PATRIOTAS DE FIN DE SEMANA

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Es acojonante. Acojonante y patético. De los 27 comisarios nombrados por Junker nuestro Arias Cañete, el devorador de yogures caducados, el rey de la ducha fría, el machista faltón, ha resultado ser el comisario más rico de entre los ricos comisarios. Efectivamente, don Miguel, el brazo político de los Domecq, ha presentado una declaración -que no quiere decir que sea real y fiel- de 636.500 euros (que son, para los poco avisados, más de 105 millones de pesetas) tan solo en acciones.
Don Miguel supera, en esta carrera de ostentosa pasta gansa, incluso al comisario alemán al que gana por escaso margen y a los otros 25, a los que gana de calle. Hay comisarios, el holandés y la italiana, que no tienen ni un solo título bancario o similar. ¡Serán indigentes y paupérrimos!
España, lo que queda de ella, se convierte así, en el paraíso de los ricos. El lugar donde los ricos son más ricos que en ningún sitio; con una diferencia abrumadora. Y no es extraño. En lo que queda de España los ladrones, como acabamos de ver en el Parlament catalán, son más ladrones que en ningún sitio y gozan de una protección oficial mayor que en ningún. ¡España sigue siendo diferente!
En nuestro país, en la parte que aún no se ha declarado independiente de forma unilateral, hacemos gala de una golfería tan desahogada que da hasta vergüenza ajena ver cómo y por quiénes estamos representados. Somos capaces de enviar a Bruselas a un mercader, a un lobista que va a defender sus asuntos privados, los intereses de su familia. Un negociante que debería estar incapacitado, por tener arte y parte en la comisión que va a administrar, sin el menor pudor, con el mayor de los descaros. Y esto es así porque en lo que queda de España la golfería se ha hecho oficial. Samuel Johnson lo dejó escrito: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Y aquí, en este país de chicha y nabo que entre todos, y voto a voto, hemos ido transformando en lo que hoy sufrimos, es donde mayor importancia cobra esta frase.
Si un canalla quiere defender y aumentar su insultante patrimonio en un país de pobres, de parados, de recortes sociales, de privatizaciones de lo público; si ese canalla, decía, presenta un patrimonio que daría vergüenza al más pícaro, al más golfo de entre los especuladores; si un gobernante, pillado in fraganti llevándose el dinero a un paraíso fiscal; si una familia entera es descubierta formando una particular banda mafiosa con el dinero público, lo único que tiene que hacer es envolverse en la bandera, en declararse patriota y –ya puestos- zaherir, abroncar y acojonar a toda una cámara de representantes de los ciudadanos sin ningún tipo de rubor. ¡Visca Catalunya!, que no es menos diferente que España.
¿Por qué este trincón es capaz de amenazar y reñir al Parlament? Pues porque ha estado muchos años gobernando a golpe de comisión; porque sabe quién y cuánto son los que han cobrado también; porque conoce perfectamente la relación clientelar de todos los políticos catalanes, porque sabe, o lo presume, dónde tiene su dinero el resto de parlamentarios. Su frase: “si cae la rama del árbol, al final caerán todas”, es definitiva y definitoria, es un símil perfecto. Cuidadito con lo que hacéis que tiro de la manta.
El indecente ceremonial independentista, como bien decía ayer Vozpópuli, del fin de semana estaba organizado por la banda que gobierna Cataluña milimétricamente, poniendo sordina a los ecos de la vergonzante intervención de Pujol, en la que lejos de rendir cuentas, ofrecer datos y pedir disculpas, optó por hacer gala de su catalanismo, el de su padre y el de su régimen evasor y estraperlista convirtiendo el Parlament en un refugio de canallas, en una cueva de ladrones amedrentados por su padrino. La clase política catalana, los empresarios extorsionados corresponsables de la omertá, del silencio mafioso, se manifestaban junto a un sinfín de afiliados de los dos partidos que sustentan este gobierno de crápulas a las puertas del Parlament aplaudiendo el latrocinio; la ratería, el desfalco; el pillaje de los bienes públicos de forma babeante con tal de conseguir una independencia que no busca la independencia de España, sino una independencia de la Justicia española; de la Justicia no sometida al gobierno de los rateros; una Justicia puesta por ellos y para ellos. ¿Se imaginan ustedes cómo sería una Cataluña independiente sometida, tan solo, a la Justicia de una judicatura colocada a dedo por CiU o ERC? Esta es la independencia que busca la banda de Pujol, su familia y sus sottocapos; no la independencia política.
España –lo que queda de ella- mientras, asiste perpleja a los viajes del Gulliver del PP por el bazar chino; mientras hace turismo en la Ciudad Prohibida –curiosa coincidencia- mientras es informado (o no, que diría él) por sus ministros de cómo se produce la sediciosa firma de una ley de consultas que, por la estulticia de algunos políticos y la abogacía del estado, es legal durante un par de días.
Los españoles asistimos impotentes a esta muestra de indecencia organizada desde la sede del partido gobernante. El nombramiento de un representante público que va a organizar sus negocios privados bajo el paraguas del gobierno y de la ciudadanía. Un comisario con intereses tan sumamente espurios como que ha tenido que vender parte de sus acciones para evitar la incompatibilidad absoluta en que está inmerso. Incompatibilidad que ha burlado –en parte- con la venta de sus acciones pero que traspasó a su hijo, a sus familiares directos.
España es, cada día más, un país pobre, un país que no es capaz de generar trabajo para sus ciudadanos; un país donde la gente tiene que abandonarlo para convertirse –nuevamente- en emigrantes, en mano de obra barata, cualificada, eso sí, pero que, en lugar de engrandecer su país con la carísima educación que entre todos hemos facilitado a esta generación que, según se presume, es la más preparada de España, de lo que queda de ella, los echamos del mercado laboral nacional porque el mercado español está sometido a cuatro mangantes, a cuatro políticos lobistas, a cuatro golfos comisionistas mientras a todos ellos se les llena la boca hablando de regeneración democrática y de patria. Lo dijo Johnson y acertó: el patriotismo es el último refugio de los canallas.

UVA MENCÍA. LÁGRIMAS DEL BIERZO

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Teodomiro, obispo de Le Puy en Velay, se levantó muy de amanecida impresionado por el sueño que acababa de tener. Había visto como, en una playa del finisterre gallego, una urna de mármol, un pequeño féretro de piedra, fue arrastrado hasta el restaño de la playa y, una vez allí, salía de él una luz verdecina; una luz similar a la de la aurora boreal que, leve y vagarosamente, avanzaba hacia un campo de estrellas junto a un montículo rodeado de robles, de chaparras carrascas y de alguna que otra haya retorcida. Allí formó una vía estrellada que se detenía sobre un terreno.
Enseguida supo el obispo que aquella señal se la enviaba el mismo Jesús desde los Cielos. Era la señal que le había venido pidiendo desde que, en aquel viejo y destartalado convento comenzó su vida de oración. Esa señal no podía ser otra que la que él le pedía, cada día, al Señor.
Dadme, Señor, una señal; mostradme la luz del lugar donde está el cuerpo de nuestro señor San Yago y yo, si os complace, levantaré en ese sitio una iglesia que será la envidia de la Cristiandad toda.
El obispo reunió, de urgencia, al clero a sus órdenes. Desde el último sacristán hasta el deán de su propia iglesia.
Vamos a recorre el camino que va hasta el finisterre; hasta ese campo de estrellas donde ha aparecido el cuerpo de nuestro señor San Yago. Vamos a levantar, a lo largo del camino, conventos, hospitales, albergues para los millares de peregrinos que se acercarán a ver el prodigio.
La curia no daba crédito. Los viejos monjes, los jóvenes curas, los frailes barrigudos, acostumbrados al cómodo aposento de la vieja diócesis, se revolvieron en sus sitiales.
¿Cuánta distancia hay, señor obispo, hasta esas tierras? ¿Sabrá usted que aquellas tierras están pobladas de bárbaros sin gobierno que atacarán nuestra caravana?
Lo sé, lo sé, monseñor, dijo el obispo. ¿Acaso Dios, Nuestro Señor, cesó en sus intenciones de dar a conocer Su palabra, por el peligro del viaje? ¿No es nuestra gloriosa misión ofrecer nuestras terrenales carnes para mayor Gloria del Señor?
Ciertamente, ilustrísima, pero ¿no será un sueño del diablo el que os confundió?
Vos, señor arzobispo, permaneceréis aquí, en esta nuestra sede, gobernando la misma. Si fuera diabólico el sueño que he tenido os libraréis de él, ahora que si fuera un sueño provocado por Jesús, tendréis tiempo de hacer penitencia y pedir perdón por vuestra cobardía.
El obispo Teodomiro dio las órdenes oportunas y tras ajaezar asnos y mulas para llevar la comida, y las escasas propiedades que poseían: una estameña de repuesto y un par de sandalias más por cada peregrino. La idea era llevar la menor posesión posible. Los demás animales fueron cargados con las herramientas propias de canteros, albañiles y talladores que iban a ir fundando iglesias, conventos y hospitales a lo largo del camino. El obispo, como siempre hacía cuando paseaba por la sede episcopal, se hizo acompañar de Cigala, su pequeño perro.
Años después de la marcha, el obispo se encontró, una buena tarde en la puerta de una hondonada que hacía el terreno entre montañas. Era una tierra fértil, verde y sombreada; con una temperatura constante. Una tierra para ser habitada por hombres y mujeres en la paz del Señor. En una de las aldeas el obispo paró y preguntó al cacique del pueblo si le permitirían fundar un albergue para peregrinos. El cacique contestó que, siempre que fuera a sus expensas, el pueblo no se opondría.
¿Cómo llamáis, señor, a estas tierras?
El Bierzo, le decimos, señor obispo
Pues quede bendecido él y sus habitantes.
El obispo dio las instrucciones pertinentes para que comenzaran las obras. Tenía que ser un albergue grande, construido en piedra del lugar. La viguería debería ser en castaño, tan abundante por los montes de la zona. El maestro de obras, sus tres hijos y una docena de peones quedaron encargados de construirlo y seguir, posteriormente, el viaje. El obispo continuó viaje y, apenas caminadas unas leguas más allá de aquel pueblo, hicieron un alto en un monte cubierto de piornos y brezos. Los peregrinos, por sentarse, amontonaron unas piedras y, sobre ellas, colocaron una cruz de hierro. El monte, que era llamado monte de Mercurio pasó así, a llamarse monte de la Cruz de Ferro. Allí, sobre el montón de piedras Teodomiro fue informado de que Cigala, su perro, se habría perdido. Al obispo se le nubló la alegría del rostro. Hizo parar el cortejo y esperar, al menos dos días, por si aparecía Cigala. Una embajada fue enviada hasta el pueblo anterior por ver si el perro se habría quedado, despistado, por allí. No fue así. Dos días después, con el corazón destrozado por la pena, el obispo Teodomiro mandó retomar la marcha. Del perro no volvió a saberse nunca más.
Tras fundar, a lo largo del camino, los suficientes albergues, asilos, hospitales y conventos el obispo llegó, finalmente, a Compostela donde esperó al resto de obreros que acababan la red de albergues del camino y, a lo largo de una serie de años, comenzaron la construcción de la catedral de Santiago. El obispo, cuando todo ya estaba perfilado y perfectamente organizado, retomó el camino de vuelta. Iba, tan solo, acompañado de un par de curas y media docena de muleros que daban servicio al séquito. Al llegar al lugar que llamaban El Bierzo el obispo recordó, lleno de pena, a su fiel perro Cigala. Cuando llegó al albergue que ya estaba finalizado en Molinaseca preguntó al cura que lo regentaba si se había vuelto a tener noticia de Cigala, o se había visto, por la comarca, a un perro sin amo de sus características.
Pues verá usted, señor obispo, nosotros nunca lo vimos, pero la gente -ya sabe usted cómo es la gente de impresionable- cuentan y no paran de un prodigio que, usted mismo va a comprobar. Estas uvas negras que usted puede degustar empezaron a aparecer, de buenas a primeras sin que nadie se lo explicara.
Están muy dulces y son muy buenas, dijo el obispo.
Y hacen un vino, ilustrísima, extraordinario. Pruébelo su ilustrísima
El obispo Teodomiro probó el vino y comprobó que, efectivamente, no tenía nada que envidiar a los mejores que había probado en su vida.
¿Y cómo dice usted, señor cura, que se llama esta uva?
Aquí la dicen Mencía, ilustrísima, como el nombre de Nuestra Señora. Al parecer, y según cuentan los aldeanos, por estos pagos había un pequeño perro abandonado o perdido de sus dueños que, dolorido por la pérdida de su amo, lloraba a lo largo del camino mientras le buscaba infructuosamente. Nuestro Señor Santiago, que se apiadó del mismo, convirtió sus lágrimas negras en simiente de uvas que, tras las lluvias, se enterraron en un pago de terreno pedregoso que hay en aquella ladera y donde el perrillo parece ser que perdió a su amo. De allí mismo brotó una viña de uvas de este color.
Es una preciosa historia, señor cura. Es posible, que nuestro Señor San Yago se hubiera apiadado del pobre Cigala y premiara su lealtad con la conversión de sus lágrimas negras en uvas. Yo mismo rezaré por él y porque estas uvas, que son tan extraordinarias para hacer vino, y que tengan así, por la Misericordia de San Juanín, mártir que fue en vida, el pobriño, la bendición de nuestro Señor San Yago por los siglos de los siglos…
Amén, dijo el señor cura.

EL EUSKERA ¿QUE ERA?

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Al Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa, natural de Chipiona, en Cádiz, le llaman el vasco; ¡vayan ustedes a saber por qué!. El Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa tiene una curiosa teoría; dice que Chipiona es el municipio más al sur de Euskadi.
¿Pero Chipiona… Chipiona? ¿La patria chica de La Más Grande? ¿El lugar de nacimiento de ese toro enamorao de la luna al que llaman Amador Mohedano?
Esa misma Chipiona; sí, don Dimas. El Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa mantiene que Chipiona es un nombre vasco que significa Chipirón Bueno; o sea Txipi Ona. Al parecer, el Colegio de Pilotos Vizcaínos de Cádiz disponía de capilla propia en la Catedral Vieja. Para su retablo, el maestro Gaetano Patalano realizó las siguientes esculturas en 1693. “San Fermín”, “San Martín de Aguirre”, “San Francisco Javier” y “San Ignacio de Loyola”. Lo que da idea de la presencia de vascos y vascuences entre sus gentes.
Pues sí que resulta curiosa su teoría. Ahora, que no es novedosa.
¿No me diga?
Claro que le digo. El propio Navegante, don José María Aldea Romero, mantiene que San Petersburgo, antes Petrogrado, debe su denominación a la catequización que recibió el país por parte de san Pedro de Bourges, o san Pedro de Osma, primer obispo oxomense. Al parecer, en un primer lugar, se creía que este San Pedro era de Grado del Pico, en la localidad de Segovia, pero no era así. Por eso lo cambiaron, primero a Leningrado y, posteriormente, al verdadero que era San Petersburgo que es como llaman a los pedros y pericos en Rusia.
El Navegante también cuenta siempre la coincidencia de la toponimia vasca en Soria y en otros lugares limítrofes. De hecho, dice, existen nombres como Ura (agua) nombre de un río soriano o Garray (quemada) para la localidad donde se encuentra Numancia que fue, efectivamente, pasada a cuchillo y, posteriormente, quemada por los romanos.
Pues no crea que lo tengo yo tan claro, don Matías. A mí me parece que estos topónimos se iban poniendo, por los repobladores vascos, según se iban recuperando a Mojamé tras el pifostio de Isabel y su churri. Lo raro, lo verdaderamente raro, es que los vascos siempre han sido muy culo inquietos y, entre conquistas, descubrimientos, navegaciones y, posteriormente, emigraciones, siempre han salido de sus tierras. No logro entender por qué ahora se han hecho tan nacionalistas y tan excluyentes.
Precisamente por eso, don Dimas, por el inmovilismo. Eso, y por el el Sabinismo.
¿El Sabinismo?
Sí; sí.. el Sabinismo. El Sabinismo es un bacilo –que terminó en bacile-, que eclosionó en Abando y que, poco a poco, fue extendiéndose por todo Euskadi convirtiéndose en pandemia que ya ataca, incluso, a los naturales de Andalucía, Galicia y otras regiones con más dureza, si cabe, que a los propios vascos. El Sabinismo produce hinchazón de la cabeza, dándose el caso de que hay que cortar la boina para impedir que la hinchazón corte el riego sanguíneo.
¿Y es grave?
¡Hombre…!, grave, no. Si se pasea, si se sale, si se viaja se palia bastante, desde luego. Y si no lleva usted boina pues miel sobre hijuelas.
Pues qué quiere usted que yo le diga. Yo sí que creo que los vascos, esos antecesores del Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa se dedicaban a ir por esos andurriales venga de fundar ciudades y venga de nombrarlas con su idioma único y exclusivo. Un idioma que nació, por generación espontánea, en Abando, junto a la vivienda de Aitxa Sabin. ¿Usted no conoce el caso de la ciudad de Umeá, en la provincia sueca de Västerbotten, por donde transcurre, además, el río Ume?
¿Eso es también euskera?
¡Claro! Ume, proviene de Umia. Por si usted no lo sabe hay un río Umia en Pontevedra, que nace en la parroquia de Aciveiro y rinde sus aguas en la ría de Arousa.
Entonces no es vasco; es gallego…
No, hombre. No. Umia, en euskera es niño y este río, recibe ese nombre porque nace joven.
Cusha, pisha…
¿Y este quien es, don Dimas?
Pues el Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa, que tiene el hombre un poquito de deje andaluz.
Pues tradúzcame usted porque no le entiendo.
Pues que dice que el río Umeá de Suecia no viene del vasco, sino del andaluz. Al parecer, y según cuentan en Chipiona, el abuelo de Rocío Jurado y de Amador vendía patatas chipioneras por aquellos parajes. Al llegar al manadero del río Umeá, dicen que dijo el abuelo de Rocío ¡ohú, quillo!, que humeá hase aquí… Y así es como llamaron al río. Lo que pasa es que, los suecos, como no saben escribir en castellano lo ponen sin hache.
¡Ah, acabáramos…!
¿Y Arretxinaga, don Matías? Le podría usted decir al Joseba Andoni Beitialarrangoitia Gabikagogeaskoa qué significa.
Que dice que es el nombre de una repisa de Ikea.
¡Ah, claro….!

CIEN ORGASMOS DIARIOS

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El Comercio de Gijón es el mejor periódico que existe en toda la Unión Europea. Raro es el día en que no nos obsequia con una notica de esas que te hace volver a concebir esperanzas en la raza humana. No esas chorradas del IBEX, o de la Ley del Aborto o de las bolsas de basura de Jordi Espetec. No; noticias de las buenas, de las que nos provocan envidias.
Hoy nos cuenta la triste historia de don Dale Decker, norteamericano que “sufre” nada más y nada menos que cien orgasmos diarios. ¿Recuerdan aquel chiste del burro enfermo…? Pues este Dale Decker también sufre una enfermedad que es causa de envidia en medio mundo. ¡Ya quisieras tú, tener la mitad de salud que Dale Decker!, sería el final del chiste.
¿Qué nombre mejor para una persona que goza –o sufre- cien orgasmos diarios que Dale? Pues bien don Dale, pese a ello, posa en la fotografía con una ligera sonrisa que choca con el pesar que muestra en la entrevista. Yo también sonreiría con temor. ¿Se imaginan ustedes que un día, el buen Dale tuviera un romance y diera gatillazo en el orgasmo ochenta y tres? ¡Bah!, diría su partenaire mosqueada… Sí, si… Mucho centenar de orgasmos y, en cuanto te das la vuelta, ¡toma!, gatillazo. Su esposa no; su esposa sí que está sonriente en la fotografía y, al menos a lo largo de la entrevista, no parece presentar quejas. ¡Ya podrá…!
El muy fantasma del Dale a quien en su pueblo le cantan El gallo Polvorete cuando se va de whiskies por las cantinas y los saloones, lleva un tatuaje en una mano que dice “Free” que en inglés sirve tanto para libre como para gratis. Pues no lo entiendo. Este hombre que podría juntar un tesoro como semental a razón de un dólar la cubierta, decide actuar de balde y, encima, se lo tatúa en la mano para que quede bien claro. Los hay a los que Dios les da pañuelos sin tener mocos.
Don Alberto Isla es, también, semental, aunque no “sufra” de excitación genital persistente, se ha hecho famoso por haber embarazado a la señorita Isabelita Pantoja junior, alias Pantxirrina y, según dice el diario Vozpópuli, tiene un hijo anterior, en la categoría de presunto y espera otro que ha debido de hacer en un coche y al tran-tran también en la categoría de presunto. Este Isla –que tiene apellido de novelista de la Compañía de Jesús- es, al decir de los del Deluxe, imagen de un bingo. Les juro que, aunque parezca un guión de una película de Pajares y Esteso, no lo es. Que es absoluta y categórica verdad. Dicen los intelectuales del Deluxe que la señorita del auto “no bajaba al pilón”. Se conoce que no tendría sed. Antes, en los pueblos, te tiraban al pilón a la menor ocasión, pero ahora no; ahora te bajaban al él. Debe ser que han cambiado las costumbres.
Volviendo al don Dale que te pego, resulta que el pobre enfermó de “orgasmismo” cuando resbaló y se golpeó la espalda. No parece una receta muy difícil para los que sufren de gatillazo ¿Que usted no consigue cumplir como un Tarzán (perdón señora baronesa por señalar), no se preocupe, y deje usted las pastillas azules, que se va a volver Pitufo con tanta pastilla. Tírese usted –con perdón- desde la cama al suelo procurando caer de rabadilla y hala… a quedar como un titán. Aquí queda la receta, dice don Dale y, como en el pasacalle, si alguien se la pide, nunca se le olvide que yo se la di…

http://www.elcomercio.es/sociedad/sucesos/201409/24/dale-decker-hombre-orgasmos-20140924111319.html

EL MEJOR PAÍS DEL MUNDO PARA VIVIR

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Hay personas que son felices mirándose el pirulí en una tarde lluviosa de otoño, mientras suena Serrat en el tocata cantando aquello de “llueve que te llueve detrás de la persiana”. Otros son felices tomando un vino de la Ribera del Duero (hay gente para todo) y otros, como muy bien ha destacado el “Informe de la Felicidad Mundial” de la Asamblea General de las Naciones Unidas, son felices suicidándose o pasándolas más putas que Caín bajo la gélida aurora boreal en el polar y frío norte de Europa mientras el oso de Santa Lucía te quiere comer las gónadas a pelo, sin salsa húngara ni nada que untar.
Resulta que este organismo ha realizado una encuesta para encontrar los diez mejores países para vivir y, en lugar de ganar Bilbao, como sería lo lógico –ayvalahostia- pues no; van y dicen que el mejor sitio para vivir es Dinamarca. ¡Ya ven ustedes!, un país donde hasta el príncipe Hamlet se avergonzaba del putarrón desorejado de su madre que se lo montaba con el cuñao que, para mayor INRI, era envenenador profesional y un prenda del carajo de la vela. Un país que tiene el dudoso record de país con mayor índice de suicidios porque no ven el sol ni en los documentales del UHF. ¿Cómo van a estar entre los primeros del ranking Dinamarca, o Suecia, donde reina una azafata de la Lufthansa y el maromo de la Queen se pasaba las Últimas tardes (en lugar de con Teresa) con Sofía Hellvisqt, la supermodelo?
¿Y a quien habría usted votado, don Dimas?
Evidentemente a Qatar. ¡No te digo! No hay ni comparación. Mire usted, en Qatar no se trabaja siendo Qatarí. Trabajan los filipinos, los indios y los pakistaníes, que se los trae el moro en plan kuntakinte y los pone a levantar pisos que construye el emir Florentino. ¿Usted sabe el calorcito que hace en Qatar? Vamos, vamos… en Dinamarca, dice… pues no hace frío ni nada. ¿Hay ternera retinta en Copenhague? ¿Hay cazón en adobo o alubias rojas en Odense? Na. Mucho reno, algo de bacalao medio soso porque no se puede ni secar del frío que hace y salmón, que se te queda el careto como el del oso Yogui de comer mierda de esa.
Y luego está Cataluña, claro. ¿Conoce usted mejor sitio para vivir que Cataluña? Usted tiene siete hijos, como Blancanieves o como los Siete Niños de Écija, por mejor decirlo, y sale usted adelante a base de cohones y de algún que otro empujón familiar. Va usted y le pone a uno de los niños una ITV, al otro le mete usted a comprar oficinas al Botín y así, tacita a tacita, entre viajes a la Suiss, la pesca del marlín azúl en las Islas Caiman y tal se pasa el tiempo. Un país donde la ley se la pasa uno por el canut y que, con un 3% de lo que ganas puedes comprar a quien te salga de los mismos, no le parece a usted un paraíso… Ríase usted; sí, ríase del Chicago de los años 20 del siglo pasado. Eso son países para vivir y no Islandia, un sitio donde no pagan ni las deudas que tienen con los bancos. ¡Vamos, hombre!
Bueno, don Dimas, no se me ponga usted acalorado.
¿Y cómo quiere que me ponga? Vamos, vamos… Mire, aquí lo pone: cuarto sitio Holanda. Pero si en Holanda no se puede ni coger el coche. Las putas, que me lo ha dicho don Gunter, el alemán de la habitación 112, las tienen en los escaparates, porque no hay ni camas. Allí no hay más que bicicletas. Si no han progresado. Los quesos los tienen llenos de agujeros; las vacas -que se ríen- cuando llueve se ahogan, porque están más bajas que los charcos… Luego viene Austria, un país donde están todo el día bailando valses. Ni regatón ni leches. Ahí va la Shaquira y engorda ¿Ha visto usted algo más antiguo que un vals? Y bien pequeños que son todos. Yo miro todos los años a los bailarines del concierto de año nuevo y siempre son bajitos. Se pasan la emisión de puntillas ¿Y los gases que deben de tener? Berza, repollos y coles de Bruselas. ¡Menudos gases invernaderos! Donde esté esa paellita en el chiringo; esas andaricas junto al muelle de Cudillero, esos pimientos de Padrón entre medias de un plato de lacón con su ajada…
O sea, don Dimas, que usted no está de acuerdo con la ONU ¿verdad?
Cómo va a estar alguien de acuerdo con la ONU si solo se le ocurren chorradas. Mire usted el mejor sitio para vivir es aquel en el que uno hace lo que se le pone por el forro de sus caprichos, ese sitio en el que no hay que trabajar, se forra uno sin esfuerzo y hace bueno todos los días. Marruecos, por ejemplo, sería un país cojonudo para vivir, si estuviera lleno de caribeñas sabrosonas y de tiradores de cerveza madrileños; si estuviera lleno de pubs con buenos gintonics y en él hiciera 23 grados, sol todo el día y lloviera por las noches. Un país donde, en lugar de nevar cayeran torrenillos sorianos. Eso sería un país para vivir pero, claro… Eso es como pedir peras al olmo.
Entonces, don Dimas, para usted ¿dónde es el sitio que mejor se vive de todo el mundo?
Pues muy sencillo, don Matías. En la ONU. ¿O es que usted cree que hay un sitio donde se pueda vivir mejor que viven todos estos chorizos, haciendo encuestas como esta y siendo gobernados por el mayordomo de El Príncipe de Bel Aire o por un chino que se parece al Fary de viejo? La ONU, don Dimas es un vergel de golfos, un jardín de sinvergüenzas donde unos capullos viven y medran con el riego verde de euros y dólares y a cuenta de los ciudadanos. La ONU es el lugar ideal para vivir… del cuento.

EL SENTIDO COMÚN

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En España, en lo que queda de ella, hay una más que evidente falta de frontispicios, de enormes y lustrosos mármoles donde grabar a fuego y con preciosas letras forradas de pan de oro, los remoquetes, las frases hechas y los refranes más circunspectos y vacuos del rico acervo nacional. Son máximas o motes que darían lustre al blasón añejo, al marmóreo escudo de armas que, como si fuera el número del portal, se colocan ahora en esos chalets del extrarradio que dicen “adobados”.
Una de esas frases, que tiene una gran aceptación popular, es aquella que dice que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Las gentes, cuando lo dicen del tirón y sin trabucarse, miran a la audiencia con displicencia y cargando la suerte; sonríen en busca de una sonrisa cómplice, de un rostro que denote aprobación. Si esta se produce el sabio arruga la palma de la mano y con evidente satisfacción echa el vaho de su boca sobre las uñas para, posteriormente frotarlas, sacando brillo, contra la pechera de su camisa.
¡Ahí queda eso!, se dice. Quien pueda que lo mejore.
Pues siento decirle a usted, mi querido y ocurrente amigo que, al contrario de lo que les pudiera parecer a los ingeniosos, el sentido común no solo no es el menos común de los sentidos, sino que es el más generalizado de ellos. Me explico…
Todos conocemos gentes –conserjes, afiladores, chulos de toril, limpiabotas, arquitectos, suripantas- llenos de sentido común y, también conocemos gentes sin ningún sentido común y a los que, encima, les está vedado el tenerlo. Estos señores ejercen de jueces, de policías, de médicos, etc.
El país, o por decirlo a lo Podemos o a lo republicano catalán, el “poble”, quisiera que los notarios, los cirujanos cardiovasculares, o los banqueros por citar un gremio al albur, tuvieran sentido común, muchísimo sentido común pero eso, claro está, no es posible. El sentido común es la generalización, la banalización, la antiespecialización de los sentidos y no debe ser reclamado a los que precisan, por mor de su responsabilidad, de agudizar el resto de sentidos, de todos ellos. Seamos sensatos –que ese sí que es un sentido inexistente y reclamable- y no pidamos peras al olmo de quienes han de ejercitar su sentido clínico, o jurídico o financiero en base a unas normas, a unos procedimientos.
Un registrador de la propiedad, un notario, un juez debe aplicar la ley de forma estricta y ajustada al espíritu mismo de la Norma, con rigidez, sí; con Justicia; también, pero no con sentido común. Un cirujano, que se enfrenta a la obstrucción de una arteria debe hacer aquello para lo que está capacitado sin pararse a pensar si es de sentido común o no realizar el bay-pass o cortar y volver a unir los dos trozos de vena sajados. Al menos yo no se lo demandaría si fuera el ocupante de la camilla. El médico, lo que debe hacer es aplicar toda su ciencia y su pericia sin ambages y sin sentido común.
El sentido común es un sentido de la gente común, de quienes hacemos cosas comunes. Es un sentido que se deben –nos debemos- permitir los gobernados, por ejemplo; pero nunca los gobernantes. Al decir gobernantes no me refiero, por supuesto, a los políticos, que no son sino personal gobernado por el aparato de sus partidos, sino de quienes tienen que tomar una decisión basada en una norma o en una urgencia y, cuya responsabilidad, está al alcance de ellos exclusivamente.
Hay -¡ay!-, claro está, gentes que quiebran esta hipótesis; son aquellos que tienen –o no, según les convenga- sentido común y no son ni gobernados ni gobernables. Me estoy refiriendo, claro, a las clases pasivas de la ética y la honradez: los liberados sindicales, los políticos en el ejercicio de sus míseros cargos –alcaldes, concejales, diputados provinciales, etc-, los consejeros de empresas e instituciones públicas, los contables de los partidos, los diputados y senadores que, aunque tienen un jefe de partido, de clan, de tribu, sólo están gobernados por la laxitud de sus conciencias o por la grasa con la que, en forma de billete de banco, alimentan el engranaje del partido y de sus mantenedores.
Es posible, y estoy seguro de que es así, que el sentido común es la última esencia de los demás sentidos, un poco como ocurre con la cultura y, su prima hermana, la educación; aquello que va quedando cuando se olvida lo aprendido en la infancia, en la escuela, en la mesa camilla de casa. Aquella semilla que brotó en nosotros y que, con nuestros padres, se perdió bajo la tapa fría y gris del mármol que los cubre.
¡Vayan ustedes a saber por qué…!

LO PRIMERO, ES ANTES… Don Antonio Machado, poeta de Soria

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Mi buen amigo y capitán, don José María Aldea Romero, que es un enamorado de la obra y la figura del poeta soriano nacido en Sevilla, don Antonio Machado, me pidió en su momento, que yo plasmara aquí mi parecer; una tesis que yo mantengo, sobre un verso de don Antonio que difiere, en mucho, de la tesis de otros estudiosos de mucha más enjundia que este pobre cronista. Si yo fuese tan insensato lo intentaría, pero no; no voy a hacerlo. ¿Se imaginan ustedes, a un pobre hombre –casi jubilado ya- intentando explicar aquello que tan explicado dejó don Antonio en su obra? No; no voy a hacerlo. Su obra, que ahí está, no hay mejor forma de explicarla que leerla miles de veces, si hiciera falta, pues con cada lectura se aprende, mejor aún… se aprehende, algo nuevo.
La provincia de Soria, en especial su capital, es el terruño donde se plasma la gran mayoría de la obra de don Antonio. Soria tiene su aire y sus pulsos; sus filias y sus fobias, como las tienen París, Lovaina y hasta Erbil, la capital del Kurdistán. Soria tiene su aliento y su olor; su calor y su sabor. Soria también tiene su poeta, que se llamó don Antonio Machado, lo mismo que París tuvo a su Charles Baudelaire, Lovaina tuvo a su Arnulfo de Lovaina, poeta y monje y Erbil, la capital del Kurdistán tuvo a su poeta que se llama Ahmed Arif. Lo malo, para don Antonio es que Soria, o Castilla, o España; no son París y Lovaina o Erbil, la capital del Kurdistán; pueblos que leen, respetan y veneran a sus poetas. No; Soria y Castilla y hasta España tuvieron a don Antonio y le mandaron al exilio. Tuvieron a Federico y a Miguel y los fusilaron. Tuvieron a Rafael y a tantos y tantos poetas y los echaron fuera de sus fronteras. ¿Su delito?; cantar a la libertad.
Don Antonio Machado fue el poeta que dio voz al Duero, que hizo sangrar, milagrosamente, con una leve y verde hoja de vida, al olmo herido por el rayo. Don Antonio sacudió, desde lo alto del Mirón -desde esa atalaya pétrea en la que contemplara extasiado la curva de ballesta de su río- la polilla de las conciencias provincianas, de aquellas conciencias de casino y sacristía que vieron a Cara Ancha recibir un día*. Don Antonio nos recordó que aquel hombre, aquel español que aterró a España, no era de ayer o del mañana; sino de nunca, de la cepa hispana.
Don Antonio fue ese maestro de escuela que todos los que cumplimos una edad conocimos en aquellos tiempos de sabañones, pan negro y sucedáneo de malta. Ese maestro que tuvo que luchar contra la incuria de un tiempo de fuego y acero, de un tiempo de delación, de un tiempo de obuses, de un tiempo –finalmente- de campo de concentración y de juicios sumarísimos. Don Antonio fue maestro de una escuela que, en Soria, graduaba en miseria; en peritos de fugas; en exiliados interiores y exteriores; en futuros inadaptados en tierras que ya nunca sería la suya. Don Antonio comprobó, con tristeza, que de Soria se iban los mejores de sus hijos para no volver jamás. Mientras don Antonio repartía generosamente su magisterio en aquel instituto de la Aduana Vieja, 12 mataba el hambre de las tripas y el hambre del alma paseando el Duero por la banda de San Polo. Junto a los arcos románicos de San Juan de Duero y hasta San Saturio; por la alameda arriba y abajo y, finalmente, desde el Collado hasta la plaza Mayor.
Don Antonio fue el poeta de los campos de Castilla, de los paisajes ocres y secos de Soria; el poeta del verde pinar de Alvargonzález, el poeta del sarmentoso majuelo retorcido, similar a aquellas manos mal enterradas de las cunetas y los valles y barrancas. El poeta que, al fin, tuvo que exiliarse para evitar no ya que le mataran –muerto estaba en vida en esa España de grises opacos; en esa Soria en blanco y negro; en esa Castilla sin futuro- sino para evitar que esa España de cartilla de racionamiento, de estraperlo y de denuncia le hiciera suyo.
Don Antonio Machado supo descuartizar, como nadie, el cuerpo inerte de aquel cadáver que se llamó España y, con el escalpelo de su verso, hacer una autopsia perfecta de aquel muerto en vida que se llamó Castilla. Don Antonio Machado, con su verso, con el pincel de su pluma que Dios guiara, pintó de luto a Soria, a Castilla y a España entera.
Ahora, esa Soria, esa Castilla, esa España descubre a su poeta; lo celebra y le hace homenajes continuamente. Esa Soria, esa Castilla, esa España que procesiona al pequeño cementerio francés de Colliure se pregunta si no deberían estar sus restos, junto a los de su madre, con su querida Leonor en El Espino, y don Antonio, desde el lugar que nos contemple, seguramente el Cielo –él era, en el buen sentido de la palabra, bueno- se negará a abandonar su tumba: lo primero, es antes, señores… Quien quiera analizar sus palabras, que lo haga. Pero no seré yo, querido José María, quien interprete a don Antonio. ¡Estaría bueno…!

(*) Fue un 19 de junio de 1881 ante el toro Calceto, en Madrid. José Sánchez del Campo, conocido en la tauromaquia como Cara Ancha, mató al toro de frente, recibiendo, y con los pies quietos. El estoconazo fue apoteósico y don Antonio, harto de escuchar el relato lo incluye en su poema “Del pasado efímero”, incluido en Campos de Castilla.