LA POMPADOUR Y OTRAS ALEGRES CHICAS

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Guillermo Clito, el hijo de Roberto II, se pasó la vida reclamando Normandía e Inglaterra. Se conoce que ni los normandos ni los ingleses sabían hablar francés. El apellido siempre le dio algo de vergüenza. Es que, ¿sabe usted? –solía aclarar- Clito es el equivalente al anglosajón Aetheling y al germánico Adelinus, que significa sangre real.
¡Ah!, claro, decía Isabel de Farnesio, ahora que usted lo dice. Pues fíjese que una, como es algo burra y poco dada a la heráldica, creía que Clito precedía a rex y pensé que usted se llamaba clitorex.
El Guillermo Clito se ponía como un tomate y como no sabía cómo disimular, de buenas a primeras gritaba:
Pi-pi-pi-pi… Gol en Las Gaunas. Informa boquillas Targa. Otras veces no, claro. Otras veces decía gol en Altabix informa Camisetas La Camerana.
Pues no crea, doña Isabel, que ese sucedido es, en realidad un chiste. A usted también le han puesto mote. Es que los iberos son muy motejadores y se pasan el día ideando chistes y otras puyas.
¿Ha dicho usted poyas?
No, no… -se turbaba nuevamente el pipiolo- He dicho puyas. Que son unas lanzas que se te clavan y te dejan el lomo como un acerico.
¿Y cómo me han puesto a mí?, si puede saberse, claro.
Pues la dicen doña Isabel, La Parmesana, como si fuera usted una pizza.
¡Ay que gracia! Estos españoles son unos cachondos.
¡Ya le digo, majestad! El Julio Alberoni, el cardenal, que era de todo menos pío la describió, a usted antes de llegar a Madrid como una buena muchacha, de veintidós años, feucha, insignificante y que se atiborraba de mantequilla y queso.
¡Será hijo de puta el cura!
Repórtese, majestad. Que usted es una real hembra. Perdón, quise decir una hembra real… Pi-pi-pi-pi… gol en la Creu Alta. Informa Camisas Ike.
Cállese ya, joven. O de lo contario tendré que llamar al Barón de Rais para que le siente a usted las costuras.
No, majestad. Con Montmorency no juegue usted que acojona lo suyo. Por cierto, ¿conoció usted a Gilles de Montmorency-Laval, el noble asesino en serie?
No habría de conocerle… Me lo presentó Juana de Arco en el castillo de Champtocé. Fue una tarde en que Barba Azul, que así le llamaba en toda la corte, se presentó ante los grandes linajes de la nación vestido como Tino Casal cantando Eloise. Aquello sí que fue un escándalo. La pobre Juana que era tan beata y tan meapilas no daba crédito. La Pompadour, a la que estaba retratando François Boucher, tumbada en un canapé y con el libro desmayado –se cuenta que era analfabeta y el libro estaba al revés en el cuadro- en el regazo. Pues La Pompadour, le decía, se echó para atrás y cayó de nalgas sobre un orinal que se vertió enterito sobre su vestido de color azul papagayo. ¡Mon Dieu!, la que se armó… Luis XV, que estaba coladito por ella y le había dado el marquesado de Pompadour y el de Ménars…
Anda que no sabía nada el rey ¿eh?
Y tanto
Y cómo es que le dio esos títulos.
Pues verá usted, don Guillermo. Al parecer la nueva marquesa tenía el culo prieto y duro y el rey, por hacer una gracieta, le concedió el título de Pompi Duro que, con el tiempo y el respeto preciso quedó en Pompadour y el de Ménars se lo dio cuando se montó un menaje con ella y con María Leszczynska, la hija del Ladislao de Polonia. De Ménage a trois se quedó en Ménars.

Es su alteza como el Larousse.
Muchas gracias, Guillermo
Las que usted tiene… pi-pi-pi-pi. Gol en el Carlos Tartiere. Informa Camisetas de manga Oceán.
Vamos, vamos… no se ponga usted así.
Pues a lo que íbamos. Resulta que al Gilles de Rais le nombraron mariscal y toda la pesca y como era el baranda de la Guerra de los 100 Años se fue quedando con los dientes de oro de los ingleses como justo botín.
¿Ha dicho usted Botín?
Sí, pero ha sido sin querer.
Está usted perdonada. Vaya acabando.
Al acabar la guerra los empeñó en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, donde había ido a rescatar al rey Francisco I que le habían calentado la oreja en la Batalla de Pavía. El Carlos V, al que gustaba el coñac y el pollo trufado, lo metió en la Torre de los Lujanes donde, encima, le obligaban a ver pasear a Álvarez del Manzano y al concejal Ángel Matanzo, con quienes jugaba al veo-veo.
Al pobre Francisco I le ponían todos los días los dientes largos los guisos que hacían en Casa Ciriaco. Que si gallina en pepitoria, que si cocido completo, que si los callos, que sin los calamares.
¡Esos calamares, cabrones…!, gritaba el rey preso (y nunca mejor dicho) de ira.
Siga, siga, majestad
Oiga, marrano, no se estará usted sobando ¿no?
Yo, señora… yo… pi-pi-pi-pi. Gol en La Condomina. Informa Reloj Potens.

ARQUÍMEDES, ALEJANDRO Y OTRAS BAJAS PASIONES

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Y Alejandro Magno se cabreó como una mona. Pegó un portazo que hizo temblar el faro de Alejandría. Yo hubiera jurado que hasta fundió la bombilla. Su esposa, Roxana de Bactriana, también conocida como La Sapa, me lo confirmó. El portazo provocó que el haz de luz se corrigiera y, en lugar de alumbrar al Puerto del Buen Regreso lo hiciera al lago Mareotis, donde la gente no daba abasto a tomar Biodraminas. Dinócrates de Rodas, el arquitecto, al ver que los barcos comenzaban a navegar a la liguí puso su cabeza a funcionar.
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!, dijo Arquímedes, que era un auténtico coñazo.
A ver, Arquímedes, dijo el arquitecto. Deja en paz la puñetera palanca que vas a acabar tirando el friso y luego se me mosquea el jefe.
Plutarco, que llevaba años tomando notas para hacer una biografía de Alejandro, perdió los apuntes. Según se decía en Alejandría la reina Nefertiti, que era una titi con un cólico en el riñón de estribor de tres pares, se tomó una Efedrina porque tenía hecho mierda el sistema nervioso simpático. La Nefertiti, que era hija de un egipcio llamado Ay, y que tenía un divieso en la ingle que, al roce con la túnica, le daba unos pellizcos que para qué, llegó a faraón. Un faraón, como todo el mundo sabe, es un torero nacido en Camas, en la Hispalense Betis. Pues bien, el faraón se cambió el nombre para que sus seguidores no parecieran flamencos cuando le vitoreaban.
Ay, Ay, Ay… gritaba el pueblo. Y, claro, así no había quien los tomara en serio.
Pues bien el faraón, decía, se cambió el nombre por el de Tutankamon y se casó con una mujer llamada Tey quien no era, en realidad, la mamá de Nefertiti, sino una churri algo top model que tenía un tipazo, eso sí, pero echaba un tufo…
Lo del tufo debía ser cosa de la alimentación. La Nefertiti comía cocodrilos a la plancha. El cocodrilo, cuando se guisa en vino blanco, pierde toda la fuerza y el intenso olor de su carne, pero si se come a la plancha se endurece, como los cefalópodos que no han sido, previamente, congelados. De siempre, decía Mutnedymet, la hermana pequeña de Nefertiti, se ha sabido que la ingesta de cocodrilo crea mal olor a los labios superiores; también llamados belfos.
Jesús, decía Marco Antonio, ¡vaya cante que echa la Cleo por la atarjea!
Esto, traducido al romano actual quería decir que tenía alitosis.
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!, volvió a gritar Arquímedes.
Arquímedesssss, gritó el arquitecto, como andes tocando los cojones con la palanca te meto un meneo que se te van a quitar las ganas de andar apalancando las basas, los plintos y las escocías de los filetes y astrágalos. ¡Coño ya con la puñetera palanca…!
¡Pues hijo!, decía el Arquímedes. No te digo aquí el escaparatista, cómo se ha puesto. Pues ni que no hubiera en toda Alejandría más albañil que él.
El Dinócrates de Rodas no era griego, como muchos pensaban sino de La Roda, en La Mancha española, pasó a la Historia de la Humanidad como el creador de los Miguelitos, un dulce hecho de hojaldre y rellenos de crema pastelera. El Dinócrates, decía, le tenía algo de gato al pobre Arquímedes porque tenía el favor de Alejandro ya que este fue contratado por el padre de Alejandro, Filipo de Macedonia.
¿El de la fruta?
El mismo
¿Y usted sabe si Aristóteles y Filipo hacían migas?
¿Migas pastoriles, dice usted?
No, hombre. Que si eran amigos
¡Ah!, es que como ha dicho que era de La Mancha…
¡Huy, una barbaridad de amistad! Tenga usted en cuenta que el Aristóteles, antes de que le diera por lo de la vara y el punto de apoyo, cuando estaba en Estagira, su pueblo, hacía mucho turismo. Llego hasta la península de Calcídica, donde cogía cal para hacer pastillas que vendía, luego, a los dentistas de Macedonia. Se conoce que le echaban mucho azúcar a la fruta y las caries, ¡ya sabe usted…!
¡Qué me va usted a decir a mí!. Mire, mire… estas dos muelas se me cayeron un día que estaba cascando nueces en El Bierzo.
Pues a lo que iba. Resulta que, desde Macedonia, el Aristóteles se fue a Lesbos, donde conoció a los lesbianos y a sus mujeres las libanesas.
¿Pero las mujeres de Lesbos no eran lesbianas?
Claro, pero tampoco hay por qué señalar. ¿No le parece? El caso es que se marchó de Lesbos y recaló, en Bilbao. Allí dio nombre a un barrio, La Palanca, porque al parecer, quería mover el puente colgante apoyando un palo en la torre norte para llevarlo de Getxo a Santurtzi. Al no poder conseguirlo llenó el barrio de suripantas que le acompañaban desde Lesbos y aún de otros sitios menos sonoros pero sí tan conspicuos y alegres como Lesbos.
Al no poder mover el mundo, por no encontrar el apoyo preciso, se casó con Pythias, la sobrina de Hermias, con la que tuvo una hija a la que llamó Hermesetas…
¿Como las sacarinas?
Pues claro. ¿O quién cree usted que inventó la sacarina sino Aristóteles?
Anda, pues yo siempre creí que fue Natreen, un nubio negro que luego luchó, junto a Espartaco, en el circo Máximo.
¿De Máximo…. Qué Máximo?
Pues Dutti, el sastre. ¿Qué Máximo va a ser si no…?
Hombre, usted perdone. Es que uno se pierde con tanta fecha y tanto personaje.
Es que se me dispersa usted.
Siga, siga…
Pues eso, que una vez que Aristóteles se dio cuenta de que ya iba a ser imposible mover el mundo buscó un apoyo donde clavar su palanca.
¿Y lo encontró?
Naturalmente. Lo encontró una vez que le presentaron al pequeño Nicolás.
¿El pequeño Nicolás? ¿Pero ese no es del…?
No lo diga, no lo diga. Todo lo que rodea la pequeño Nicolás es secreto.
¿Y usted cree que conseguirá mover el mundo finalmente?
Yo creo que sí. Eso, claro, si es que no se entera Alejando Magno y tira por la calle de en medio. Este Alejandro tiene buen carácter, ahora que… como se mosquee la lía bien liada.
Pues vaya carácter ¿no?
Ya lo creo. Pero es que tenía fotofobia
¿Fotofobia?
Sí señor. Como lo oye. Se cabreaba con la luz y se cargó a todas las persianas.
¿Y a los persas?
También; el no hacía distingos.
Ahora que lo que le perdió fue su afán por dárselas de okupa. Una tarde, se metió de rondón en el palacio de Nabucodonosor II, de Babilonia y allí le dio un aire. Aire al que algunos quisieron ver como si fuera malaria; pero no. Fue una corriente traidora. Estaba tumbado en una chaise longe con la túnica a medio cerrar, enseñando cacha, mientras una babilonia le cantaba:
Ahí va, ahí va… Ay Babilionio que mareas… Y, ¡zas!, un viento traidor; una ráfaga de una puerta que permanecía abierta le cogió en el trapecio que le dejó la nuca como una tabla de lavar.
Rígido; muero rígido, dicen que dijo.
Alejandro, que ya prácticamente muerto, sólo atinó a decir: “Preveo un gran funeral en mi honor”. Y respondió la última pregunta unos minutos antes de morir:
¿Cuál es tu testamento? ¿A quién se lo dejas?
Al más digno.
En aquel momento una voz se oyó al final del pasillo…
¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo…!
Arquímedes, coño, ¿quieres cerrar la puerta?, no ves que te has cargado al Magno
¿Al de La Toja?
Pero qué toja, ni que tojo… Al jefe, hombre. Al jefe.

NOVIEMBRE MES DE TEATRO

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Estamos llegando, como quien no quiere la cosa, al mágico y fúnebre mes de noviembre. Noviembre es un mes donde los escorpiones se ponen farrucos y envían ramitos de violetas a aquellas señoras que no tienen quien les escriba, como aquel coronel pelmazo del liquiliqui. Es mes de castañas y de mandarinas ácidas y aún algo verdes; mes de huesos de santo y de rosquillas borbonas -tontas y listas-. Noviembre es mes de difuntos; de tenorios y santas patronas madrileñas. Es mes de castas monjas que desconocían si el himeneo no sería darle un meneo al himen. Noviembre es un mes frío pero seco, un mes nebuloso que al mediodía solea las calles con un calor maternal, como el abrazo de una madre de gemelos o mellizos asturianos. Un mes que desnuda árboles y torna el verde festón de montes y jardines en rojos, cárdenos y dorados colores prenavideños. Noviembre es… noviembre, ¡qué coño….!
Pero este año, don Dimas, tampoco nos pondrán en el televisor el Tenorio, ¿verdad usted?
Puede usted darlo por seguro, don Matías. Don Juan es un personaje que está superado históricamente. Superado y eliminado, por esa nueva religión del feminismo, el armarismo y el buenismo. ¡Dónde va usted, con la que está cayendo!, a decirle a una tía, por muy monja y recatada que sea aquello de, ¿no es verdad, paloma mía, que estoy respirando amor?
Sí; la verdad es que suena un poco vintage.
Hoy, don Dimas, doña Inés de Ulloa sería una real señora. Una ex monja liberada, reivindicativa, independiente y sexualmente imaginativa que no conoce más misionero que el padre Usera y que, entre el 30 de octubre y la noche de difuntos se entretendría en poner cachondo a don Juan y a media guardia suiza mostrándose en posición de decúbito prono, la retambufa al aire sin importarle mucho que los muertos del cementerio, esos muertos tendidos boca arriba, como las mujeres decentes, se mofen hasta el escarnio del pobre Tenorio. Don Juan -¡el muy lila!- que pretendía burlarle a ella, doña Inés de Ulloa, haciendo uso de una rimas añejas, sexistas y discriminatorias para la nueva mujer española. Una rimas que, parece mentira, que fueran escritas por un autor que se llamaba Zorilla.
Don Juan, por estas calendas, tendría que actualizar sus versos y dejarse de este aura que vaga, llena, de los sencillos olores de las campesinas flores y rimar rapero como El Langui del Pan Bendito aunque, eso sí, con mejor dicción.
Las nalgas, Inés de Ulloa, los nacarados cancos de vuestro bullarengue, las tersas y aterciopeladas cachas del rulé, con que os obsequió Natura, los de vos paloma mía, son rebles, amor, rebles (aquí, seguramente, el actor se trabucará y dirá febles, en lugar de rebles, que es antónimo, y no sinónimo) que os hacen justa memoria y yo, pobre y necio pillo, me como un torrenillo en esta fría noria, en el Duero por Soria…
Sí; Inés de Ulloa tiene mucho que celebrar con la liberación de la mujer y, al paso, la condena al ostracismo helénico del matasiete zorrillesco. Inés de Ulloa tiene un himno de liberación; un himno que le cantó el gran bardo de las causas perdidas: el filipino don Luis Eduardo. La letra decía así:

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

T’as pasao, t’as pasao,
qué mosquito t’a picao.

Cómo quieres que me quede
con el lío que hay montao,
si me busca todo el mundo
por inverso y por drogao.
Si me quieres, vida mía,
piensa que me voy chalao
por tus huesos, por tus besos,
por tu acento de Bilbao.

T’as hartao, t’as cansao
no te gusta mi peinao.

Tus ricitos me fascinan,
nena, no te has enterao
de que el Lute es a mi lado
como un santo embalsamao.
Media CIA me persigue
desde Lourdes al Macao,
todo por tu lindo cuerpo
y por tu mágico cruzao.

Ven, amao, a mi lao,
te daré otro Cola-Cao.

No me digas esas cosas
que me pones encelao.
Ay, Inés, tú no me quieres,
que me quieres enterrao.
El amor es otra cosa,
esto tuyo es un pecao,
pero así es como me gustan
las cosas del bacalao.

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

Ten cuidao, Coraçao
que Lisboa es un cacao.
Coraçao, ten cuidado
no te corten el riau-riau.

Y es que, don Dimas, ese es el peligro para los Tenorios de hoy en día: que le corten a uno el riau-riau en pequeñas rodajas, como lonchas de mini babibel. Lo mejor, don Dimas, es volver a poner Verano Azul. Quién sabe, si en esta nueva reposición Chanquete ha crecido y ha llegado, por fin, a Boquerón.

Para ver el video, pulsar: https://www.youtube.com/watch?v=j9iB4nNgA84

LA MÚSICA, ESA COSA DIABÓLICA

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Yo no creo que la música sea una de las bellas artes. Es más, yo creo que la música,   en   su   origen,   fue   un  arte,  si  y  lo  sigue  siendo  en  su  raíz  popular -verbigratia- el pastor que, mientras vigila la rumia de sus ovejas toca, al vagaroso y etéreo aleteo de múltiples y coloristas mariposas, con deleite la ocarina, o la flauta de pan. Eso era música y no lo que se está haciendo desde que existen las radios, los tocadiscos, las SGAES. Eso no es más que un instrumento de tortura en manos de los gobiernos y de sus agentes diabólicos; los rusos y aún los norteamericanos.
La música se ha utilizado, desde siempre, para anular la psique del ignorante, del desocupado, del menos instruido. Los gobiernos utilizan agentes secretos que usted y que yo somos incapaces de descubrir. Por eso son secretos, claro… ¿De qué si no se han hecho millonarios José María Íñigo, o Joaquín Luqui, o Fernandisco o el propio Abellán?
Camareros, taxistas, locutores… menuda banda de hijos de puta. Uno entra a un bar. Se amorra en la barra y, como quien no quiere la cosa, grita hasta dejarse las anginas que quiere tomarse una caña y una tapa de chicharrones fritos. Cuando el camarero sordo –o con tapones en las orejas, ¡vaya usted a saber!-, le pone la caña, el cliente le dice: ¿podría usted bajar la música, por favor? El camarero, un argentino de Buenos Aires con pinta de psicólogo de perros a sabiendas que tiene detrás al FBI, a la CIA y al Francisco Paesa se pone chulo y contesta, cargando la suerte: está reservado el derecho de admisión, esteee cabashero si no le interesa, ¡largáte…! Oiga usted, contesta el cliente, que no hay ninguna otra persona en el bar y la música está altísima. Pero la estoy oshendo sho ¿sabés? Entonces el cliente, se la envaina, paga su caña sin haberla bebido y se marcha a respirar el aire contaminado y ruidoso de la Gran Vía.
¿Y los ecuatorianos? Tan pequeñitos, tan calladitos, tan uniformaditos. ¿Han visto ustedes alguna vez un ecuatoriano sin gorra de baseball. Yo creo que, con la alzada que tienen y esa uniformidad son, en realidad, cliks de famóbil. Le quitas la gorra al ecuatoriano y resulta que no tiene cabeza. Por eso no les hace daño el volumen de sus cascos. Porque esa es otra… ¿conocen ustedes a algún ecuatoriano que no lleve cascos? Para mí que, en una de estas, le quitas el tapón de la oreja y se desinflan. ¡Qué tíos!
Pues van todos en el metro con sus cascos, mirando como zombis al más allá y, del minúsculo espacio de entre sus orejas y los tapones o las cazoletas del casco llegan los alegres y bulliciosos sones de un ballenato, de un merengón, de una cumbia salsera ¿Qué le pasa al pequeño que no está moviendo la pelvis mientras escucha la música? Muy sencillo, está lobotomizado. Le han sustituido el oído medio (el martillo, el yunque, el estribo) por un hueso plástico de la casa Apple. Una  especie  de  iPAD  con  la  música  melosa, que no melódica de Gabi Espino –perdón, Juan, pero se llama así- y el top latino más sandunguero de Potosí. En lugar de membrana timpánica tiene el pellejo de un tambor de Calanda, y en lugar del estrato córneo una corteza de torrenillo. Sí, sí, señora mía… se dice torrenillo, aunque pierda usted todas las apuestas del mundo.
La música, ya lo dejé dicho al principio se hace para evitar que el hombre piense, para que no pueda concentrarse. Pongo otro ejemplo; un viaje en taxi por Madrid. El taxista, hombre reflexivo, demócrata-de-toda-la-vida, acostumbrado a complacer a sus clientes, lleva Radiolé a todo volumen.

Noches de bohemia y de ilusión
yo no me doy a la razón
tú como te olvidaste de eso.
Busco y no encuentro una explicación
solo la desilusión
de que falso fueron tus besos.

¿Usted sería capaz de ir memorizando, mientras los Navajitas Plateás van desgranando lo falso que fueron los besos de sus churris el desarrollo legislativo de la Seguridad Social? No, claro… Para eso se necesita tranquilidad, y no tener la radio puesta en un receptáculo como un taxi. Obsérvese que no se ha utilizado el ejemplo del taxi y Jiménez Losantos. No pretendía ser ventajista. Cuando uno escucha música está incapacitado para pensar a la vez. Esa es una verdad empírica. ¿Se imaginan ustedes a una persona leyendo a Immanuel Kant, no sé… la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, o cualquier otra cosa ligera y escuchar a la vez a Obús, o a Leño? Es que es de cajón, ¡vamos!
Ahora, que si lo que pretende Mariano…. -por cierto ¿dónde está Mariano?- decía que si lo que pretende Mariano es hacer un ejército de clones de Arias Cañete debe prohibir la música. Yo creo que Miguel Arias Cañete sacó adelante la carrera de Derecho, desde los Jesuitas de Chamartín, donde se comió, en tres años, más de quince mil bollycaos y dos arrobas de Panteras Rosas y no escuchó, jamás, la radio. Es la ventaja de masticar continuamente, que si lo haces no puedes llevas cascos en las orejas, porque te bailan y se te caen. Cañete, por ello, pudo llegar a Comisario de la cosa energética en Bruselas. A ver si vamos tomando ejemplo. Si tiene usted un hijo puede elegir: o que sea Arias Cañete, comisario europeo y cliente del año de Panrico o Frank Gonsales, rapero algo sordo y parado que se pasa el día con el chándal y la visera de lado en el banco del parque del barrio del Pan Bendito. Usted mismo. Pero luego no diga que no se le avisó…

HACER DEPORTE

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Oigan, qué manía tiene la gente con que uno haga deporte. No sé… A mí me recuerdan a los divorciados en su afán por dárselas de macho alfa. No sé como sigues casado, tío. Y con la misma, encima. No sé cómo no te aburres. Con lo que se liga de divorciado. Ayer, por ejemplo, estaba yo sacando un café de la máquina y va y me dice “Su café, gracias…” Oye, con un tono de calentorra y con una temperatura que para qué…
No sé si se han dado cuenta; no hay un divorciado que no ligue. No sé por qué hay tanta empresa de contactos anunciándose en la tele y tanto viaje para singles si se liga tanto. Debe de ser que les gusta pagar por pegar la hebra con otra u otro ligón.
¿Que haga deporte, decía usted? ¿Para qué…? ¿Para qué voy a hacer deporte yo, para quedarme como Maradona? ¡Ah, no…! Yo prefiero seguir con esta línea. Línea curva, sí señor, pero línea que no raya. Quite, quite… Además, el deporte no quema las calorías, no señor; a usted le han engañado. El deporte solo quema a quien lo practica. Y más pronto que tarde.
El deporte es lo que deberían hacer los divorciados en lugar de tanto ligar ya que, al estar solos, saben dónde está la ropa de hacer deporte. Yo dejo en mi casa la cinta de la cabeza. Ya saben, esa que es de tela de toalla, elástica y con dos listas, una roja y la otra azul. Pues la dejo en casa, digo y, cuando vuelvo a buscarla mi mujer la ha metido al cubo de la ropa sucia. Entre los calzoncillos, los calcetines usados y las toallas del bidet. ¿Cómo me voy a poner la cinta entonces? Porque yo como debe de ser, si no tengo cinta, no hago deporte. Así de claro. No voy yo a salir a correr sin el uniforme completo y en perfecto estado de revista. ¡Imagínese que me encuentro a una divorciada que quiere ligar…! El deporte, ya digo, no es para casados. Un soltero deja, después de correr, la camisa de tirillas, las mallas y los calcetines en el suelo y, a la tarde siguiente, ahí siguen; sin moverse ni un milímetro. Domadas. Tu ropa de correr, en cambio, no. Tu ropa de correr, según tu mujer, si la dejas en el suelo anda sola. Va a ser que solo huelen los casados. Pues la ropa, como decía, en la casa de los solteros está ahí, esperándole a uno. ¡Ya podrán los solteros…! Intente dejarla en el suelo siendo casado y verá si corre usted…
El deporte es para maniáticos ¿Ustedes saben por qué ponen los maratonianos el reloj en marcha cuando empieza la carrera. ¡Pero hombre!, si vas a pasar por cinco mil paradas de autobús durante los cuarenta y tantos kilómetros y todas tienen reloj y te dan la temperatura y todo. ¿Para qué coño quieren saber qué hora es? No será porque la mujer va a echar el arroz a la paella a una hora determinada; no, claro. No ven que son solteros. Si fueran casados no harían deporte. ¡Qué más da, hombre, la hora que sea!
Gimnasia de mantenimiento… ¿Pero qué coño es eso de la gimnasia de mantenimiento? Si yo me mantengo perfectamente, sin necesidad de gimnasia, con mi régimen de 15.000 calorías… ¿Y las zapatillas? Ahora vas, y te compras unas zapatillas en el Decathlon, te las calzas y ¡hala! a correr. Yo creo que te pones las zapatillas y te poseen. Te pones la primera zapatilla y parece que te ha dado el Parkinson. Taca-taca-taca, te temblequea el pie. Te calzas la segunda y te sigue medio Decathlón pensando que, en lugar de runing vas a hacer un simpa como si fuera una gasolinera…
¿Dónde tiene el freno?, preguntas a gritos mientras trotas como un percherón por pasillos y calles llenas de raquetas, balones y falditas de tenista.
Luego está lo del gimnasio. Antes los gimnasios anunciaban sus especialidades. Antes ibas al gimnasio Bruce, por ejemplo, que tenía un puño dibujado en señal de ataque y ya sabías que allí había taekwondo. Ahora no; ahora vas con tu chándal de rapero, con tu camiseta de Amanece que no es poco, que te ha vendido Gerardo, tus bambas y resulta que el taekwondo es taekjondo y que lo que se hace en él es bailar sevillanas. Y salsa y merengue. Vamos, que en vez de una tabla de gimnasia parece el menú del día… Ahora vas al gimnasio; el Hollygay, por ejemplo, y ya puedes tener cuidado con lo que anda pululando entre las mancuernas, que por cierto…. ¡mire que están frías las puñeteras! y las anillas. Que vas tú y te encuentras a un tío haciendo flexiones y le dices, oiga jefe, que la tía se marchó ayer. A ver si prestamos atención.
Luego pasas a la sauna. ¿Han visto ustedes cómo son las saunas? Parecen gallineros de ecologistas de esos que hace el rubio del programa de bricolaje del Argiñano. Y menudo calor que hace. Yo no sé como con la de inventores y científicos de I+D que hay en Suecia y en Finlandia y en Noruega no hayan inventado, todavía, las gafas con luneta térmica, como en los Seat Fura. Te metes y lo primero que dices es: Santa Lucía, devuélveme la vista y no vuelvo a comer fabada… Luego, claro, te das cuenta de que era el vaho y se te olvidan las promesas y te pones como un choto con el compango. La sauna es un coñazo todavía peor. Estás en canicas, cubierto con una toalla y, como te has recetado unas papas con bacalao, te ataca una sed que crees que se te va a dar la vuelta el cuerpo como si fueras un calcetín. No hay agua, ni una copa, ni un mal botellín; nada… Con el calor que hace podrían poner un rebujito, un tinto de verano, no sé… un porrón con cerveza y gaseosa. Algo que quite la sed y con su aperitivo. Pues nada; un cubo con agua con una zarza o un manojo de laurel, vaya usted a saber y, si se le ocurre a usted echar un trago, sabe a caldo gallego que tira de espaldas. Yo creo que hasta le ponen unto…
Yo, por mucho que me digan y por mucho que me insistan, prefiero el sofá. Cuando me tiro en el sofá me siento relajado. Me sube la autoestima y me siento como un consejero de Bankia con tarjeta negra VIP.
¿Y el deporte de riesgo? Que si el puenting, que si el nordic walking, que si el airsoft, que si el treeking… Lo primero que hay que hacer, para estar en forma, es aprender inglés. ¿Deporte de riesgo dice? Vaya usted una mañana a darse una vuelta por El Gallinero, en la Cañada Real de Madrid. Eso sí que es un deporte de riesgo. ¿Hacer deporte? ¿Para qué…? Para bajar de peso, para tener un perfil óptimo. El perfil, el perfi… Perfil el del facebook, que se puede falsear con la foto de otro. ¡No te digo…! Que yo soy un hombre y los hombres, aunque estemos en el paro estamos cansados, no estamos para gimnasias. Eso las señoras, que ahora tienen gimnasios solo para ellas. Es que, dicen, si son mixtos los tíos nos miran cuando ponemos posturitas… Estas no han escuchado a Gabriela Sabatini, que decía que se sentía menos observada cambiándose en el vestuario de los chicos que en el de las chicas.
Nosotros, los sorianos, tenemos el mayor número de personas centenarias de España y, posiblemente, de Europa. En mi pueblo, por ejemplo, hay varias personas cercanas a la centena de años. Siempre les pregunto cuántos kilómetros corrían cada día.
Ni uno, oiga, que yo siempre he sido muy normal.
¿Y qué régimen alimenticio llevaba usted?
Tocino. Mucho tocino, panceta, y vino. Varios litros al día.
¡Ah!, claro…. Todo muy sano.
Vamos, sanísimo. El marrano era de casa y el vino lo hacíamos nosotros en la bodega.
¿Y nunca se pusieron silicona, le pregunto a las centenarias, o botox?
Pues sí señor. A mí mi Restituto me la puso en el grifo del pilón del patio. Es que se salía ¿sabe usted? Y de botos nada, joven. Nosotros albarcas.
Nada, nada… Que no voy a hacer gimnasia. Que, como dice Mutriku, hay que estar bien para hacer gimnasia y no hacer gimnasia para estar bien.

QUE VIENEN LOS SANTOS…

Nuevo Mundo 10-10-1919 foto entierro Meyers

Los chepas –lo sé porque me lo dijo mi padre que fue carpintero- tienen muy mal traslado en la caja de pino. A un chepa, como no lo calces en la caja con una cuña, te puede llevar todo el traslado como si transportases una carraca, o un tambor. Sin embargo los gordos, aunque pesan más, son más fáciles de trasladar. Se conoce que se encajan a las paredes laterales y no dan nada de lata.
El mes de octubre es un mes muy malo para morirse. Los ayuntamientos, con esto del otoño, no tienen fiestas patronales a las que acudir, ni procesiones a las que seguir y se entretienen en subir los impuestos del entierro, la descalcificación del agua y el IBI. Los nichos suben una barbaridad y hasta la propina del enterrador hay que darla más abundante que en los meses de verano.
¿Para qué querrán los enterradores el dinero, si no veranean?
Noviembre también es mal mes para morirse. Sobre todo a principios. Los cementerios están llenos y las coronas y ramos muy caros. Luego, una vez del dia de la Almudena, baja todo mucho y ya se puede uno morir más tranquilo. ¡Donde va a parar!
Yo se lo dije a don Ascensio, el viejo del tercero, natural de San Clemente, en Cuenca, que cambiaba tebeos y novelas en mi barrio y alquilaba, incluso, un trozo de banco corrido en el local donde cambiaba para leer in situ.
Don Ascensio, no se le ocurra a usted morirse hasta la semana que viene que está ahora todo carísimo.
No hijo, no te preocupes que, aunque me veas aquí con el viatico y los oleos untados, no tengo ninguna prisa.
El Cliserio, el chico pequeño del Custodio, el del cuarto, hacía flexiones en el montante de la puerta de la alcoba de don Ascensio.
Cliserio, hijo, le decía su madre, un poco de respeto por el muerto.
Es que tengo que saltar el plinto en la escuela y me tengo que entrenar. Además, que todavía no está muerto.
¡Ah!, si es por eso, sigue… pero no silbes eso del Cola Cao que pareces un jilguero bamboleándote.
Del patio interior subían y estallaban, claramente, los acordes arrebatados de Los sitios de Zaragoza que tocaba la orquesta de pulso y púa del barrio. La orquesta se llamaba La Lira de Vicálvaro, que es un nombre hermoso y muy sonoro. Del segundo piso salían las aburridas y desacompasadas notas de un fagot y un bombardino.
Es que don Ataulfo, el músico del entresuelo, ha puesto escuela en su cuarto.
¡Ah!, claro; dijo doña Cleofé, la vendedora de barras de hielo. Barras enteras, por palmos y medias barras. Lo dijo mientras cortaba una barra con un punzón como si fuera el cachetero de la plaza de Las Ventas.
Es una lástima, doña Cleofé, le dijo el Cliserio. Si al menos tuviera usted el Parkinson cortaría la barra mucho antes.
Eso sí que es cierto, Cliserio. Y si tu padre lo hubiera tenido en un sitio que yo se me sé…
Pues no se habría divertido nada mi madre ni nada…
¡Serás cafre…!
La Purita, la criada de don Ascensio, vino de la compra con su bolsita de malla de color azafrán colgada del bracete. Unos crisantemos blancos envueltos en el Marca y una pescadilla de ojo color beige que miraba con aprehensión hacia el camastro de don Ascensio.
Purita, hija. Quita de ahí a esa pescadilla que parece que me mira mal.
Mire que flores le he traído, don Ascensio.
Esas, Purita de mi vida y mi corazón, se las puedes poner a tu puta madre, dijo el viejo en un arranque de lucidez.
¡Huy señor!, que genio tiene este hombre
¿Qué?, pregunto el Helimenas, el marido de doña Cleofé, la del hielo. ¿Se han llevado ya al muerto?
Espere usted, tío bestia, dijo don Ascensio. Espere usted al menos hasta que entregue la cuchara. ¿O es que hay prisa?
No hombre, lo decía por si tenía que lavarme antes de cenar o no.
Ay… se quejó don Ascensio. ¡Cuánto cuesta morirse!
Oiga don Ascensio, ¿quedan botellines en la nevera?, preguntó el Helimenas
Pues no lo sé, pero vamos, como esté usted esperando a que se los traiga yo…
¡Zas! Sonó un crujido y, en seguida, un ruido como de fractura ósea.
Adiós, dijo la señora Cleofé. Que se ha caído el Cliserio del cerco de la puerta.
Efectivamente, el Cliserio estaba en el suelo, llorando como un energúmeno y con la pata tronzada y rota por tres sitios.
¿Duele, hijo? Preguntó don Ascensio
Un horror, don Ascensio y no vea cómo…
La madre del Cliserio comenzó a gritar y el Helimenas, al levantarse, tiró media caja de botellines que se había recetado.
¡Zas, zas! Le arreó un par de guantazos al Cliserio en el suelo.
Toma cabrón, sinvergüenza, por alterar al pobre don Ascensio que está muriendo ahí, tan callado y tan serio. Que da gusto de verlo cómo se muere sin dar ni pizca de trabajo, el pobre…
Don Ascensio miró lánguidamente al ganado que le rodeaba y, por no seguir escuchando, estiró la pata sin importarle que aún era día 30, víspera de los Santos y antevíspera de los Difuntos.
¡Niño!, le dijo el Helimenas al Cliserio, baja al portal y lo entornas; que se entere la gente del barrio que ha muerto don Ascensio
Pero padre que estoy con renco y medio muerto
Pues jódete y no andes como los micos colgado de las puertas…

PATRIOTAS DE FIN DE SEMANA

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Es acojonante. Acojonante y patético. De los 27 comisarios nombrados por Junker nuestro Arias Cañete, el devorador de yogures caducados, el rey de la ducha fría, el machista faltón, ha resultado ser el comisario más rico de entre los ricos comisarios. Efectivamente, don Miguel, el brazo político de los Domecq, ha presentado una declaración -que no quiere decir que sea real y fiel- de 636.500 euros (que son, para los poco avisados, más de 105 millones de pesetas) tan solo en acciones.
Don Miguel supera, en esta carrera de ostentosa pasta gansa, incluso al comisario alemán al que gana por escaso margen y a los otros 25, a los que gana de calle. Hay comisarios, el holandés y la italiana, que no tienen ni un solo título bancario o similar. ¡Serán indigentes y paupérrimos!
España, lo que queda de ella, se convierte así, en el paraíso de los ricos. El lugar donde los ricos son más ricos que en ningún sitio; con una diferencia abrumadora. Y no es extraño. En lo que queda de España los ladrones, como acabamos de ver en el Parlament catalán, son más ladrones que en ningún sitio y gozan de una protección oficial mayor que en ningún. ¡España sigue siendo diferente!
En nuestro país, en la parte que aún no se ha declarado independiente de forma unilateral, hacemos gala de una golfería tan desahogada que da hasta vergüenza ajena ver cómo y por quiénes estamos representados. Somos capaces de enviar a Bruselas a un mercader, a un lobista que va a defender sus asuntos privados, los intereses de su familia. Un negociante que debería estar incapacitado, por tener arte y parte en la comisión que va a administrar, sin el menor pudor, con el mayor de los descaros. Y esto es así porque en lo que queda de España la golfería se ha hecho oficial. Samuel Johnson lo dejó escrito: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Y aquí, en este país de chicha y nabo que entre todos, y voto a voto, hemos ido transformando en lo que hoy sufrimos, es donde mayor importancia cobra esta frase.
Si un canalla quiere defender y aumentar su insultante patrimonio en un país de pobres, de parados, de recortes sociales, de privatizaciones de lo público; si ese canalla, decía, presenta un patrimonio que daría vergüenza al más pícaro, al más golfo de entre los especuladores; si un gobernante, pillado in fraganti llevándose el dinero a un paraíso fiscal; si una familia entera es descubierta formando una particular banda mafiosa con el dinero público, lo único que tiene que hacer es envolverse en la bandera, en declararse patriota y –ya puestos- zaherir, abroncar y acojonar a toda una cámara de representantes de los ciudadanos sin ningún tipo de rubor. ¡Visca Catalunya!, que no es menos diferente que España.
¿Por qué este trincón es capaz de amenazar y reñir al Parlament? Pues porque ha estado muchos años gobernando a golpe de comisión; porque sabe quién y cuánto son los que han cobrado también; porque conoce perfectamente la relación clientelar de todos los políticos catalanes, porque sabe, o lo presume, dónde tiene su dinero el resto de parlamentarios. Su frase: “si cae la rama del árbol, al final caerán todas”, es definitiva y definitoria, es un símil perfecto. Cuidadito con lo que hacéis que tiro de la manta.
El indecente ceremonial independentista, como bien decía ayer Vozpópuli, del fin de semana estaba organizado por la banda que gobierna Cataluña milimétricamente, poniendo sordina a los ecos de la vergonzante intervención de Pujol, en la que lejos de rendir cuentas, ofrecer datos y pedir disculpas, optó por hacer gala de su catalanismo, el de su padre y el de su régimen evasor y estraperlista convirtiendo el Parlament en un refugio de canallas, en una cueva de ladrones amedrentados por su padrino. La clase política catalana, los empresarios extorsionados corresponsables de la omertá, del silencio mafioso, se manifestaban junto a un sinfín de afiliados de los dos partidos que sustentan este gobierno de crápulas a las puertas del Parlament aplaudiendo el latrocinio; la ratería, el desfalco; el pillaje de los bienes públicos de forma babeante con tal de conseguir una independencia que no busca la independencia de España, sino una independencia de la Justicia española; de la Justicia no sometida al gobierno de los rateros; una Justicia puesta por ellos y para ellos. ¿Se imaginan ustedes cómo sería una Cataluña independiente sometida, tan solo, a la Justicia de una judicatura colocada a dedo por CiU o ERC? Esta es la independencia que busca la banda de Pujol, su familia y sus sottocapos; no la independencia política.
España –lo que queda de ella- mientras, asiste perpleja a los viajes del Gulliver del PP por el bazar chino; mientras hace turismo en la Ciudad Prohibida –curiosa coincidencia- mientras es informado (o no, que diría él) por sus ministros de cómo se produce la sediciosa firma de una ley de consultas que, por la estulticia de algunos políticos y la abogacía del estado, es legal durante un par de días.
Los españoles asistimos impotentes a esta muestra de indecencia organizada desde la sede del partido gobernante. El nombramiento de un representante público que va a organizar sus negocios privados bajo el paraguas del gobierno y de la ciudadanía. Un comisario con intereses tan sumamente espurios como que ha tenido que vender parte de sus acciones para evitar la incompatibilidad absoluta en que está inmerso. Incompatibilidad que ha burlado –en parte- con la venta de sus acciones pero que traspasó a su hijo, a sus familiares directos.
España es, cada día más, un país pobre, un país que no es capaz de generar trabajo para sus ciudadanos; un país donde la gente tiene que abandonarlo para convertirse –nuevamente- en emigrantes, en mano de obra barata, cualificada, eso sí, pero que, en lugar de engrandecer su país con la carísima educación que entre todos hemos facilitado a esta generación que, según se presume, es la más preparada de España, de lo que queda de ella, los echamos del mercado laboral nacional porque el mercado español está sometido a cuatro mangantes, a cuatro políticos lobistas, a cuatro golfos comisionistas mientras a todos ellos se les llena la boca hablando de regeneración democrática y de patria. Lo dijo Johnson y acertó: el patriotismo es el último refugio de los canallas.