenta y un años
¿Qué es lo que ha soñado hoy, mientras se echaba la siesta?
Pues verá… Es un poco violento… He soñado con el viaje de novios con mi Damián. Fuimos a La Bañaza, ¿sabe usted?
¿Y qué tal se portó don Damián?
¡Como un cadete!
Bien; salió la señorita Estrella. No hay problema doctor. Doña Remedios está perfectamente y lo de la raya… ya se lo explicaré en el informe. Señores; se agradece mucho sus atenciones pero pueden ustedes retirarse. Doña Remedios está perfectamente y no padece ningún mal.
Entonces, preguntó don Melquíades, ¿qué tuvo doña Remedios?
Un  hecho aislado. Un proceso multiorgásmico. Sencilla y llanamente.
¿Y tiene operación? ¿La tendrán que ingresar?, preguntó doña Úrsula, la esposa de don Melquíades.
Pero si eso es una bendición de Dios, señora.
¡Huy!, dijo doña Segunda, la cotilla. Sí, si… un proceso multiorgásmico.
¿Eso del multiorgasmo qué es?, preguntó la cotilla a la Petra
Que está cachonda, dijo la Petra
Menuda tía guarra…, tanto dengue y tanto señoritingueo y mira por donde sale. Oiga, enfermera, ¿eso se contagia?
¡Ojalá!, señora. Qué más quisiéramos usted y yo. Ahora lo que tiene que hacer doña Remedios es calmarse y disfrutar todo lo que pueda.
No se preocupen ustedes, dijo don Melquíades. Yo, como presidente de esta nuestra comunidad, me voy a dedicar, a partir de ahora, a atender a doña Remedios día y noche.
Oye Tereso, dijo doña Resti, ¿tú qué harías si me pasara a mí eso?
Me gastaba la paga el cirios, para ofrecérselos al Señor, Restituta.
¡Qué bueno eres, Tereso! La suerte que he tenido yo contigo

UNTA TARDE CON EL PADRE ALDEA. CURA DE PUEBLO

cura

El presbítero de la catedral de El Burgo de Osma, el padre Aldea, visita todas las tardes a sus feligreses enfermos o imposibilitados. El padre Aldea es, desde siempre, cura de pueblo. Sus andares son de cura de pueblo, sus hábitos de frotarse las manos, de pasear arriba y abajo la calle Mayor, son hábitos de cura de pueblo. Su sotana, su boina, su bufanda negra, desflecada y algo brillante, son típicas de cura de pueblo. El padre Aldea es, por así decirlo, el prototipo de cura de pueblo.
¿Hace una jícara de chocolate, padre Aldea?
Quite, quite, hermana. Esas son costumbres de curas postconciliares. De curas de esos que se visten como el padre Peyton y que huelen a Varon Dandy. Lo mío es un buen trago de la bota y un torrenillo.
Pero padre, si han dicho por el televisor que el cerdo hace daño a las diversas tuberías del cuerpo. A saber: la arteria íntima; la media; la externa o adventicia y a ambos dos intestinos.
¡Bah!, paparruchas. Si Dios Nuestro Señor, que siempre es justo y necesario, hubiera discernido que el cerdo ibérico; nuestro negro cerdo de montanera fuese malo para los cristianos lo habría situado en tierras moras y no aquí, en la tierra de María Santísima. ¿Para qué cree usted que Dios Nuestro Señor dotó al campo español de robles, encinas, alcornoques y quejigos? Para que alimenten de gordas y salutíferas bellotas al cerdo ibérico; no para que hagamos gachas; que para eso están las almortas.
Yo le saco a usted un torrenillo, si es lo que quiere, pero cualquier día le va a dar a usted un aire o un torozón y ya veremos qué ocurre entonces.
El Señor dispondrá. Mire usted el ejemplo de San Sebastián. Asaeteado como el Toro de la Vega y no se le ocurrió quejarse. El Señor me lo envía; ¡bendito sea el Señor! ¿Y lo de san Lorenzo qué? Recuerde usted aquello de decirle al moro que el aceite estaba frío y, cuando metió la mano, se escalfó. ¿Cree usted que se quejó? En absoluto. ¡Jódete, infiel!, le dijo. Ahora vas y te untas la mano de tocino de cerdo y Alá te castigará sin montar a las cien mil huríes del Paraíso moruno.
¡Pero… padre!
No hay peros que valga. La Historia de la Religión está plagada de ejemplos de renuncia; como debe de ser. Así pues, ¡venga ese torrenillo!
El padre Aldea acompañaba el torrezno con un cantero de aromático pan sobao y, a ratos, daba unos apretones a la bota que le sacaba hasta la pez.
¡Qué tío, el padre Aldea!
Diga usted que sí, padre; decía el marido de doña Remedios. A mí, porque esta no me deja, sino ya vería usted lo que era un trago de tornillo; de comisura a comisura.
Yo, dijo el padre Aldea, a ese trago le llamo el aspersor. Un trago así sí que limpia la boca y no los locutorios esos de menta
Colutorio, padre. No locutorios; dijo el monágo que recibió, por corregir al padre, una colleja tal que le introdujo la boca y la nariz en la misma taza del chocolate.
De Juan a Pedro, exclamó el padre Aldea elevando ambas dos palmas de las manos hacia el cielo.
Volviendo a lo del cerdo, padre. ¿Usted cree que un católico puede comer cerdo los días de precepto?
Pues según y cómo. Si es cerdo ibérico; si. Si es blanco; no. El cerdo ibérico está bendecido por Nuestro Señor el Apóstol…
¿Santiago?
¡Hombre, doña Remedios! No va a ser el apóstol Mateo que era, además de un descreído, publicano y recaudador de impuestos. El apóstol Santiago. O Santiago Matamoros, como usted prefiera. Ese sí que era un apóstol como Dios manda. Con un par…
Oiga, padre, hoy nos contará la vida de algún santo ¿verdad?
Pues si es cortita, sí. Que tengo que hacer otras dos visitas.
Hoy les voy a contar a ustedes la vida y milagros de san Argimiro, cordobés, como Manolete.
Ese sí que era un torero ¿eh, padre? ¡Qué mano izquierda! ¡Qué quietud en el pase ayudado por alto! ¡Que…!
Calla, mamarracho, le riñó doña Remedios. Deja al padre que nos cuente la historia de san Argimiro.
Pues, como decía, san Argimiro era cordobés y fue martirizado, en tiempos de Mohamed II, que le persiguió con sus sarracenos y, cuando al fin le encontraron, ya mayor y con muy poca salud, fue invitado a negar a Cristo.
¡Y una mierda!, dijo san Argimiro…
¿Pero un santo puede decir y una mierda, padre?
¡Hombre, claro! Con los infieles no hay que tener miramiento. Ya tendrán ellos tiempo de aprender dengues y educación cuando Satanás les arrime el mechero al bandujo.
Pues bien, como decía, no adjuró de su religión y fue martirizado de una manera horrible. Con unas guindillas cayenas le frotaban las hemorroides de forma aviesa y torticera.
¿Qué te parece, Argimiro? –Los moros nunca dan el título de santo a los cristianos- ¿Qué? ¿Pica o no pica?
Oiga usted, Mohamed, esta cataplasma suaviza bastante la piel ¿Podría darme un poco en las durezas de los talones? Es que las sandalias me han hecho una rozadura.
¡Qué cuajo! ¿Verdad, Remedios?, dijo el marido todavía incrédulo de tamaña proeza.
Adjuráis o no adjuráis; preguntó el moro
Reportaos, Mojamed. Sed escrupuloso y respetuoso con la voluntad del Señor y no me obliguéis a pedir al Señor vuestra condena en el averno calentorro y proceloso.
La jarca pedía sangre incesantemente y Mohamed (que ya estaba un poco acojonado con los indignados, esa es la verdad) no tuvo más remedio que darles la sangre que pedían.
La ley del de Alá, por la que gobierno a mis tropas y entre las que reparto los tesoros y las cristianas que prendo me obligan a complacer a mis hombres ¿entendéis, Argimiro, mis argumentos?
¡Anda y que te den! Contestó el santo
De entre la turbamulta salió una lanza que fue a clavarse junto a la tetilla izquierda de san Argimiro. Allí donde Avicena dice que se aloja el corazón y el mecanismo del alma.
De los bordes mismos de la lanza brotó un manantial de miel y crema pastelera. En seguida, la herida se cerró con una fina costra, como de hojaldre, mantequilla, canela y piel de limón. Algunos, en La Roda, provincia de Albacete, dicen que de esa herida salió la receta de los Miguelitos; dulces típicos de La Roda y aún de los alrededores. Esto, naturalmente, la Santa Iglesia no lo reconoce dentro del martirologio romano, pero yo aquí lo dejo por si es de su interés, doña Remedios.
¡Qué pico tiene usted, padre Aldea!
¡Bah!, favor que usted me hace.

LOS VASOS APOLINARES

ad morum

Mi tío, don Termópilas Achalandabaso Juarros estudió notarías, pero se retiró en la segunda convocatoria. No es que no estuviera preparado, es que era tartamudo y, ¡ya se sabe!, estos cátedros son tan tiquismiquis con el tiempo que nunca llegaba al final. Con el paso de los años se le pasó la tartamudez y se colocó en el economato del INI. Yo creo que la tartamudez era producto de los nervios. ¿No cree usted?, don Dimas.
Igual sí. El sistema nervioso es muy desconocido y zascandil. Igual te retiene la lengua como te afloja el vientre. A algunos, incluso, les da por peer.
A mi tío no, don Dimas. Mi tío era muy jurispecto y cabal.
No digo yo que no, don Matías; pero si me permite la observación jurispecto es palabra que no existe. Jurisperito, sí; pero jurispecto, no.
Pues debería de existir porque es la que mejor define a mi tío don Termópilas.
Por cierto, ¿cómo es que su tío se llamaba Termópilas, que es nombre de batalla?
Pues por doña Águeda, la vecina.
¿Es que su vecina se llamaba Águeda Termópilas?
No, quite. Quite. Es que, cuando nació mi tío, la señora Águeda le regaló a mi abuela un termo, para guardar el Pelargón, que se mantenía caliente mediante dos pilas de petaca. Lo compró en la Exposición Universal de Amberes. El caso es que mi abuela, para agradecer convenientemente el regalo, le puso Termopilas. No le iba a poner Águedo, ¿verdad?
Claro; claro. Pues menos mal que no le regaló un sonajero o un orinal ¿no le parece?
El caso es que mi tío don Termópilas se casó con la tía Francis…
Que la pusieron ese nombre por la del consultorio, claro.
Pues no. Se lo pusieron por la mula
¿Y eso?
Pues porque de niña era muy burra.
¡Ah, claro!
Bueno, si no me va a interrumpir más continúo ¿estamos?
Estamos.
Pues bien, don Termópilas y la tía Francis se casaron contra la voluntad de mi abuela que no veía mucho fundamento en casar a la niña con un tendero. ¡Ya ve usted. Tendero a un empleado del INI!, que tenía cuatro pagas, economato y el puesto para toda la vida…
Siga, siga.
Pues el caso es que se fueron de viaje de novios a Las Navas de San Juan, en la provincia de Jaén.
¿Es que eran de allí?
No. Es que mi tío don Termópilas era muy amigo del torero Enrique Ponce, que tenía allí una finca…
Pero bueno, si Enrique Ponce tiene que ser mucho más joven que don Termópilas.
¡Huy!, eso es lo que usted se cree. Estos toreros de ahora están operados de todo y parece que tienen menos edad de la que en realidad tienen. ¿Desde cuándo hace que usted oye hablar de Enrique Ponce?
Pues sí; la verdad. Ya lleva unos añitos.
Lo que yo le diga. A Ponce le dio la alternativa Curro Cúchares, siendo testigos Lagartijo y Frascuelo.
¡Caray!, quien lo diría. Pero siga, siga…
El caso es que al llegar a Las Navas observaron unos vasos, como de alpaca, que los llevaba un muchacho.
Oye hijo, ¿cómo te llamas?, le preguntó don Termópilas
Apolinar, dijo el muchacho
Se puede saber qué llevas ahí
Son unos vasos de plata.
Sí, sí… dijo la tía Francis. De la que cagó la gata.
Calla, burra; le dijo el tío Termópilas.
Déjame verlos, muchacho.
El Apolinar, que era un si es, no es, desconfiado le dijo.
Se los dejo si me da mil duros en prenda.
¡Qué jodío, aquí el chaval!, se rió don Termópilas.
Te dejo en prenda a mi mujer.
Y una mierda, dijo el chico. Con lo fea que es, igual se da el piro con los vasos y me deja aquí con la mona.
El Apolinar consintió en dejarle ver los vasos y mi tío, que era aficionado desde las notarías, a latines y otras zarandajas leyó Ad Morum, que en cristiano quiere decir junto al moral, que era el nombre romano de la venta de Las Navas de San Juan.
¿Tú sabes que estos vasos son romanos?
Pues claro. Aquí todo el mundo lo sabe. Los dejó Ben-Hur cuando cambió los caballos de la cuadriga
El tío Termópilas creyó ver algo de burla pero se hizo el sueco.
¿Cuánto quieres por ellos?
No; no. Que no los vendo…
Estando en esas apareció por allí un hombre más alto, con una camisa morada y un cordón de hábito amarillo.
Mira, le dijo el tío Termópilas. Aquí viene este hombre que nos ayudará a ponerle un precio justo a los vasos.
Usted dirá, dijo el hombre del hábito.
Aquí el muchacho, que tiene unos vasitos que no valen para nada y quiere un dineral por ellos. Habíamos pensado que, igual usted, nos podría echar una mano para poner un precio justo.
No sé, vamos a ver. ¿Cuánto lleva usted?
Pues mire, aquí llevo tres mil pesetas, que son para el tren de vuelta a Madrid.
¿A ti, Apolinar, te hace tres mil pesetas?
Bueno, dijo el Apolinar y le entregó los vasos.
El tío Termópilas y la tía Francis se largaron acelerando el paso con una sonrisa triunfal. ¿Qué te parece cómo les hemos engañado, Francis? ¿Vale tu Termópilas o no vale para esto?
Cuando llegaron a Las Navas de San Juan, justo en la primera casa, encontraron un tenderete que tenía miles de copias del denominado Vaso Apolinar a tres pesetas la unidad.
Oye, Termópilas, le preguntó mi tía. Tú no viste aquella película de Los Tramposos en que Tony Leblanc y Ozores daban el timo de la estampita a un paleto ¿verdad?
No, amor. Aquel día, si recuerdas, estábamos en el INI haciendo arqueo. ¿Por qué lo dices?
Por nada, Termópilas. Por nada…