NOVIEMBRE MES DE TEATRO

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Estamos llegando, como quien no quiere la cosa, al mágico y fúnebre mes de noviembre. Noviembre es un mes donde los escorpiones se ponen farrucos y envían ramitos de violetas a aquellas señoras que no tienen quien les escriba, como aquel coronel pelmazo del liquiliqui. Es mes de castañas y de mandarinas ácidas y aún algo verdes; mes de huesos de santo y de rosquillas borbonas -tontas y listas-. Noviembre es mes de difuntos; de tenorios y santas patronas madrileñas. Es mes de castas monjas que desconocían si el himeneo no sería darle un meneo al himen. Noviembre es un mes frío pero seco, un mes nebuloso que al mediodía solea las calles con un calor maternal, como el abrazo de una madre de gemelos o mellizos asturianos. Un mes que desnuda árboles y torna el verde festón de montes y jardines en rojos, cárdenos y dorados colores prenavideños. Noviembre es… noviembre, ¡qué coño….!
Pero este año, don Dimas, tampoco nos pondrán en el televisor el Tenorio, ¿verdad usted?
Puede usted darlo por seguro, don Matías. Don Juan es un personaje que está superado históricamente. Superado y eliminado, por esa nueva religión del feminismo, el armarismo y el buenismo. ¡Dónde va usted, con la que está cayendo!, a decirle a una tía, por muy monja y recatada que sea aquello de, ¿no es verdad, paloma mía, que estoy respirando amor?
Sí; la verdad es que suena un poco vintage.
Hoy, don Dimas, doña Inés de Ulloa sería una real señora. Una ex monja liberada, reivindicativa, independiente y sexualmente imaginativa que no conoce más misionero que el padre Usera y que, entre el 30 de octubre y la noche de difuntos se entretendría en poner cachondo a don Juan y a media guardia suiza mostrándose en posición de decúbito prono, la retambufa al aire sin importarle mucho que los muertos del cementerio, esos muertos tendidos boca arriba, como las mujeres decentes, se mofen hasta el escarnio del pobre Tenorio. Don Juan -¡el muy lila!- que pretendía burlarle a ella, doña Inés de Ulloa, haciendo uso de una rimas añejas, sexistas y discriminatorias para la nueva mujer española. Una rimas que, parece mentira, que fueran escritas por un autor que se llamaba Zorilla.
Don Juan, por estas calendas, tendría que actualizar sus versos y dejarse de este aura que vaga, llena, de los sencillos olores de las campesinas flores y rimar rapero como El Langui del Pan Bendito aunque, eso sí, con mejor dicción.
Las nalgas, Inés de Ulloa, los nacarados cancos de vuestro bullarengue, las tersas y aterciopeladas cachas del rulé, con que os obsequió Natura, los de vos paloma mía, son rebles, amor, rebles (aquí, seguramente, el actor se trabucará y dirá febles, en lugar de rebles, que es antónimo, y no sinónimo) que os hacen justa memoria y yo, pobre y necio pillo, me como un torrenillo en esta fría noria, en el Duero por Soria…
Sí; Inés de Ulloa tiene mucho que celebrar con la liberación de la mujer y, al paso, la condena al ostracismo helénico del matasiete zorrillesco. Inés de Ulloa tiene un himno de liberación; un himno que le cantó el gran bardo de las causas perdidas: el filipino don Luis Eduardo. La letra decía así:

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

T’as pasao, t’as pasao,
qué mosquito t’a picao.

Cómo quieres que me quede
con el lío que hay montao,
si me busca todo el mundo
por inverso y por drogao.
Si me quieres, vida mía,
piensa que me voy chalao
por tus huesos, por tus besos,
por tu acento de Bilbao.

T’as hartao, t’as cansao
no te gusta mi peinao.

Tus ricitos me fascinan,
nena, no te has enterao
de que el Lute es a mi lado
como un santo embalsamao.
Media CIA me persigue
desde Lourdes al Macao,
todo por tu lindo cuerpo
y por tu mágico cruzao.

Ven, amao, a mi lao,
te daré otro Cola-Cao.

No me digas esas cosas
que me pones encelao.
Ay, Inés, tú no me quieres,
que me quieres enterrao.
El amor es otra cosa,
esto tuyo es un pecao,
pero así es como me gustan
las cosas del bacalao.

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

Ten cuidao, Coraçao
que Lisboa es un cacao.
Coraçao, ten cuidado
no te corten el riau-riau.

Y es que, don Dimas, ese es el peligro para los Tenorios de hoy en día: que le corten a uno el riau-riau en pequeñas rodajas, como lonchas de mini babibel. Lo mejor, don Dimas, es volver a poner Verano Azul. Quién sabe, si en esta nueva reposición Chanquete ha crecido y ha llegado, por fin, a Boquerón.

Para ver el video, pulsar: https://www.youtube.com/watch?v=j9iB4nNgA84

LA MÚSICA, ESA COSA DIABÓLICA

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Yo no creo que la música sea una de las bellas artes. Es más, yo creo que la música,   en   su   origen,   fue   un  arte,  si  y  lo  sigue  siendo  en  su  raíz  popular -verbigratia- el pastor que, mientras vigila la rumia de sus ovejas toca, al vagaroso y etéreo aleteo de múltiples y coloristas mariposas, con deleite la ocarina, o la flauta de pan. Eso era música y no lo que se está haciendo desde que existen las radios, los tocadiscos, las SGAES. Eso no es más que un instrumento de tortura en manos de los gobiernos y de sus agentes diabólicos; los rusos y aún los norteamericanos.
La música se ha utilizado, desde siempre, para anular la psique del ignorante, del desocupado, del menos instruido. Los gobiernos utilizan agentes secretos que usted y que yo somos incapaces de descubrir. Por eso son secretos, claro… ¿De qué si no se han hecho millonarios José María Íñigo, o Joaquín Luqui, o Fernandisco o el propio Abellán?
Camareros, taxistas, locutores… menuda banda de hijos de puta. Uno entra a un bar. Se amorra en la barra y, como quien no quiere la cosa, grita hasta dejarse las anginas que quiere tomarse una caña y una tapa de chicharrones fritos. Cuando el camarero sordo –o con tapones en las orejas, ¡vaya usted a saber!-, le pone la caña, el cliente le dice: ¿podría usted bajar la música, por favor? El camarero, un argentino de Buenos Aires con pinta de psicólogo de perros a sabiendas que tiene detrás al FBI, a la CIA y al Francisco Paesa se pone chulo y contesta, cargando la suerte: está reservado el derecho de admisión, esteee cabashero si no le interesa, ¡largáte…! Oiga usted, contesta el cliente, que no hay ninguna otra persona en el bar y la música está altísima. Pero la estoy oshendo sho ¿sabés? Entonces el cliente, se la envaina, paga su caña sin haberla bebido y se marcha a respirar el aire contaminado y ruidoso de la Gran Vía.
¿Y los ecuatorianos? Tan pequeñitos, tan calladitos, tan uniformaditos. ¿Han visto ustedes alguna vez un ecuatoriano sin gorra de baseball. Yo creo que, con la alzada que tienen y esa uniformidad son, en realidad, cliks de famóbil. Le quitas la gorra al ecuatoriano y resulta que no tiene cabeza. Por eso no les hace daño el volumen de sus cascos. Porque esa es otra… ¿conocen ustedes a algún ecuatoriano que no lleve cascos? Para mí que, en una de estas, le quitas el tapón de la oreja y se desinflan. ¡Qué tíos!
Pues van todos en el metro con sus cascos, mirando como zombis al más allá y, del minúsculo espacio de entre sus orejas y los tapones o las cazoletas del casco llegan los alegres y bulliciosos sones de un ballenato, de un merengón, de una cumbia salsera ¿Qué le pasa al pequeño que no está moviendo la pelvis mientras escucha la música? Muy sencillo, está lobotomizado. Le han sustituido el oído medio (el martillo, el yunque, el estribo) por un hueso plástico de la casa Apple. Una  especie  de  iPAD  con  la  música  melosa, que no melódica de Gabi Espino –perdón, Juan, pero se llama así- y el top latino más sandunguero de Potosí. En lugar de membrana timpánica tiene el pellejo de un tambor de Calanda, y en lugar del estrato córneo una corteza de torrenillo. Sí, sí, señora mía… se dice torrenillo, aunque pierda usted todas las apuestas del mundo.
La música, ya lo dejé dicho al principio se hace para evitar que el hombre piense, para que no pueda concentrarse. Pongo otro ejemplo; un viaje en taxi por Madrid. El taxista, hombre reflexivo, demócrata-de-toda-la-vida, acostumbrado a complacer a sus clientes, lleva Radiolé a todo volumen.

Noches de bohemia y de ilusión
yo no me doy a la razón
tú como te olvidaste de eso.
Busco y no encuentro una explicación
solo la desilusión
de que falso fueron tus besos.

¿Usted sería capaz de ir memorizando, mientras los Navajitas Plateás van desgranando lo falso que fueron los besos de sus churris el desarrollo legislativo de la Seguridad Social? No, claro… Para eso se necesita tranquilidad, y no tener la radio puesta en un receptáculo como un taxi. Obsérvese que no se ha utilizado el ejemplo del taxi y Jiménez Losantos. No pretendía ser ventajista. Cuando uno escucha música está incapacitado para pensar a la vez. Esa es una verdad empírica. ¿Se imaginan ustedes a una persona leyendo a Immanuel Kant, no sé… la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, o cualquier otra cosa ligera y escuchar a la vez a Obús, o a Leño? Es que es de cajón, ¡vamos!
Ahora, que si lo que pretende Mariano…. -por cierto ¿dónde está Mariano?- decía que si lo que pretende Mariano es hacer un ejército de clones de Arias Cañete debe prohibir la música. Yo creo que Miguel Arias Cañete sacó adelante la carrera de Derecho, desde los Jesuitas de Chamartín, donde se comió, en tres años, más de quince mil bollycaos y dos arrobas de Panteras Rosas y no escuchó, jamás, la radio. Es la ventaja de masticar continuamente, que si lo haces no puedes llevas cascos en las orejas, porque te bailan y se te caen. Cañete, por ello, pudo llegar a Comisario de la cosa energética en Bruselas. A ver si vamos tomando ejemplo. Si tiene usted un hijo puede elegir: o que sea Arias Cañete, comisario europeo y cliente del año de Panrico o Frank Gonsales, rapero algo sordo y parado que se pasa el día con el chándal y la visera de lado en el banco del parque del barrio del Pan Bendito. Usted mismo. Pero luego no diga que no se le avisó…

HACER DEPORTE

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Oigan, qué manía tiene la gente con que uno haga deporte. No sé… A mí me recuerdan a los divorciados en su afán por dárselas de macho alfa. No sé como sigues casado, tío. Y con la misma, encima. No sé cómo no te aburres. Con lo que se liga de divorciado. Ayer, por ejemplo, estaba yo sacando un café de la máquina y va y me dice “Su café, gracias…” Oye, con un tono de calentorra y con una temperatura que para qué…
No sé si se han dado cuenta; no hay un divorciado que no ligue. No sé por qué hay tanta empresa de contactos anunciándose en la tele y tanto viaje para singles si se liga tanto. Debe de ser que les gusta pagar por pegar la hebra con otra u otro ligón.
¿Que haga deporte, decía usted? ¿Para qué…? ¿Para qué voy a hacer deporte yo, para quedarme como Maradona? ¡Ah, no…! Yo prefiero seguir con esta línea. Línea curva, sí señor, pero línea que no raya. Quite, quite… Además, el deporte no quema las calorías, no señor; a usted le han engañado. El deporte solo quema a quien lo practica. Y más pronto que tarde.
El deporte es lo que deberían hacer los divorciados en lugar de tanto ligar ya que, al estar solos, saben dónde está la ropa de hacer deporte. Yo dejo en mi casa la cinta de la cabeza. Ya saben, esa que es de tela de toalla, elástica y con dos listas, una roja y la otra azul. Pues la dejo en casa, digo y, cuando vuelvo a buscarla mi mujer la ha metido al cubo de la ropa sucia. Entre los calzoncillos, los calcetines usados y las toallas del bidet. ¿Cómo me voy a poner la cinta entonces? Porque yo como debe de ser, si no tengo cinta, no hago deporte. Así de claro. No voy yo a salir a correr sin el uniforme completo y en perfecto estado de revista. ¡Imagínese que me encuentro a una divorciada que quiere ligar…! El deporte, ya digo, no es para casados. Un soltero deja, después de correr, la camisa de tirillas, las mallas y los calcetines en el suelo y, a la tarde siguiente, ahí siguen; sin moverse ni un milímetro. Domadas. Tu ropa de correr, en cambio, no. Tu ropa de correr, según tu mujer, si la dejas en el suelo anda sola. Va a ser que solo huelen los casados. Pues la ropa, como decía, en la casa de los solteros está ahí, esperándole a uno. ¡Ya podrán los solteros…! Intente dejarla en el suelo siendo casado y verá si corre usted…
El deporte es para maniáticos ¿Ustedes saben por qué ponen los maratonianos el reloj en marcha cuando empieza la carrera. ¡Pero hombre!, si vas a pasar por cinco mil paradas de autobús durante los cuarenta y tantos kilómetros y todas tienen reloj y te dan la temperatura y todo. ¿Para qué coño quieren saber qué hora es? No será porque la mujer va a echar el arroz a la paella a una hora determinada; no, claro. No ven que son solteros. Si fueran casados no harían deporte. ¡Qué más da, hombre, la hora que sea!
Gimnasia de mantenimiento… ¿Pero qué coño es eso de la gimnasia de mantenimiento? Si yo me mantengo perfectamente, sin necesidad de gimnasia, con mi régimen de 15.000 calorías… ¿Y las zapatillas? Ahora vas, y te compras unas zapatillas en el Decathlon, te las calzas y ¡hala! a correr. Yo creo que te pones las zapatillas y te poseen. Te pones la primera zapatilla y parece que te ha dado el Parkinson. Taca-taca-taca, te temblequea el pie. Te calzas la segunda y te sigue medio Decathlón pensando que, en lugar de runing vas a hacer un simpa como si fuera una gasolinera…
¿Dónde tiene el freno?, preguntas a gritos mientras trotas como un percherón por pasillos y calles llenas de raquetas, balones y falditas de tenista.
Luego está lo del gimnasio. Antes los gimnasios anunciaban sus especialidades. Antes ibas al gimnasio Bruce, por ejemplo, que tenía un puño dibujado en señal de ataque y ya sabías que allí había taekwondo. Ahora no; ahora vas con tu chándal de rapero, con tu camiseta de Amanece que no es poco, que te ha vendido Gerardo, tus bambas y resulta que el taekwondo es taekjondo y que lo que se hace en él es bailar sevillanas. Y salsa y merengue. Vamos, que en vez de una tabla de gimnasia parece el menú del día… Ahora vas al gimnasio; el Hollygay, por ejemplo, y ya puedes tener cuidado con lo que anda pululando entre las mancuernas, que por cierto…. ¡mire que están frías las puñeteras! y las anillas. Que vas tú y te encuentras a un tío haciendo flexiones y le dices, oiga jefe, que la tía se marchó ayer. A ver si prestamos atención.
Luego pasas a la sauna. ¿Han visto ustedes cómo son las saunas? Parecen gallineros de ecologistas de esos que hace el rubio del programa de bricolaje del Argiñano. Y menudo calor que hace. Yo no sé como con la de inventores y científicos de I+D que hay en Suecia y en Finlandia y en Noruega no hayan inventado, todavía, las gafas con luneta térmica, como en los Seat Fura. Te metes y lo primero que dices es: Santa Lucía, devuélveme la vista y no vuelvo a comer fabada… Luego, claro, te das cuenta de que era el vaho y se te olvidan las promesas y te pones como un choto con el compango. La sauna es un coñazo todavía peor. Estás en canicas, cubierto con una toalla y, como te has recetado unas papas con bacalao, te ataca una sed que crees que se te va a dar la vuelta el cuerpo como si fueras un calcetín. No hay agua, ni una copa, ni un mal botellín; nada… Con el calor que hace podrían poner un rebujito, un tinto de verano, no sé… un porrón con cerveza y gaseosa. Algo que quite la sed y con su aperitivo. Pues nada; un cubo con agua con una zarza o un manojo de laurel, vaya usted a saber y, si se le ocurre a usted echar un trago, sabe a caldo gallego que tira de espaldas. Yo creo que hasta le ponen unto…
Yo, por mucho que me digan y por mucho que me insistan, prefiero el sofá. Cuando me tiro en el sofá me siento relajado. Me sube la autoestima y me siento como un consejero de Bankia con tarjeta negra VIP.
¿Y el deporte de riesgo? Que si el puenting, que si el nordic walking, que si el airsoft, que si el treeking… Lo primero que hay que hacer, para estar en forma, es aprender inglés. ¿Deporte de riesgo dice? Vaya usted una mañana a darse una vuelta por El Gallinero, en la Cañada Real de Madrid. Eso sí que es un deporte de riesgo. ¿Hacer deporte? ¿Para qué…? Para bajar de peso, para tener un perfil óptimo. El perfil, el perfi… Perfil el del facebook, que se puede falsear con la foto de otro. ¡No te digo…! Que yo soy un hombre y los hombres, aunque estemos en el paro estamos cansados, no estamos para gimnasias. Eso las señoras, que ahora tienen gimnasios solo para ellas. Es que, dicen, si son mixtos los tíos nos miran cuando ponemos posturitas… Estas no han escuchado a Gabriela Sabatini, que decía que se sentía menos observada cambiándose en el vestuario de los chicos que en el de las chicas.
Nosotros, los sorianos, tenemos el mayor número de personas centenarias de España y, posiblemente, de Europa. En mi pueblo, por ejemplo, hay varias personas cercanas a la centena de años. Siempre les pregunto cuántos kilómetros corrían cada día.
Ni uno, oiga, que yo siempre he sido muy normal.
¿Y qué régimen alimenticio llevaba usted?
Tocino. Mucho tocino, panceta, y vino. Varios litros al día.
¡Ah!, claro…. Todo muy sano.
Vamos, sanísimo. El marrano era de casa y el vino lo hacíamos nosotros en la bodega.
¿Y nunca se pusieron silicona, le pregunto a las centenarias, o botox?
Pues sí señor. A mí mi Restituto me la puso en el grifo del pilón del patio. Es que se salía ¿sabe usted? Y de botos nada, joven. Nosotros albarcas.
Nada, nada… Que no voy a hacer gimnasia. Que, como dice Mutriku, hay que estar bien para hacer gimnasia y no hacer gimnasia para estar bien.

QUE VIENEN LOS SANTOS…

Nuevo Mundo 10-10-1919 foto entierro Meyers

Los chepas –lo sé porque me lo dijo mi padre que fue carpintero- tienen muy mal traslado en la caja de pino. A un chepa, como no lo calces en la caja con una cuña, te puede llevar todo el traslado como si transportases una carraca, o un tambor. Sin embargo los gordos, aunque pesan más, son más fáciles de trasladar. Se conoce que se encajan a las paredes laterales y no dan nada de lata.
El mes de octubre es un mes muy malo para morirse. Los ayuntamientos, con esto del otoño, no tienen fiestas patronales a las que acudir, ni procesiones a las que seguir y se entretienen en subir los impuestos del entierro, la descalcificación del agua y el IBI. Los nichos suben una barbaridad y hasta la propina del enterrador hay que darla más abundante que en los meses de verano.
¿Para qué querrán los enterradores el dinero, si no veranean?
Noviembre también es mal mes para morirse. Sobre todo a principios. Los cementerios están llenos y las coronas y ramos muy caros. Luego, una vez del dia de la Almudena, baja todo mucho y ya se puede uno morir más tranquilo. ¡Donde va a parar!
Yo se lo dije a don Ascensio, el viejo del tercero, natural de San Clemente, en Cuenca, que cambiaba tebeos y novelas en mi barrio y alquilaba, incluso, un trozo de banco corrido en el local donde cambiaba para leer in situ.
Don Ascensio, no se le ocurra a usted morirse hasta la semana que viene que está ahora todo carísimo.
No hijo, no te preocupes que, aunque me veas aquí con el viatico y los oleos untados, no tengo ninguna prisa.
El Cliserio, el chico pequeño del Custodio, el del cuarto, hacía flexiones en el montante de la puerta de la alcoba de don Ascensio.
Cliserio, hijo, le decía su madre, un poco de respeto por el muerto.
Es que tengo que saltar el plinto en la escuela y me tengo que entrenar. Además, que todavía no está muerto.
¡Ah!, si es por eso, sigue… pero no silbes eso del Cola Cao que pareces un jilguero bamboleándote.
Del patio interior subían y estallaban, claramente, los acordes arrebatados de Los sitios de Zaragoza que tocaba la orquesta de pulso y púa del barrio. La orquesta se llamaba La Lira de Vicálvaro, que es un nombre hermoso y muy sonoro. Del segundo piso salían las aburridas y desacompasadas notas de un fagot y un bombardino.
Es que don Ataulfo, el músico del entresuelo, ha puesto escuela en su cuarto.
¡Ah!, claro; dijo doña Cleofé, la vendedora de barras de hielo. Barras enteras, por palmos y medias barras. Lo dijo mientras cortaba una barra con un punzón como si fuera el cachetero de la plaza de Las Ventas.
Es una lástima, doña Cleofé, le dijo el Cliserio. Si al menos tuviera usted el Parkinson cortaría la barra mucho antes.
Eso sí que es cierto, Cliserio. Y si tu padre lo hubiera tenido en un sitio que yo se me sé…
Pues no se habría divertido nada mi madre ni nada…
¡Serás cafre…!
La Purita, la criada de don Ascensio, vino de la compra con su bolsita de malla de color azafrán colgada del bracete. Unos crisantemos blancos envueltos en el Marca y una pescadilla de ojo color beige que miraba con aprehensión hacia el camastro de don Ascensio.
Purita, hija. Quita de ahí a esa pescadilla que parece que me mira mal.
Mire que flores le he traído, don Ascensio.
Esas, Purita de mi vida y mi corazón, se las puedes poner a tu puta madre, dijo el viejo en un arranque de lucidez.
¡Huy señor!, que genio tiene este hombre
¿Qué?, pregunto el Helimenas, el marido de doña Cleofé, la del hielo. ¿Se han llevado ya al muerto?
Espere usted, tío bestia, dijo don Ascensio. Espere usted al menos hasta que entregue la cuchara. ¿O es que hay prisa?
No hombre, lo decía por si tenía que lavarme antes de cenar o no.
Ay… se quejó don Ascensio. ¡Cuánto cuesta morirse!
Oiga don Ascensio, ¿quedan botellines en la nevera?, preguntó el Helimenas
Pues no lo sé, pero vamos, como esté usted esperando a que se los traiga yo…
¡Zas! Sonó un crujido y, en seguida, un ruido como de fractura ósea.
Adiós, dijo la señora Cleofé. Que se ha caído el Cliserio del cerco de la puerta.
Efectivamente, el Cliserio estaba en el suelo, llorando como un energúmeno y con la pata tronzada y rota por tres sitios.
¿Duele, hijo? Preguntó don Ascensio
Un horror, don Ascensio y no vea cómo…
La madre del Cliserio comenzó a gritar y el Helimenas, al levantarse, tiró media caja de botellines que se había recetado.
¡Zas, zas! Le arreó un par de guantazos al Cliserio en el suelo.
Toma cabrón, sinvergüenza, por alterar al pobre don Ascensio que está muriendo ahí, tan callado y tan serio. Que da gusto de verlo cómo se muere sin dar ni pizca de trabajo, el pobre…
Don Ascensio miró lánguidamente al ganado que le rodeaba y, por no seguir escuchando, estiró la pata sin importarle que aún era día 30, víspera de los Santos y antevíspera de los Difuntos.
¡Niño!, le dijo el Helimenas al Cliserio, baja al portal y lo entornas; que se entere la gente del barrio que ha muerto don Ascensio
Pero padre que estoy con renco y medio muerto
Pues jódete y no andes como los micos colgado de las puertas…

PATRIOTAS DE FIN DE SEMANA

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Es acojonante. Acojonante y patético. De los 27 comisarios nombrados por Junker nuestro Arias Cañete, el devorador de yogures caducados, el rey de la ducha fría, el machista faltón, ha resultado ser el comisario más rico de entre los ricos comisarios. Efectivamente, don Miguel, el brazo político de los Domecq, ha presentado una declaración -que no quiere decir que sea real y fiel- de 636.500 euros (que son, para los poco avisados, más de 105 millones de pesetas) tan solo en acciones.
Don Miguel supera, en esta carrera de ostentosa pasta gansa, incluso al comisario alemán al que gana por escaso margen y a los otros 25, a los que gana de calle. Hay comisarios, el holandés y la italiana, que no tienen ni un solo título bancario o similar. ¡Serán indigentes y paupérrimos!
España, lo que queda de ella, se convierte así, en el paraíso de los ricos. El lugar donde los ricos son más ricos que en ningún sitio; con una diferencia abrumadora. Y no es extraño. En lo que queda de España los ladrones, como acabamos de ver en el Parlament catalán, son más ladrones que en ningún sitio y gozan de una protección oficial mayor que en ningún. ¡España sigue siendo diferente!
En nuestro país, en la parte que aún no se ha declarado independiente de forma unilateral, hacemos gala de una golfería tan desahogada que da hasta vergüenza ajena ver cómo y por quiénes estamos representados. Somos capaces de enviar a Bruselas a un mercader, a un lobista que va a defender sus asuntos privados, los intereses de su familia. Un negociante que debería estar incapacitado, por tener arte y parte en la comisión que va a administrar, sin el menor pudor, con el mayor de los descaros. Y esto es así porque en lo que queda de España la golfería se ha hecho oficial. Samuel Johnson lo dejó escrito: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Y aquí, en este país de chicha y nabo que entre todos, y voto a voto, hemos ido transformando en lo que hoy sufrimos, es donde mayor importancia cobra esta frase.
Si un canalla quiere defender y aumentar su insultante patrimonio en un país de pobres, de parados, de recortes sociales, de privatizaciones de lo público; si ese canalla, decía, presenta un patrimonio que daría vergüenza al más pícaro, al más golfo de entre los especuladores; si un gobernante, pillado in fraganti llevándose el dinero a un paraíso fiscal; si una familia entera es descubierta formando una particular banda mafiosa con el dinero público, lo único que tiene que hacer es envolverse en la bandera, en declararse patriota y –ya puestos- zaherir, abroncar y acojonar a toda una cámara de representantes de los ciudadanos sin ningún tipo de rubor. ¡Visca Catalunya!, que no es menos diferente que España.
¿Por qué este trincón es capaz de amenazar y reñir al Parlament? Pues porque ha estado muchos años gobernando a golpe de comisión; porque sabe quién y cuánto son los que han cobrado también; porque conoce perfectamente la relación clientelar de todos los políticos catalanes, porque sabe, o lo presume, dónde tiene su dinero el resto de parlamentarios. Su frase: “si cae la rama del árbol, al final caerán todas”, es definitiva y definitoria, es un símil perfecto. Cuidadito con lo que hacéis que tiro de la manta.
El indecente ceremonial independentista, como bien decía ayer Vozpópuli, del fin de semana estaba organizado por la banda que gobierna Cataluña milimétricamente, poniendo sordina a los ecos de la vergonzante intervención de Pujol, en la que lejos de rendir cuentas, ofrecer datos y pedir disculpas, optó por hacer gala de su catalanismo, el de su padre y el de su régimen evasor y estraperlista convirtiendo el Parlament en un refugio de canallas, en una cueva de ladrones amedrentados por su padrino. La clase política catalana, los empresarios extorsionados corresponsables de la omertá, del silencio mafioso, se manifestaban junto a un sinfín de afiliados de los dos partidos que sustentan este gobierno de crápulas a las puertas del Parlament aplaudiendo el latrocinio; la ratería, el desfalco; el pillaje de los bienes públicos de forma babeante con tal de conseguir una independencia que no busca la independencia de España, sino una independencia de la Justicia española; de la Justicia no sometida al gobierno de los rateros; una Justicia puesta por ellos y para ellos. ¿Se imaginan ustedes cómo sería una Cataluña independiente sometida, tan solo, a la Justicia de una judicatura colocada a dedo por CiU o ERC? Esta es la independencia que busca la banda de Pujol, su familia y sus sottocapos; no la independencia política.
España –lo que queda de ella- mientras, asiste perpleja a los viajes del Gulliver del PP por el bazar chino; mientras hace turismo en la Ciudad Prohibida –curiosa coincidencia- mientras es informado (o no, que diría él) por sus ministros de cómo se produce la sediciosa firma de una ley de consultas que, por la estulticia de algunos políticos y la abogacía del estado, es legal durante un par de días.
Los españoles asistimos impotentes a esta muestra de indecencia organizada desde la sede del partido gobernante. El nombramiento de un representante público que va a organizar sus negocios privados bajo el paraguas del gobierno y de la ciudadanía. Un comisario con intereses tan sumamente espurios como que ha tenido que vender parte de sus acciones para evitar la incompatibilidad absoluta en que está inmerso. Incompatibilidad que ha burlado –en parte- con la venta de sus acciones pero que traspasó a su hijo, a sus familiares directos.
España es, cada día más, un país pobre, un país que no es capaz de generar trabajo para sus ciudadanos; un país donde la gente tiene que abandonarlo para convertirse –nuevamente- en emigrantes, en mano de obra barata, cualificada, eso sí, pero que, en lugar de engrandecer su país con la carísima educación que entre todos hemos facilitado a esta generación que, según se presume, es la más preparada de España, de lo que queda de ella, los echamos del mercado laboral nacional porque el mercado español está sometido a cuatro mangantes, a cuatro políticos lobistas, a cuatro golfos comisionistas mientras a todos ellos se les llena la boca hablando de regeneración democrática y de patria. Lo dijo Johnson y acertó: el patriotismo es el último refugio de los canallas.

UVA MENCÍA. LÁGRIMAS DEL BIERZO

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Teodomiro, obispo de Le Puy en Velay, se levantó muy de amanecida impresionado por el sueño que acababa de tener. Había visto como, en una playa del finisterre gallego, una urna de mármol, un pequeño féretro de piedra, fue arrastrado hasta el restaño de la playa y, una vez allí, salía de él una luz verdecina; una luz similar a la de la aurora boreal que, leve y vagarosamente, avanzaba hacia un campo de estrellas junto a un montículo rodeado de robles, de chaparras carrascas y de alguna que otra haya retorcida. Allí formó una vía estrellada que se detenía sobre un terreno.
Enseguida supo el obispo que aquella señal se la enviaba el mismo Jesús desde los Cielos. Era la señal que le había venido pidiendo desde que, en aquel viejo y destartalado convento comenzó su vida de oración. Esa señal no podía ser otra que la que él le pedía, cada día, al Señor.
Dadme, Señor, una señal; mostradme la luz del lugar donde está el cuerpo de nuestro señor San Yago y yo, si os complace, levantaré en ese sitio una iglesia que será la envidia de la Cristiandad toda.
El obispo reunió, de urgencia, al clero a sus órdenes. Desde el último sacristán hasta el deán de su propia iglesia.
Vamos a recorre el camino que va hasta el finisterre; hasta ese campo de estrellas donde ha aparecido el cuerpo de nuestro señor San Yago. Vamos a levantar, a lo largo del camino, conventos, hospitales, albergues para los millares de peregrinos que se acercarán a ver el prodigio.
La curia no daba crédito. Los viejos monjes, los jóvenes curas, los frailes barrigudos, acostumbrados al cómodo aposento de la vieja diócesis, se revolvieron en sus sitiales.
¿Cuánta distancia hay, señor obispo, hasta esas tierras? ¿Sabrá usted que aquellas tierras están pobladas de bárbaros sin gobierno que atacarán nuestra caravana?
Lo sé, lo sé, monseñor, dijo el obispo. ¿Acaso Dios, Nuestro Señor, cesó en sus intenciones de dar a conocer Su palabra, por el peligro del viaje? ¿No es nuestra gloriosa misión ofrecer nuestras terrenales carnes para mayor Gloria del Señor?
Ciertamente, ilustrísima, pero ¿no será un sueño del diablo el que os confundió?
Vos, señor arzobispo, permaneceréis aquí, en esta nuestra sede, gobernando la misma. Si fuera diabólico el sueño que he tenido os libraréis de él, ahora que si fuera un sueño provocado por Jesús, tendréis tiempo de hacer penitencia y pedir perdón por vuestra cobardía.
El obispo Teodomiro dio las órdenes oportunas y tras ajaezar asnos y mulas para llevar la comida, y las escasas propiedades que poseían: una estameña de repuesto y un par de sandalias más por cada peregrino. La idea era llevar la menor posesión posible. Los demás animales fueron cargados con las herramientas propias de canteros, albañiles y talladores que iban a ir fundando iglesias, conventos y hospitales a lo largo del camino. El obispo, como siempre hacía cuando paseaba por la sede episcopal, se hizo acompañar de Cigala, su pequeño perro.
Años después de la marcha, el obispo se encontró, una buena tarde en la puerta de una hondonada que hacía el terreno entre montañas. Era una tierra fértil, verde y sombreada; con una temperatura constante. Una tierra para ser habitada por hombres y mujeres en la paz del Señor. En una de las aldeas el obispo paró y preguntó al cacique del pueblo si le permitirían fundar un albergue para peregrinos. El cacique contestó que, siempre que fuera a sus expensas, el pueblo no se opondría.
¿Cómo llamáis, señor, a estas tierras?
El Bierzo, le decimos, señor obispo
Pues quede bendecido él y sus habitantes.
El obispo dio las instrucciones pertinentes para que comenzaran las obras. Tenía que ser un albergue grande, construido en piedra del lugar. La viguería debería ser en castaño, tan abundante por los montes de la zona. El maestro de obras, sus tres hijos y una docena de peones quedaron encargados de construirlo y seguir, posteriormente, el viaje. El obispo continuó viaje y, apenas caminadas unas leguas más allá de aquel pueblo, hicieron un alto en un monte cubierto de piornos y brezos. Los peregrinos, por sentarse, amontonaron unas piedras y, sobre ellas, colocaron una cruz de hierro. El monte, que era llamado monte de Mercurio pasó así, a llamarse monte de la Cruz de Ferro. Allí, sobre el montón de piedras Teodomiro fue informado de que Cigala, su perro, se habría perdido. Al obispo se le nubló la alegría del rostro. Hizo parar el cortejo y esperar, al menos dos días, por si aparecía Cigala. Una embajada fue enviada hasta el pueblo anterior por ver si el perro se habría quedado, despistado, por allí. No fue así. Dos días después, con el corazón destrozado por la pena, el obispo Teodomiro mandó retomar la marcha. Del perro no volvió a saberse nunca más.
Tras fundar, a lo largo del camino, los suficientes albergues, asilos, hospitales y conventos el obispo llegó, finalmente, a Compostela donde esperó al resto de obreros que acababan la red de albergues del camino y, a lo largo de una serie de años, comenzaron la construcción de la catedral de Santiago. El obispo, cuando todo ya estaba perfilado y perfectamente organizado, retomó el camino de vuelta. Iba, tan solo, acompañado de un par de curas y media docena de muleros que daban servicio al séquito. Al llegar al lugar que llamaban El Bierzo el obispo recordó, lleno de pena, a su fiel perro Cigala. Cuando llegó al albergue que ya estaba finalizado en Molinaseca preguntó al cura que lo regentaba si se había vuelto a tener noticia de Cigala, o se había visto, por la comarca, a un perro sin amo de sus características.
Pues verá usted, señor obispo, nosotros nunca lo vimos, pero la gente -ya sabe usted cómo es la gente de impresionable- cuentan y no paran de un prodigio que, usted mismo va a comprobar. Estas uvas negras que usted puede degustar empezaron a aparecer, de buenas a primeras sin que nadie se lo explicara.
Están muy dulces y son muy buenas, dijo el obispo.
Y hacen un vino, ilustrísima, extraordinario. Pruébelo su ilustrísima
El obispo Teodomiro probó el vino y comprobó que, efectivamente, no tenía nada que envidiar a los mejores que había probado en su vida.
¿Y cómo dice usted, señor cura, que se llama esta uva?
Aquí la dicen Mencía, ilustrísima, como el nombre de Nuestra Señora. Al parecer, y según cuentan los aldeanos, por estos pagos había un pequeño perro abandonado o perdido de sus dueños que, dolorido por la pérdida de su amo, lloraba a lo largo del camino mientras le buscaba infructuosamente. Nuestro Señor Santiago, que se apiadó del mismo, convirtió sus lágrimas negras en simiente de uvas que, tras las lluvias, se enterraron en un pago de terreno pedregoso que hay en aquella ladera y donde el perrillo parece ser que perdió a su amo. De allí mismo brotó una viña de uvas de este color.
Es una preciosa historia, señor cura. Es posible, que nuestro Señor San Yago se hubiera apiadado del pobre Cigala y premiara su lealtad con la conversión de sus lágrimas negras en uvas. Yo mismo rezaré por él y porque estas uvas, que son tan extraordinarias para hacer vino, y que tengan así, por la Misericordia de San Juanín, mártir que fue en vida, el pobriño, la bendición de nuestro Señor San Yago por los siglos de los siglos…
Amén, dijo el señor cura.

EL EUSKERA ¿QUE ERA?

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Al Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa, natural de Chipiona, en Cádiz, le llaman el vasco; ¡vayan ustedes a saber por qué!. El Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa tiene una curiosa teoría; dice que Chipiona es el municipio más al sur de Euskadi.
¿Pero Chipiona… Chipiona? ¿La patria chica de La Más Grande? ¿El lugar de nacimiento de ese toro enamorao de la luna al que llaman Amador Mohedano?
Esa misma Chipiona; sí, don Dimas. El Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa mantiene que Chipiona es un nombre vasco que significa Chipirón Bueno; o sea Txipi Ona. Al parecer, el Colegio de Pilotos Vizcaínos de Cádiz disponía de capilla propia en la Catedral Vieja. Para su retablo, el maestro Gaetano Patalano realizó las siguientes esculturas en 1693. “San Fermín”, “San Martín de Aguirre”, “San Francisco Javier” y “San Ignacio de Loyola”. Lo que da idea de la presencia de vascos y vascuences entre sus gentes.
Pues sí que resulta curiosa su teoría. Ahora, que no es novedosa.
¿No me diga?
Claro que le digo. El propio Navegante, don José María Aldea Romero, mantiene que San Petersburgo, antes Petrogrado, debe su denominación a la catequización que recibió el país por parte de san Pedro de Bourges, o san Pedro de Osma, primer obispo oxomense. Al parecer, en un primer lugar, se creía que este San Pedro era de Grado del Pico, en la localidad de Segovia, pero no era así. Por eso lo cambiaron, primero a Leningrado y, posteriormente, al verdadero que era San Petersburgo que es como llaman a los pedros y pericos en Rusia.
El Navegante también cuenta siempre la coincidencia de la toponimia vasca en Soria y en otros lugares limítrofes. De hecho, dice, existen nombres como Ura (agua) nombre de un río soriano o Garray (quemada) para la localidad donde se encuentra Numancia que fue, efectivamente, pasada a cuchillo y, posteriormente, quemada por los romanos.
Pues no crea que lo tengo yo tan claro, don Matías. A mí me parece que estos topónimos se iban poniendo, por los repobladores vascos, según se iban recuperando a Mojamé tras el pifostio de Isabel y su churri. Lo raro, lo verdaderamente raro, es que los vascos siempre han sido muy culo inquietos y, entre conquistas, descubrimientos, navegaciones y, posteriormente, emigraciones, siempre han salido de sus tierras. No logro entender por qué ahora se han hecho tan nacionalistas y tan excluyentes.
Precisamente por eso, don Dimas, por el inmovilismo. Eso, y por el el Sabinismo.
¿El Sabinismo?
Sí; sí.. el Sabinismo. El Sabinismo es un bacilo –que terminó en bacile-, que eclosionó en Abando y que, poco a poco, fue extendiéndose por todo Euskadi convirtiéndose en pandemia que ya ataca, incluso, a los naturales de Andalucía, Galicia y otras regiones con más dureza, si cabe, que a los propios vascos. El Sabinismo produce hinchazón de la cabeza, dándose el caso de que hay que cortar la boina para impedir que la hinchazón corte el riego sanguíneo.
¿Y es grave?
¡Hombre…!, grave, no. Si se pasea, si se sale, si se viaja se palia bastante, desde luego. Y si no lleva usted boina pues miel sobre hijuelas.
Pues qué quiere usted que yo le diga. Yo sí que creo que los vascos, esos antecesores del Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa se dedicaban a ir por esos andurriales venga de fundar ciudades y venga de nombrarlas con su idioma único y exclusivo. Un idioma que nació, por generación espontánea, en Abando, junto a la vivienda de Aitxa Sabin. ¿Usted no conoce el caso de la ciudad de Umeá, en la provincia sueca de Västerbotten, por donde transcurre, además, el río Ume?
¿Eso es también euskera?
¡Claro! Ume, proviene de Umia. Por si usted no lo sabe hay un río Umia en Pontevedra, que nace en la parroquia de Aciveiro y rinde sus aguas en la ría de Arousa.
Entonces no es vasco; es gallego…
No, hombre. No. Umia, en euskera es niño y este río, recibe ese nombre porque nace joven.
Cusha, pisha…
¿Y este quien es, don Dimas?
Pues el Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa, que tiene el hombre un poquito de deje andaluz.
Pues tradúzcame usted porque no le entiendo.
Pues que dice que el río Umeá de Suecia no viene del vasco, sino del andaluz. Al parecer, y según cuentan en Chipiona, el abuelo de Rocío Jurado y de Amador vendía patatas chipioneras por aquellos parajes. Al llegar al manadero del río Umeá, dicen que dijo el abuelo de Rocío ¡ohú, quillo!, que humeá hase aquí… Y así es como llamaron al río. Lo que pasa es que, los suecos, como no saben escribir en castellano lo ponen sin hache.
¡Ah, acabáramos…!
¿Y Arretxinaga, don Matías? Le podría usted decir al Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa qué significa.
Que dice que es el nombre de una repisa de Ikea.
¡Ah, claro….!